Nº 52 EcoHabitar. Editorial

Decepciona, una vez más,  la incapacidad de los gobiernos para llegar a un acuerdo en la cumbre de Marrakech, después de casi un año de las buenas intenciones que parecían existir en París. Nuestros representantes (¿?) han sido incapaces de cerrar asuntos como la financiación para solucionar el problema del cambio climático, una de las losas más pesadas que ahora mismo pende sobre nosotros y las nuevas generaciones. Se esperaba definir una hoja de ruta para disponer los 100.000 millones de dólares anuales para el fondo verde o el desarrollo de un fondo que permitiera afrontar las pérdidas y los daños producidos. Sin embargo, como quedó patente en el último plenario, estamos todavía muy lejos de poder concluir estos debates ya que los países ricos no parecen dispuestos a mover ficha para disponer la provisión de fondos necesarios.

Una vez más se ha visto que lo que pretenden los gobiernos y las grandes corporaciones que los sustentan es, simplemente, un lavado de cara con soluciones que, como mucho, parchean el acuciante problema que nos ha caído encima por la desidia, principalmente de los gobiernos de los países más contaminantes.

Un buen número de expositores (charlatanes vendedores de crecepelo), en torno a la cumbre, presentaban soluciones tecnológicas y actuaciones que son solo un parche para seguir sin que nada sustancial cambie. Hubo varias presentaciones por parte de multinacionales expertas en el “greenwasing” de la lucha contra el calentamiento global, incluidas compañías cementeras, bancos, grupos del sector energético, empresas del holding propiedad de la familia real marroquí e incluso la armamentística francesa Thales.

Decía Javier Andaluz, responsable de cambio climático de Ecologistas en Acción: “El objetivo de estos representantes empresariales es la promoción de falsas soluciones que no han demostrado su eficacia para luchar contra el cambio climático, como la captura y el almacenamiento de carbono, la especulación sobre bosques y sumideros o la financiarización de la lucha climática. Mientras que aspectos como los derechos humanos, la justicia climática o la responsabilidad histórica son sistemáticamente ignorados”.

Mientras, el cambio climático sigue y se agrava. El eurodiputado de EQUO, Florent Marcellesi, recordó que “a día de hoy las temperaturas subirán más de 3 grados; muy por encima de los 1,5 grados acordados en París”, y criticó el papel de Rajoy en esta cumbre porque “su viaje parece más motivado por el afán de hacerse la foto que de cambiar la nefasta política energética y climática de estos últimos cuatro años (…), una señal equivocada en un momento político relevante”.

Sin duda, una vez más el capitalismo más casposo ha salido victorioso de este “paripé climático” en el que el propio gobierno anfitrión, el marroquí, ha puesto todos los impedimentos posibles para evitar que la sociedad civil pueda estar representada en la cumbre, incluso atacando directamente a las organizaciones locales que vieron revocada su personalidad jurídica meses antes de la COP.

Y es precisamente ahí, en la sociedad civil, donde más conciencia hay en torno al cambio climático y donde más cambios están ocurriendo hacia una civilización más justa y respetuosa.

Toni Marín
Director de EcoHabitar

Puedes conseguir la revista aquí.

Nº 50 de EcoHabitar. Editorial

EH50Me parece un autoengaño mayúsculo creerse la idea de que vamos a cambiar el mundo creando una sociedad más justa, parar el deterioro medio ambiental, el calentamiento global, la desaparición de las especies y todas las trastadas que el ser humano está haciendo, con pequeños gestos individuales. Creo que fomentar esta idea es un mecanismo del propio sistema capitalista para seguir perpetuándose eternamente. La base del problema, bajo mi modo de ver, es creer que un sistema político-económico, que cree que el bienestar está en el crecimiento y que este hay que basarlo en el consumo, lo vamos a parar cambiando las bombillas de nuestra casa o utilizando un coche eléctrico súper eficiente.

La urgencia del problema no da para esto. Quizás, si al comienzo de la revolución industrial hubiésemos implementado un código de obligatorio cumplimiento para no desarrollar una cultura del despilfarro, la transición o evolución hacia una súper civilización tecnificada verde hubiese podido ser una realidad, pero lo que ahora nos piden los hechos es algo mucho más radical y urgente o no llegaremos a tiempo.

