Europa exige leyes para controlar el radón en hogares y oficinas pero España hace oídos sordos

El pasado 6 de febrero venció el plazo para trasponer a la legislación española la Directiva europea 2013/59/EURATOM que obliga a los países miembros a medir y controlar el gas radón en hogares y oficinas. El gas radón es la segunda causa de cáncer de pulmón en el mundo por detrás del tabaco, según la propia OMS. Pese a ser un factor evitable, en España mata a unas 1.500 personas al año, según cálculos de distintas fuentes. A pesar de los datos y las advertencias de la UE, el Gobierno español ha dejado agotar el plazo para elaborar un Plan Nacional contra el Radón sin siquiera presentar un borrador o una propuesta, ni un Código Técnico de la Edificación (CTE) que obligue a construir con medidas antirradón, como ya se hace desde hace años en muchos países de nuestro entorno.

La Fundación para la Salud Geoambiental, organización sin ánimo de lucro que lleva años trabajando para concienciar a la sociedad de este problema y para ofrecer soluciones y asesoramiento frente a este riesgo sanitario, lamenta que haya tanta dejadez ante este problema que no es nuevo. Ya en el año 90, la Comisión Europea hizo una recomendación para proteger a los ciudadanos de la exposición al radón (90/143/EURATOM). “Es terrible que ningún Gobierno, sea del color que sea, haya tenido ni el más mínimo interés en la salud de los ciudadanos. Tan solo les ha preocupado el radón como arma arrojadiza contra el gobierno de turno”, lamenta José Miguel Rodríguez, director de la Fundación. Además, denuncia que en España no sólo no tenemos una legislación que proteja al ciudadano del riesgo del gas radón para su salud, sino que ni siquiera hay un mínimo nivel de concienciación sobre este problema. “La gente no sabe qué es el radón, cómo puede aparecer en tu casa y qué supone eso. Y por tanto, como lo que no se ve ni se conoce no existe, el Gobierno puede dejar pasar plazos y directivas y aquí no ocurre nada”, critica.

Información y soluciones

Por eso, la Fundación para la Salud Geoambiental lleva años realizando una intensa tarea de divulgación sobre este asunto. El programa Vive sin Radón lleva dos años en marcha ofreciendo soluciones y una información clara y gratuita a los ciudadanos. Además da charlas gratuitas en todas las entidades que lo solicitan. “No olvidemos que el derecho a la salud está recogido en nuestra Constitución, concretamente en su artículo 43, y compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas. El Plan Nacional de Radón y el CTE no pueden demorarse más y deberían estar operativos antes del verano”, concluye José Miguel Rodríguez.

En la web www.vivesinradon.org, se ofrece información detallada sobre este gas natural que emana del subsuelo y que es muy abundante en zonas graníticas. El sitio incluye un mapa predictivo donde se puede ver el nivel de riesgo de radón en cualquier lugar de España con gran precisión, incluso por municipio y calle. Desde la Fundación para la Salud Geoambiental se recomienda hacer una evaluación en el caso de que la vivienda se encuentre en una zona con elevado riesgo de presencia de este gas, porque eso puede traducirse en problemas para la salud a largo plazo. En función del nivel de radón que se detecte, los expertos recomendarán las soluciones apropiadas, que pueden variar desde una estrategia de ventilación de la casa hasta una obra relativamente sencilla que garantizará un sistema de ventilación correcto para expulsar este gas radiactivo de los interiores del inmueble.

Un número significativo de hogares españoles registra altas tasas de radiactividad natural sin que lo sepan sus ocupantes

A pesar de la inquietud generalizada frente a los riesgos por contaminación nuclear, las principales fuentes de exposición a radiactividad proceden de la  naturaleza y de nuestros propios hogares. El gas radón es una sustancia radiactiva muy presente en los suelos graníticos, como los que hay por ejemplo en la sierra noroeste de la Comunidad de Madrid, y también en materiales de decoración y construcción habituales en los hogares españoles, como basaltos o granitos, ciertos hormigones o tipos de gres y cerámica. La inhalación de gas radón es la segunda causa mundial de muerte por cáncer de pulmón, según la Organización Mundial de la Salud, por detrás del tabaco.

