Una fábrica ecológica

DSC00319A finales de 2003 tuvimos que buscar, a toda prisa, un nuevo lugar para nuestra fábrica de Cannabric y almacén de materiales ecológicos para la construcción. Había finalizado el contrato de alquiler del solar inicial y la propietaria quería recuperar el almacén. Nos esperaba una mudanza de 150 toneladas de material y nos pusimos nerviosos…

En diciembre de 2003, tras descartar el polígono industrial para nuestra actividad, descubrimos un solar en un precioso entorno de montes trogloditas de 2000 m2 y unos 350m2 en cuevas (una excepción, ya que raras veces se encuentra un terreno de estas dimensiones), en medio de una zona urbana de Guadix (Granada), que nos pareció el lugar ideal para montar la fábrica del Cannabric y, donde también se podrían realizar otro tipo de actividades.

En este terreno estuvieron ubicadas dos alfarerías, hoy todavía hay dos de los cuatro grandes hornos para cocer ladrillo y piezas de cerámica. El último dejó de funcionar en los años 70.

El solar pertenecía al plan especial (en desarrollo) de protección de las cuevas de Guadix, y ya no estaba previsto su uso como suelo industrial.

Por una parte fue una ventaja porque, en teoría, no es construible cualquier edificación, así se tiene cierta garantía de que a largo plazo se respetará el entorno; para nosotros es algo muy importante, tras todos los excesos urbanísticos que hemos visto aquí (y generalmente en España) en los últimos años. Por otra parte, legalizar algo como una fábrica, es una tarea difícil…

Tras conseguir, con mucha paciencia, una cita con las autoridades del ayuntamiento y los redactores del plan especial, les hicimos las propuestas para poder encajar el proyecto en el plan. No nos querían dar garantías de éxito en el proceso de legalización (mientras el plan está en desarrollo, no todo depende del ayuntamiento), pero tampoco nos desanimaron. Sobre todo porque en nuestro proceso de fabricación apenas hay ruido, ni contaminaciones. Y no hay deshechos que no reciclemos.

Es interesante tener en cuenta que reanimaríamos una zona deprimida, y única en el mundo. Estoy segura de que la mayoría de turistas no vuelve, ya que se quedan igualmente fascinados que asustados de la marginalidad de algunos barrios de cuevas; y crearíamos un espacio de interés social y cultural, difícil de encontrar en los pueblos de Andalucía. Sabemos de las dificultades que existen, ya que hemos visto crearse muchos negocios y cerrarse con igual rapidez y, concluimos que teníamos que ofrecer algo innovador, con vistas al futuro. Así pues, decidimos comprar el solar e iniciar nuestro proyecto.

Presentamos un proyecto de actividades mixtas (fábrica, almacén de materiales para la bioconstrucción, exposición y formación) y un estudio de viabilidad en la oficina de desarrollo local, con el fin de solicitar subvenciones, sin hacernos falsas esperanzas. Inesperadamente, estuvimos entre los finalistas felices (aprobaron 4 de 40 solicitudes). Felices, si descontamos el enorme estrés y trabajo que significa llevar la inversión a buen fin, en la forma y los plazos indicados.

Lo demás era un intenso, largo y complicado recorrido por la administración: ayuntamiento, cultura, medioambiente, etc.; también interrogaron a los vecinos si estaban de acuerdo en tenernos al lado, y dado el carácter del proyecto, finalmente lo hemos conseguido, sin perder nunca de vista los pasos de los trámites del proyecto. Un proceso que casi nos llevó a tirar la toalla.

Como empresarios y creadores de puestos directos e indirectos de trabajo, hubiéramos deseado más rapidez en los trámites, duraron más de 2 años para el permiso de obra y más de 3 años para el permiso de apertura.

Tuvimos que luchar para que nos dejasen instalar colectores solares para agua caliente sanitaria, aunque no fue posible instalarlos en el lugar más adecuado, ya que puede producir impacto visual en una zona protegida especialmente.

El estado del terreno era marginal a la hora de comprar. Cuevas semihundidas, terreno desnivelado, toneladas de basura y chabolas de bloques de hormigón. Instalaciones de agua averiadas, y las de saneamiento y electricidad eran inútiles. El vallado, generalmente en muy mal estado y parcialmente inexistente, consistía en  tramos de adobe semihundido o de bloques de hormigón. Los 5 antiguos portales de entrada estaban en un estado ruinoso.

La forma del solar y sus desniveles nos permitió una división natural en dos zonas: una de fabricación y secado de Cannabric y de almacenaje de materiales ecológicos para la construcción y otra zona para poder realizar exposiciones, reuniones, talleres y cursos. Ambas zonas dotadas de un conjunto de cuevas, que habilitamos para cada una de las actividades.

Nuestro presupuesto era muy ajustado, había que recuperar lo que valía y tirar lo que no valía. El plan especial no ofrecía otra opción más que recuperar lo que es la naturaleza de las cuevas. No contaba con la posibilidad de hacer modificaciones, añadir nuevas construcciones anexadas, respetar las fachadas auténticas de cuevas, sus huecos, tipos de alero, de chimeneas, el color blanco en las pinturas, trabajar con materiales como la cal, el yeso, la piedra, el ladrillo.

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