¿Donde se concentran más radiaciones artificiales?

Según el ingeniero experto en mediciones del aire Carles Surià, el dormitorio, y sobre todo la cama, es el sitio de la casa donde se acostumbran a medir más radiaciones artificiales, las mismas que centenares de estudios indican que pueden provocar interrupciones del sueño, dificultades para el embarazo o infertilidad masculina

Como sistemas bioeléctricos que somos, tanto nuestro corazón, como nuestro sistema nervioso, nuestro cerebro y nuestras células están regulados por señales bioeléctricas internas. Las ondas electromagnéticas que hay a nuestro alrededor pueden excitar nuestras células y, dependiendo de la radiación absorbida del exterior, pueden llegar a calentar las células igual que un horno microondas.

El dormitorio, y en concreto la cama, es el lugar donde en general se miden más radiaciones artificiales de la casa”. Así lo afirma Carles Surià, Ingeniero experto en mediciones del aire. Más allá de la legalidad vigente en España, en las camas se acostumbran a medir valores de radiación electromagnética superiores a los umbrales que recomienda la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa (0,1 μW/cm2) para niveles de exposición a largo plazo a las microondas en espacios interiores.

Los aparatos que nos afectan

Radio despertadores, teléfonos inalámbricos, routers WIFI, teléfonos móviles en marcha sobre la mesita y cargándose, interfonos para bebés inalámbricos, cableado eléctrico detrás del cabezal… Todo ello, junto a la entrada de ondas electromagnéticas por la ventana, o de campos magnéticos debido a la proximidad al cableado eléctrico público, puede inducir corrientes corporales parasitarias que exciten el sistema bioeléctrico humano.

En la industria farmacéutica rigen unas normas de evaluación de productos muy estrictas previas al lanzamiento de cualquier nuevo artículo. En el medio físico, donde se transmiten las ondas electromagnéticas, el marco legal no exige estas comprobaciones previas al lanzamiento de una nueva tecnología. Sin embargo, son varias las patologías que estudios científicos relacionan con campos electromagnéticos: desde la interrupción del sueño, la dificultad para el embarazo, la infertilidad masculina o alteraciones en el desarrollo del cerebro de los niños hasta depresión, fatiga y Alzheimer.

No obstante, la principal duda es lo que pasará en el largo plazo. No ha podido realizarse ningún estudio a largo plazo sobre los efectos de las ondas electromagnéticas pulsadas que utilizan las telecomunicaciones digitales.

¿La solución? La prevención

Ante este escenario, la recomendación que da Carles Surià es la prevención. Si se sufre alguno de los síntomas anteriores se puede analizar con mediciones técnicas si hay un exceso de radiación electromagnética, especialmente en los espacios de descanso, pues es allí donde se permanece más tiempo y es el espacio donde el cuerpo se debe recuperar del estrés diario.

Existen soluciones sencillas que pueden reducir las radiaciones artificiales en el dormitorio sin que ello afecte a las comodidades del usuario, como por ejemplo utilizar el reloj despertador a pilas de toda la vida en lugar de uno conectado a la toma de corriente o el teléfono móvil.

Pronto llegará el 5G y se incrementará la información transmitida. Es evidente que la tecnología ayuda al progreso social. Este progreso no debe hacernos olvidar un principio básico, que es el de la prevención ante el desconocimiento de los efectos a largo plazo. ¿De qué sirve tener el WIFI en marcha durante la noche? ¿Merece la pena cargar el móvil en funcionamiento debajo de la almohada? ¿Hace falta ver en primer plano la cara del bebé con el interfono digital?


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Radiaciones

Usar las plantas correctas puede reducir la contaminación interior y ahorrar energía

Las plantas reducen la contaminación. La gente en los países industrializados pasa más del 80% de su vida en el interior, cada vez más en edificios herméticos. Estas estructuras requieren menos energía para calefacción, ventilación y aire acondicionado, pero pueden ser peligrosas para la salud humana si partículas y gases potencialmente tóxicos, incluyendo monóxido de carbono, ozono y compuestos orgánicos volátiles, de fuentes tales como muebles, pinturas, alfombras, etc. y el equipo de oficina se acumula. Las plantas absorben toxinas y pueden mejorar la calidad del aire interior, pero sorprendentemente se sabe muy poco sobre qué plantas son mejores para el trabajo y cómo podemos hacer que las plantas rindan mejor en el interior.

En una revisión publicada el 19 de abril en Trends in Plant Science , Frederico Brilli, fisiólogo de plantas del Consejo Nacional de Investigación del Instituto de Italia para la Protección Vegetal Sostenible, y sus colegas concluyen que un mejor conocimiento de la fisiología de las plantas, junto con la integración del sensor inteligente -las tecnologías de limpieza de aire controlada, podrían mejorar la calidad del aire interior de una manera rentable y sostenible.

Las plantas mejoran la calidad del aire a través de varios mecanismos: absorben dióxido de carbono y liberan oxígeno mediante fotosíntesis, aumentan la humedad al traspasar el vapor de agua a través de poros microscópicos y pueden absorber contaminantes pasivamente en las superficies externas de las hojas y en el sistema raíz-suelo de la planta . Pero las plantas generalmente se seleccionan para uso en interiores, no por sus capacidades de purificación de aire, sino por su apariencia y capacidad de supervivencia, al tiempo que requieren poco mantenimiento. “Para la mayoría de nosotros, las plantas son solo un elemento decorativo, algo estético, pero también son otra cosa”, dice Brilli.

Sorprendentemente, se han realizado pocas investigaciones para cuantificar los efectos de diferentes especies de plantas en la calidad del aire interior. La NASA realizó un trabajo pionero en la década de 1980, pero se basaron en un enfoque experimental simple; aún no se han realizado estudios con métodos y modelos de investigación modernos y más sofisticados. Se necesita más investigación para identificar las características de las especies de plantas de mayor rendimiento en ambientes interiores, incluyendo su morfología (es decir, forma y tamaño de la hoja), anatomía y fisiología (es decir, tasa de asimilación de CO2). Según Brilli, tales estudios podrían mostrar cómo “optimizar el uso de plantas en el interior, en términos de cuántas plantas por metro cuadrado necesitamos para reducir la contaminación del aire a un cierto nivel”.

También se necesita investigación para comprender los microbiomas de las plantas: las poblaciones de microorganismos (bacterias y hongos) que viven con las plantas tanto en el suelo como en las superficies de las hojas. Este microbioma participa en la eliminación de contaminantes transportados por el aire, pero la contribución de diferentes especies microbianas para eliminar contaminantes es actualmente desconocida. Algunos microbiomas también pueden tener efectos negativos en la salud humana , como desencadenar alergias y problemas de inflamación pulmonar, por lo que será importante saber cómo identificarlos y evitarlos.

