¿Donde se concentran más radiaciones artificiales?

Según el ingeniero experto en mediciones del aire Carles Surià, el dormitorio, y sobre todo la cama, es el sitio de la casa donde se acostumbran a medir más radiaciones artificiales, las mismas que centenares de estudios indican que pueden provocar interrupciones del sueño, dificultades para el embarazo o infertilidad masculina

Como sistemas bioeléctricos que somos, tanto nuestro corazón, como nuestro sistema nervioso, nuestro cerebro y nuestras células están regulados por señales bioeléctricas internas. Las ondas electromagnéticas que hay a nuestro alrededor pueden excitar nuestras células y, dependiendo de la radiación absorbida del exterior, pueden llegar a calentar las células igual que un horno microondas.

El dormitorio, y en concreto la cama, es el lugar donde en general se miden más radiaciones artificiales de la casa”. Así lo afirma Carles Surià, Ingeniero experto en mediciones del aire. Más allá de la legalidad vigente en España, en las camas se acostumbran a medir valores de radiación electromagnética superiores a los umbrales que recomienda la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa (0,1 μW/cm2) para niveles de exposición a largo plazo a las microondas en espacios interiores.

Los aparatos que nos afectan

Radio despertadores, teléfonos inalámbricos, routers WIFI, teléfonos móviles en marcha sobre la mesita y cargándose, interfonos para bebés inalámbricos, cableado eléctrico detrás del cabezal… Todo ello, junto a la entrada de ondas electromagnéticas por la ventana, o de campos magnéticos debido a la proximidad al cableado eléctrico público, puede inducir corrientes corporales parasitarias que exciten el sistema bioeléctrico humano.

En la industria farmacéutica rigen unas normas de evaluación de productos muy estrictas previas al lanzamiento de cualquier nuevo artículo. En el medio físico, donde se transmiten las ondas electromagnéticas, el marco legal no exige estas comprobaciones previas al lanzamiento de una nueva tecnología. Sin embargo, son varias las patologías que estudios científicos relacionan con campos electromagnéticos: desde la interrupción del sueño, la dificultad para el embarazo, la infertilidad masculina o alteraciones en el desarrollo del cerebro de los niños hasta depresión, fatiga y Alzheimer.

No obstante, la principal duda es lo que pasará en el largo plazo. No ha podido realizarse ningún estudio a largo plazo sobre los efectos de las ondas electromagnéticas pulsadas que utilizan las telecomunicaciones digitales.

¿La solución? La prevención

Ante este escenario, la recomendación que da Carles Surià es la prevención. Si se sufre alguno de los síntomas anteriores se puede analizar con mediciones técnicas si hay un exceso de radiación electromagnética, especialmente en los espacios de descanso, pues es allí donde se permanece más tiempo y es el espacio donde el cuerpo se debe recuperar del estrés diario.

Existen soluciones sencillas que pueden reducir las radiaciones artificiales en el dormitorio sin que ello afecte a las comodidades del usuario, como por ejemplo utilizar el reloj despertador a pilas de toda la vida en lugar de uno conectado a la toma de corriente o el teléfono móvil.

Pronto llegará el 5G y se incrementará la información transmitida. Es evidente que la tecnología ayuda al progreso social. Este progreso no debe hacernos olvidar un principio básico, que es el de la prevención ante el desconocimiento de los efectos a largo plazo. ¿De qué sirve tener el WIFI en marcha durante la noche? ¿Merece la pena cargar el móvil en funcionamiento debajo de la almohada? ¿Hace falta ver en primer plano la cara del bebé con el interfono digital?


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Peligro para la salud debido a la radiación por telefonía móvil, y no sólo ésta: ¿A qué espera el reconocimiento científico?1

Lo que demuestran los científicos no consta automáticamente como científicamente demostrado. He tardado mucho en comprender este hecho.

El experto en radiaciones británico Dr. Neil Cherry piensa, una vez evaluados los resultados de las investigaciones en todo el mundo, que “las evidencias son absolutamente sobrecogedoras”. Yo mismo conozco más de 200 trabajos científicos (aún hay más) de universidades, países, instituciones, institutos, expertos. Se investiga durante años, se invierten millones, se reúnen innumerables datos y se alcanzan resultados preocupantes: Sí, la telefonía móvil es peligrosa, la de los teléfonos móviles incluso muy peligrosa. Y acto seguido llega la industria, los ministerios, las administraciones, la comunidad de investigación sobre radioemisiones… y sostienen que “todo ello no está realmente demostrado, no es concluyente.” Y nosotros entendemos: qué desastre, lo han hecho mal, no es verdad. Los defensores de las radiaciones encima añaden que “todo es inocuo, no es más que miedo a la radiación”. Y el ministro de medio ambiente Sigmar Gabriel declara muy ufano que “la conclusión del programa de investigación sobre emisiones radiadas es que ¡no hay motivo para reducir los valores límite”. Al parecer, no solo la industria, sino también los legisladores y los defensores públicos de las radiaciones quieren proteger a las radiaciones frente a las personas y no a las personas frente a las radiaciones.

Pero hay científicos independientes que a menudo llegan a los mismos resultados por caminos distintos: el Dr. Von Klitzing constata efectos inusitados en los electroencefalogramas por influencia de la radiación de móviles y estaciones emisoras, la Oficina Federal de Salud Laboral en Berlín también lo dice (“No hay duda”), así como el profesor Ross Adey del renombrado Instituto Loma-Linda en California, el ingeniero de Motorola Robert Kane, el Instituto Pro-Science por encargo de la Telekom, al igual que diez universidades, de Moscú a Munich y de Zurich a Louisiana.

Científicos de nivel internacional procedentes de Lund en Suecia, comprueban que uno de los efectos secundarios de la telefonitis móvil es la permeabilización de la barrera entre circulación sanguínea y cerebro, en varios casos. De las universidades de Colonia y Münster nos llega la confirmación de toda Europa y también de Japón. Científicos norteamericanos describieron ya en los años 70 “discontinuidades significativas en la barrera entre sistema circulatorio y cerebro” bajo condiciones de radiación. Las toxinas y otras sustancias peligrosas, residuos de medicamentos, agentes patógenos y sus toxinas… tienen así una vía más expedita al cerebro.

El comisionado por la OMS, Dr. Repacholi, ha hallado cáncer en ratones, el profesor Löscher en ratas, otros en gatos y monos, originados por los campos de la telefonía móvil, los expertos de todos los países lo advierten y junto a ellos el Instituto Alemán de Investigaciones Oncológicas. El parlamento europeo se preocupa: “En vistas de la gran cantidad de hallazgos científicos, no pueden descartarse simplemente ni el riesgo de cáncer ni otros efectos biológicos”.

El profesor Varga irradia huevos de gallina con ondas de radio, y como consecuencia se encuentra con pollitos todos prácticamente muertos y algunos deformes. Una serie de científicos, la protección radiológica rusa, la Telekom y criadores de gallinas particulares, todos obtienen los mismos resultados: tales microondas –como siempre por debajo de los valores límite–, dañan y matan los embriones de gallinas.

De universidades americanas, rusas, chinas, israelíes, italianas, británicas y alemanas nos llegan informes sobre disrupciones en el ADN y daños genéticos, también del profesor Adlkofer y sus investigadores de reflejos, la clínica Charité de Berlín, del instituto Ecolog, la Agencia Europea de Medio Ambiente, el parlamento europeo, incluso de Nokia.

En Alemania se descubren más tumores cerebrales y otros daños cerebrales, más tumores de oídos y ojos, y en muchos otros países del mundo se confirman estos hallazgos.

Se dañan las capacidades cognitivas, desciende la capacidad de concentración y de aprendizaje y memorización, el riego sanguíneo cerebral y el metabolismo cerebral se descompensan. Se habla de Alzheimer. La investigadora cerebral Dra. Lange expresa sus temores después de estudiar los resultados de estudios internacionales: “En 20 años seremos un pueblo de enfermos de demencia”.

La telefonía móvil interfiere, irrita, daña y mata células nerviosas, tal como informan una docena de escuelas superiores de Frankfurt, Gales, Bristol, Warwick, Verona, Florencia, Lund… De los Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, India y Japón nos llegan resultados de estudios similares.

La capacidad auditiva disminuye por la radiación de telefonía, y a cambio el oído pita: el tinnitus aumenta.

El estrés oxidativo, la formación de radicales de oxígeno dañinos, es una consecuencia de la contaminación eléctrica de la comunicación inalámbrica, cada vez más científicos llegan a esta conclusión, entre nosotros, en la Unión Europea, y en todos los rincones del mundo.

Menos de un minuto de conversación telefónica móvil es suficiente para que los glóbulos rojos que normalmente están sueltos en el flujo sanguíneo se aglutinen, se atraigan magnéticamente, formando como fajos de billetes enrollados. Esto es lo que descubren el Dr. Petersohn y otros médicos medioambientales, lo que les preocupa. Los alumnos del Instituto de Enseñanza Media de Spaichinger recibieron el primer premio de “Jugend forscht” (la Juventud Investiga) por la demostración microscópica de esta formación en rollos de billetes bajo la influencia de la radiación.

La fertilidad de adultos y jóvenes está en riesgo, tan sólo con que el móvil se lleve en modo de espera en el bolsillo del pantalón. Los médicos, biólogos y las universidades de cuatro continentes constatan que la movilidad de los espermatozoides se reduce. La experta china y asesora de la OMS, profesora Huai Chiang sacude la cabeza: “Antes, las microondas nos servían para el control de la natalidad. Hoy telefoneamos con ellas. Muy bonito”.

Los niños no deberían utilizar teléfonos móviles, los jóvenes solamente en casos de necesidad, según el Ministerio de Medio Ambiente, el ministro británico de Sanidad, la Academia de Medicina de la Infancia, el Centro de Investigaciones Oncológicas de Heidelberg, la Agencia rusa de protección frente a las radiaciones, los valientes científicos de la iniciativa por la competencia, médicos y neurólogos, los pediatras avisan. La Asociación de maestros “Bildung und Erziehung” (Cultura y Educación) exige la prohibición de móviles en las escuelas, el colegio de médicos de Viena también, y recientemente incluso el Consejo europeo. El gobierno francés no quiere autorizar en lo sucesivo la publicidad de móviles dirigida a niños y jóvenes. El profesor Sir William Stewart ha dirigido una comisión internacional de investigación y, mediante el mayor estudio realizado hasta ahora en el mundo sobre teléfonos móviles, llegó a la siguiente conclusión: “Quien anime a los jóvenes de dieciséis años a la compra de móviles, está actuando irresponsablemente”.

Los animales sufren

Cada vez más campesinos llaman la atención y se quejan sobre abortos, deformidades y daños oculares en el ganado, sobre la reducción de la producción de leche, desde que se han instalado emisoras de telefonía móvil cerca de las granjas. Los científicos confirman la relación. Los apicultores están preocupados: las abejas no encuentran el camino de vuelta a sus panales bajo el efecto de la radiación, o se vuelven agresivas, o apenas producen miel. Los murciélagos desaparecen. ¿Dónde están los muchos gorriones que había en las ciudades?

