Huella ecológica ¿Faltan planetas o sentido común?

Analizar nuestra huella ecológica 0 nos puede dar la medida del uso que hacemos de los recursos naturales, en relación a la capacidad de regeneración de la bioesfera.

“En nuestra manera de vivir… con cada decisión que tomamos, somos conscientes de la séptima generación de niños en el futuro… Cuando caminamos por la Madre Tierra pisamos con mucho cuidado, porque sabemos que las caras de las generaciones del futuro nos están mirando desde debajo la tierra. Nunca nos olvidamos de ellas.” Oren Lyons, Guardián de la Fe, Nación de los Onondaga, Día de la Tierra, 1993. 1

Intentar hacerse consciente de la calidad de vida, que será posible para la futura séptima generación, con cada decisión que tomamos, (vaya, que buen consejo para llegar a la sostenibilidad), nos serviría bien escuchar más los consejos de las culturas indígenas que quedan. Ellas saben cómo vivir en armonía con la tierra, sus culturas son mucho más antiguas que la nuestra y no han olvidado el arte de la mirada a largo plazo.

No tenemos que volver atrás, tenemos que integrar nuestro conocimiento moderno con sus sabidurías tradicionales. A largo plazo, vamos a sufrir todos si seguimos usando los recursos naturales más rápido de lo que se pueden renovar. ¡Solo hay una tierra! ¡Estamos gastando las herencias de las generaciones que aún no han nacido!. ¿Qué van a pensar de sus antepasados cuando sufran los efectos de nuestro derroche?

Paisajes sin contaminación radioactiva, aire limpio, agua puro, bosques autóctonos, comida sin manipulación genética, ni metales pesados ni otros residuos tóxicos, naturaleza salvaje, sana y diversa, todo esto no lo podemos dar por supuesto hoy en día. ¿Cómo van a vivir las generaciones del futuro sanamente y humanamente si no cambiamos nuestro rumbo auto-destructivo ahora? ¿Qué calidad de vida van a tener?

“El Informe sobre el Planeta Vivo 2000” de la WWF indicaba que la tierra tiene aproximadamente unos 126 millones de kilómetros cuadrados de superficie bioproductiva. Estos terrenos son la biocapacidad del planeta y representan un 25% de la superficie total. Los otros 75% de la Tierra son desiertos, alta montaña, u océano profundo, áreas con bioproductividad muy reducida. Si sólo dejáramos un 10% de esta capacidad biológica para los animales salvajes, nos quedaríamos con 113 millones de kilómetros cuadrados de superficie bioproductiva para cubrir las necesidades de la humanidad.

Por ejemplo, para cada tonelada de pescado consumido cada año hacen falta dos kilómetros y medio de campos de pesca para que la población de peces se pueda renovar. Para cada tonelada de emisión de dióxido de carbono que efectuamos cada año por el uso de combustibles fósiles, hacen falta 0,35 hectárea de bosque para su reabsorción. Por cada metro cúbico de madera que usamos cada año hacen falta 1,3 hectáreas para sustituirlo.  2

Si no tenemos conciencia de estos límites naturales de la biocapacidad de la tierra, estamos gastando más de lo que la tierra puede producir en este tiempo y por tanto empobreciendo el planeta, bajando la bioproductividad cada año. Así entramos en un círculo vicioso de degradación medio-ambiental. La cuenta la pagarán nuestros hijos y sus descendientes.

La huella ecológica como medida de nuestros límites

El análisis de la huella ecológica ofrece una manera de presentar nuestro uso de los recursos naturales en relación con la capacidad regenerativa de la biosfera. El impacto ecológico está expresado en superficie bioproductiva necesaria para rege-neración y absorción. La medida de la huella ecológica expresa cuánto espacio bioproductivo se necesita exclusivamente para producir todos los recursos consumidos y absorber todos los residuos producidos por una cierta población. 3 Si analizamos la huella ecológica de la humanidad entera, nos damos cuenta de que hemos empezado a sobrepasar la biocapacidad de la tierra durante los años setenta.

