Ecología profunda: Hacia una Conciencia Ecológica

La ecología profunda: El desarrollo personal en el tiempo del gran cambio.

Cada verano de los últimos años, cuando las temperaturas pasan de los cuarenta grados, las noticias nos recuerdan que experimentamos los efectos del cambio climático causado por el uso irresponsable de combustibles fósiles. El derroche de los recursos naturales tiene como consecuencia la destrucción de los sistemas de apoyo de la vida en el planeta. La explotación de los combustibles fósiles sigue empujando el “desarrollo” de nuestra sociedad industrial de crecimiento que es la verdadera culpable del cambio climático. La Ecología Profunda, como movimiento activista y como proceso de desarrollo personal, nos anima a hacernos conscientes de nuestra conexión fundamental con toda la vida.  Esta conciencia ecológica nos puede ayudar a actuar como participantes responsables en el proceso de transición de la sociedad industrial de crecimiento a la sociedad que sostiene la vida.

El Yo Ecológico

Un concepto central de la Ecología Profunda como proceso de desarrollo personal y catalizador de la transformación de conciencia, es el “yo ecológico”. Este concepto nos ayuda a hacernos conscientes de nuestra conexión íntima con toda la red de la vida en el planeta.  La expansión del “yo egocéntrico” hacia el “yo ecológico” da como resultado una transformación profunda de la conciencia humana.

¡Acabamos con la alienación de sentirnos atrapados en las fronteras de nuestra piel y empezamos a sentir de nuevo que somos partes integrantes de un mundo vivo!  Del mismo modo en que las células de nuestro cuerpo participan en los procesos que mantienen nuestra salud como individuos, también somos nosotros mismos participantes integrantes en los procesos que mantienen la salud de un cuerpo mayor; ese cuerpo mayor es el mundo vivo. Ser capaz de identificar su propio ser con toda la red de la vida en el mundo, con el cuerpo mayor, con el yo ecológico, nos abre hacia la conciencia ecológica.

Como en las tradiciones místicas del oriente y occidente, en el Hinduismo, el Budismo, el Tao, el Zen, el Sufismo y los místicos cristianos como Meister Eckhart o los gnósticos, una de las metas de la Ecología Profunda es hacernos conscientes de la conexión íntima, nuestra unión con el universo. Como una especie entre la multitud, participamos en la comunidad de la vida y al mismo tiempo somos la vida misma expresándose a sí misma.  “El universo no es una colección de objetos. Es una comunión de sujetos”  decía el sacerdote católico, Thomas Berry. La identificación con nuestro yo ecológico nos puede ayudar a convertirnos en participantes conscientes en la comunidad de la vida.

Conciencia ecológica

La Ecología Profunda, basada en una conciencia ecológica, es un movimiento de acción, no es sólo una escuela de psicología, ni sólo una filosofía. La Ecología Profunda reúne gente en todo el mundo que se ha comprometido a formar parte de la transformación de nuestra sociedad hacia una sociedad de participación apropiada en los ciclos naturales. Cada uno como puede, en su comunidad y a su manera. La participación apropiada en los ciclos climáticos, ecológicos y geológicos que mantienen la vida en el planeta es la base de una sociedad sostenible.

En los años setenta, el filósofo noruego Arne Naess, discípulo de Gandhi, y alpinista apasionado, creaba el término Ecología Profunda. Su intención era empujar la confrontación intelectual con nuestra interdependencia con toda la vida y sus profundas implicaciones. La Ecología Profunda está enfocada a las causas de la crisis medioambiental y socio-cultural, que se encuentran en nuestra manera de ver y entender el mundo. Nuestras acciones socialmente, ecológicamente y espiritualmente dañosas están enraizadas en el paradigma dominante de nuestra civilización.

Ecología profunda

En la imágen el filósofo noruego Arne Naess, discípulo de Gandhi, y alpinista apasionado, creaba el término Ecología Profunda.

Síntesis entre la sabiduría tradicional  y el conocimiento y poder derivado de las ciencias y las tecnologías

Desde que empezara el gran cambio mundial empujado por la Revolución Industrial, la humanidad no ha llegado a la posible síntesis entre la sabiduría tradicional de miles de culturas diferentes que vivían en convivencia con su entorno durante miles de años, por un lado, y el conocimiento y poder derivado de las ciencias y las tecnologías más recientes por el otro. Llegar a esta síntesis, entre la sabiduría tradicional y el conocimiento moderno, es uno de los retos más grandes para la humanidad del siglo XXI.

Obsesionados por el “progreso tecnológico” y la velocidad del cambio, sin darnos cuenta de los posibles peligros relacionados con el uso universal de cualquier invención nueva, hemos creado una civilización en la que el dinero es la medida última de la importancia y del poder. Llevamos trescientos años obsesionados por la acumulación de capital económico, y hemos perdido muchas maneras tradicionales para mantener un equilibrio natural que apoye un alto nivel de capital social y capital ecológico.

Capital social y ecológico

La triste verdad es que hemos hecho un muy mal negocio acumulando enormes cifras de capital económico al coste de perder en casi todas las culturas del mundo, una riqueza de capital social y ecológico. Una economía sana y sostenible tiene que estar basada en el mantenimiento y la restauración del capital social y ecológico. Nuestra sociedad industrial de crecimiento claramente tiene un rumbo auto-destructivo, hipnotizada por palabras como “mercado libre” y “desarrollo”, enganchada al “crecimiento económico”.