El bosque enferma

Los agentes forestales y los científicos silvicultores dan la alarma. En los lugares donde los campos de radiación son más fuertes, los árboles adquieren un color marrón, se secan, aunque no les falte el agua, crecen torcidos, se deforman y mueren. También en este caso los expertos suponen que el detonante es la radiación. Ensayos de laboratorio con plantas demuestran los efectos destructivos.

La comisión de protección frente a las radiaciones del gobierno alemán no puede evitar reconocer que “existe una gran cantidad de indicios relativos a daños en la salud que aparecen por debajo de los valores límite”. El Colegio de Médicos Federal advierte a la Agencia de Protección frente a Radiaciones y exige la reducción masiva precisamente de estos valores límite, demasiado altos. La Agencia europea de Medio Ambiente EEA, la institución especial para cuestiones medioambientales en la Unión Europea, resume aproximadamente 200 estudios científicos y concluye: “¡la telefonía móvil es peligrosa!”.

Esto son tan solo algunos ejemplos de la amplia gama de efectos biológicos nocivos que se conocen ya. ¿Todo es una falsa alarma? No, los estudios son profesionales, reveladores, fundados, científicos, se corresponden con los hechos y son ciertos. Los pollitos están bien muertos, los picos en los EEG se vuelven muy abruptos, en el cerebro aparecen manchas marrones, las barreras sangre-cerebro se vuelven porosas, el ADN presenta roturas, los nervios irritados, los glóbulos sanguíneos parecen huevas de rana, los oídos zumban, la tensión se eleva, la concentración se reduce, los animales peligran, los árboles se marchitan. Esto son hechos. Los científicos que han observado esto y mucho más, son especialistas competentes, conocidos y reconocidos en el mundo entero, proceden de escuelas superiores renombradas, institutos, laboratorios, administraciones, de la OMS, de la UE, incluso de los operadores de telefonía. ¿Falsa alarma? No puede ser. ¿Dónde está la trampa?

El reglamento de obligado cumplimiento tiene la siguiente prerrogativa: “Establecemos los valores límite en base a los efectos demostrados. El objetivo es la protección frente a los riesgos científicamente demostrados”. Pero esto es justo lo que no se hace, ¿o sí? En este terreno ya se han demostrado muchas cosas, pero en la fijación de los valores límite no se nota nada. De todas maneras, de alguna forma tienen razón, desde su punto de vista, los científicos tradicionales, los conservadores vigilantes de la ley: han adoptado únicamente el factor térmico, el calor en la base, demasiado teórico y prematuro para el cálculo y la evaluación. ¿Por qué? Porque la conversión de la radiación electromagnética en calor constituye actualmente el único mecanismo biológico efectivo que ha sido científicamente demostrado, incontestablemente y a prueba de agua, y que ha sido reconocido por todos, también por la industria. Tanto si nos gusta como si no, justificadamente o no, anticuado o no, ingenuo o no, listo o no, político o no, esto es así.

¿Solo el factor térmico?

Pero el cáncer, la leucemia, los tumores cerebrales, las barreras sangre-cerebro permeables, los picos en el EEG, la irritación nerviosa, el dolor de cabeza, los trastornos del sueño y otros motivos de preocupación no tienen nada que ver con la térmica. En este caso se trata de otros mecanismos de actuación no térmicos, precisamente de efectos que no se pueden explicar por la simple elevación del calor. El calentamiento no es el problema de la telefonía móvil, la potencia de los campos es demasiado débil para eso. Para un calentamiento determinante de los cuerpos o partes del cuerpo se precisan  campos muy potentes, parecidos a los de un horno de microondas, que no se encuentran en el día a día de la telefonía móvil. La térmica es sin embargo la base de los valores límite. Resulta difícil penetrar en la antigua estructura de la térmica con la cantidad de efectos biológicos y problemas que no se basan en el desarrollo térmico. Esta cuestionable hipótesis térmica es la base científica, sobre ella se construyen los valores límite. Si se teme tanto la térmica, ¿por qué no se prohíben las bolsas de agua caliente, los secadores de pelo, la sauna y los baños de sol? Todos ellos son más contundentes.

Es así como argumentan los seguidores de las teorías de la térmica: el profesor Bernhardt, del servicio oficial de protección radiológico, nos dice: “Indudablemente que solamente tenemos el efecto térmico de las emisiones de radio, y solamente en base a éste podemos fijar los valores límite”. El  funcionario de protección radiológica profesor Silny: “Los efectos térmicos han sido demostrados claramente, así pues, sólo éstos son relevantes para fijar los valores límite”. Y los demás, los que saben que los efectos de la contaminación eléctrica no se pueden reducir a la térmica, se oponen. Dr. Becker: “Las ondas de telefonía móvil producen efectos significativos muy por debajo del nivel térmico”. Dr. Cherry: “Es científicamente insostenible que solamente se consideren los efectos térmicos”. Profesor Popp: “Debemos abandonar definitivamente la suposición convencional de que los campos electromagnéticos solo causan sensaciones térmicas”. Dr. von Klitzing: “La hipótesis térmica es falsa”. El resumen de los 16 científicos internacionales en Viena: “Los efectos biológicos no térmicos se consideran científicamente constatados”. La Agencia Federal de Salud Laboral: “las ondas de móvil, que aún no desencadenan efectos térmicos,  sí pueden tener efectos biológicos”. Esto debería ser suficiente, pero no lo es. ¿Por qué?

¿Qué hay que hacer para llegar al enunciado “científicamente constatado, demostrado, etc.”?

Deberían existir criterios sólidos al respecto. ¿Dónde está la instancia superior científica, aquella eminencia gris que está por encima de todo y dice: “A partir de ahora, esto es lo que consideramos perfecto, objetivo, ahora tenemos que reducir los valores límite”. He hecho muchas llamadas telefónicas, de universidad a universidad, he preguntado a científicos, pero ellos mismos no lo sabían con exactitud. “Bueno, mientras exista la menor duda por parte de cualquiera…”. “Por parte de cualquiera” suele querer decir por parte de la industria. Y de los académicos fieles al reglamento y al viejo concepto del calor, o de los políticos, administraciones, médicos y responsables que se apoyan en aquella.

Los dos principales criterios para establecer el concepto de “científicamente demostrado, comprobado, establecido, fundamentado”, tradicional, estricto y definitivo:

  • Varios estudios independientes entre sí, realizados bajo las mismas condiciones.
  • Mecanismos de acción reconocidamente concluyentes.

Solamente se considera demostrado lo que es “reproducible intersubjetivamente” y “explicable lineal y causalmente”. Esto significa que debe poder ser reproducido por diferentes universidades, institutos o expertos, repetible bajo condiciones exactamente idénticas, así como seguir un principio absolutamente rectilíneo de causa-efecto. Tan simple como esto, o tan complicado.

Si me estrello diez veces contra una pared y diez veces me sale un chichón azulado, esto constituye un hecho sólidamente observado y reproducible. Si lo explico preocupado o incluso lo publico, porque quiero que se termine el estrellarse contra el muro, se considera prematuro y acientífico, incluso se calificará de alarmista. Solamente porque no hubo suficientes personas que lo hayan intentado antes o después que yo, es decir, que no tuvo lugar la repetición. O si esta última sí se realizó, y resulta que el chichón, en otras personas o grupos de edad, o de otro color de la piel u otra magnitud del impulso no adquirió un color tan azulado, sino más bien verdoso. Además falta algo, falta la explicación concluyente: ¿Por qué se produce siquiera el chichón y por qué así y no de otro modo, por qué este color, este dolor, este mareo, qué es lo que ocurre? Sin respuestas claras a estas y otras preguntas más, se considerará científicamente no sostenible, ni mucho menos, a pesar del chichón, a pesar del dolor y del mareo.

Los ensayos con animales no pueden trasladarse de manera sencilla a los seres humanos. Que en las ratas se formen manchas en el cerebro o en los ratones aparezcan cánceres, se pueden suponer daños, pero aún no es una demostración concluyente de que en los humanos se produzca el mismo efecto. ¿Cuál fue la reacción de un alto representante de la industria a la noticia de que estudios recientes habían vuelto a demostrar la influencia de la radiación por telefonía móvil en el cáncer de los ratones? “La conclusión es que los ratones no deberían usar el teléfono móvil”.

Los estudios epidemiológicos realizados en humanos no son aceptados por la industria ni por algunas administraciones como suficientemente evidentes. Sí preocupa que algún grupo humano sometido a contaminación radiológica y que desarrolle mucha más leucemia, hipertensión sanguínea o tinnitus que otros grupos no expuestos a tal contaminación, pero ¿representa esto una prueba concluyente?

Un efecto biológico determinado no tiene por qué resultar negativo, no es necesario que signifique un riesgo para la salud. Nuestro cuerpo dispone de un sistema inmunitario y mecanismos de reparación sofisticados. ¿Un extraño pico en el EEG que no se puede obviar? ¿El cerebro abre sus barreras? ¿Los nervios se irritan? ¿Los oídos zumban? Solamente los agoreros y los teóricos de las conspiraciones piensan en rollos de billetes en la sangre o en tumores cerebrales.

Y además, la causalidad. No hay reconocimiento sin un mecanismo plausible de causa-efecto como, por ejemplo, desde el primer estímulo y la reacción de una célula corporal pasando por la comprobación de una alteración celular y el daño funcional producido, hasta llegar a la enfermedad declarada y limpiamente diagnosticada. Y esto detalle a detalle, paso a paso, y cada uno debe confirmarse por la causa. Esto puede llevar tiempo.

Este es un problema central que obstaculiza el reconocimiento científico: no existe un modelo de efectos generalmente aceptado para todos los efectos no térmicos producidos demostrablemente por la radiación. ¿Cómo y por qué se quiebra el ADN? ¿Por qué y cómo se produce la reacción cerebral? ¿A causa de la potencia del campo, o de la frecuencia, la modulación, la pulsación, el tipo de impacto, la duración del impacto o todo ello en un efecto combinado, también con otros campos y factores interferentes? ¿Quizás a causa de unos procesos bioquímicos o enzimáticos subsiguientes? Sabemos que la barrera sangre-cerebro, el EEG, las células de la sangre, etc., reaccionan, no hay duda. Pero con mucha frecuencia aun no sabemos exactamente por qué y, en los casos en que sí lo sabemos, son los expertos en protección radiológica y con ellos la política y la industria los que no quieren darse cuenta.

Algunos reconocen la presencia de ciertos mecanismos: los científicos independientes de la iniciativa por la competencia han presentado relaciones causales plausibles, por ejemplo, para los daños causados en el ADN y las células. El Dr. Warnke informa acerca del desequilibrio en los radicales libres y los antioxidantes, del estrés oxidativo y nitrosativo, lo cual explicaría toda una gama de efectos. Los médicos aportan explicaciones clarificadoras. Pero incluso esto no es suficiente, o no gusta a todos, y mucho menos a los asociados a la industria. O sea: solamente por esta falta de modelo de efectos aun por establecer totalmente, o que no puede ser comprendido por todos, por esta última comprensión de todos los procesos complejos y todas las relaciones: mala suerte, no hay aceptación científica, ni mucho menos.