Brilli y sus colegas no imaginan que las plantas reemplacen los modernos sistemas de calefacción, ventilación y aire acondicionado, pero argumentan que la integración de las plantas con redes de sensores inteligentes y otras tecnologías computarizadas podría hacer que se redijese la contaminación que la limpieza del aire sea más rentable y sostenible. Según Brilli, “los fisiólogos de las plantas deberían trabajar con los arquitectos para mejorar el verde en el interior”.

Más información: Trends in Plant Science , Brilli et al .: “Plantas para la mejora sostenible de la calidad del aire interior” http://www.cell.com/trends/plant-science/fulltext/S1360-1385(18)30046-3DOI: 10.1016 / j.tplants.2018.03.004

 

Nueva técnica para detectar la contaminación del aire interior por moho

España sigue sin tener normativa sobre el gas radón 100 días después de expirar el plazo impuesto por la UE

España debería tener una normativa que proteja la salud de los ciudadanos de los efectos nocivos del gas radón, y esa normativa tenía que estar promulgada antes del 6 de febrero de 2018. Así lo establece la Directiva 59/2013/EURATOM para todos los países de la Unión Europea. Mañana se cumplen 100 días de esa fecha límite, “pero a día de hoy ni siquiera existe un borrador de esa normativa, cuando todos los países de nuestro entorno tienen ya un Plan Nacional de Radón”, denuncia el director de la Fundación para la Salud Geoambiental, José Miguel Rodríguez.

El radón es la segunda causa de cáncer de pulmón después del tabaco, según la OMS, y los fumadores que se expongan a este gas tienen 25 veces más riesgo de sufrir dicha enfermedad. En España cada año mueren unas 1.500 personas por causas achacables al radón, según algunos expertos, pese a que la causa es perfectamente evitable. Este gas radiactivo está muy presente en zonas con suelos graníticos, como Galicia, Extremadura o la sierra norte de Madrid, y se concentra en el interior de los edificios que no tengan implementadas medidas para evitarlo.

La Directiva 59/2013/EURATOM señala la obligación de los estados miembros de medir y controlar el radón en viviendas, colegios, edificios públicos, lugares de trabajo, etc. También obliga a las Administraciones a informar a los ciudadanos, tanto a nivel local como nacional, respecto a la exposición al radón en recintos cerrados y a los riesgos asociados para la salud, así como sobre la importancia de efectuar medidas antirradón y sobre los medios técnicos disponibles para reducir las concentraciones de este gas. Este extremo tampoco se está cumpliendo en España.

Un problema de salud pública

La Fundación para la Salud Geoambiental, organización sin ánimo de lucro que lleva años trabajando para concienciar a la sociedad de este problema a través de su campaña Vive sin radón, considera que estamos ante un problema de salud pública de primer orden. “Es más que urgente articular un Plan Nacional sobre Radón porque ya hemos incumplido todos los plazos que nos daba la UE, y eso va en detrimento de la salud del ciudadano, que no sabe lo que pasa y por tanto no se puede proteger de este gas radiactivo”, subraya José Miguel Rodríguez. “Parece que este Plan Nacional debería desarrollarlo el Ministerio de Sanidad, pero no tenemos noticias de la situación ya que no contestan a nuestras solicitudes de información. Tampoco se ha publicado el nuevo Código Técnico de la Edificación con las correspondientes medidas preventivas para que este peligroso gas no se introduzca en las viviendas”, detalla.

Desde enero de 2014 el Gobierno viene rechazando cualquier iniciativa planteada por los diferentes grupos políticos con el argumento de que “ya se estaba trabajando en la trasposición de la Directiva”. En las numerosas preguntas al Gobierno planteadas en el Congreso de los Diputados por los diferentes grupos políticos, el Ejecutivo siempre argumentaba que se cumplirían los plazos. “No podemos entender esta desidia con un tema de salud tan importante y que afecta a tantas personas en nuestro país. No olvidemos que han tenido cuatro años para preparar la trasposición. Además, si se demora mucho más la trasposición, se podría incurrir en infracción del ordenamiento comunitario”, señala José Miguel Rodríguez.

En la web www.vivesinradon.org, se ofrece información detallada sobre este gas natural que emana del subsuelo y que es muy abundante en zonas graníticas. El sitio incluye un mapa predictivo donde se puede ver el nivel de riesgo de radón en cualquier lugar de España con gran precisión, incluso por municipio y calle. Desde la Fundación para la Salud Geoambiental se recomienda hacer una evaluación en el caso de que la vivienda se encuentre en una zona con elevado riesgo de presencia de este gas, porque eso puede traducirse en problemas para la salud a largo plazo. En función del nivel de radón que se detecte, los expertos recomendarán las soluciones apropiadas, que pueden variar desde una estrategia de ventilación de la casa hasta una obra relativamente sencilla que garantizará un sistema de ventilación correcto para expulsar este gas radiactivo de los interiores del inmueble.

Los compuestos volátiles derivados de productos domésticos contaminan tanto como los vehículos

Los COV contribuyen a la formación de ozono y de las partículas finas del aire que constituyen el smog. Históricamente, los vehículos han sido los principales responsables de su presencia, junto con otros contaminantes como los óxidos de nitrógeno. Pero ahora, niveles significativos de esos compuestos también proceden de productos domésticos y comerciales de uso común, según un artículo publicado en Science. [iStock/ Ramon Carretero]

Ahora, en las ciudades americanas y europeas, las sustancias químicas volátiles procedentes de productos de limpieza y cuidado personal, perfumes, pinturas y pesticidas contribuyen a ciertos tipos de contaminación del aire tanto como los automóviles y los camiones; un hallazgo que sorprendió incluso a los propios autores del estudio.

Los compuestos orgánicos volátiles (COV) contribuyen a la formación de ozono y de las partículas finas del aire que constituyen el esmog (la suciedad de la atmósfera urbana), que está relacionado con problemas de salud, desde el asma hasta enfermedades cardíacas. Históricamente, los automóviles y los camiones han sido los principales responsables de la presencia de estos compuestos, junto con otros contaminantes como los óxidos de nitrógeno. Pero ahora, niveles significativos de compuestos orgánicos volátiles también proceden de los productos domésticos y comerciales de uso común, según un artículo publicado el 15 de febrero en Science.

«Las consecuencias de los productos que uso por la mañana para prepararme para el trabajo son comparables a las emisiones que salen del tubo de escape de mi automóvil», explica Brian McDonald, investigador de la Administración Nacional de la Atmósfera y los Océanos (NOAA), quien dirigió el trabajo. «Creo que eso es lo que sorprende a mucha gente.»