El radón se genera en el suelo por la desintegración de un isótopo del radio. Puede penetrar en los edificios bien desde el terreno sobre los que se asientan, bien desde la propia estructura de la construcción y vigas, bien de elementos del interior de la vivienda, como encimeras de cocina, suelos, etc. El gas radón tiende a acumularse en las zonas menos ventiladas, como sótanos, o a ras del suelo en los interiores de la vivienda, dado que pesa más que los gases de la atmósfera. En esos casos, una ventilación sólo a través de las ventanas puede ser insuficiente, tal y como explica Ruth Echeverría, licenciada en Física y coordinadora de Formación de la Fundación para la Salud Geoambiental. “De hecho, en esas situaciones es muy importante garantizar una correcta y frecuente ventilación a ras de suelo. Lo ideal es instalar un sistema de ventilación específico, que requiere una pequeña obra”, sostiene.

Para verificar si existen valores elevados de gas radón en el interior de un inmueble, la Fundación para la Salud Geoambiental recomienda ir más allá de las habituales mediciones con un contador Geiger y utilizar instrumentos más precisos para la detección de este gas o de sus subproductos. Algunos son de uso muy sencillo, como las cámaras iónicas con electretes, un pequeño recipiente que se sitúa en una estancia durante aproximadamente una semana y que se analiza posteriormente para comprobar la cantidad de radiactividad detectada.

Según explica María José Vizcaíno, licenciada en Geología y responsable de Proyectos de Investigación de la Fundación para la Salud Geoambiental, “además del terreno, hay fuentes de radiactividad natural que cualquiera puede tener en su cocina: una encimera de ciertos granitos puede contener trazas de elementos radiactivos que en altas concentraciones son muy peligrosos.”

El Código Técnico de la Edificación, en su Documento Básico de Salubridad, establece que se deben eliminar los contaminantes que se produzcan de forma habitual durante el uso normal de los edificios, garantizando la extracción del aire viciado por los contaminantes.

Fuente: www.saludgeoambiental.org

Radioactividad natural de la tierra

Riesgos para la salud al construir con tierra. Un aspecto de la casa natural, que los expertos solemos olvidar con facilidad.

Decir que Todo lo Natural es Bueno, evidentemente es falso. El frío polar es fatal para la salud, pero es natural. Un huracán, un terremoto o una erupción volcánica también son naturales, y podemos ver en unos minutos lo que pasa con la Amanita Muscaria, el curare y otras substancias enteramente naturales pero mortales.

Pretendo abrir un debate sobre la Radiactividad natural, un aspecto de la casa natural que los expertos en Bioconstrucción solemos olvidar con facilidad, cuando hablamos de arquitectura tradicional, buscando obtener un casa sana y natural.

Está de moda hablar del adobe, o del tapial, como materiales naturales idóneos para construir una casa sana, pero esto no es siempre cierto. Por supuesto que el uso de la tierra como material constructivo tiene muchas ventajas, la casa de adobe es bioclimática, dura siglos y se integra en el paisaje, además es barata y es sostenible.

Pero, si queremos garantizar nuestra salud, no estará de más analizar con que tierras vamos a construir nuestra casa, sobre todo si hemos comprado un terreno en una sierra remota, huyendo de la ciudad.

En nuestro planeta Tierra, todas las tierras son radiactivas, y debemos saber que en radiactividad no existe una dosis inocua, cualquier incremento de radiactividad por encima de la radiación natural de fondo natural, tiene potenciales efectos genotóxicos, esto es afecta al ADN, reduce las defensas del sistema inmunitario, puede ser cancerígeno y daña el patrimonio genético de la vida.

Cualquier bioconstructor o geobiólogo, debería equiparse de mucho sentido común, y de un monitor de radiación nuclear tipo Radalert, técnicamente llamado contador Geiger-Müller.

El sentido común nos servirá para observar atentamente la salud de las personas mayores residentes en la zona. Si vemos que la media de la población es alegre y optimista, tiene buena salud y gran longevidad, caso de los campesinos del Cáucaso, podemos suponer a priori que estamos en un entorno natural sano, en el Buen Sitio.