Además debe poder repetirse por otros bajo exactamente las mismas condiciones. Se exige una reproductividad óptima. ¿Cómo se puede hacer? En el tema de la termodinámica es fácil, caliente o frío, un termómetro es suficiente. ¿Pero en los procesos biológicos? En los individuos vivos no se presentan nunca dos condiciones o reacciones absolutamente iguales. Una rata no es un hámster, un gato no es un mono, una célula aislada no es una asociación de células, en vivo no es in vitro, Río no es Colonia, hoy no es ayer y una persona no es igual a otra.

Además, la comprobación de un estudio no es atractiva, es poco original, pocos científicos de renombre se entusiasmarán a realizarla. Con estudios repetitivos se cosechan pocos laureles, no se consiguen premios Nobel, se cobran sueldos muy bajos, apenas se consigue publicar.

La prensa

Sin los medios no funciona nada. Una medida del grado de seriedad científica es la frecuencia y la modalidad en que algo es publicado en revistas internacionales. Las publicaciones especializadas tienen sus criterios de selección especiales. El estudio sobre ratones del representante de la OMS Dr. Repacholi, el primero que constató la aparición de cáncer por influencia de la radiación, fue rechazado por revistas científicas de tanto renombre como ‘nature’ y ‘science’, supuestamente por miedo a que se produjera un efecto de pánico en la población. En cambio, unos resultados falsificados sí pudieron entrar en dichas revistas. También resultan atractivos otros medios, como la radio, la televisión, los tabloides y periódicos, pues se trata de cuántas veces, con qué énfasis y agresividad se llama la atención sobre un problema, o que se haya ocultado. Si se repite algo con suficiente frecuencia, se convertirá lenta pero seguramente en verdad. Si se oculta algo durante un tiempo suficiente, las preguntas críticas no llegarán ni a formularse.

Además: para todo se necesita tiempo. La telefonía móvil es joven, aun no tiene 20 años, y su utilización masiva data de unos diez años. ¿Cómo se pueden esperar pruebas definitivas de cáncer, si el tiempo de latencia del cáncer es de 20, 25, 30 años? Transcurren decenios desde la génesis hasta el diagnóstico del cáncer, esto es válido para muchos carcinógenos, también para el hecho de fumar. ¿Cómo puede esperarse poder disponer de resultados de investigaciones científicas, confirmados x veces, dada la velocidad de la implantación de la telefonía móvil, y además basados en el deseable principio de causa-efecto?

Y el dinero

Siempre falta. La mayor parte de las inversiones en investigaciones científicas proviene de la industria. En cuanto al reparto de fondos, tiene bastante que decir, y no suele tener interés en obtener resultados caros que la perjudiquen. Y, cuando sí sucede, muestra una reticencia rayana en la abstinencia en cuanto a su publicación. El estudio del cáncer en los ratones realizado por Repacholi fue retenido durante dos años, precisamente durante el periodo de florecimiento de la implantación de la telefonía móvil y del mayor número de ventas de móviles. Costó 1,1 millones de dólares, un 90% de los cuales fue pagado por la compañía telefónica. Actualmente se hacen esperar sospechosamente los resultados del amplio estudio Interphone. La universidad de Berna supervisó 59 estudios y a finales de 2006 presentó el siguiente resumen: “La investigación financiada por la industria descubre muchos menos problemas biológicos en la telefonía móvil que la independiente. Habría que excluir la influencia de las instancias financieras”.

El Dr. von Klitzing reflexiona así: “Dependemos de la financiación de la investigación, y los mandantes exponen claramente lo que hay que investigar. Después de un año se entrega un informe intermedio, si éste no se corresponde con lo esperado, los fondos se retiran. Debería fijarse el camino inverso, como sucedía antes: primero debe estar el interés, después se buscará la financiación. No existe casi la investigación independiente y a menudo no parece que sea bienvenida”. El Dr. von Klitzing respecto a los estudios cuyos resultados no se correspondían con los que deseaban los inversores: “Estos resultados se enmascaran con frecuencia. En el caso del estudio sobre ganado bovino en Baviera, el proceder de los responsables políticos da incluso miedo: la versión original, el informe original no está disponible para el ciudadano. En este aparece escrito algo diferente que en la versión abreviada y que después fue publicada por el Ministerio bávaro de Medio Ambiente. Los científicos que participaron en el estudio fueron citados erróneamente, a propósito. Una distorsión así de los resultados por parte de la política no es científicamente admisible”.

La política no tiene prisa en impulsar la investigación y desvelar la verdad, pues nuestro gobierno ha recibido de la industria sus buenos 50 mil millones de euros por otorgar las nuevas licencias de telefonía móvil UMTS, el mayor paquete financiero ofrecido de una vez desde la segunda guerra mundial. Por no hablar de otros ingresos, impuestos y puestos de trabajo relacionados con la implantación y operación de la telefonía móvil. 50 mil millones, sólo por conceder licencias para emisoras, para un único estándar de radiación. Constantemente se subastan nuevas licencias, en Alemania, en todas partes, el rublo circula. Hace poco hubo otra vez un nuevo paquete grande UMTS en nuestro país (Alemania), justo el año pasado, 4,4 mil millones por las nuevas frecuencias LTE. Es imposible que la política le ponga las cosas difíciles a la industria.

El crecimiento económico pasa por delante de la salud de la población. Siempre que se trata de la comercialización de tecnologías millonarias se asumen riesgos. Podría compararse a los efectos secundarios que figuran en un prospecto. Esto ha sido así en el caso de muchos factores de riesgo, que solamente al cabo de muchos años, decenios y miles de enfermos y muertos, acabaron por considerarse peligrosos, ¿por qué iba a ser de otro modo con la contaminación eléctrica? ¿Durante cuánto tiempo y hacía dónde va a crecer todavía la economía? ¿Y a qué precio? En el curso del desarrollo de la química, durante los últimos decenios la industria ha sacado al mercado más de 100.000 sustancias singulares y más de un millón de mezclas, todo con el respaldo de la política. Cada año se añaden 5000 sustancias, de cuyas consecuencias biológicas no se sabe casi nada. Sin embargo, todo esto y mucho más está permitido mientras no se produzca un perjuicio evidente en la salud pública, se inicien las investigaciones más que necesarias y se obtenga la demostración concluyente. Hasta entonces, hay que tener paciencia, hay que protegerse uno mismo.

De esta forma mientras tanto puede calificarse todo como no científico, incluso el riesgo debido al tabaco. En cada paquete aparecen avisos dramáticos. Pero en estricta puridad científica, todavía no está totalmente claro que exista un nexo causal entre el fumar y el cáncer. Y en ello se ha invertido mucho, miles de millones, se ha investigado durante decenios. Algunas estadísticas incluso presentan contradicciones, pues ¿cómo se explica que los Balcanes, donde se fuma mucho, no se encuentre en los primeros puestos en las estadísticas de cáncer, sino en los últimos? ¿Cómo se puede explicar que la ciencia y la industria, de nuevo hombro con hombro, mantengan que el peligroso pesticida Permetrina queda ligado a la fibra en las alfombras tratadas con el mismo y no sea peligroso, y los especialistas en bioconstrucción lo encuentran en concentraciones sospechosas en el aire interior y en el polvo doméstico? ¿Cómo puede ser que las amalgamas pueden introducirse en los dientes, pero que, después de su extracción, se consideren un residuo peligroso? ¿Cómo es que las bombillas de ahorro energético se consideran ecológicas y al mismo tiempo, debido a la gran cantidad de química y al mercurio que contienen, se consideren residuos peligrosos? Como aquella afirmación de que el moho solamente es peligroso para los que tienen su sistema inmunológico debilitado. Cuando después de sufrir daños por agua encontramos en la casa hongos de podredumbre, como el Aspergillus o el Stachybotris, hongos de levadura en los aparatos de la cocina o montones de bacterias en el filtro de agua, esto también es peligroso para el más robusto. ¿Quién podría explicar por qué los políticos, la industria y la comisión de protección radiológica ya sabían mucho antes, e incluso lo publicaron, que “aparecen efectos en las células y otros problemas biológicos” y, a pesar de ello, esta tecnología se consideró asumible por una humanidad desinformada? ¿Dónde queda la ciencia? ¿Se malgasta dinero público solo para demostrar que algo peligroso no hace daño?

Hay estudios que no han podido confirmar ciertos efectos críticos, porque no hallaron nada. Estos son alabados por la política y la industria y tratados como demostración contraria. En mi opinión es más fiable cuando se consigue una prueba que si no se encuentra nada. Cualquiera puede no encontrar nada. Si yo escondo huevos de pascua y Pedro los encuentra y Fritz no, ¿quién tiene razón? No conozco ni un solo estudio que pruebe la inocuidad de la radiación y que haya sido siquiera mínimamente cuestionado por parte de la industria, la política o la ciencia. Solamente se miran con escepticismo y se busca el pelo en la sopa, se declaran insostenibles aquellos estudios que descubren un riesgo y que meten los dedos en la llaga. El profesor Varga tuvo que oír el reproche de que sus estudios no eran lo suficientemente limpios, el Dr. Klitzing y otros, que habían obtenido resultados incómodos, también. Tanto si los reproches están justificados como si no, lo esencial es: los pollitos están muertos y las gráficas en el EEG muy empinadas, debido a unas ondas de telefonía que están muy por debajo de los valores límite.

Cuando no se consigue una prueba clara, se suele hablar de indicios, dado que no puede ser lo que no debería ser. Cuando se acumulan varios indicios parecidos, suministrados en el curso de los años por diferentes institutos de diferentes países, el lazo se cierra muuuy lentamente. Entonces se concede algo más de protección, se llega a una primera conclusión prudente, que “en vistas de la gran cantidad de indicios” a partir de entonces, habrá que o se debería de, se podrían considerar aspectos de prevención, etc. La agencia estatal para la protección radiológica refrenda así “muchos indicios” en la contaminación eléctrica, como lo hace también la Comisión para la protección radiológica. El tratado de Maastricht establece que “deben tomarse medidas cuando existen suficientes datos, aunque no necesariamente pruebas al 100 %”. La resolución de las Naciones Unidas exige que se actúe de inmediato, “si se sospecha que se dan ciertos efectos, aunque no se tenga una prueba segura”. Según la ONU, la inseguridad científica “no debe utilizarse para posponer la prevención”. Pero se pospone. En lo que afecta a la contaminación eléctrica, hay datos más que suficientes. ¿Dónde queda la acción? A las administraciones les gusta hablar de prevención, aunque no encontramos un solo aspecto preventivo serio por ninguna parte.