Durante los últimos cincuenta años, las normativas dirigidas a producir vehículos más limpios han reducido de forma importante sus emisiones. Sin embargo, en ciudades notoriamente tóxicas, como Los Ángeles, todavía luchan por cumplir con los estándares de calidad del aire. En 2010, en un extenso esfuerzo de muestreo del aire de la ciudad por parte de la NOAA, se encontraron niveles sorprendentemente altos de ciertos compuestos orgánicos volátiles, los cuales no podían vincularse a los vehículos. Entonces, McDonald y su equipo se propusieron rastrear otras posibles fuentes de contaminación.

Husmeando la fuente

Los investigadores usaron datos oficiales, resultados experimentales y muestras de aire en espacios interiores y exteriores para probar su hipótesis: que los productos químicos contribuyen al esmog. «Tuvimos que recopilar una cantidad abrumadora de pruebas para poder concluir que estas fuentes son importantes», añade McDonald.

Asimismo, el equipo utilizó datos recopilados por la Junta de Recursos del Aire de California sobre la composición química de artículos de uso diario, como productos de limpieza para el hogar, líquidos para los lavados en seco, quitaesmaltes y tintas de impresión. Luego analizaron sus muestras de aire para una amplia gama de compuestos que probablemente se originaron a partir de estos productos. Los investigadores también calcularon la proporción de compuestos orgánicos volátiles de productos, como jabones y productos de limpieza, que terminan en el aire en vez de ser arrastrados por el desagüe.

Según Jessica Gilman, investigadora de la NOAA y coautora del estudio, estos productos químicos difieren de las emisiones de los vehículos de una manera importante. «Están diseñados para evaporarse. Una vez en el aire, los compuestos pueden escapar al exterior, donde una serie de reacciones los transforma en ozono y partículas finas», explica.

El estudio centra la atención en un objetivo emergente para los responsables de diseñar las normativas de contaminación del aire, explica Frank Gilliland, investigador de la Universidad del Sur de California y autor principal de un estudio epidemiológico a largo plazo sobre el impacto de la contaminación atmosférica en la salud infantil. Pero, según el científico, los combustibles fósiles siguen siendo una fuente importante de contaminación. «Todavía se producen efectos sobre la salud, incluso con los camiones diésel modernos. Nos queda mucho por hacer para mejorar las estrategias tradicionales de control de la combustión de combustibles fósiles», concluye Gilliland.

Cally Carswell/Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con el permiso de Nature Research Group.

Las cocinas de leña y carbón están vinculadas a casi dos millones de muertes al año

Millones de cocinas limpias han sido desplegadas en el mundo en desarrollo, pero hay muy poca investigación que mida la eficacia de esta intervención y cómo se podría mejorar, dicen los investigadores.

La quema de biomasa, como carbón vegetal, desechos de cultivos y madera, para cocinar y calefaccionar causa la contaminación del aire en el interior de las viviendas, lo que afecta a tres mil millones de personas en el mundo. La contaminación del aire es una principal causa ambiental de muerte, con un estimado de dos millones de fallecimientos cada año —la mayoría de ellos debido a infecciones agudas de las vías respiratorias bajas, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y cáncer de pulmón— según la OMS.

Pero, a pesar de que los riesgos sanitarios asociados con la contaminación del aire en interiores son claros, aún se desconoce la cantidad a la que deben reducirse las emisiones para erradicar esos riesgos y mejorar la salud, dijeron los investigadores en un artículo publicado hoy en Science (14 de octubre).

Hasta la fecha, ha habido solo un estudio sobre el impacto de una menor exposición a la contaminación del aire en interiores, dijeron los expertos. La investigación analizó la neumonía infantil en Guatemala y encontró que se necesita un 90 por ciento de reducción de las emisiones para disminuir el riesgo. Aún no está claro si otros riesgos sanitarios necesitan una reducción igualmente drástica, señalaron los autores.

“Necesitamos medir los niveles de exposición al humo en los hogares cuando se usan estas nuevas cocinas. No es suficiente basarse en lo que funciona en el laboratorio”, dijo a SciDev.Net William Martin, coautor del artículo y director asociado para la prevención de enfermedades y promoción de la salud en los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.

“Necesitamos estar seguros de que las cocinas realmente reducen el humo a un nivel que mejora la salud, necesitamos evaluar a una población suficientemente grande y medir directamente los impactos sobre la salud”.

Martin agregó: “No hay atajos para la investigación. Necesitamos verificar que se registran resultados similares en contextos diferentes y usando distintos efectos sobre la salud”.

Los autores dicen que se necesitarían alrededor de US$150 a 200 millones para investigar los riesgos sanitarios asociados con la contaminación del aire en interiores.

Las iniciativas para implantar nuevas cocinas mejoradas y eficientes brindan una “gran oportunidad” para determinar si esta intervención funciona, dijeron los investigadores, citando a la Alianza Mundial para las Cocinas Limpias, creada por la Fundación de las Naciones Unidas, que busca distribuir cocinas y combustibles limpios y eficientes a 100 millones de hogares en 2020.

La contaminación del aire en interiores también está vinculada al bajo peso al nacer, lesiones por quemaduras, cataratas, enfermedades cardiovasculares, asma y tuberculosis. Y la quema de biomasa contribuye a la degradación ambiental y a la deforestación. Cocinas mejoradas y eficientes podrían ayudar a reducir el uso de combustibles y disminuir las emisiones de carbón negro (un componente clave del hollín).

El riesgo del amianto. Un peligro silencioso

Hace poco más de diez años que se prohibió el amianto en España 1. Se prohibió la utilización, producción y comercialización de las fibras de amianto y de los productos que las contenían. Pero la ley no reguló un aspecto importante: qué debemos hacer con los diferentes productos y materiales con amianto que están colocados en nuestros edificios 2

Esta situación permite y, por tanto hace invisible el hecho de que el amianto permanezca colocado conviviendo con nosotros. ¿Es esta una situación de riesgo?