Pero si observamos mala salud general, despoblación de la zona, o que la gente de la comarca tiene gran tendencia a emigrar, caso de las badlands o highlands (Escocia, Galicia, etc.), debemos analizar si es debido a una tierra muy dura, con un subsuelo geológico de rocas cristalinas con alto contenido de minerales radiactivos, frecuentemente cuarcitas o granito, muy ricos en torio y uranio.

Observaremos también las técnicas constructivas locales y qué materiales de construcción se han usado más habitualmente en la zona, desde la antigüedad. La observación botánica de la zona a construir también nos informará de la calidad del suelo, y la abundancia de malas hierbas puede ser un aviso a tener en cuenta. Por el contrario una huerta feraz y fértil, difícilmente será muy radiactiva, aunque no estará de más realizar un estudio geobiológico del subsuelo para descartar cualquier otra geopatía, como las corrientes de agua subterráneas.

El contador Geiger nos ayudará a verificar esa suposición de un modo técnico, debemos saber que las rocas y tierras naturales tienen una gama muy amplia de niveles de radiación nuclear (alfa, beta, gamma).

No existe un nivel de radiación que podamos decir normal, pues existen grandes variaciones locales, en función de la roca dominante en el subsuelo, y en general serán más radiactivas las montañas que los valles o las costas. Por otra parte la radiactividad cósmica, procedente del espacio y del sol, crece en las altas montañas. Ciertos lugares y en particular ciertas montañas son lugares muy ricos en Prana, y se definen como sagradas, precisamente por su alta radiación.

El nivel de radiación natural de las rocas puede variar mucho, desde las cretas, con 30-40 mR/año, pasando por las calizas, con 70-90 mR/año, hasta la piedra pómez o ciertos granitos, que pueden pasar de 250 mR/año. Y en lugares singulares, sobre yacimientos de minerales radiactivos, la radiactividad ambiental natural puede superar los 1.000 mR/año y sin embargo ciertos nativos del Brasil viven en ese ambiente, perfectamente adaptados a su entorno durante miles de generaciones.

Para valorar la salubridad del sitio, el nivel de radiación total de la casa (subsuelo, materiales, ambiente) debe compararse con el nivel de radiación de fondo natural de cada comarca, al que los nativos del lugar están adaptados por generaciones, pero que puede ser fatal para los “neorurales” recién llegados de la lejana ciudad.

Si vamos a construir nuestra casa en un lugar diferente de nuestra tierra natal, deberemos comparar el incremento de radiactividad entre nuestro terreno nativo y el nuevo emplazamiento, porque el hecho de construir con adobe, o con tapial, materiales totalmente naturales, no garantiza a priori la salubridad de la casa.

En este momento, en España, está en proceso de realización el Mapa de Radiación Natural (Proyecto MARNA), que permitirá al promotor o constructor biológico saber con detalle la radiación de fondo natural en todo el territorio nacional, antes de edificar en un lugar insalubre.

El incremento de radiactividad dentro de la casa puede ser debido a emanaciones de gas Radón (Rn 222), generalmente procedente del subsuelo, que al acumularse por mala ventilación puede triplicar la radiación natural dentro de la casa.

Ciertos materiales de construcción muy frecuentes como el granito, los esmaltes o el gres monococción también son fuertemente radiactivos. Pero también podemos introducir radiación excesiva con el uso de cementos y de yesos artificiales, que pueden llevar aditivos y componentes como las fosfogisginas, muy radiactivas.

También deben revisarse con el contador Geiger los áridos (gravas y arenas) que se emplean en morteros y hormigones y debe evitarse el uso de pizarras de alumbre, escorias de silicato o desechos de la minería de uranio.

Construir casas es un hecho cultural, no natural, no olvidemos que lo natural sería vivir y dormir al raso, en árboles o en cuevas, como los primates. Por tanto si nos interesa la salud del hábitat humano deberemos estudiar la radiactividad del subsuelo donde construimos y hacer siempre un test de materiales, identificando las canteras, yacimientos o proveedores que nos proporcionan los materiales de mínima radiación.

Por el contrario, construir templos es un hecho sagrado y como hemos podido comprobar en el Camino de Santiago y en otros muchos templos tradicionales, con frecuencia el recinto sagrado está edificado sobre un lugar cosmotelúrico singular, con altísima radiación, y en algunos casos esa radiactividad se incrementa aún más por la existencia de piedras muy radiactivas en el ara del altar mayor, con frecuencia una losa consagrada traída por algún santo peregrino en la antigüedad.