En su lugar se está a la espera de la prueba científica siguiente y de un modelo de efectos concluyente. La agencia de protección radiológica dice: “Muchos resultados de la investigación se comprobaron de forma independiente, pero falta sobre todo un mecanismo de efectos concluyente”. El profesor Alexander Lerchl, máxima autoridad en protección radiológica e investigador por encargo de la industria, declaró en el “Spiegel”: “Simplemente es que no existe un mecanismo de efectos plausible”. Gerd Friedrich, portavoz de la Asociación para la investigación radiológica: “No se conocen efectos estables, que ocurran siempre de la misma forma, ni se conocen modelos de efectos”. De ahí se deriva una deducción prematura: “No hay indicios de peligro”. Por favor, ¿ni siquiera plausibles, ni siquiera indicios? Esto va demasiado lejos. El paisaje científico está lleno de indicios. También el colaborador de Siemens Dr. Uwe Kullnik va demasiado lejos cuando dice que “no alberga ninguna sospecha en cuanto a efectos no térmicos”, y llama a quienes no piensan como él “pesimistas profesionales”. El anterior jefe de la Agencia estatal de protección radiológica, profesor Jürgen Bernhardt, miembro de todas las comisiones de protección radiológica y corresponsable de los valores límite, dice en “Focus”: “Los valores límite me parecen suficientes. Aunque tenemos la sospecha de que los campos electromagnéticos pueden producir cáncer, no conocemos el mecanismo biológico”. ¡Se cuenta con el cáncer! Pero por qué y cómo se produce despierta interrogantes en los sabios y, solo por eso, la lógica científica sigue su camino, pues todos saben: no existe el reconocimiento.

Esto se ve claramente en el caso de la ciudad de Naila, en la Alta Franconia. Tras diez años de observación, ocho médicos hallaron entre 1000 pacientes, 3,4 veces más casos de cáncer en aquellas personas que durante más de cinco años vivían a menos de 400 metros de una estación emisora de telefonía. Los médicos lo califican de “dramático”. La agencia de protección radiológica, en cambio, dice que “dudan de que la telefonía móvil provoque cáncer”. ¿Por qué será? E insisten: “No existe aún una explicación plausible de un mecanismo de efectos”. Esto les parece del todo suficiente. Ni rastro de prevención. El profesor Bernhardt declaró en 3sat: “Estoy en contra de la prevención si no está justificada sólidamente por la ciencia”. Por favor, no, volvemos a empezar.

La autonominada ciencia oficial que se erige en patrón y se sabe respaldada por el gobierno, se asoma peligrosamente a la ventana, critica a otros que puedan enseñarles algo, y ella misma tiene muy poco que oponer. ¿Si falta la prueba final, según sus criterios alejados de la praxis, dónde está la exclusión segura de algún riesgo? ¿Dónde está la investigación de base antes de la introducción de nuevas tecnologías? ¡Eso sería prevención! Si existiera la exclusión de riesgos y la investigación previa, no sería precisa la actividad investigadora después de que se haya roto el cántaro.

En su lugar se parte de la inocuidad de la radiación, y se supone ingenuamente que los valores límite son seguros. Por comodidad se incluyen en la suposición insostenible incluso los efectos no térmicos tan discutidos y negados con vehemencia, desde el dolor de cabeza y los daños en el sistema inmunológico pasando por los trastornos del sueño y llegando al cáncer, y se sostiene alegremente que los valores límite protegen frente a estos efectos biológicos que no pueden ser explicados por la producción de calor. ¿Cómo es eso? Los valores límite se calcularon exclusivamente según las leyes físicas de la termodinámica en relación a la radiación electromagnética, estrictamente matemático, absolutamente teórico, no se tuvo en cuenta ningún otro factor, solo vale lo que está científicamente comprobado. Sin calentamiento febril de la carne humana, no hay valor límite. A la vista de los múltiples problemas de salud sin participación del calor, se abocan y se apoyan rápidamente en una supuesta falta de resultados de investigación, completados con un modelo de efectos sólido y plausible, varias veces reproducido, argumentado causalmente y, ya que esto no existe ni puede existir todavía, no se ve ni de lejos que exista un problema y no se ve la necesidad de actuar. No se llega a pensar más allá. Y esto se considera científicamente impecable. Si uno se encuentra justo en el principio y no sabe más, se argumenta “según el estado actual de la ciencia”, por miserable que este sea, y se anula toda alarma cuando no hay nada que anular.

¿Dónde están los estudios a largo plazo?

Sin una investigación prolongada y orientada en la praxis, no es posible llegar a conclusiones científicas. Diez minutos en el laboratorio no son diez años en casa, y el día no es la noche. Profesor Bernhardt: “Nos faltan estudios a largo plazo”. Si faltan, ¿cómo se pueden sacar conclusiones precipitadas y fijar valores límite? Según Kullnik no serían de esperar efectos a largo plazo, existen estudios sobre las emisiones de radio desde hace 60 años. Oculta que la joven telefonía móvil funciona a base de microondas nuevas, que no existían antes en esta forma pulsada, es decir, de banda ancha, y que deben evaluarse biológicamente de otra forma. Los médicos de Naila han presentado estudios a largo plazo. Las iniciativas ciudadanas también se han implicado asumiendo los costes. Otros médicos y expertos en bioconstrucción también. Cientos, y pronto serán miles de personas, han hecho analizar su sangre antes de la instalación de emisoras y después, hallando evidencias sospechosas. Por parte de la Agencia estatal les llegan, como agradecimiento, críticas y la exigencia de trabajar de forma más científica… El ministro de medio ambiente en Alemania (en el momento en que escribo este artículo), Sr. Gabriel, saca una conclusión prematura del programa de estudio de la telefonía móvil, y opina que “no hay riesgo de cáncer”. Pero el director del programa mismo, el profesor Weiss de la Agencia de protección radiológica, reconoce en las noticias de la ARD: “De los efectos a largo plazo no sabemos casi nada”. Si no se sabe casi nada, ¿cómo se puede descartar entonces el riesgo de cáncer?

¿Qué hay de los efectos combinados con otras contaminaciones?

El laboratorio de ensayo no es la vivienda o el lugar de trabajo. En casa, en la cama o en el trabajo, se mezclan las ondas eléctricas y las magnéticas, de baja y alta frecuencia, pulsadas o no pulsadas, las de la atmósfera interior, las tóxicas y las microbiológicas… Sólo en matemáticas resulta 1+1=2, en biología, en cambio, 1+1 puede ser igual a 20. El amianto es malo, el gas radón es malo, fumar también, los tres juntos no es simplemente tres veces malo, sino que es muchísimo más peligroso. Algo parecido pasa con la contaminación eléctrica y las amalgamas, la contaminación eléctrica y los hongos, la contaminación eléctrica y el cáncer. El Dr. Scheingraber pregunta a los científicos: “Pueden Ustedes nombrar un solo estudio científico que simule situaciones reales de contaminación?” No, no pueden.

La ciencia aclara que con las nuevas tecnologías se parte inicialmente de una presunción de inocuidad;  solamente si después de la implantación de la técnica se presentan “evidentes sospechas de efectos nocivos”, entonces se procede a una comprobación. ¿Ciencia y suposición, de pronto esto tiene que casar? Esto es pura especulación, ingenuidad, lotería. ¿A dónde han ido a parar las elevadas exigencias científicas? Increíble: Casi cualquier cosa puede lanzarse al mercado, nuevas tecnologías, nuevas mezclas químicas, etc., vía libre gracias a la presunción de inocuidad. Se investigará más tarde, cuando algo haya ido mal. La persona confiada (para alegría de la industria, son la mayoría) cree que todo lo que se encuentra en los estantes de las tiendas ha sido comprobado y aprobado. Qué error. Nada se ha comprobado respecto a la compatibilidad biológica, ni los móviles, ni los teléfonos DECT, ni los accesos a internet WLAN, babyphones, bombillas de ahorro energético, cocinas de microondas, más GSM, UMTS, tetra, LTE, más, más,…  ni por parte de los fabricantes, ni por la de las administraciones, ni de la inspección técnica, ni, ni …, Otra vez, primero el beneficio, después, como conejillos de indias, el ser humano y la naturaleza.

El RWE ya reconocía en 1984: “Con frecuencia, los debates científicos sobre los efectos concomitantes de los avances tecnológicos solamente se llevan a cabo cuando ya se ha producido algún daño y es demasiado tarde para tomar medidas preventivas”. La Agencia de protección radiológica declara, durante la implantación del UMTS, para nuestro asombro: “Los riesgos no pueden evaluarse todavía, puesto que el UMTS aún no se ha iniciado”. La UE publica respecto a la telefonía móvil: “Si un nuevo medicamento o alimento se encontrara con la misma falta de consenso y las mismas objeciones, no se autorizaría nunca”.

Recordemos el amianto

Desde los primeros indicios de un posible riesgo de cáncer en 1900 hasta su prohibición, pasaron 90 años. Entonces, el negocio ya estaba hecho, ya no se necesitaba el material motivo de escándalo. Esto le costó la vida a un millón de personas en todo el mundo. 100.000 mueren todavía anualmente por cáncer debido al amianto, y las estadísticas se incrementarán, pues la fibra necesita años para mostrar su efecto. El nombre entrará en la historia: asbestosis.

La Agencia medioambiental europea advierte, en otoño de 2007, que en la telefonía móvil se está dando un paralelismo con el peligro, la política y la historia de sustancias tan peligrosas para la vida como el amianto, PCB o la nicotina. Esperemos que no se produzca alguna vez un síndrome del móvil. Esperemos que la presunción de inocuidad de la ingeniería genética, la nanotecnología, el polvo de los toner, las futuras tera-ondas, el infrasonido, las bombillas de ahorro energético, de los contadores domésticos inteligentes de electricidad, gas y agua, esté justificada. En el caso del CO2, la muerte de los bosques, la catástrofe climática global, Chernóbil, Fukushima, pesticidas, tratamientos para la madera, metales pesados, amalgamas o campos magnéticos no lo fue.

Echemos un vistazo a Chernóbil y Fukushima

Según los cálculos científicos y la convicción política, un MCA (accidente máximo creíble, en las siglas en inglés) de estas dimensiones solamente debería ocurrir cada 2,5 millones de años. En lo que atañe a Chernóbil y Fukushima, que han dejado una huella devastadora en todo el mundo, los 2,5 millones de años han transcurrido a una velocidad increíble, solamente fueron 25 años. La ciencia no puede equivocarse más a fondo. Sin mencionar siquiera los innumerables ensayos nucleares que han contaminado nuestra Tierra, tierras, aire, mares. Mientras tanto, según el médico y psicoterapeuta Dr. Rüdiger Dahlke, “se pavimenta el camino hacia las bombas atómicas y las centrales nucleares con premios Nóbel”.