Cansado ya de tanta “ciudad inteligente”, concepto que a un servidor le parece confusa y ambigua y que, salvo contadas excepciones, solo se centra en aspectos de puro marketing, sigo siendo de la opinión de que la tecnología no hará que las ciudades sean más inteligentes, y parece que en foros, congresos y eventos son el eje central de discusión, enarbolando esta idea como el paradigma del no va más. Aburre tanta smart city, tanto ciudad eficiente o ciudad súper-eficiente. Lo que hará que las ciudades sean más inteligentes será la inteligencia colectiva, que sus habitantes sean conscientes de lo insostenible de la ciudad actual como organismo vivo dependiente y parasitario y de la necesidad de un cambio radical hacia un organismo autónomo y capaz de sobrevivir sin esquilmar su entorno; cuando sus propios habitantes actúen de forma colectiva, dentro de una idea del procomún y que ellos mismos sean más inteligentes. Creo que la idea de la smart city no deja de ser otra excusa para seguir haciendo lo que venimos haciendo desde la eternidad.

Evgeny Morozov, en un artículo del País, daba un repaso a una serie de detractores a la ciudad inteligente: “El consenso que se está imponiendo —según el cual la “ciudad inteligente” debe ser eficiente, libre de fricciones y gestionada por empresas de alta tecnología— resulta polémico. Críticos como el diseñador y artista británico Usman Haque defienden las virtudes del desorden, aduciendo que las iniciativas destinadas a evitar conflictos mediante analistas de macro datos son incompatibles con el urbanismo. En su libro de 2013 Smart Cities Anthony Townsend, otro vehemente detractor de las “ciudades inteligentes”, señala que son sus habitantes los que deben tener capacidad para hackearlas y modificarlas; de lo contrario, estarán tan infestadas de virus y resultarán tan limitadoras como nuestros programas informáticos.

Adam Greenfield, también ensayista sobre temas tecnológicos, ha escrito hace poco Contra la Ciudad Inteligente, un incisivo panfleto en el que advierte de que la propia etiqueta “ciudad inteligente” sirve de tapadera retórica para la privatización de los servicios públicos”.

Posiblemente la ciudad más inteligente no es la que más chips y sensores lleve. Alguien nombró la ciudad Medellín, en Colombia, como una de las ciudades “más inteligentes” del mundo. Hace años, se producían en la ciudad innumerables asesinatos de bandas, pero sus problemáticas favelas se reintegraron en la ciudad, no con smartphones, sino con instalaciones deportivas financiadas con fondos públicos y un teleférico que las conecta con la ciudad. Ahora se cita con frecuencia a Medellín como ejemplo de “urbanismo social” y, el año pasado, fue nombrada ciudad más innovadora del mundo por el Urban Land Institute.

Toni Marín
Director de EcoHabitar

Puedes comprarla aquí: http://www.ecohabitar.org/producto/no-50/

Nº 49 de EcoHabitar. Editorial

EH49wNos llaman fundamentalistas porque defendemos espacios libres de tóxicos en contra de una injusta legislación promovida por una industria sin escrúpulos que ensucia el planeta y hace enfermar a las personas.

Hay que trabajar duro para que acabe una vez la impunidad de algunas grandes corporaciones, auténticas organizaciones criminales, que continúan sin adquirir ningún compromiso después de haber sembrado enfermedad y muerte, aún sabiendo que lo que fabrican y colocan en el mercado es perjudicial para la salud.

Desde la década de los 40, en que se comenzó a fabricar en España por Rovira y Cia el fibrocemento con fibras de amianto, el genocidio laboral  va a costar, según los estudios, entre 40 y 50 mil muertos hasta 2030. Una cifra muy elevada teniendo en cuenta que, junto al daño irreparable para las familias, existe un coste en tratamientos médicos que asume en su totalidad la sociedad. Un negocio redondo ya que, además, cuando tu producto es declarado ilegal en tu país, te marchas a otro de los llamados emergentes y montas allí tu fábrica.

La heredera de Rovira, Uralita (hoy Ursa), jamás asumió ninguna responsabilidad y no fue hasta el 2002 cuando se prohibió en España, 20 años después de que se prohibiera en los países del norte, y que siguió fabricando este veneno, aún sabiendo que durante todo este tiempo estaban sembrando muerte a su alrededor1.   

