Subvenciones a las calderas de biomasa en Galicia

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La xunta de Galicia, a través del INEGA (Instituto Enerxético de Galicia) anunció el lanzamiento de las nuevas subvenciones para este año 2013 para favorecer la compra de una caldera de biomasa. Ayer, 22 de Abril, se abrió el plazo para realizar las inscripciones para recibir dicha subvención (cabe destacar que las subvenciones se tramitarán en estricto orden de registro, por lo que los primeros en solicitar las subvenciones serán los primeros en poder disponer de ellas). Se espera que gracias a esta medida se pueda repercutir en la economía local y mejorar la eficiencia energética, reduciendo así la dependencia energética de los combustibles fósiles.

Los fondos están lanzados para ser capaces de subvencionar la instalación de la caldera de biomasa y los componentes que la rodean. Por lo tanto se considera subvencionable:

  • La propia caldera y sus accesorios
  • El sistema de almacenamiento del combustible
  • El montaje y las conexiones del propio sistema de almacenamiento del combustible

No se subvencionará cualquier modificación de una caldera ya existente mediante un quemador de bioamasa, así como tampoco recibirán ninguna ayuda económica las estufas de aire, las cocinas calefactores ni los quemadores de aire caliente.

La dotación por caldera superior a los 40 KW será de hasta 30.000€, mientras que por las potencias inferiores o iguales a 40 KW el importe será de hasta 3.000€.
Se podrá aplicar esta subvención a otra ya existente mientras el total no exceda del 100% del valor del proyecto.

Se podrán beneficiar tanto particulares como empresas. También serán beneficiarios figuras como las empresas de servicios energéticos, las entidades sin ánimo de lucro o los grupos de personas o entidades sin personalidad jurídica.

Estas actuaciones llevadas a cabo por las propias administraciones de las comunidades autonómas refuerza la idea de que la introducción de la biomasa como energía en el territorio es un factor importante para mejorar la economíae incentivar la dinamización local.

Podéis encontrar más información y las propias convocatorias en la página del inega o haciendo clic aquí

Calor con biomasa a elegir

estufas_biomasaLas calderas de biomasa han resurgido con fuerza en los últimos años. En la actualidad encontramos una variada oferta de combustibles y calderas con distintas tecnologías capaces de proporcionar un elevado confort y facilidad de uso semejantes al gasoil, pero conviene tener claro una serie de aspectos para que el usuario no se confunda. El tipo de combustible y las necesidades de calor de las viviendas condicionan el almacenamiento, y la tecnología elegida define el mantenimiento y la retirada de residuos. En este artículo repasamos algunos puntos clave para guiar al usuario hacia la solución que mejor se adapte a sus necesidades.

Desde que se descubriera el fuego hace 790.000 años el hombre ha utilizado la reacción exotérmica derivada de la oxidación rápida de la materia para calentarse. Durante mucho tiempo se utilizó como combustible, hasta que en el siglo XIX el carbón desplazara a la madera cuadriplicando la cantidad de energía por metro cúbico de almacenamiento. A continuación vinieron el petróleo a principios del siglo XX y el gas después, con una capacidad calorífica semejante, pero con la ventaja de quemar un fluido en vez de un sólido. Las calderas mejoraron su rendimiento, llegando incluso a aprovechar el calor latente del vapor de agua generado en la combustión. Se hicieron más versátiles, fáciles de instalar e incluso más atractivas desde el punto de vista del diseño.

El fin de la era de los residuos fósiles, la creciente preocupación por el medio ambiente y la propia economía nos llevan en el siglo XXI a volver nuestra mirada hacia la biomasa. Desde hace unos años se ha producido un enorme esfuerzo tecnológico por igualar el rendimiento de combustión y la facilidad de manejo de las calderas de combustibles fósiles con la biomasa.

La calefacción también puede ser sostenible

estufaEs difícil hablar de necesidad de calor sin tener en cuenta la mayor fuente de calor, esa pedazo bola luminosa, incandescente… que gustito sentir su presencia en invierno.

El hombre observador aprendió los cursos del sol, a lo largo de las estaciones del año. Orientó las estancias según su uso con relación al sol. En la época del imperio romano, un arquitecto llamado Vitrubio heredero de un saber anterior, experimentó y creó las bases de una arquitectura solar y biológica por excelencia. En todo el mundo clásico hay ejemplos maravillosos de este conocimiento.

El SOL es el mayor generador de calor que podamos imaginar, es un gigante reactor nuclear de fusión de hidrógeno, o sea, genera energía a partir de la unión de átomos de hidrógeno por “atracción” debido al sistema de implosión. Es la energía más saludable, pues el calor no es otra cosa que “agitación molecular” y dado que esta agitación es generada por la fusión del hidrógeno, los biofotones que viajan hasta nosotros contienen esta frecuencia y crearán una resonancia en nuestro hidrógeno, o lo que es lo mismo en nuestra agua, no olvidemos que somos un 70% agua…

El sol manda a la Tierra una cantidad de energía difícil de imaginar, pues en 1 minuto recibimos el equivalente a la energía total utilizada por la humanidad en un mes. Cada metro cuadrado recibe en el exterior de la atmósfera una potencia de 1400W (1160Kcal/hora).

La radiación emitida por el sol tiene una abundancia de luz en el espectro visible, casi un 50% de infrarrojos (“calor”) y algo de ultravioleta.

A su paso por la atmósfera, nubes, polvo, se absorben parte de las ondas, de forma que en la superficie de la Tierra apenas llega ultravioleta de alta frecuencia que causaría quemaduras y enfermedades.

Ya en el siglo XIII antes de Cristo, en Anatolia (Turquía) se usaba un rudimentario sistema de calefacción bajo suelo, que los romanos redescubrieron y desarrollaron. Empleaban unos conductos a través del pavimento por los que circulaban los gases calientes de hogueras preparadas para tal finalidad. Lo llamaron calefacción de Hypocausto.

En algunos pueblos de Castilla existían las llamadas “glorias” , que eran unas cámaras de aire debajo del pavimento de las habitaciones. Por esta cámara circulaban los gases procedentes de un hogar situado más abajo, calentando de esta forma los suelos a modo de chimenea horizontal. Un sistema rudimentario pero efectivo.

Existen instalaciones realizadas en este siglo, en las cuales se empotraban redes de tubos de hierro en el mortero bajo el suelo, tenían un elevado coste debido al precio de la tubería y a la cantidad de soldaduras y curvas que eran precisas para instalar un serpentín.

Después de la segunda guerra mundial, se empezó a fabricar el tubo de plástico destinado a la calefacción por suelo y muro bajo radiante, este fue el factor decisivo que puso el sistema radiante al alcance de todos.