Entretanto, los expertos van reconociendo paralelismos entre la contaminación por telefonía móvil y la radioactividad. Un enunciado clarificador procedente de una instancia competente, el Colegio oficial de médicos, el profesor Heyo Eckel, presidente de la Comisión de Medio Ambiente y Salud: “Los daños producidos por la radioactividad se parecen tanto a los efectos de las ondas electromagnéticas, que apenas se pueden distinguir”. El médico medioambiental Dr. Joachim Mutter lo confirma: “En lo que se refiere a los daños del material hereditario humano, es decir, del ADN, no hay diferencia entre la radiación gamma radioactiva y la radiación de la telefonía móvil”. Esto, a pesar de que al profesor Lerchl le gustaría que fuera de otro modo; este científico es la cabeza visible de la Comisión de protección radiológica, que siempre está desactivando las alarmas de contaminación eléctrica y es un asesor discutible del ministro de Medio Ambiente, un científico muy agitado que hace poco fue rechazado por la OMS por considerarlo parcial y poco cualificado.

Campos magnéticos de la corriente eléctrica

Recordemos los campos magnéticos de la corriente eléctrica de, por ejemplo, las líneas de alta tensión, los aparatos, los transformadores, etc. La OMS establece en junio de 2001, tras haber evaluado estudios internacionales, que este tipo de contaminación eléctrica constituye, a partir de un potencial de campo de 300 nanoteslas, un “posible riesgo de cáncer para los seres humanos”. Esta clasificación está en una 300ava parte del valor límite de 100.000 nT. Se necesitaron más de 30 años desde las primeras evidencias de riesgo de cáncer hasta alcanzar una primera declaración oficial. ¿De qué sirve? El valor límite de 300 veces más permanece. ¿Por qué? La Comisión de protección radiológica lo explica así: “Porque con unas intensidades de campo tan bajas, se sigue sin conocer el mecanismo de actuación”. Ocurre de nuevo en este caso: Solamente porque no se sabe por qué se produce el cáncer, aunque se sabe que se produce, se supone que la población debe asumir el evidente riesgo de padecer cáncer. El análisis más amplio de todos los estudios procede de la Agencia medioambiental norteamericana EPA (environmental protection agency). Conclusión: ”Los campos electromagnéticos pueden producir cáncer”. Se exige: 200 nT. El valor límite se mantiene: 100.000 nT. Como sucede con las radioemisiones, se trata de tumores, leucemia infantil, enfermos, muertes. Se trata de efectos cotidianos que afectan a millones. Al profesor Hans Schaefer, corresponsable de los valores límite en la protección radiológica, le basta con la afirmación de que “los campos no pueden ser tan peligrosos, ya que no se sienten siquiera en un dedo”. Ciencia made in Germany.

Recordemos el PCP

Durante decenios, el pentaclorofenol estaba contenido en el 90% de todos los productos de protección de la madera. En los años 50, 60 y 70 se produjo y se aplicó PCP en enormes cantidades, para muebles y revestimientos de madera en interiores, en revestimientos de edificios y en vallas exteriores. A pesar de que los fabricantes y las administraciones ya disponían de indicios preocupantes a respecto de posibles efectos dañinos. Se reconocía el PCP como sustancia tóxica de efecto retardado, que dañaba el material genético y era cancerígeno. Tan sólo en 1989 llegó la prohibición, por lo menos en Alemania. Miles de edificios presentan contaminación por PCP, muchas personas enfermaron, a menudo gravemente y, en parte, sufrieron daños irreversibles. Todavía hoy en día se puede hallar PCP en concentraciones críticas, como contaminante permanente en viviendas, en los materiales tratados con este producto, en el aire que se respira o en el polvo doméstico.

Recordemos el PCB

El grupo de los muy tóxicos bifenilos policlorados se utilizó por toneladas en la construcción de viviendas, en edificios de hormigón, en edificaciones de paneles prefabricados, especialmente en edificios públicos como guarderías y escuelas: como masilla para juntas y sellados, en puertas, ventanas, locales sanitarios. Los barnices, lubricantes y plásticos contenían PCB en los años 50 hasta los 70. Los PCBs son muy estables, muy peligrosos y de difícil degradación en el circuito ecológico. Los PCBs se acumulan en los tejidos grasos, en el cerebro, en la médula ósea y en la columna vertebral. Se trata de daños en el hígado, los riñones, los nervios y en el sistema inmunológico. Los PCBs se prohibieron en 1989, tras una larga y trágica carrera y perjudicarán todavía durante algunos decenios más. Piensen en las focas encalladas por centenares a las playas del mar del Norte, donde murieron sin motivo aparente. La causa: PCB. Esta mortal sustancia fue vertida por la industria química, con el consentimiento del ministro de Medio Ambiente, en el mar del Norte. Cada vez más ballenas quedan varadas en las costas, nadie sabe por qué. Lo que está claro es que la cantidad de tóxicos en los cadáveres de las ballenas hace que estos animales se consideren residuos peligrosos, los valores de PCB que hallaron los científicos de Greenpeace estaban por encima de los de los lodos de depuradora. La anterior Agencia estatal de sanidad intentó maquillar el peligro de los PCB. Mientras tanto, Bayer fue convirtiéndose en el mayor fabricante de PCB. Tan sólo cuando este gigante de la química cesó voluntariamente la producción, llegó la prohibición. En 1983, la BGA (Bundesgesundheitsamt = Agencia estatal de sanidad) declaró que 300 nanogramos de PCB en el aire se consideraba peligroso. En 1990 estos 300 se convirtieron de repente en 3000. En las escuelas y guarderías se hallaron 10.000 nanogramos, lo que fue motivo suficiente para elevar este valor límite a 10.000 y asegurar nuevamente que “no hay motivo para intervenir”.

El clorpirifós tuvo que ser retirado en el año 2001 de los estantes de los comercios en USA y prohibido. El clorpirifós daña los nervios y constituye, según la agencia medioambiental norteamericana EPA, “un riesgo excesivo para la salud humana.” ¿Las personas allí, son más sensibles que aquí? En Alemania se sigue vendiendo alegremente: como destructor de insectos, en papelinas contra las polillas, bolas antipolillas y aerosoles. Entre los especialistas de desinsectación es muy apreciado. Cuando estas papelinas venenosas, que se compran libremente en el súper o en la droguería, cuelgan en los armarios junto a los jerséis, los calcetines, los pantalones o las camisas, el efecto biológico es especialmente acusado, pues las prendas contaminadas contactan directamente con el cuerpo.

¿Cuándo se prohibirá la permetrina?

“Mosquito muerto – persona intoxicada”, así advierte la Iniciativa de Consumidores frente al veneno perteneciente al grupo de los piretroides en los vaporizadores eléctricos, antipolillas o esprays insecticidas. El toxicólogo profesor Helmuth Müller-Mohnssen se preocupa: “Se asume el envenenamiento masivo de las personas. Los piretroides actúan como gases en las armas químicas, deben ser prohibidos. Los primeros síntomas son alteraciones nerviosas y motrices, defectos en la memoria e infecciones. Se cree que alguien debe ser responsable. Esto es una ilusión. Solamente se pueden contrarrestar estos peligros negándose a utilizar esos productos”. Desde hace 20 años se procesa la permetrina para rechazar los insectos, incluso en las alfombras naturales. Puede estar seguro que su alfombra de pura lana virgen, con el sello correspondiente, está tratada con ésta o con otra sustancia similar.

Hace dos años, la revista “Öko-Test” publicó los resultados de las mediciones que realizamos en las bombillas de ahorro energético. Según el sueño del mencionado ministro de Medio Ambiente Sr. Gabriel, estas lámparas tienen que salvar el clima e imponerse obligatoriamente. La otra cara del ahorro energético es que las luminarias producen más contaminación eléctrica que las bombillas por incandescencia, muchas veces más de lo permitido en las pantallas de ordenador, la calidad de la luz es peor, el espectro lumínico antinatural, el parpadeo se produce en varias frecuencias, contienen sustancias tóxicas y metales pesados como mercurio, algunas huelen y emiten gases posiblemente carcinógenos, son costosas en su fabricación, tienen que eliminarse como basura especial, su balance ecológico es discutible, ni siquiera ahorran tanta energía eléctrica y su luz no es ni remotamente tan clara como se afirma. Alertados por tales afirmaciones, la industria y los responsables de la UE reaccionan según los viejos patrones, es decir: tales afirmaciones no dispondrían de base científica. Pero, ¿de dónde podría venir esta base? Nadie entre los que se dedican a la ciencia, la salud o la política tuvo la idea de comprobar si junto a la ventaja del ahorro de electricidad podría haber desventajas, tal era y es la confianza en la presunción de inocuidad científica. Esto es lo que hemos recuperado con un retraso de 20 años. También el Bund Umwelt und Naturschutz (Unión Medio Ambiente y Protección de la Naturaleza) o Greenpeace estaban, al principio, entusiasmados. “Bombillas de ahorro energético – un beneficio para el medio ambiente”, se alboroza el BUND. Activistas de Greenpeace aplastaron con una apisonadora miles de bombillas de incandescencia delante de la Puerta de Brandenburgo, ante las cámaras de la prensa, y alabaron las discutibles bombillas de ahorro. Más tarde despertaron también los protectores del medio ambiente, se volvieron más críticos y el BUND exige ahora un límite de prevención frente a  la elevada radiación electromagnética que parte de las bombillas de ahorro. Los valores que hemos obtenido en nuestras mediciones, están de 35 a 190 veces por encima de ese límite preventivo. Solamente por eso habría que retirar todas las bombillas de ahorro del mercado, según los criterios actuales del BUND, sin mencionar siquiera todos los demás aspectos negativos. Las asociaciones de electricistas vuelven a parapetarse tras los valores límite oficiales, aunque ni siquiera son válidos para las lámparas, y se los sacan de encima con un “los campos electromagnéticos son parte de la vida”.

Los valores límite

¿Es casualidad que los valores límite para la contaminación eléctrica se ajusten tan bien a las necesidades de la industria? ¿Como antaño en la cuestión de la radioactividad, que en 8 décadas han sido rebajados en un 99,9 %? Nosotros, los especialistas en bioconstrucción, no hallamos nunca, durante nuestras mediciones cotidianas, los valores límite para la contaminación eléctrica, ni siquiera después de miles de estudios. ¿Para qué necesitamos valores límite que no existen en el día a día? ¿A quién hay que proteger aquí? Al ser humano y la naturaleza, o a la industria y al crecimiento económico? ¿Para qué necesitamos la ciencia, si no le sirve a la vida? A menudo, los valores que ofrecen protección no se establecen hasta que el negocio ya se ha hecho. Y cuando finalmente se produce el daño, ya nadie tiene la culpa, porque hace mucho tiempo del inicio y entonces estaba permitido. Y cuando se dan casos de perjuicios, ya no se puede establecer unívocamente una relación en sentido científico. Aún me suena en los oídos la sincera respuesta del profesor Bernhardt a la pregunta del periodista de 3sat, de por qué se habían fijado los valores límite sin un conocimiento de los riesgos biológicos, y por qué no se bajaban preventivamente a la menor señal de peligro biológico: “Si se reducen los valores límite, se destruye la economía”. La revista “Öko-Test” da en el clavo cuando bajo el título “Valores límite – seguridad engañosa”, afirma: “Quien no quiera poner en peligro su salud, hará bien en no confiar en Papá Estado”.