La industria es muy poderosa y no duda en comprar médicos, políticos, sindicalistas, publicistas y periodistas con tal de contrarrestar lo que creen que va en contra de sus intereses, aunque estemos hablando de sufrimiento y muerte de muchas personas. Una industria que funciona igual que las organizaciones criminales pero que muchas veces juega con ventaja, ya que, gracias a sus magníficas relaciones, son impunes.

Pocas veces pagan por sus crímenes y uno de los pocos casos ha sido la condena a 18 años de cárcel por un tribunal italiano, a S. Schmidheiny, propietario y ejecutivo de una “gran empresa multinacional” del amianto.

El Presidente del tribunal, el juez Ogge, comparó a Schmidheiny con Hitler. El juez comparó la estrategia de Eternit2 con la estrategia nazi de deportar judíos a Madagascar (1939 a 1941), un plan que más tarde fue reemplazado por las deportaciones a los campos de exterminio.

Hay muchos aspectos escalofriantes en toda esta trama y lo que venimos a contar aquí es que todo lo que viene ocurriendo desde la década de los 40 se repite hoy de una u otra forma, ya sea con el traslado a otros países de productos prohibidos en Europa o con la fabricación de productos que, aún sabiendo que son perjudiciales, se siguen autorizando: PVC, ftalatos, formaldehídos y multitud de compuestos químicos que entran, de una forma u otra en nuestros hogares.

Esta oscura industria encabezada por empresas como URSA, Saint Gobain, Rokwool, y algunas otras que lideran los ránking en el sector de materiales de construcción, se erigen, como si nada ocurriera,  en adalides de lo que se viene a denominar arquitectura sostenible. Vaya ironía.

Toni Marín
Director de EcoHabitar

 

1.- Los tribunales demostraron  que en la conferencia de Neuss celebrada en Alemania en 1976, S. Schmidheny, ante una audiencia de unas 30 personas todos ellos gerentes de sus empresas Eternit en Europa, dijo que él sabía que el asbesto era nocivo y peligroso para la salud, que ellos debían ser conscientes de ello, pero que si otras personas se hacían también conscientes, tendrían que cerrar o tomar medidas económicas al respecto.

2.- El mayor fabricante de fibrocemento de Europa.


boton_contenido2

Nº 48 de EcoHabitar. Editorial

portada48_72dpiDe los compromisos acordados estos días pasados en la Conferencia de París por el Cambio Climático COP21 y CMP11 no sabemos que va a ocurrir al final ya que, como depende de que cada gobierno ratifique lo acordado, hay posibilidades de que salga algo que pueda ser satisfactorio pero que luego en los parlamentos se tire para abajo, como puede ocurrir en EE.UU por ejemplo.
Hay varios factores que reman y con fuerza hacia el lado del abismo, sobre todo intereses económicos y políticos, que constantemente han puesto trabas en conferencias anteriores durante estos últimos 20 años a un acuerdo global a favor de tomar medidas contra las emisiones de gases invernadero. Aunque hay un compromiso, firmado en Lima en diciembre del pasado año, de abandonar el 100% de los combustibles fósiles para mediados de siglo; la experiencia de tantos años luchando contra las presiones de las corporaciones que sustentan los sistemas políticos, no dejan de desanimarnos.

La Cumbre de Copenhague también despertó tantas o más expectativas que París y acabó, con un decepcionante debate entre países ricos y pobres sobre a quién le correspondía afrontar el problema, en un tira y afloja.

Por otra parte, existen indicios de que habría posibilidades de un avance en conseguir algo que nos encamine hacia una sociedad libre de carbono.

Es cierto, por lo menos en los papeles, que Francia, elegida como sede para esta COP 21, hará todo lo posible para que la Unión conserve su puesto puntero en la lucha contra el cambio climático. El presidente de la República, J.F. Hollande, anunció en su discurso en la conferencia medioambiental de Polonia que defendería una posición ambiciosa, centrada en el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 40% en 2030 y un 60% en 2040 (respecto a 1990), en el marco de las próximas discusiones europeas. Otro objetivo fundamental es limitar el aumento de la temperatura global en menos de 2º C.

La idea es prometedora y si se llevaran a cabo las propuestas podríamos estar ante un compromiso que cumpliese las expectativas más ambiciosas, aunque los tres principales puntos de desacuerdo en la negociación son la financiación para mitigación y adaptación al cambio climático en los países más vulnerables; la diferenciación o no entre países ricos y pobres y la ambición del acuerdo más allá de una mera declaración de intenciones; lo que está claro es que casi todos han aceptado que no existen dudas sobre los impactos del cambio climático y la responsabilidad humana en él, debido a nuestros hábitos de producción y consumo insostenibles.