A escala mundial, consumimos, de momento, un 30% más del nivel de consumo que sería sostenible. Eso significa que necesitamos uno más un tercio de planetas para sostener los gastos de capital natural producidos por el nivel de consumo mundial. El análisis individual de las huellas ecológicas por países muestra la enorme desigual- dad entre los niveles de consumo que existe en el mundo. La huella, en promedio por persona a escala mundial, es de aproximadamente 2,85 hectáreas. El país de Eritrea tiene la huella ecológica más pequeña del mundo, con sólo 0,35 hectáreas por persona. Al otro extremo, encontramos los Emiratos Árabes con una huella ecológica de 15,99 hectáreas por persona. 4

huella ecológica

POORAN DESAI y SUE RIDDLESTONE, consultores de desarrollo sostenible de la empresa “BioRegional” en Londres (ver artículo) calculan que si dividimos los 113 millones de kilómetros cuadrados de superficie bioproductiva en el mundo por seis billones de seres humanos, llegamos a 1,9 hectáreas por persona. Llaman a esta huella ecológica “la parte justa para cada persona de los recursos naturales producidos cada año”. La persona media en el Reino Unido, hoy en día, tiene una huella ecológica de 6,29 hectáreas. Para sostener este nivel de consumo a escala mundial necesitaríamos tres planetas enteros. En el caso de los Estados Unidos con una huella ecológica de 12,22 hectáreas, nos harían falta cinco planetas más para sostener su nivel de consumo para todos. 5

Obviamente, las estimaciones de la huella ecológica no pueden tener mucha exactitud, por- que están basadas en estimaciones del consumo y de la productividad biológica. Además, la bioproductividad mundial está bajando constantemente y la población de seres humanos sigue subiendo. Los valores de la huella ecológica dependen mucho de los detalles del análisis. (Por eso no coinciden los valores citados arriba con los de la gráfica abajo. Vienen de dos análisis diferentes).

La huella ecológica sólo es un indicador cuantitativo que no refleja la calidad de vida en estos países. Un problema muy básico de nuestra civilización moderna es que estamos obsesionados con medir, cuantificar y analizar el mundo. Esta distancia del observador “objetivo”, nos hace perder el enfoque a las calidades de vida y de la naturaleza. Al mismo tiempo, indicadores como la huella ecológica nos pueden ayudar a visualizar nuestro impacto ecológico y las grandes diferencias entre el nivel de consumo. 6

La historia de la huella ecológica

El concepto del análisis de la huella ecológica fue inventado por el ecólogo canadiense, WILLIAM REES y su colega, el suizo MATHIS WACKERNAGEL, en los años noventa. WACKERNAGEL nos recuerda: “Si la población mundial continúa creciendo como está previsto, para el año 2030 habrá 10 billones de personas y cada una dispondrá en promedio de sólo 0,7 hectáreas de tierra productiva. Esto, suponiendo que se detenga la galopante degradación del suelo.” No repito estas cifras para preocupar a la gente. Esto no sirve para nada. La verdad es que ahora es tiempo para ocuparse. ¡No te preocupes, ocúpate! Como decía la ecologista, DONELLA MEADOWS: “Cuando me preguntan si nos queda bastante tiempo, siempre digo que sí. Nos queda justamente bastante tiempo, si empezamos a cambiar ahora mismo.”

Según el Dr. WACKERNAGEL: “Si ahora actuamos sabiamente, todavía tendremos tiempo para hacer que nuestras comunidades puedan vivir dentro de los límites ecológicos y, al mismo tiempo, incrementar su calidad de vida.” WACKERNAGEL sigue: “Con la huella ecológica podemos evaluar rápidamente el impacto global de individuos, comunidades, ciudades o naciones. Es una herramienta de reflexión y enseñanza que se ha probado útil, en aulas de clase, actividades de planificación urbana y evaluaciones de proyectos, entre otros.” WACKERNAGEL está convencido de que “Sí, es posible asegurar el bienestar humano con el patrimonio ecológico que tomamos prestado de nuestros hijos. Y la huella ecológica nos indica si caminamos en buena dirección.” 7

Las diferentes huellas ecológicas nos permiten visualizar el impacto medio-ambiental de nuestra manera de vivir. En el caso de países como los Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania o España vemos la necesidad de reducir nuestro nivel de consumo entre un 50 y un 80%. Esto parece una amenaza para nuestro estilo de vida, pero en definitiva, los esfuerzos de la transformación hacia la sociedad sostenible quieren asegurar nuestro bienestar.