Para comprender por qué los sacerdotes eligen esos lugares energéticamente tan activos (radiactivos), tendríamos que estar iniciados en las artes sagradas y el uso de la energía vital, o Chi. Evidentemente, altas dosis de radiación, como ciertas drogas psicotrópicas, parecen favorecer los “Estados Alterados de Conciencia” que permiten la conexión con la divinidad, pero eso será tema de otro capítulo.

Más información: El autor es gerente de la empresa de gestión medioambiental Domobiotik carlos@domobiotik.com
Internet:
www.domobiotik.com
www.elektron.org
• Servicio de Radioactividad Ambiental. Instituto de Técnicas Energéticas
http://www.upc.es/inte/servei_a.htm

© Carlos M. Requejo y EcoHabitar. Prohibida la reprodución sin autorización expresa.

Radioactividad natural de la tierra
Riesgos para la salud al construir con tierra. Un aspecto de la casa natural, que los expertos
solemos olvidar con facilidad..

Textos Carlos M Requejo


En color naranja las zonas con mayor radiactividad natural.

Decir que Todo lo Natural es Bueno, evidentemente es falso. El frío polar es fatal para la salud, pero es natural. Un huracán, un terremoto o una erupción volcánica también son naturales, y podemos ver en unos minutos lo que pasa con la Amanita Muscaria, el curare y otras substancias enteramente naturales pero mortales.
Pretendo abrir un debate sobre la Radiactividad natural, un aspecto de la casa natural que los expertos en Bioconstrucción solemos olvidar con facilidad, cuando hablamos de arquitectura tradicional, buscando obtener un casa sana y natural.

Está de moda hablar del adobe, o del tapial, como materiales naturales idóneos para construir una casa sana, pero esto no es siempre cierto. Por supuesto que el uso de la tierra como material constructivo tiene muchas ventajas, la casa de adobe es bioclimática, dura siglos y se integra en el paisaje, además es barata y es sostenible.
Pero, si queremos garantizar nuestra salud, no estará de más analizar con que tierras vamos a construir nuestra casa, sobre todo si hemos comprado un terreno en una sierra remota, huyendo de la ciudad.

En nuestro planeta Tierra, todas las tierras son radiactivas, y debemos saber que en radiactividad no existe una dosis inocua, cualquier incremento de radiactividad por encima de la radiación natural de fondo natural, tiene potenciales efectos genotóxicos, esto es afecta al ADN, reduce las defensas del sistema inmunitario, puede ser cancerígeno y daña el patrimonio genético de la vida.

Cualquier bioconstructor o geobiólogo, debería equiparse de mucho sentido común, y de un monitor de radiación nuclear tipo Radalert, técnicamente llamado contador Geiger-Müller.
El sentido común nos servirá para observar atentamente la salud de las personas mayores residentes en la zona. Si vemos que la media de la población es alegre y optimista, tiene buena salud y gran longevidad, caso de los campesinos del Cáucaso, podemos suponer a priori que estamos en un entorno natural sano, en el Buen Sitio.
Pero si observamos mala salud general, despoblación de la zona, o que la gente de la comarca tiene gran tendencia a emigrar, caso de las badlands o highlands (Escocia, Galicia, etc.), debemos analizar si es debido a una tierra muy dura, con un subsuelo geológico de rocas cristalinas con alto contenido de minerales radiactivos, frecuentemente cuarcitas o granito, muy ricos en torio y uranio.

Observaremos también las técnicas constructivas locales y qué materiales de construcción se han usado más habitualmente en la zona, desde la antigüedad. La observación botánica de la zona a construir también nos informará de la calidad del suelo, y la abundancia de malas hierbas puede ser un aviso a tener en cuenta. Por el contrario una huerta feraz y fértil, difícilmente será muy radiactiva, aunque no estará de más realizar un estudio geobiológico del subsuelo para descartar cualquier otra geopatía, como las corrientes de agua subterráneas.

El contador Geiger nos ayudará a verificar esa suposición de un modo técnico, debemos saber que las rocas y tierras naturales tienen una gama muy amplia de niveles de radiación nuclear (alfa, beta, gamma).