El amianto forma parte de un gran número de materiales colocados en buena parte de los edificios construidos durante el siglo XX. Forma parte intrínseca de redes de saneamiento, depósitos de agua, cubiertas y medianeras, en el fibrocemento o “uralita“, llamado así en honor al mayor fabricante e importador de amianto en España. Además de los materiales de fibrocemento, existen otras aplicaciones fundamentales en la edificación como son los aislantes térmicos y acústicos, las ignifugaciones y las calorifugaciones que también pueden contener las fibras. Este último grupo de materiales con amianto es mucho más desconocido para la población en general y, a su vez, supone un riesgo mayor para la salud, ya que son materiales fibrosos, de baja densidad, que desprenden fibras con bastante facilidad. Las fibras de amianto al llegar al aire y ser respiradas pueden quedarse depositadas en nuestro organismo que, no pudiéndolas absorber ni eliminar, se protege de ellas dando paso a diferentes patologías graves. La inhalación de fibras de amianto puede ocasionar enfermedades como el mesotelioma pleural, la asbestosis y el cáncer broncopulmonar, enfermedades irreversibles, de largos periodos de latencia, que se pueden desarrollar 20 ó 30 años después de haber estado en contacto con las fibras.

Fuentes de exposición a las fibras

A partir de los años 80 y mientras se fabricaron productos con amianto en nuestro país, el sector reconocido como expuesto al riesgo de amianto era el que directamente manipulaba o estaba presente en la elaboración de los diferentes materiales. No se consideró durante muchos años que la población cercana a una fábrica de productos de amianto, o los familiares de los trabajadores como las mujeres que lavaban las ropas de trabajo contaminadas con las fibras, fuesen también un sector expuesto. Numerosos estudios 3 han demostrado la relación entre patologías derivadas de la exposición a amianto y las personas que no han trabajado directamente con el mineral, considerando estas fuentes de exposición como ambientales, domésticas y de convivencia.

En la actualidad se tienen identificadas diferentes fuentes posibles de exposición:

  • Exposición laboral: afecta a los trabajadores que pueden inhalar fibras de amianto mientras desarrollan su jornada laboral, ya sea de forma directa porque trabajen manipulando amianto en tareas de mantenimiento, rehabilitación o desamiantado, o indirecta porque puedan inhalar las fibras que se desprenden de un material ubicado en el lugar de trabajo.
  • Exposición por convivencia: no debería existir en la actualidad, ya que la legislación vigente no permite que las ropas de trabajo contaminadas se lleven a casa, siendo el empresario el responsable del lavado y descontaminado de las mismas.
  • Exposición ambiental: puede afectar a cualquier persona, ya que es la provocada por las fibras que se encuentran en el aire, bien sea de forma natural (zonas cercanas a minas de amianto), por la fricción y desgaste de los frenos y embragues de los automóviles que contienen amianto (comercializados hasta 2002) o por una posible contaminación de trabajos con amianto en edificios, en el transporte de residuos, vertidos incontrolados, etc.
  • Exposición doméstica: está provocada por el desprendimiento de fibras en utensilios de uso doméstico como guantes de cocina, forros de tablas de plancha, aislamientos en tostadoras de pan y secadores de pelo, protecciones de hornos y chimeneas, mantas, etc. Todos estos productos y utensilios son de fabricación muy antigua, ya que están prohibidos desde hace 20 años, por lo que cada vez son menos habituales en nuestras viviendas.
  • Exposición en el interior de edificios: está provocada por el desprendimiento de fibras de los materiales que contienen amianto y forman parte de la construcción. Aunque el uso de la mayoría de productos con amianto para  la construcción (al margen del fibrocemento) se prohibió en el año 1993, esos 20 años no son suficientes para establecer que en los edificios no queda amianto. El riesgo dependerá del tipo de material, de su localización y del estado de conservación.

 

El amianto en los edificios

El amianto es un excelente aislante térmico y acústico, es ignífugo, tiene una gran resistencia a la fricción y es prácticamente indestructible. Estas valiosas cualidades hicieron proliferar innumerables materiales de construcción que se colocaron en los edificios, según fuesen las necesidades en cada caso.

a) Según el tipo de estructura del edificio.

A finales de los años 50 las ciudades españolas más relevantes empezaron a poblarse de imponentes edificios en altura, símbolo del crecimiento y el desarrollo del país. Muchos de estos edificios se construyeron con estructuras metálicas que, en muchas ocasiones, se protegieron contra el fuego con revestimientos ignífugos como el amianto, recomendado en la normativa de la época como material ignífugo y aislante de grandes propiedades.

En el caso de las estructuras de hormigón, los revestimientos ignífugos no han sido tan habituales debido a la resistencia del propio material. No obstante, y con el objeto de proporcionar más resistencia al fuego en una posible rehabilitación o intervención para adecuación a la normativa, podemos encontrar este tipo de estructuras revestidas de morteros o proyecciones de amianto.

b) Según el uso a que está destinado el edificio.

En cuanto al tipo de uso, el sector terciario de edificios de servicios es el que tiene más posibilidades de tener materiales con amianto en sus soluciones constructivas: hospitales, escuelas, teatros y salas de cine, estudios de grabación, oficinas, edificios industriales… Por un lado, porque se ha desarrollado más normativa y legislación específica, y por otro, porque los requerimientos particulares del servicio daban paso a productos específicos como:

  • El aislamiento acústico en estudios de grabación, cines, teatros y bibliotecas, en forma de placas acústicas o fibras sueltas como la borra de amianto en cámaras de aislamiento y en el interior de falsos techos.
  • Los pavimentos resistentes al agua, a las grasas, a los agentes químicos y que impedían la propagación del fuego en cocinas y restaurantes, comercios, oficinas, hospitales y escuelas como los pavimentos de amianto- vinilo.
  • Los falsos techos registrables que facilitaban la revisión de instalaciones en oficinas y comercios.
  • El control de la humedad por condensación en vestuarios y piscinas cubiertas, o industrias textiles, con proyecciones de fibras de amianto.
  • Los revestimientos resistentes al desgaste como zócalos de protección en escuelas, en talleres y en equipamientos, con morteros y pinturas con amianto.
  • Los aislamientos térmicos extremos en naves frigoríficas, laboratorios e industria, con mantas y borra de amianto.
  • La protección al fuego de instalaciones, compuertas cortafuego, fosos de ascensores, cuadros eléctricos, puertas RF, telones en teatros…, así como las ignifugaciones en aparcamientos.

En el caso de las viviendas, las edificaciones que tuvieron una mayor calidad en su construcción, las que tuvieron mejores acabados y más prestaciones, son las más susceptibles de tener aplicaciones de amianto de riesgo alto como los aislamientos térmicos, acústicos o calorifugaciones de instalaciones, mientras que los edificios de menor calidad se quedaron con las aplicaciones de menor coste y de menor riesgo, como son todas las derivadas del fibrocemento.

c) Según el tipo de instalaciones que contiene el edificio.