Alianza por el Clima1, la entidad que convocó las marchas del 29 de noviembre pasado, instaron a los Gobiernos a cerrar un acuerdo ambicioso que ponga rumbo a un futuro donde no se emitan a la atmósfera gases de efecto invernadero.

Es que lo tenemos a huevo: hasta el Papa Francisco ha dedicado una Encíclica al cambio climático considerando que combatirlo es “una cuestión moral” y del “bien común” y los líderes islámicos le han secundado con una declaración, apelando al compromiso climático de los 1.600 millones de musulmanes.

¿Quién queda por tenerlo claro?

Toni Marín. Director de EcoHabitar

boton_contenido2

 

 

 

Listado de anunciantes:

Alen y Calche. www.alenycalche.es icon_external_link

 

 

Nº 47 de EcoHabitar. Editorial

portada47_72dpiAlgunas personas piensan que las teorías de Jeremy Rifkin son optimistas y que en sus diferentes libros (La economía del hidrógeno, La sociedad de coste marginal cero y otros) obvia la capacidad del sistema de reinventarse para poder perpetuarse, seguir explotando a los seres humanos y los recursos del planeta por encima de su capacidad.

Quizás lleven razón, pero con lo que me quedo de este brillante divulgador es su capacidad de ver el vaso medio lleno: las posibilidades de que una era de la colaboración, una civilización del procomún pueda imponerse al decrépito y moribundo capitalismo tras la desaparición de los poderes y las decisiones verticales, en pos de una capacidad de decisión y actuación horizontal.

Y no es una locura. Se trata de una idea que ya hemos vislumbrado e intuido con anterioridad: la posibilidad de desarrollar una civilización responsable, capaz de no derrochar los recursos, justa, equitativa, respetuosa y generosa en la esencia, es por lo que muchas personas trabajan hoy desde diferentes movimientos: ecologistas, conservacionistas, movimiento de ecoaldeas, los grupos indígenas y muchos grupos espirituales.

Y no sería necesario volver a las cavernas dando un paso hacia atrás renegando de toda tecnología, como se argumenta desde sectores del desarrollismo a ultranza, con el ánimo de asustar. Con un conocimiento procomún en sitios de open source, una tecnología descentralizada de bajo coste, como las posibilidades que ya hoy ofrecen las impresoras 3D, las impresoras de corte, una internet descentralizada basada en nodos independientes pero interconectados.

Por ejemplo, hoy ya es posible bajarse planos de una web con un mínimo coste, e incluso gratuitos, llevar este software a un fab lab, donde todas las piezas de la casa son recortadas en una chapa de madera para luego montar la vivienda uno mismo. Las impresiones 3D para edificios se encuentran en las primeras etapas de su evolución, es posible que veamos esta tecnología utilizando materiales locales como tierra, arena y multitud de materiales reciclados, evitando costes de transporte, de fabricación, etc., abaratando el coste edificio.

La sociedad del procomún defiende la gestión de la abundancia de la Tierra por parte del ser humano. Decir que algo es procomún significa que se tiene en común y que se gestiona colectivamente. El término procomún describe una forma de gestión o de gobierno. “La sociedad del procomún permite que los consumidores puedan producir aquello que consumen y los nuevos prosumidores colaboran y comparten bienes y servicios en un procomún en red que se distribuye por todo el mundo, con unos costes marginales casi nulos”, comenta Rifkin.

Quizás estemos asistiendo al nacimiento de ese nuevo modelo de sociedad que tanto ansiamos.

“No confíes en nadie que quiera quedarse con algo que compartimos todos y que a todos nos beneficia, para entregárselo a alguien que se va a beneficiar de ellos en exclusiva”

Mike Bergan

Toni Marín
Director de EcoHabitar

1.- Rifkin, J. La sociedad de coste marginal cero. Paidós. 2014.

boton_contenido2

 

 


La nueva economía sustentable para las organizaciones del Siglo XXI

Como dice Jonathan Dawson, profesor de Economía para la Sostenibilidad del Schumacher College en el libro “Teacher´s Guide: Design for Sustainability”, “Una nueva economía no emergerá de los poderes económicos y del sistema capitalista, sino de abajo arriba, de las personas hacia sus comunidades, regiones y países; cuando estos aprendan a construir y tomen el control de la economía, cuando determinen realmente cuales son las formas de medir su propio bienestar; y aprendan a proteger los recursos naturales que la tierra nos ofrece por nuestro bien y el de las futuras generaciones”.

es que parece que economía y sostenibilidad son dos conceptos completamente antagónicos en la sociedad actual en la que vivimos. Pues bien, en este texto quiero demostrar que ambos no sólo pueden ir de la mano, si no que son totalmente complementarios e interdependientes.