No existe un nivel de radiación que podamos decir normal, pues existen grandes variaciones locales, en función de la roca dominante en el subsuelo, y en general serán más radiactivas las montañas que los valles o las costas. Por otra parte la radiactividad cósmica, procedente del espacio y del sol, crece en las altas montañas. Ciertos lugares y en particular ciertas montañas son lugares muy ricos en Prana, y se definen como sagradas, precisamente por su alta radiación.

El nivel de radiación natural de las rocas puede variar mucho, desde las cretas, con 30-40 mR/año, pasando por las calizas, con 70-90 mR/año, hasta la piedra pómez o ciertos granitos, que pueden pasar de 250 mR/año. Y en lugares singulares, sobre yacimientos de minerales radiactivos, la radiactividad ambiental natural puede superar los 1.000 mR/año y sin embargo ciertos nativos del Brasil viven en ese ambiente, perfectamente adaptados a su entorno durante miles de generaciones.

Para valorar la salubridad del sitio, el nivel de radiación total de la casa (subsuelo, materiales, ambiente) debe compararse con el nivel de radiación de fondo natural de cada comarca, al que los nativos del lugar están adaptados por generaciones, pero que puede ser fatal para los “neorurales” recién llegados de la lejana ciudad.

Si vamos a construir nuestra casa en un lugar diferente de nuestra tierra natal, deberemos comparar el incremento de radiactividad entre nuestro terreno nativo y el nuevo emplazamiento, porque el hecho de construir con adobe, o con tapial, materiales totalmente naturales, no garantiza a priori la salubridad de la casa.

En este momento, en España, está en proceso de realización el Mapa de Radiación Natural (Proyecto MARNA), que permitirá al promotor o constructor biológico saber con detalle la radiación de fondo natural en todo el territorio nacional, antes de edificar en un lugar insalubre.

El incremento de radiactividad dentro de la casa puede ser debido a emanaciones de gas Radón (Rn 222), generalmente procedente del subsuelo, que al acumularse por mala ventilación puede triplicar la radiación natural dentro de la casa.
Ciertos materiales de construcción muy frecuentes como el granito, los esmaltes o el gres monococción también son fuertemente radiactivos. Pero también podemos introducir radiación excesiva con el uso de cementos y de yesos artificiales, que pueden llevar aditivos y componentes como las fosfogisginas, muy radiactivas.

También deben revisarse con el contador Geiger los áridos (gravas y arenas) que se emplean en morteros y hormigones y debe evitarse el uso de pizarras de alumbre, escorias de silicato o desechos de la minería de uranio.
Construir casas es un hecho cultural, no natural, no olvidemos que lo natural sería vivir y dormir al raso, en árboles o en cuevas, como los primates. Por tanto si nos interesa la salud del hábitat humano deberemos estudiar la radiactividad del subsuelo donde construimos y hacer siempre un test de materiales, identificando las canteras, yacimientos o proveedores que nos proporcionan los materiales de mínima radiación.

Por el contrario, construir templos es un hecho sagrado y como hemos podido comprobar en el Camino de Santiago y en otros muchos templos tradicionales, con frecuencia el recinto sagrado está edificado sobre un lugar cosmotelúrico singular, con altísima radiación, y en algunos casos esa radiactividad se incrementa aún más por la existencia de piedras muy radiactivas en el ara del altar mayor, con frecuencia una losa consagrada traída por algún santo peregrino en la antigüedad.

Para comprender por qué los sacerdotes eligen esos lugares energéticamente tan activos (radiactivos), tendríamos que estar iniciados en las artes sagradas y el uso de la energía vital, o Chi. Evidentemente, altas dosis de radiación, como ciertas drogas psicotrópicas, parecen favorecer los “Estados Alterados de Conciencia” que permiten la conexión con la divinidad, pero eso será tema de otro capítulo.

Más información: El autor es gerente de la empresa de gestión medioambiental Domobiotik carlos@domobiotik.com
Internet:
www.domobiotik.com
www.elektron.org
• Servicio de Radioactividad Ambiental. Instituto de Técnicas Energéticas
http://www.upc.es/inte/servei_a.htm

© Carlos M. Requejo y EcoHabitar. Prohibida la reprodución sin autorización expresa.