El reglamento sobre contaminación eléctrica es la pieza maestra de la Dra. Ángela Merkel. La física lo había iniciado cuando era ministra de Medio Ambiente, y ahora, cuando es canciller, es su responsabilidad. El reglamento debe “procurar seguridad jurídica mediante los valores límite fijados”, y “contribuir a la simplificación de los procedimientos y a la seguridad de las inversiones en las instalaciones de emisoras y suministros eléctricos”. La industria se regocija. ¿Y dónde queda el ser humano? La OMS aclara: “Ninguna autoridad normatizadora ha fijado nunca valores límite cuyo objetivo fuera la protección frente a efectos sobre la salud a largo plazo, como el riesgo de cáncer”.

Intentemos entender el ideario científico que, gracias a Ángela Merkel, se ha plasmado en el reglamento. Sabemos que, según su punto de vista, la radiación electromagnética solamente es peligrosa si calienta demasiado los tejidos. Ni rastro de otros efectos biológicos. Y ya se llega al colmo mediante los cálculos de los valores medios. Esto significa que, si en determinados periodos de tiempo actúan sobre el cuerpo inmensos potenciales de campo, pero entremedio se producen pausas libres de campos o con valores menores, se pueden sobrepasar masivamente estos valores límite, de por sí demasiado altos, pues el cuerpo irradiado puede refrescarse entremedio. Especialmente condenable se torna esto de promediar en la nueva telefonía móvil, en las estaciones de base, los móviles, DECT, WLAN y compañía. Pues aquí se trata de microondas pulsadas. Pulsadas quiere decir que se emite en cadencias periódicas. Así como la luz se convierte en iluminación estroboscópica mediante la cadencia, y solo por eso puede volverse muy desagradable. En la telefonía móvil se produce una pulsación completa, y entremedio una pausa entre pulsaciones, totalmente encendida, totalmente apagada. Se lanzan paquetes de datos rítmicos a través del éter. Y esto se promedia solamente en su aspecto térmico, temporalmente, pulsación y pausa en un solo recipiente, de modo que se produce una valoración muy inferior a la carga biológica real.

Sería como si se sumergiera el brazo de Ángela Merkel en agua hirviendo, luego se sacara y, después de un par de segundos de pausa, se volviera a sumergir en el agua hirviendo… ¿apuestan a que el calor promedio entre la temperatura del agua hirviente y el entorno más fresco sería, por simple cálculo matemático, solamente de 35 ºC, una temperatura agradable para un baño?; visto así, la canciller no debería presentar, desde un punto de vista científico, ningún problema, no estaría escaldada, no tendría una llaga de quemadura, no tendría dolor. ¿Por qué llamar entonces al médico de urgencias? O Ustedes disparan la pistola de salida junto al oído cada cinco segundos. Un estruendo ensordecedor promediado matemáticamente con cinco segundos de silencio, seguro que produce un nivel sonoro de una habitación. ¿Oídos que zumban, sordera, dolor de cabeza, rotura del tímpano? Visto así, es imposible. Una salva de metralleta no debería matar, pues si se saca el promedio temporal entre disparos y pausas, la bala tendrá la fuerza del impacto de un tomate. El profesor Günter Käs, experto en radares de la universidad del ejército: “Los tortazos fuertes se convierten en suaves caricias si se saca el promedio matemático de tortazos y pausas que quedan entremedio”. Este tipo de promedios no es admisible en las evaluaciones biológicas, no hay base científica que lo permita.

El profano en la materia apenas puede entender este juego complejo. Supone que los valores límite tienen algo que ver con la protección biológica. Pero entre los efectos térmicos y los biológicos se abre un abismo que va de 1 a 10.000. Tan solo a partir de 10 millones de microwatios por metro cuadrado puede esperarse un ligero calentamiento de 1 grado en un cuerpo o parte de un cuerpo. Pero ya en el ámbito de los 1000 µW/m2 se ha podido constatar un abanico de reacciones biológicas malignas. Se han encontrado alteraciones y daños neurológicos, cognitivos, hormonales, inmunológicos o celulares muy por debajo de los valores límite, tal como se ha dicho: de 1 a 10.000. Por no mencionar trastornos en los estados de ánimo, problemas del sueño y otras molestias. Si preguntas a las administraciones, a la Telekom o Bitkom, por los riesgos que existen para la salud debidos a la antena emisora que tienes enfrente, o por el teléfono DECT o del babyphone DECT junto a la cama, o del router WLAN sobre el escritorio y quieres que te aclaren estas dudas, estás pensando en el dolor de cabeza, los sudores nocturnos y el mal humor depresivo, en la hiperactividad del hijo y la leucemia de la hijita, o tan sólo en la prevención. Y lo que recibes es la respuesta de “todo está en orden, no hay peligro”. Pero esto no contesta a tu pregunta, pues tan solo quiere decir “No te calientas”.

El profano piensa que algo que no está “científicamente verificado” es malo. Puede serlo, pero a menudo no es así. O que lo declarado como “científicamente aceptado” es bueno y protege frente al peligro. Puede serlo, pero a menudo tampoco es así. Se trata de preguntar quién dicta el fallo y quién lo ha pagado, qué y quién está detrás, qué es lo que persigue la normativa, el reglamento, qué intereses hay en juego.

El profesor Wolfgang Weiss de la Agencia estatal de protección radiológica, comenta el programa de investigación de la telefonía móvil: “Sobre la base de lo que se tuvo en cuenta al establecer los valores límite, estamos seguros de que no hemos omitido nada que pudiera llevarnos a modificar esos valores límite”. Sabemos lo que se supuso para establecer los valores límite: la termodinámica. Mirando solo a través de estas anteojeras, realmente no hay nada que modificar. El ministro de Medio Ambiente, Gabriel, quería ofrecer, pocas semanas después de la presentación del programa de investigación, unos valores límite para la radiación de la telefonía móvil que nunca llegaron. Unas pocas semanas antes había declarado ante todos los medios de comunicación que los móviles eran inocuos. ¿Por qué hablar entonces, tan de repente, de valores límite? ¿Una comprensión tardía? ¿O una nueva jugada de ajedrez para apoyar a la industria?

El Dr. Olaf Schulz de la Agencia estatal de protección radiológica: “Lo que está demostrado, queda cubierto por los valores límite. Pero hay una inseguridad. No sabemos si existe un riesgo o no”. El profesor Jiri Silny, de la Comisión de protección radiológica: “De lo que es peligroso nos enteramos demasiado tarde”. Pero todo el mundo se permite emitir juicios de valor, los protectores radiológicos, las administraciones, los políticos, los científicos, la industria… Cubren la mayor y más polémica intervención en la naturaleza y sobre el ser humano –la contaminación eléctrica– con valores límite absurdos, se esconden detrás de parágrafos, solamente tienen la termodinámica como pajita a qué agarrarse, frenan las actividades críticas, tienen a los que son conscientes de la responsabilidad por unos derrotistas y alarmistas, abusan del miedo a las radiaciones, y todo ello, a pesar de estar tan poco seguros. Es bueno saber que “no sabemos lo suficiente”. Pero los valores límite están ahí. De ellos dependen millones. De los valores límite responde la ciencia establecida, basándose en ellos dictan sentencia los jueces, las administraciones, los políticos. ¡Qué carga de responsabilidad!

Lo despreciable no es solamente el concepto científico, aunque tenga tan poco sentido y sea tan ajeno a la praxis. Lo verdaderamente despreciable es el ardid de inocuidad aunque no se disponga de estudios científicos; mientras que aún se está a oscuras por la presunción de inocuidad y la falta de mecanismos de efectos, o mientras los resultados de los estudios bien fundados no se dejen apresar en el corsé de la hipótesis térmica, o mientras no se haya alcanzado la elevada y, en parte, inalcanzable pretensión, y el objetivo absurdo demasiado teórico no se haya alcanzado, no se pudo alcanzar aunque exista la calidad de los trabajos científicos y haya tantos que llegan esencialmente a los mismos resultados. Y si existen suficientes indicios, incluso para los más insaciables y ha llegado el momento para su aceptación, resulta que el problema ya no puede reconducirse, se produciría un caos económico, estarían en juego puestos de trabajo. Y, ¿quién quiere prescindir ahora de la tecnología? Pero no se trata de renuncia, de retroceso, se trata de que se podría haber hecho todo mejor, más inteligentemente desde el principio, más sostenible, con la misma utilidad, igual de atractivo.

Recuerdo el artículo 3 de la Ley de Edificación: “Los edificios no deben poner en peligro la vida y la salud del ser humano y la base natural de esta vida”. La cobertura global y desenfrenada, es decir, la irradiación por ondas de telefonía móvil procedente de cientos de miles de emisoras sobre casas y torres solamente en Alemania, y millones de móviles actuando sobre el cerebro, millones de teléfonos inalámbricos enviando señales non stop, millones de accesos a internet emitiendo… representan más que una puesta en riesgo de la “base natural de la vida”. El “derecho a la integridad personal” se convierte en una farsa. “La implantación de la cobertura de telefonía móvil global sin haber calibrado suficientemente los riesgos, es irresponsable”, se quejaba el parlamento del Land NRW, dos años después de que las primeras emisoras empezaran a funcionar. Pero hasta ahora no se ha llevado a cabo una evaluación de los riesgos. En cambio, los tejados y torres de iglesias están trufados de radioemisoras, y hay más móviles que orejas. Cada vez más emisoras, en todas partes, en las ciudades y el campo, cada vez más móviles, más DECT, WLAN, más contaminación radiológica.

Las emisiones de telefonía móvil

Con una mirada preocupada sobre los vecinos del entorno de las estaciones emisoras de telefonía móvil, la UE publica: “Finalmente, son objeto de un experimento masivo”. La Agencia medioambiental de Düsseldorf: “Nos hallamos en un macro ensayo que nos afecta a todos”. La Dra. Alexandra Obermaier en una carta abierta al ministro de Medio Ambiente, Sr. Trittin: “Como médico, me resulta incomprensible cómo se puede poner en juego por parte de la política el capital fundamental de un estado, es decir, la salud corporal, anímica y espiritual de los seres humanos, en tal medida y tal extensión. Con el decurso político respecto a la telefonía móvil, se legaliza un afán de lucro criminal a costa del bien común de millones de personas, menospreciando todos los principios del estado de derecho”.

Actualmente nos extrañamos y nos indignamos de que el nuevo estándar de telefonía móvil LTE, la cuarta generación de telefonía móvil, se implante sin investigación de base alguna, sin reconocimiento de los riesgos biológicos, por todo el territorio, sin tener en cuenta a la población. No se ha aprendido nada, nada. Se ignoran todos los estudios e indicios referentes a las ondas pulsadas, disponibles desde hace dos décadas, y se siguen irradiando y pulsando alegremente. Lo mismo vale para TETRA, la radio de la policía, las administraciones y la industria, que se está implantando en todo el país cuando en realidad ya está obsoleto. ¿De qué nos extrañamos? Siempre fue así, con las redes D, E, con el UMTS, WLAN, DECT… y seguirá siendo así, mientras sean un negocio las futuras tecnologías de telefonía móvil, telefonía e internet, los phones, pads, pods, las casas inteligentes y, y… Esta locura es sistemática, una cosa es la ciencia, otra la política. La cuestión es cuánto tiempo aguantaremos nosotros, cada uno de nosotros, si les seguimos el juego y lo apoyamos a través de un consumo ingenuo y desenfrenado.