Comencemos definiendo Sostenibilidad y Economía. Según las Naciones Unidad, Sostenibilidad es la capacidad de cubrir las necesidades de las generaciones actuales sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras. Mientras que Economía procede del Griego “Oikos”, que significa: “cuidado o gestión de la casa”. Por lo tanto Economía y Sostenibilidad parecen, al menos en cuanto a definición, dos conceptos bastante similares, sobre todo si comprendemos que el cuidado de la casa se refiere al cuidado de nuestra casa, el planeta TIERRA. Así pues, para que el cuidado de la tierra ocurra, es necesario que gestionemos sus recursos de manera inteligente sin comprometer nuestra propia supervivencia y la de las personas que están por venir.

Ahora bien, parece casi una locura pensar que en los tiempos actuales en los que vivimos, economía y sostenibilidad puedan ir de la mano, sobre todo cuando hemos igualado el concepto de economía al concepto de dinero, volviéndose éste, además, dueño y señor de todo y de todos. Parece que el dinero ha pasado de ser un medio para el intercambio, al elemento central alrededor del cual se construyen y organizan las relaciones humanas.

Pues bien, esta realidad económica que parece tan obvia y que muchos aceptamos como única y posible, no es más que una “historia” reciente. Hoy en día asumimos que el dinero siempre ha funcionado de la misma manera. Nada más lejos de la realidad,  ya que por ejemplo, no fue hasta 1870 que el dólar americano se estableció como la única moneda nacional. Hasta esa fecha existían más de 7.000 monedas diferentes en circulación y se usaban miles de otros productos para el intercambio en ese país.

Repensando los hábitats… Adaptando la tradición

yurta

En nuestra sociedad globalizada, lo que llamamos arquitectura refleja generalmente, un producto industrial, y la figura del arquitecto queda relegada a un papel, casi exclusivamente, burocrático. La vivienda se ha vuelto de difícil acceso y el arquitecto una pieza de la cadena industrial en la urbanización masiva.

La arquitectura, siendo “la operación del hombre que modifica el medio de manera sensible y voluntaria”, existía ya cuando no existía la figura del arquitecto para cubrir las necesidades básicas de supervivencia y de sociabilidad.

Si la arquitectura nació como herramienta para habitar, adaptarse y protegerse a la vez del entorno natural, no tendría porqué ser un símbolo de conquista y de manipulación del territorio.

Por su capacidad de adaptación al medioambiente, a lo largo del tiempo (en la historia de la humanidad la sociedad industrial representa un fragmento exiguo), valoramos a las sociedades primitivas.

La arquitectura natural (vernácula) desarrollada por estas sociedades se realiza por reproducción icónica (icono=imagen) inmemorial y eficiente; de forma práctica, continuada y repetitiva. Este producto “es aceptado y respetado por su valor, optimizando su eficacia como solución ambiental. Asimismo, la perdurabilidad… da lugar a un control colectivo que actúa como disciplina”.

Aplicaciones de enfoscados de barro en Mas Palol

maspalol2

Sin duda los revocos de barro son cada vez más conocidos. Se trata de una opción para recubrir paramentos verticales que aporta unas características únicas de higroscopidad, transpirabilidad e inercia térmica –entre otras de sus características principales– que cuenta con una larga trayectoria histórica que vuelve.

Mas Palol es un proyecto de una vivienda unifamiliar donde todo en ella es único.    

Xavi Puig, de Construccions Alternatives i disseny Puig, nos llamó para un trabajo excepcional de enlucido en barro. Tras conocer los pormenores del trabajo y deseos del cliente se consideró que nuestra experiencia en obra era la necesaria para la aplicación de los revestimientos, así se decidió que fuera Embarro la empresa que los ejecutara, por su experiencia y su capacidad técnica en la aplicación, además de disponer de productos y materiales que se ajustaban a las exigencias del cliente.