Otro parámetro que nos puede determinar la existencia o no de amianto en el edificio es el tipo de instalaciones que alberga:

  • Las instalaciones centralizadas de producción de agua caliente sanitaria o de calefacción por agua caliente, con calorifugaciones de tuberías y calderas.
  • Las protecciones de radiadores, las juntas de tuberías y masillas aislantes.
  • Las protecciones de focos puntuales de calor, como repisas aislantes sobre radiadores, separadores entre paredes y elementos como hornos y chimeneas.
  • Las instalaciones de distribución de aire climatizado y evacuación de humos.
  • Las instalaciones de hornos o cámaras de altas temperaturas aisladas con placas de amianto, con cordones y juntas de aislamiento.
  • Las instalaciones en talleres y en la industria en general, con conducciones de ácidos y derivados del petróleo, productos químicos corrosivos y vapor de agua, líquidos y gases con requerimientos de altas temperaturas, y pH extremos, en forma de aislamientos, juntas de estanqueidad y masillas aislantes.

d) Productos de fibrocemento.

El fibrocemento o “uralita”, clasificado aquí como una categoría aparte por la gran variedad de productos que se fabricaron, fue un material muy versátil, moldeable, ligero, incombustible, impermeable y, sobre todo, barato. Con él  se realizaron redes de suministro de agua potable, depósitos, canalizaciones de desagüe en edificios, cubiertas de chapa lisa y ondulada, tabiques pluviales en medianeras, revestimientos de fachadas, persianas, sombreretes, rejas de ventilación, tuberías de aire, tanto en impulsión como en evacuación de humos, jardineras….y un largo etcétera.

La protección de la población en riesgo

La legislación española en temas de amianto regula y ampara el sector laboral, por lo que se deben considerar dos poblaciones diferenciadas: los trabajadores expuestos a amianto durante el transcurso de su jornada laboral y el resto de la población.

La protección de los trabajadores.

Dentro del sector laboral se encuentran, de una parte el personal que trabaja directamente con amianto y de otra, los que trabajan en un edificio que contiene amianto.

Los primeros son los trabajadores que deben realizar tareas de extracción de amianto o desamiantado, trabajos de mantenimiento o rehabilitación donde deba manipular el amianto, así como los trabajadores ligados a la gestión del residuo y su deposición en vertedero, al control de calidad ambiental, a los laboratorios de análisis… Todos estos trabajos necesitan de la realización de un Plan de Trabajo con amianto que debe aprobar la autoridad laboral competente, deben estar inscritos en el RERA (Registro de Empresas con Riesgo por Amianto), así como realizar un control periódico sanitario a los trabajadores implicados, todo ello según el RD 396/2006 4 .

Dicho de otra manera, este sector claramente identificado y considerado de riesgo por la legislación es el que conoce la existencia del amianto, trabaja 5 según la legislación vigente, y por tanto, está bajo su amparo en cuanto a protección sanitaria y dineraria (por la responsabilidad civil del empresario). Por tanto, se podría decir que en la actualidad los trabajadores del amianto son un sector de riesgo controlado que está protegido por la legislación vigente.

El segundo grupo lo componen las personas que trabajan en un edificio que contiene amianto. Éstos también están protegidos por la ley. En este caso es la ley de prevención de riesgos laborales la que otorga al empresario la responsabilidad de la seguridad de sus trabajadores. Por tanto, es obligación del empresario adoptar las medidas necesarias para garantizar la seguridad y la salud de los trabajadores a su servicio en todos los aspectos relacionados con el trabajo. No obstante y aún estando legislado, este grupo no está claramente definido, ya que los empresarios no conocen si el edificio donde se desarrolla su actividad tiene o no amianto. Los principios de acción preventiva se suelen entender directamente ligados a la actividad, considerándose el edificio como un elemento inerte.

Por tanto, se podría decir que las personas que trabajan en un edificio con amianto son un sector de riesgo no controlado, aun estando protegido por la legislación vigente.

La población en general.

Por último, está el resto de la población. Los que vivimos en edificios, estudiamos en ellos, acudimos a ellos a hacer compras, a ver espectáculos, a sanar nuestras enfermedades o a dejar el coche en sus aparcamientos. Todos formamos parte de un sector potencial de riesgo no controlado, que no es conocido y que no está legislado.

Pero no todas las personas que hemos estado expuestas a las fibras padeceremos una enfermedad relacionada con el amianto. Dependerá de la sensibilidad del organismo de cada individuo, del tipo de fibra, del tiempo e intensidad en la exposición, así como de factores sinérgicos como el tabaco.

Dicho esto, hay que puntualizar que, tal y como la EPA instruyó en 1971, y que ha sido nuevamente refrendado por el Parlamento Europeo en marzo de 2013 6 , “no se conoce un límite de exposición al amianto por debajo del cual no existan riesgos”. Por tanto, es imprescindible evitar la exposición al amianto, por una parte, trabajando con las medidas de seguridad establecidas, y por otra, conociendo la existencia de las fibras y su peligrosidad ya que el verdadero riesgo del amianto es el desconocimiento de su existencia.

No debemos olvidar que pese a hacer más de 30 años que están reguladas las condiciones de trabajo en la manipulación de amianto, el reconocimiento al trabajador de padecer una enfermedad profesional derivada del amianto, y las consecuentes reclamaciones por daños y perjuicios por falta de medidas de seguridad suponen, a día de hoy, arduos procesos con finales más ventajosos para las grandes empresas responsables que para los enfermos o familiares de los fallecidos. Los afectados por exposiciones no laborales aún lo tienen peor.

Consumo mundial de amianto en 1979, Asbestos: overview and handling recommendations, Deutsche Gesellschaft fur Technische Zusammenarbeit (GTZ) GmbH, Eschborn 1996. Ilustración © EcoHabitar


*Lara Trujillo, la autora de este artículo, es Ingeniera de Edificación, máster en Patología, Diagnosis y Técnicas de Rehabilitación del Patrimonio Arquitectónico. Se dedica a la docencia en la universidad, así como a la rehabilitación energética, diagnosis de edificios y edificación sostenible. www.edilar.net