De la universidad griega de Loannina nos llega entretanto el resultado de un estudio provocador, asegurando que la mayor parte de los trabajos científicos son erróneos: la dependencia de intereses, parcialidad, mal diseño, conclusiones precipitadas, ámbitos de estudio reñidos, presión para publicar, fidelización de la financiación, preferencia por los resultados positivos y ocultación de resultados desagradables… todo esto lo hace posible.

Nuestra ciencia: como se basa tanto en la termodinámica, se despista en otra parte muy determinante. Observa cómo el mundo entero es irradiado técnicamente desde múltiples millones de nuevas fuentes de microondas hasta el último metro cuadrado, y ni siquiera se extraña de que justo en este tiempo se produzca un calentamiento global galopante. Nuestra Tierra se convierte, desde hace una o dos décadas, gracias a cada vez más telefonía móvil, televisión, radio, radar, ejército, satélites, HAARP y Cía., gracias a los  multimillones de watios de potencia emisora en lo que es ya un horno de microondas global. Claro se calienta un poco…

Me acuerdo de las palabras de Albert Einstein: “La ciencia es una herramienta potente. El cómo se utilice, para bien o para mal, depende de las personas, no de la herramienta”. Y de las palabras del maestro indio Shree Rajneesh: “Sin sabiduría, la ciencia es peligrosa”. El Tribunal supremo federal lo deja claro: “ El peligro que parte de la radioemisión no hace falta que se demuestre mediante la investigación científica. Es suficiente la experiencia práctica, para concluir que una tecnología constituye un riesgo”. Algunas personas se someten de tal modo a la ciencia que dudan de la experiencia por la falta de fundamentos científicos, y niegan la praxis por falta de teoría. El psicólogo Thorwald Dethlefsen ha dicho: “La historia de la ciencia es la de los errores del ser humano”. Y: “La fuerza de la fe en la ciencia supera incluso la de la fe en una secta religiosa”.

La bioconstrucción es, en primer lugar, experiencia y praxis. Trabajamos de forma científica en un sentido independiente y responsable. Estoy agradecido a la ciencia, a la ciencia que produce saber, no a la otra. Nuestro futuro en bioconstrucción, nuestra fuerza, nuestro hueco, nuestra originalidad, nuestro sentido, está en la alternativa que nos ofrece la ciencia, cabezona e interesada, frente a las instancias que dependen de la industria y la política. Queremos trabajar libres de intereses, ayudar, concienciar sobre los problemas y proponer mejoras. No miramos de reojo por ver si le gustamos a la industria o a cualquier organización establecida. No perseguimos el cumplimiento de valores límite inhumanos, sino la reducción preventiva de riesgos en un marco factible. No necesitamos elogios de universidades o sellos de administraciones. No nos sometemos a una norma DIN. Tenemos nuestro propio concepto, nuestras ideas, nuestra experiencia, y los ponemos al servicio de los seres humanos.

Me siento comprometido con la vida, la naturaleza, la creación, a la que se lo ponemos tan difícil, a la que llevamos al borde del abismo según todas las reglas del arte. Parecería que hayamos declarado la guerra a la madre Tierra, una guerra medioambiental que no puede ganar nadie, donde solamente hay perdedores. ¿Cuándo comprenderemos que no hay separación entre la humanidad y la naturaleza? Somos parte de la naturaleza, somos uno con ella, es nuestra base de vida y nosotros somos la suya. Lo que le hagamos a la naturaleza, nos lo estamos haciendo a nosotros mismos. Solamente puede estar en regla, quien viva según esta regla. ¿Cuándo aparecerá por fin el homo sapiens, la corona de la creación? ¡Somos nosotros! Nosotros. Tu y yo. Tanta confianza puesta en nosotros. En la cadena de la evolución ocupamos el escalón superior, somos la punta de lo posible. Tenemos el potencial, en el fondo somos más de lo que parecemos, mejores que nuestra fama. Aprovechemos la oportunidad, despertemos y levantémonos, por la vida.

En la tertulia de Beckmann, el médico y físico Prof. Dietrich Grönemeyer opina que no existe un criterio firme sobre lo que es “científico” o no. Sin embargo, por parte de la política, las administraciones, la industria y las aseguradoras, siempre se simula que sí se sabe, sacándose de la manga unas razones presuntamente científicas para fundamentar los propios objetivos. La ciencia habría degenerado hasta convertirse en ayudante para satisfacer intereses políticos y económicos. El exjefe de Greenpeace y fundador de Foodwatch, Thilo Bode: “La política ya no toma decisiones contra la industria”. La profesora Maria Blettner, directora del grupo de estudios alemán Interphone: “Tienen que pasar muchas cosas antes de que la ciencia logre deshacer los prejuicios”. Profesor Ronald Herberman, director del Instituto de Investigación Oncológica de la universidad estadounidense de Pittsburgh, añade con mirada preocupada sobre la telefonía móvil: “No deberíamos esperar a disponer de los estudios concluyentes, es mejor equivocarnos por el lado seguro que arrepentirnos después”.

Ahora adivinamos un poco más lo que quieren decir los científicos (solamente algunos, no otros), las administraciones, los protectores radiológicos, los establecedores de valores límite y los jefes de la industria, cuando declaran: “Aún no está realmente demostrado”. Quieren decir: “Cerrad los ojos… y adelante, mientras gire el rublo…, todo irá bien”. Los creyentes en los valores límite se basan en la termodinámica y la resistencia propia de los seres humanos y de la naturaleza. Se dispone del cojín de la presunción de inocuidad y de mucha paciencia, hasta obtener un modelo de efectos. Este es el nivel de la ciencia, no solo entre nosotros, sino a nivel mundial. Y no se trata solamente de cuestionar si un estudio es bueno o menos bueno, si es tranquilizador o despierta dudas, se trata de si cabe en el concepto tradicional vigente, desde el principio, desde hace décadas, en tiempos en los que no se pensaba siquiera en telefonía móvil, internet y teléfonos inalámbricos, cuando las pulsaciones no eran un tema, todo sigue igual que antes. ¿Y si va mal? Sorry, no lo podíamos saber, el estado de las comprobaciones científicas decían entonces lo contrario. Si lo miramos así…

¿Pero de verdad que no existe esa instancia científica superior, aquella eminencia gris que al final vigila con el dedo extendido y juzga sobre qué es prueba o indicio, resultado o pregunta, sentido o sinsentido, saber o suposición? ¿En el caso de la contaminación eléctrica, quizás VDE, TÜV, una Asociación para la investigación de radioemisiones, una Comisión de protección radiológica? Ay… ¿Un reglamento sobre contaminación eléctrica? Ay…, puede Usted buscar mucho. Yo no los he encontrado hasta hoy. Y si llega Usted a encontrar esa instancia científica decisiva, por favor, avíseme.

Hasta entonces: sea usted optimista, a pesar de todo o precisamente por eso. Preste mucha atención, sea inteligente y responsable. Confíe en la prevención y, por favor, protéjase Usted y a los que dependen de Vd., y proteja esta magnífica creación, aunque no exista una prueba científica concluyente.

Las ondas de los dispositivos electrónicos desorientan a las aves migratorias

Por primera vez, un equipo de investigación de la Universidad de Oldenburg, en Alemania, ha demostrado que la brújula magnética de un tipo de aves falla por completo cuando estas están expuestas a las interferencias electromagnéticas que provocan los dispositivos electrónicos que usamos a diario. Esta circunstancia sucede incluso si estas señales son muy débiles. Estos resultados deben hacer pensar en los efectos potenciales de estas interferencias en los seres humanos, señalan los científicos.

Por primera vez, un equipo de investigación de la Universidad de Oldenburg, en Alemania, ha demostrado que la brújula magnética de los petirrojos falla por completo cuando estas aves estén expuestas a las interferencias electromagnéticas de las ondas de radio AM utilizadas en la comunicación electrónica. 

Esta circunstancia sucede incluso si estas señales se encuentran solo una milésima por debajo del valor límite definido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como inofensivo. 

Hasta ahora, se pensaba que por debajo de ese valor umbral, la contaminación electromagnética no tenía impacto en los procesos biológicos. 

 

Interferencias de dispositivos móviles 

Estas conclusiones fueron alcanzadas tras siete años de investigación de nueve científicos de Oldenburg, en colaboración con Peter J. Hore, de la Universidad de Oxford. Los resultados del estudio han aparecido publicados en la revista Nature

"En nuestros experimentos hemos podido documentar un efecto claro y reproducible de los campos electromagnéticos de origen humano en un vertebrado. Esta interferencia no se deriva de las líneas eléctricas o de las redes de telefonía móvil ", explica uno de los autores de la investigación, Henrik Mouritsen, en un comunicado de la Universidad de Oldenburg. 

En realidad, dicha interferencia la producirían los dispositivos electrónicos, principalmente. Según Mouritsen, los efectos de los campos electromagnéticos de estos aparatos, aunque débiles son notables, pues "interrumpen el funcionamiento del sistema sensorial completo de un vertebrado superior sano".

 

Un hallazgo accidental 

Durante unos 50 años se ha sabido que las aves migratorias utilizan el campo magnético de la Tierra para determinar su dirección migratoria. 

Los biólogos han demostrado esto en numerosos experimentos, en los que se probaron las capacidades de navegación de las aves. "Nos quedamos sorprendidos cuando petirrojos que tienen casas de madera en el campus de la Universidad de Oldenburg fueron incapaces de utilizar su brújula magnética" , explica Mouritsen. 

Entonces, a Nils- Lasse Schneider, un electrofisiólogo e investigador del mismo grupo se le ocurrió cubrir las casas de madera con láminas de aluminio. Esto atenuó fuertemente la interferencia electromagnética en el interior de las casas para pájaros. 

El efecto fue asombroso: de repente, los problemas de orientación de los pájaros desaparecieron. "Nuestras medidas de las interferencias indicaron que habíamos descubierto accidentalmente un sistema biológico que es sensible al ruido electromagnético antropogénico, en un rango de frecuencia de hasta cinco megahercios" , afirma Mouritsen. 

Lo sorprendente aquí, añade, es que la intensidad de la interferencia estaba muy por debajo de los límites definidos por la Comisión Internacional sobre Protección Frente a Radiaciones No Ionizantes y la OMS. 

 

Efecto localizado 

Considerando la importancia potencial del hallazgo, Mouritsen y su equipo llevaron a cabo un gran número de experimentos para obtener más pruebas del efecto observado. 

"A lo largo de siete años, hemos llevado a cabo numerosos experimentos y hemos recogido evidencias fiables, con el fin de tener la certeza absoluta de que en realidad existe este efecto". 