Se creó un equipo de ejecución para los revestimientos de barro con la empresa de Xavi Puig, asumiendo responsabilidades al 50%, con el apoyo especializado del Prof. Dr. Ing. Christof Ziegert. Fue un año de ensayos, preparación y ejecución intenso; un trabajo que “sólo sucederá una vez en la vida”.

La casa Mas Palol, situada en el Alt Empordà, cerca de Figueres, es un proyecto del arquitecto checo Oldrich Hozman, especialista en la arquitectura holística. Se trata de una casa de 2 plantas construida con estructura de madera, con techo verde, ejecutado en lo posible con materiales de construcción ecológicos con el fin de cumplir con la filosofía holística de la unidad entre el hombre y la naturaleza. Esta filosofía también impedía esquinas o bordes en la obra, lo que significaba que todos los revestimientos que se realizaran en las paredes y techos fueran redondeados, sin la existencia de un área plana (excepto el pavimento).

Txintxirri Ikastola en Elorrio, Bizkaia

Una guardería bioconstruida en la que los espacios interiores diseñados desde la geometría natural, dan respuesta a la pedagogía activa, donde los niños y niñas son protagonistas de su proceso de formación.

La Ikastola Txintxirri de Elorrio es un centro escolar concertado que ofrece educación de 0 a 16 años, formado en cooperativa por los padres y las madres del alumnado y tiene su emplazamiento en el casco histórico del municipio.

La parcela en la que se sitúa tiene una superficie aproximada de 4.500 m2 y está dividida en varias plataformas escalonadas que resuelven un desnivel ascendente de norte a sur de 11.50 m, entre las calles Pio X y Goieta.

Ante la necesidad de dotar al servicio de la guardería de un acceso independiente del resto del centro, y en respuesta a los criterios pedagógicos, esto es, favorecer el contacto de los más pequeños con una zona verde, se decide ubicar el nuevo edificio en una plataforma intermedia del solar, orientada al sur y sin pavimentar. El nuevo edificio se plantea de forma longitudinal a la parcela, con un retranqueo de 2 metros respecto de la calle San José, tras la demolición del muro de mampostería. En su lugar, la delimitación de la propiedad se resuelve con postes de madera y malla galvanizada por la que pronto crecerá el jazmín plantado. Además, se ha ampliado la acera en ese lado de la calle, gracias al convenio suscrito entre la Ikastola y el Ayuntamiento, que ha sufragado los costes de demolición del antiguo muro, la construcción de la nueva acera y del nuevo cierre, a cambio de la cesión de los terrenos necesarios para ello.

Una casa de balas de paja

casaanahi

Una construcción cercana al alma, fresca en verano y cálida en invierno, sencilla y amorosa en su interior. Parece que respira el ritmo natural, el crecimiento en los campos y la interrelación en el terreno del ritmo mineral, el vegetal, el animal y la actividad humana dentro del orden universal.

Siempre inquieta he buscado el desarrollo personal y social, la transformación individual y colectiva en pos de la Unidad con todo y el respeto e integración en los ritmos naturales. Es ahora, tras años de experiencia, cuando he decidido apostar claramente por la trascendencia en la edificación y sé que hay herramientas. En esta vivienda apliqué criterios de sentido común, sencillez y simplicidad, aun pronto para aplicar criterios de geometría sagrada; trabajé junto al promotor para conseguir esta vivienda natural, fácil y cómoda; que cuando termine su vida útil no dejará rastro, que cuando respiras dentro te acoge e invita a respirar al ritmo del universo, como la hierba en el campo fresca y lozana, te acoge en sus entrañas y te procura protección, no solo física. Es un magnífico y sencillo lugar para crecer tranquilo.

Hemos ejecutado esta vivienda con el impulso del promotor y su familia, convencidos de la necesidad de apostar por sistemas donde se priorice el respeto al medio ambiente y el máximo ahorro energético, creando un ambiente saludable donde el ser humano pueda crecer, relacionándose con su entorno de forma natural. Es una vivienda super aislada, con revestimientos naturales, ejecutada en seis meses y con unos resultados de calidad, a muchos niveles, óptima.

La ejecución se contrató con la empresa Interarte. Carlos, su director, apostó y se implicó en el proyecto, suponiendo una inversión importante en mano de obra, justa en materiales y excepcional en el conjunto. Para mí, ha resultado una experiencia enriquecedora y con muy buenos resultados.