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  1. La Orden de 7 de diciembre de 2001 por la que se modifica el anexo I del Real Decreto 1406/1989, de 10 de noviembre, por el que se imponen limitaciones a la comercialización y al uso de ciertas sustancias y preparados peligrosos, dice en su articulado que «El uso de productos que contengan las fibras de amianto… que ya estaban instalados o en servicio… seguirá estando permitido hasta su eliminación o el fin de su vida útil».
  2. Resolución de 30 septiembre 1982 sobre normas para la aplicación y desarrollo de la Orden de 21 de julio de 1982 sobre las condiciones en que deben realizarse los trabajos en los que se manipula el amianto.
  3.   Enfermedad por amianto en una población próxima a una fábrica de fibrocemento, Arch Bronconeumol. 2009; 45(9):429–434, J. Tarrés, R. Arbós-Herràndiz, C. Albertí, et al. Contenido pulmonar de amianto en la población de Barcelona, Arch Bronconeumol. 2006;42:17, R. Recuero, A. Freixa, M.J. Cruz, et al.
  4. El Real Decreto 396/2006 de 31 de marzo, por el que se establecen las disposiciones mínimas de seguridad y salud aplicables a los trabajos con riesgo de exposición al amianto, se enmarca en la Ley 31/1995, de 8 de noviembre, de Prevención de Riesgos Laborales, cuyo ámbito de aplicación incluye «a los trabajadores vinculados por una relación laboral en sentido estricto», quedando fuera de este ámbito los trabajadores autónomos.
  5.   Background Information. Proposed National Emission Standards For Hazardous Air Pollutants: Asbestos, Beryllium, Mercury. Environmental Protection Agency, North Carolina, December 1971.
  6. Resolución del Parlamento Europeo, de 14 de marzo de 2013, sobre los riesgos para la salud en el lugar de trabajo relacionados con el amianto y perspectivas de eliminación de todo el amianto existente.

La Fundación para la Salud Geoambiental presenta un servicio gratuito de información sobre el gas radón

El tabaco mata y eso lo sabe todo el mundo. Lo que la mayoría ignora es que, después del tabaco y según advierte la propia Organización Mundial de la Salud (OMS), el principal culpable del cáncer de pulmón es el radón. Se trata de un gas radiactivo, inodoro, incoloro e insípido que se filtra desde el subsuelo, sobre todo en zonas graníticas, arcillosas o de arenisca, y que se acumula fácilmente en espacios cerrados o con poca ventilación, como las viviendas. El radón mata cada año a unas 1.500 personas en España, según estimaciones. La OMS señala que entre el 3% y el 14% de los casos de cáncer de pulmón  están asociados a la exposición al radón, y en los fumadores el riesgo de contraer esta enfermedad es 25 veces superior al de los no fumadores.

Por todos estos motivos, y ante el desconocimiento generalizado como consecuencia de una ausencia total de políticas públicas, la Fundación para la Salud Geoambiental ha puesto en marcha un servicio gratuito de información al ciudadano sobre el radón, coincidiendo con la celebración del Día Europeo del Radón el próximo martes 7 de noviembre. Esta Fundación ha recopilado todos los registros existentes sobre la presencia de radón en España, que estaban dispersos, y los ha plasmado en un completo mapa predictivo que puede consultarse en la web vivesinradon.org.

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Es la herramienta más completa que existe por el momento, y gracias a ella cualquier persona interesada puede comprobar si su vivienda está en una zona de riesgo y en qué grado, dado que el mapa está detallado no sólo por municipios sino incluso por calles. En esa misma web se explican qué alternativas existen para evitar o mitigar la presencia de radón.

 

Apoyo a planes municipales contra el radón


La Fundación para la Salud Geoambiental también ofrece un servicio de asesoría técnica para los ayuntamientos interesados en desarrollar planes municipales contra el radón, como ya se hace en países como Irlanda y Reino Unido, entre otros. Asimismo, la Fundación pone a disposición de particulares e instituciones un servicio técnico de medición, recomendado en los casos en los que el edificio se encuentre en un área de riesgo. Sólo mediante un diagnóstico realizado por un experto podrá optarse por la técnica de remediación más apropiada, como instalación de membranas antirradón, ventilación del forjado sanitario, sistemas de despresurización activa y pasiva del suelo, etc. No todas son efectivas en todos los casos.

De todas formas, tal y como explica el director de la Fundación para la Salud Geoambiental, José Miguel Rodríguez, “no siempre es necesario hacer una medición ni tomar medidas con un coste económico. En el mapa que figura en vivesinradon.org se pueden ver con detalle qué zonas de España tienen una alta probabilidad de sufrir este problema. Galicia, Extremadura y la sierra noroeste de Madrid son las zonas de más riesgo, por la composición granítica del terreno. Otras zonas tienen solo un riesgo medio, y en muchísimos sitios el radón es un problema inexistente. Por eso, lo prioritario es informarse y concienciarse de la existencia de este problema del que ninguna institución nos ha informado”, recomienda.

El radón procede del subsuelo y se infiltra en las viviendas a través de las pequeñas fisuras, los poros del hormigón, las juntas de las tuberías de desagües y otras acometidas. En los casos menos preocupantes, José Miguel Rodríguez recomienda ventilar a diario y en profundidad, para evacuar el radón que se pueda haber concentrado en el ambiente, aunque en las zonas de riesgo, simplemente ventilar puede no ser suficiente para reducir la exposición a este gas.

Al aire libre el radón no supone un peligro ya que se disuelve en la atmósfera. El problema aparece en espacios cerrados, donde queda concentrado en el aire que respiramos. En una vivienda, el lugar donde se registra mayor presencia de radón es en pisos bajos o sótanos, ya que este gas pesa nueve veces más que el aire, aunque también puede aparecer en plantas altas, ya que por efecto de convección y debido a su gran movilidad el radón se puede desplazar por toda la casa.

 

Una directiva de la UE aún sin trasponer en España


Los estudios epidemiológicos han demostrado convincentemente una asociación entre la exposición al radón en interiores y el cáncer de pulmón, incluso para las concentraciones relativamente bajas que suelen existir en viviendas y oficinas. Por ello, la OMS recomienda que los niveles de radón en el aire no superen los 100 Bq/m3 (bequerelios por metro cúbico). En EEUU el límite está establecido en 150 Bq/m3, y la Unión Europea ha fijado un límite de 300 Bq/m3, tal como figura en la Directiva Europea 2013/59/Euratom. España tiene de límite hasta febrero de 2018 para trasponer esa directiva de 2013 y elaborar un Plan Nacional de Radón.

El Ministerio de Sanidad tiene un grupo de trabajo sobre este asunto pero, según José Miguel Rodríguez, “aún no ha presentado ningún borrador o propuesta”. También estaba previsto que el Ministerio de Fomento tramitase a lo largo de este 2017 un decreto para introducir en el Código Técnico de la Edificación normas de protección frente al radón en edificios residenciales “y vistas las fechas, parece imposible que cumplan”, señala este experto. Países como Francia, Italia o Reino Unido ya tienen una legislación sobre el radón.