¿Cuándo vamos a despertarnos del sueño en que los magos malos del Banco Mundial, aliados a juntas de poder en países que se llaman democráticos y a unas 500 empresas multinacionales, nos hacen pensar que la destrucción masiva a nivel mundial de capital ecológico y social es parte del “progreso”, y justificable por las innovaciones tecnológicas y la continuación del “desarrollo”?  El “crecimiento económico”, entendido y medido sólo como capital económico y con la relacionada pérdida de capital social y ecológico, no es parte de la solución.  Es una de las causas más grandes del problema.

La pérdida de capital ecológico y social se refiere a la destrucción de ecosistemas y a la alteración del equilibrio natural que causa el caos climático.  Se refiere también a la pérdida del sentido de comunidad en nuestros pueblos y ciudades, a la desintegración de estructuras familiares y sociales, al individualismo que empuja a la gente a competir en vez de colaborar, y a la pérdida de miles de culturas y especies.

Causas y síntomas

Los últimos tres siglos forman parte de la extinción más grande desde que desaparecieron los dinosaurios.  Miles de maneras de ser y convivir están perdidas para siempre.  Siguiendo estimaciones conservadoras estamos perdiendo aproximadamente 120 especies cada 24 horas.  Eso significa que más de cuatro formas de vivir desaparecen para siempre cada hora. El mundo pierde el valor intrínseco, las calidades específicas, y la diversidad genética de cada una de estas especies y con cada especie extinguida la tierra es un poco más pobre, menos diversa y menos flexible.  ¡Se ha extinguido una especie en el tiempo que llevas leyendo esta revista!

Como la medicina convencional se dedica a curar síntomas de enfermedades y no sus causas, una gran parte del movimiento de ecologistas también se dedica a tratar los síntomas de la degradación ecológica. Obviamente ambos tienen un papel importante, pero para mantener la salud del mundo tenemos que enfocar las causas de sus enfermedades. Igual que muchos sistemas de medicina natural apoyan el equilibrio dinámico que mantiene la salud, y enfocan las causas profundas de enfermedades crónicas, la Ecología Profunda enfoca las causas de nuestra sociedad enferma.

Tomar decisiones holísticas

El proceso de reconectar como participante consciente con el mundo vivo tiene un efecto curativo para individuos, comunidades y el planeta entero. En inglés las palabras “health” (salud) y “wholeness” (integridad y totalidad) tienen el mismo origen que “holistic” (holístico). La salud de cada uno de nosotros y la integridad del mundo vivo depende de que aprendamos a tomar decisiones de una forma más holística e inclusiva, considerando factores sociales, ecológicos y económicos, y desde una profunda conciencia ecológica.

La Ecología Profunda ayuda a la gente en el proceso de liberarse del estado de alineación entre la humanidad y la naturaleza causado por el paradigma dominante de nuestra cultura. Ofrece una manera de reconectar con el mundo y acabar con la participación, sea inconsciente o consciente, en la destrucción del planeta. La participación en este movimiento es al mismo tiempo una ayuda en el camino del desarrollo personal y una participación activa en el cambio hacia una sociedad que sostiene la vida.

¿Quien empezó todo esto?

John Seed, un activista australiano, fundador del “Servicio de Información sobre los Bosques Húmedos”, una organización que protege a los bosques húmedos del mundo, fue también uno de los fundadores del movimiento de la Ecología Profunda. Seed está convencido de que el antropocentrismo que caracteriza nuestra cultura es una de las causas de la crisis en que se encuentra la humanidad. John Seed ha llamado a este antropocentrismo una forma de chovinismo humano. “Es semejante al sexismo pero, en lugar de macho, pone la raza humana y, en lugar de hembra, las otras especies.”

Otra persona clave en el crecimiento de la conciencia ecológica y de la Ecología Profunda es Joanna Macy.  Ella tiene un Doctorado en Teoría de los Sistemas Vivos, y también lleva el título de maestra del darma con la tradición budista de Shambhala. La Dra. Macy lleva más de cuarenta años de experiencia como profesora académica y en orientar talleres. Su nombre preferido para sus cursos en vez de Ecología Profunda es “el trabajo que conecta de nuevo”. El objetivo fundamental del trabajo de Joanna Macy es ayudar a las personas a descubrir y experimentar sus conexiones innatas de unos con otros, y sus conexiones con toda la vida. Joanna está convencida de que de este modo las personas “pueden ser animadas y motivadas para desempeñar su papel en la creación de una civilización sostenible.”

Schumacher College

He tenido la suerte de participar en varios talleres de Ecología Profunda con Stephan Harding, amigo de Arne Naess y coordinador del programa Master en las Ciencias Holísticas del Schumacher College en Inglaterra. También he asistido a talleres con John Seed y Joanna Macy. Cada uno tiene su manera distinta y efectiva de orientar el trabajo de la Ecología Profunda, pero todos ofrecen repuestas a una necesidad expresada por Arne Naess: “Tenemos que encontrar y desarrollar formas de terapia que curen nuestras relaciones con la comunidad más amplia, la comunidad de todos los seres vivos.” Sentirse como miembro de la comunidad de la vida y la intención de participar en esta comunidad en una manera apropiada es la base de una conciencia ecológica, también es un paso evolutivo en el desarrollo personal y en el gran cambio hacia una sociedad sostenible.


Artículo aparecido en la revista EcoHabitar nº 7, otoño de 2005.
http://www.ecohabitar.org/producto/no-07/

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