Si dedicamos toda la creatividad humana a la meta de rediseñar nuestras maneras de producir, consumir y vivir en armonía con y dentro de los límites de la Naturaleza, la verdad es que nuestra calidad de vida va a subir. Tenemos que equilibrar los deseos y necesidades humanas con la realidad actual del nivel y de la forma de consumo que puede sostener el planeta. El astronauta estadounidense, FRANK CULBERTSON, decía en noviembre de 2001: “Desde mi primer vuelo en 1990, he visto cambios en el agua que sale de los ríos al mar y cambios en el uso de las tierras. Podemos ver áreas de la tierra que las están quemando para limpiar terreno. Estamos perdiendo muchos árboles. Hay humo y polvo en áreas más amplias que antes. En particular, unas partes de África se están secando. Tenemos que tener mucho cuidado en cómo tratamos esta Tierra en que vivimos.»

La Huella Ecológica del Urbanismo

Sólo un 2% de la superficie del planeta está cubierto por ciudades, pero son responsables del uso de un 75% de los recursos mundiales y de un porcentaje similar de los residuos producidos.

Herbert Girardet, el presidente de la “Schumacher Society” del Reino Unido, calculaba que la huella ecológica de Londres, por ejemplo, es aproximadamente 125 veces su superficie real. Esto

corresponde a un 98% de la superficie bioproductiva de las islas Británicas. Precisamente porque el impacto ecológico de las áreas urbanizadas es tan enorme, es aquí donde podemos efectuar una reducción muy grande del nivel de consumo. Herbert Girardet sugiere que tenemos que rediseñar nuestras ciudades con metabolismos circulares y no lineales. Tenemos que imitar el funcionamiento de ecosistemas naturales. Tenemos que convertir los residuos en recursos, así podemos reducir la huella ecológica de nuestras ciudades.

Un diseño consciente de las energías renovables, del ahorro de energía y de las materias crudas, y de las emisiones de dióxido de carbono pueden ayudar a reducir el impacto medioambiental de nuestras ciudades. Así podemos efectuar una gran reducción de la huella ecológica de la humanidad. Aprovechando las economías de escala que ofrece la convivencia en ciudades podemos crear ciudades verdes y sostenibles de alta densidad y así dejar más tierra agrícola y más parques naturales para contribuir a la bioproductividad del planeta.

huella ecológica


Este artículo se publicó en el nº 3 de la revista EcoHabitar en otoño de 2004. Agotada

  1. Trad. “Sharing Nature”s Interest – Ecological Footprints as an indicator of sustainability, Nicky Chambers, Craig Simmons, Mathis Wackernagel, Earthscan Publications 2000.
  2.  Trad. “Bioregional Solutions for Living on One Planet” Pooran Desai, Sue Riddlestone, Schumacher Briefing Nr. 8, Green Books 2002.
  3. “Sharing Nature”s Interest – Ecological Footprints as an indicator of sus- tainability, Nicky Chambers, Craig Simmons, Mathis Wackernagel, Earthscan Publications 2000
  4. “Bioregional Solutions for Living on One Planet” Pooran Desai, Sue Riddlestone, Schumacher Briefing Nr. 8, Green Books, 2002.
  5. “Bioregional Solutions for Living on One Planet” Pooran Desai, Sue Riddlestone, Schumacher Briefing Nr. 8, Green Books, 2002.
  6. La gráfica esta basada en las huellas ecológicas listadas en la pagina Web: www.earthday.net/espanol/huella.stm 
  7. ¿Cuánto mide? Nuestra huella ecológica, por Mathis Wachernagel, www. tierramerica.org/consumidor/huella.shtml. Libros EcoHabitar: Nuestra Huella Ecológica. Pág. 55
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