“Es previsible que, cuando se trasponga la Directiva, la normativa española fije como nivel de referencia los 300 Bq/m3, pero esto es básicamente como no hacer nada”, adelanta Rodríguez, que cree que la futura normativa debería proponerse como objetivo que ninguna vivienda supere los 100 Bq/m3, en línea con otros países de la UE, “para mejor protección de los ciudadanos, porque los casos de cáncer de pulmón aumentan cada año pese a que el tabaquismo se reduce, y eso significa algo”, insiste.

En cualquier caso, el gas radón es un factor ambiental natural que debemos tener muy en cuenta por su potencial efecto sobre la salud humana. En la actualidad todos tenemos claro que la radiactividad es peligrosa, pero esto no ha sido siempre así: ni siquiera la gran científica Marie Curie, la descubridora del radio, padre del radón, en 1898, fue consciente del peligro de sus experimentos. Hoy se sabe que por cada 100 Bq/m3  de aumento en la exposición a radón, se incrementa en un 16% el riesgo de contraer cáncer de pulmón. Se desconoce el umbral por debajo del cual la exposición no supone un riesgo, y por otro lado está demostrado que la mayoría de los casos de cáncer de pulmón están provocados por concentraciones bajas o moderadas, y no por concentraciones elevadas.


Preguntas y respuestas sobre radón

¿Cómo puedo saber si mi casa tiene radón?

Lo primero es mirar el mapa de zonas de riesgo en vivesinradon.org y, si la vivienda está ubicada en una zona de riesgo, consultar la idoneidad de realizar una medición.

¿Cuándo es recomendable hacer las mediciones?

Si vive en una zona de alto riesgo, lo ideal es hacer mediciones cada 5 años. En zonas de riesgo medio se pueden hacer cada 10 años. España no es un país problemático en este sentido, y una gran superficie del país no tiene riesgo de radón, en cuyo caso no se precisan mediciones.

¿Cómo debe ser la medición?

La medición debe tener una duración de al menos tres meses y debe realizarse en otoño- invierno. Las mediciones de corta duración no son las más adecuadas para una vivienda. Suelen utilizarse en estudios concretos o para obtener una primera indicación de concentración, pero nunca tendrá la precisión de una medición de largo plazo.

Tengo un nivel alto de radón en casa, ¿qué tengo que hacer?

Las medidas de remediación pueden variar sustancialmente de una vivienda a otra, dependiendo de su estructura constructiva. Lo ideal es que busque la orientación y ayuda de un experto.

Voy a adquirir una casa, ¿cómo puedo saber si está protegida frente al radón?

Con la actual legislación no hay garantías de que la casa se haya construido con medidas antirradón. Cuando dichas medidas se incorporen en el Código Técnico de la Edificación, habrá que solicitar al vendedor que le garantice documentalmente la protección frente al radón. En otros países, el constructor expide un certificado garantizando este extremo.

En mi casa tengo granito en el suelo y en la encimera de la cocina. ¿Tendré niveles altos de radón?

En principio el radón exhalado por materiales de construcción no supone un riesgo. Sin embargo, siempre es preferible utilizar materiales que no constituyan una fuente de radón.


Sobre la Fundación para la Salud Geoambiental

La Fundación para la Salud Geoambiental (www.saludgeoambiental.org) es una organización sin ánimo de lucro, aconfesional, independiente y de inspiración tanto humanista como científica. Nace en 2010 por iniciativa privada con el objetivo de impulsar una mejora radical en la salud de las personas y de los lugares que habitan. Su misión es investigar, divulgar y concienciar a la población sobre la importancia de la salud geoambiental y sus consecuencias sanitarias, laborales y económicas; y formar profesionales con el fin de crear una nueva categoría de expertos en salud geoambiental.

 

El empobrecimiento de la salud y la arquitectura

El ser humano empezó a modificar su entorno para mantener sus necesidades cubiertas, especialmente  la necesidad de cuidar de su cuerpo físico para asegurar su supervivencia. La otra función primigenia de la arquitectura fue modificar la percepción del espacio y del mundo. Siempre me he preguntado hasta qué punto la arquitectura actual sigue apoyando o no las necesidades humanas y qué percepción del mundo nos ofrece. Y en todo caso, qué queremos escoger que nos ofrezca la arquitectura…

Recientemente he seguido dos formaciones en biohabitabilidad, salud y armonía del hábitat. Con este artículo quiero compartir la nueva visión que he adquirido sobre cómo la arquitectura impacta sobre el ser humano y en una serie de artículos posteriores iré extrayendo distintos bloques de conocimiento y de criterios que pueden integrarse en la práctica arquitectónica para favorecer la salud de las personas.

Biohabitabilidad es el término que se usa para hacer referencia al conjunto de parámetros que dependen del hábitat y su construcción que generan un entorno favorable para la biología humana, el bienestar y la salud.

En primer lugar quiero dar una breve definición sobre lo que entiendo por salud. Para mí salud no es solo un estado de no-enfermedad sino que es un estado de bienestar corporal y mental, en el que tanto el cuerpo como la mente realizan sus funciones correctamente y pueden acceder a su capacidad innata de sanarse y defenderse por sí mismos de influencias externas, para propiciar estados de felicidad. Read more

Relaciones híbridas. Pensando en una oficina para Triodos Bank

Parece que la banca tiende a ser digital, la mayoría de los bancos están reduciendo sus oficinas presenciales y potenciando sus herramientas digitales. Incluso hay bancos sin oficinas, bancos que ya solo funcionan a través de una App. La tendencia obviamente es digital, los servicios de la banca cada vez serán más digitales pero sabemos que la experiencia de usuario de los clientes del futuro está más basada en la construcción de experiencias innovadoras y alineadas con ciertos valores; y concretamente para Triodos Bank, en la construcción de relaciones valiosas y humanas.

Las relaciones hoy en día son híbridas. El mundo digital ha impregnado en nuestras vidas y ha construido un mundo de relaciones abiertas, múltiples, frágiles, diversas, que se une a las relaciones más tradicionales, unas relaciones más sólidas, personales, minoritarias. Ambos aspectos, digital y presencial, definen lo que entendemos por relaciones híbridas (Domenico Di Siena, “Diseño Cívico”), y están estructurando la sociedad de hoy en día. Las relaciones digitales las podemos entender como relaciones líquidas en el sentido de la “modernidad líquida” de Zygmunt Bauman, y relaciones presenciales como relaciones físicas, en principio más sólidas.

Desarrollamos un proceso de participativo y de cocreación desde una perspectiva multidisciplinar, en la que han participado diferentes departamentos de Triodos Bank, además de clientes, empleados, técnicos y la propia dirección general. Un proceso complejo de pensamiento estratégico para definir las nuevas necesidades, la misión de la oficinas de futuro de un banco que quiere transformar la sociedad desde la responsabilidad de las inversiones, un banco que ha decidido apoyar e invertir solo en temas sociales, el medioambiente y la cultura.

Triodos Bank tiene 215.000 clientes que no responden a un perfil común, pero que todos ellos comparten una inquietud por unos valores concretos. Estos valores, la inquietud por construir otra forma de hacer las cosas, funcionan como un nexo de unión, como algo transversal que une a todas las personas que son clientes del banco. Pero actualmente son nodos independientes conectados con el banco. Es como una red centralizada con el banco como núcleo. El objetivo del proyecto de nueva oficina es activar esas relaciones entre los diferentes nodos para desarrollar una red distribuida entre clientes y que el banco pase de ser el centro a ser el facilitador de una comunidad. Una red de clientes concienciados, activos en la puesta en marcha de un tejido humano y empresarial que construye otro paradigma respetuoso con la naturaleza, con las personas y que potencie una cultura y educación basada en valores.

El proyecto de las nuevas oficinas incluye dos partes: un nuevo diseño de servicio desarrollado por la propia entidad, que posibilita una nueva forma de relacionarse con los clientes; y por otro lado, un nuevo espacio que ya no sea solo una oficina bancaria de uso transaccional, sino que permita otro tipo de conversaciones y encuentros con valor añadido. y todo ello con un diseño atractivo, único, y los estándares de sostenibilidad más exigentes.

La nueva oficina de Triodos Bank debía responder a la necesidad de construir relaciones sólidas, además de ofrecer los servicios propios de un banco. Si lo digital representa lo más efervescente, líquido, variable, flexible de la sociedad, las oficinas deben tener un carácter “solidificante” de estas relaciones digitales. Para ello se planteó un espacio de encuentro, un lugar donde se celebran eventos, reuniones entre clientes, networking… La Plaza, un espacio multiusos abierto para que se desarrollen los debates de la construcción de una nueva sociedad. También podrás encontrarte con esa persona que conocías por Twitter/Facebook a través de Triodos Bank, o incluso llevar un Libro y coger otro en el crossbooking, conocer a un posible socio, o a un posible cliente y siempre sabiendo que ya hay una serie de valores en el ADN de cada uno que se acerca a Triodos Bank. Este espacio tiene que posibilitar esto y mucho más, ya que el 40% de la oficina se destina para este multiuso, y tanto la arquitectura como el mobiliario es flexible y posibilitan que ocurran estas múltiples funciones.

Después de este proceso de participación y pensamiento estratégico compartido, se ha desarrollado la primera oficina en Málaga, un espacio que posibilita la creación de esta comunidad y que facilita la relación entre los clientes de Triodos Bank. En sucesivos post iremos desgranando los diferentes aspectos que han configurado el proceso de diseño y cómo lo hemos vivido desde sAtt Arquitectura Abierta.


Oficina “Cero CO2” de Triodos Bank en Málaga

Triodos Bank reinventa su modelo de oficina bancaria sostenible

Investigadores sostienen que deben tenerse en cuenta los beneficios que producen algunos microbios a la hora de diseñar los edificios

El diseño arquitectónico se preocupa a menudo de la eficiencia energética o la estética, pero no de la exposición a los microbios. Sin embargo, en un artículo publicado en Trends in Microbiology -editada por Cell Press-, ingenieros ambientales de la Universidad Yale (Connecticut, EE.UU.) defienden que se evalúen los beneficios de tener estos organismos invisibles en nuestros hogares. Tal vez, dicen, en lugar de empujarlos a todos fuera, debemos dejar que entren los adecuados, según reporta Tendencias21.

“Es un error común pensar que todos los microbios que se encuentran en su hogar son peligrosos para su salud”, dice el profesor de Ingeniería Química y Ambiental Jordan Peccia, coautor del artículo con la estudiante de doctorado Sarah Kwan. “Muchos no tienen impacto en la salud, y algunos pueden incluso ser beneficiosos.”

Estudios anteriores demostraron que los niños que crecen en una granja (o incluso en una casa cerca de una zona rural) están expuestos a este tipo de microbios beneficiosos, y son menos propensos a desarrollar alergias.

Por ejemplo, los niños de una familia bávara (una población conocida por su estilo de vida agrario: trabajar los campos, usar caballos para el transporte, y tomar leche sin pasteurizar) tenían menos de la mitad de los niveles de asma que una familia europea suburbana (5.2 % frente a 19,1%). Se encontró que este efecto persistía en la edad adulta. Esto es probablemente debido a que algunos microbios del cuerpo envían señales a los glóbulos blancos conocidos como linfocitos T para formar células T reguladoras, que impiden las respuestas inmunes innecesarias.

“Una gran pregunta es cómo el diseño de un edificio (por ejemplo, la distribución geográfica, los materiales de construcción, la ocupación y la ventilación) modula la exposición microbiana, y nuestros propio microbioma”, dice Peccia en la nota de prensa de Cell Press, recogida por EurekAlert! “A medida que se identifican más y más microbios beneficiosos, nosotros -arquitectos, ingenieros y el público en general – debemos pensar en cómo podemos facilitar nuestra exposición a ellos”.

Ventajas y desventajas

“Es cierto que hay ventajas y desventajas que debemos comprender mejor”, añade. “La calidad del aire interior es a menudo peor que la calidad del aire exterior, por lo que construir una ventilación con aire exterior tiene mucho sentido. Sin embargo, en las ciudades con muy mala calidad del aire exterior, el aumento de la ventilación puede provocar exposiciones a contaminantes del aire no saludables”.

Si no trabajamos en una granja, una manera en la que podemos “entrenar” a nuestro sistema inmune es a través de la exposición a los animales, especialmente los gatos y los perros. Aparte de llevar sus propias familias de microbios, también pueden transportar bacterias y hongos comunes procedentes del exterior, lo que contribuye aún más a la ya mencionada “diversidad beneficiosa” de los microbios de interior.

Estos pueden ser inhalados o ingeridos fácilmente cuando están atrapados en un espacio herméticamente cerrado, como una vivienda o edificio de oficinas, donde se inhalan litros de aire cada día y, a veces se ingiere polvo del suelo.

A pesar de que este campo está todavía en una etapa inicial, Peccia tiene un consejo para los ocupantes de un edificio: en concreto, que no hay un enfoque de “talla única” para mejorar el microbioma de su hogar. “No todo el mundo debe salir corriendo a conseguir un perro, por supuesto”, dice, “pero podemos trabajar para desarrollar nuevos enfoques cuantitativos para la solución de estos problemas. Algo mejor que nuestros filtros de aire e inhaladores portátiles”.