Los resultados obtenidos demuestran que en cuanto se detiene la interferencia electromagnética, la capacidad de orientación magnética de las aves se recuperó. Si la situación era la contraria, se volvía a introducir dicha interferencia, las aves perdían de nuevo su capacidad orientativa. 

Por otra parte, los científicos fueron capaces las interferencias electromagnéticas de banda ancha omnipresentes en los entornos urbanos también afectaban a los pájaros. Esta afectación sería menor en entornos rurales. 

"Por tanto, el efecto del ruido electromagnético antropogénico sobre la migración de las aves está localizada. Sin embargo, estos resultados deben hacernos pensar tanto en la supervivencia de las aves migratorias como en los efectos potenciales de estas interferencias en los seres humanos, algo que aún no se han investigado", concluye Mouritsen.

 

Referencia bibliográfica: 

Svenja Engels, Nils-Lasse Schneider, Nele Lefeldt, Christine Maira Hein, Manuela Zapka, Andreas Michalik, Dana Elbers, Achim Kittel, P. J. Hore, Henrik Mouritsen. Anthropogenic electromagnetic noise disrupts magnetic compass orientation in a migratory bird. Nature (2014). DOI: 10.1038/nature13290.

Apantallamiento para radiación de alta frecuencia

apantallamientoEn la última década han cambiado mucho las formas de comunicarnos, así como las tecnologías que lo permiten. De hecho, a menudo escuchamos en los medios de comunicación noticias o publicidad relacionadas con nuevos servicios móviles o innovaciones inalámbricas.

Está claro que hoy en día parece que sería imposible pensar en vivir sin móviles, internet, radio o televisión, y es verdad que éstos han facilitado la vida en muchos aspectos. Sin embargo, también empiezan a llegar voces de alarma ante los efectos sobre la salud que estas tecnologías inalámbricas provocan y que requerirían limitar su uso y tiempo de exposición.

La telefonía móvil y en concreto, el desarrollo de sus distintas redes, ha hecho que la presencia de antenas en las azoteas de núcleos urbanos sea cada vez más frecuente y visible: en muchos puntos de las ciudades es posible alzar la vista y localizar este tipo de infraestructuras. En principio estas instalaciones se consideran seguras, ya que no superan unos valores límite establecidos por normativas estatales o autonómicas; estos valores tienen que ver con el efecto térmico de la radiación de alta frecuencia que producen, que es un fenómeno estudiado y comprobado. Sin embargo, no se tienen en cuenta otro tipo de riesgos no térmicos como pudieran ser factores biológicos, entre ellos, la sensibilidad humana a este tipo de radiación. Muchas investigaciones científicas ya demuestran que el riesgo para la salud existe, que no es sólo de tipo térmico y que se manifiesta afectando a los sistemas nervioso, hormonal e inmune. Se pueden consultar diversos estudios científicos sobre esta problemática en la Web http://www.bioinitiative.org.

El grado de sensibilidad a la radiación de alta frecuencia depende de las características propias de cada ser humano, pero en todos los casos, un lugar en el que hay que prestar especial atención a los valores detectados es el dormitorio: es precisamente la estancia donde más horas se permanece al día y es durante la noche cuando se produce el descanso y la regeneración del organismo.

7º Congreso Internacional de Medicina Ambiental

poster

Los días 22, 23 y 24 de noviembre tendrá lugar en Madrid el Séptimo Congreso Internacional de Medicina Ambiental. Organizado por la Fundación Alborada, reunirá a especialistas en la materia de todo el mundo.

Expertos llegados desde Estados Unidos, Alemania, Francia, Reino Unido y por supuesto, España, alertarán sobre la influencia directa de sustancias tóxicas presentes en los productos de consumo cotidiano, en el desarrollo de enfermedades como el autismo, la hiperactividad, la fibromialgia, el Síndrome de Fátiga Crónica, el cáncer o la conocida como SQM (Sensibilidad Química Múltiple) una dolencia crónica que afecta ya, en diferentes grados, del 5% al 15% de la población mundial.

A lo largo de tres días, 17 especialistas en Medicina Ambiental desvelarán los últimos avances sobre la materia. Datos alarmantes en muchos de los casos, que, este año, versarán en torno a dos temáticas protagonistas:

  • La influencia de los tóxicos en la expansión de la epidemia de autismo en los niños actuales. Se puede hablar de epidemia si tenemos en cuenta el dato de que en 1975, 1 de cada 5.000 niños padecía autismo y en 2013 lo padece 1 de cada 30, uno de cada clase en la escuela. El autismo protagonizará tres de las charlas más esperadas del fin de semana: la del Dr. Daniel Goyal (España) Autismo ¿son nuestros hijos los primeros en sufrir los efectos de las negligencias medioambientales?, la del Dr. William Shaw (EE. UU.) Análisis de químicos tóxicos: Una prueba de orina completa para varios químicos ambientales relacionados al autismo y trastornos del desarrollo y la de la Dra. María Jesús Clavera Ortiz (España) Causas multifactoriales de la epidemia de crecimiento del autismo.
  • La amenaza de los disruptores endocrinos para la salud. Presentes en miles de productos de uso cotidiano como cosméticos, productos de limpieza e incluso de alimentación, los disruptores endocrinos funcionan como “saboteadores” imitando nuestras moléculas de estrógenos de manera que el cuerpo no distingue si son estrógenos reales o no, lo que supone un peligro enorme para la salud. El Dr. Nicolás Olea, abordará el tema en la charla más conflictiva y comprometida del Congreso, Principio de precaución. Discusión política en disruptores endocrinos.

Entre los participantes más destacados se encuentra el Dr. William Rea (EE.UU), conocido como “el padre de la Medicina Ambiental” que es el fundador y director del Enviromental Health Center of Dallas (Texas) o el español Eduardo Rodríguez Farré, miembro del Comité Científico sobre los nuevos riesgos para la salud de la Comisión Europea. Y por supuesto, la Dra. Pilar Muñoz-Calero, Presidenta y Directora de la consulta de Medicina Ambiental de la Fundación Alborada, organizadora del Congreso, que nos hablara sobre la importancia y la necesidad de la medicina ambiental por la cantidad de enfermedades emergentes causadas por los contaminantes cotidianos.

El resto de los ponentes alertará sobre las nuevas enfermedades generadas por los tóxicos y que se caracterizan por  ser enfermedades inflamatorias, degenerativas, crónicas y de hipersensibilidad, enfermedades que hasta ahora, la Medicina Tradicional atribuía a causas genéticas o idiopáticas. Esto hace valorar a los expertos si nos encontramos ante un nuevo paradigma en la historia de la Medicina.

 

Fundación Alborada. Fundación para el Desarrollo y Divulgación de la Medicina Ambiental

Alborada es una fundación cuyo principal objeto es la asistencia social a personas enfermas mediante la Medicina Ambiental en nuestro país. Con un centro de tratamiento de enfermedades ambientales pionero en nuestro país organiza desde hace siete años un congreso internacional anual para impulsar esta especialidad.

El Congreso se celebrará en las instalaciones de la Fundación Alborada en la Finca El Olivar (Brunete), Madrid, una zona blanca, libre de tóxicos y de ondas electromagnéticas. 

Más info: www.fundacion-alborada.org

Uso excesivo del teléfono móvil aumenta riesgo de cáncer

radiación móvilEl uso excesivo del teléfono móvil puede aumentar el riesgo de padecer cáncer, señala recientes investigaciones de científicos estadounidenses.
Algunos estudios importantes no mostraron un vínculo entre los teléfonos celulares y el cáncer hasta este momento. Sin embargo la prueba de la saliva de los usuarios permanentes del móvil pone de relieve la veracidad de la hipótesis; efectivamente, existe un vínculo muy estrecho entre el uso permanente de este aparato electrónico y el cáncer.

En la prueba, además de la saliva de los usuarios, se estudió con especial atención la función de sus glándulas salivares. Los investigadores compararon la cantidad de estrés oxidativo hallada en la saliva de los usuarios de móviles con la de los sordos. El resultado ha sido impresionante; la cantidad de estrés oxidativo hallada en la saliva de los usuarios de teléfonos móviles es mucho más alta que en las personas normales.

El estrés oxidativo, alias Kainat es causado por un desequilibrio entre la producción de especies reactivas del oxígeno y la capacidad de un sistema biológico de detoxificar rápidamente los reactivos intermedios o reparar el daño resultante. Todas las formas de vida mantienen un entorno reductor dentro de sus células. Este entorno reductor es preservado por las enzimas que mantienen el estado reducido a través de un constante aporte de energía metabólica. Desbalances en este estado normal redox pueden causar efectos tóxicos a través de la producción de peróxidos y radicales libres que dañan a todos los componentes de la célula, incluyendo las proteínas, lípidos y ADN.

La exposición a radiofrecuencias a raíz de los teléfonos celulares se mide mediante la Tasa de Absorción Específica (SAR, por sus siglas en inglés). Esta tasa mide la cantidad de energía que absorbe el organismo en especial en los tejidos que están relacionados con zonas como la cabeza, la garganta y el oído. La SAR permitida en los Estados Unidos es de 1.6 vatios por kilogramo (1.6 w/kg).

Otros efectos negativos que puede ocasionar el uso permanente del teléfono móvil sobre nuestra salud es: aumento de estrés, aumento de fatiga y cansancio, pérdida de apetito, depresión, aumento de la presión arterial, aumento en la temperatura corporal, dolor en zonas cercanas al oído y a la garganta.

Las últimas estadísticas estiman que los habitantes del continente americano son los más adictos al uso de teléfonos celulares, de manera que un 85 % de las personas mayores tiene teléfono móvil y lo utiliza de manera frecuente.

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Contaminación electromagnética en sistemas solares

energia solarHace unos 20 años que conseguí montar mi primer pequeño sistema solar de 50 vatios. En aquel tiempo, algo así era muy especial y todo el mundo se sorprendía al ver aquella maravilla de la ingeniería.

A mí me gustaba particularmente la idea de ser independiente de las grandes compañías eléctricas, las cuales han conspirado contra todos los argumentos y protestas hacia la energía nuclear. Desde aquella primera época de la energía fotovoltaica, ha pasado mucho tiempo y mucho se ha conseguido, pero desde una perspectiva global, está muy lejos de ser suficiente. El abundante despilfarro energético aún no ha cambiado. Con un poco más de conciencia sobre el consumo eléctrico (apagando luces, televisión y ordenador cuando no se utilizan) y unos aparatos más efectivos (con stand-by, bye-bye, etc.) podríamos ahorrar la mitad de la electricidad que consumimos fácilmente. Los sistemas solares son ahora parte de nuestro paisaje moderno y de la imagen de las ciudades. Técnicamente no sería ningún problema vivir al 100% de la energía solar si la utilizáramos con mayor efectividad. Y eso que todavía está muy subestimado.

Pero a través de este artículo, me gustaría enfocar vuestra atención hacia un potencial de la fotovoltaica más avanzado y, literalmente, muy silenciado. Desafortunadamente, pues he notado que este potencial ha caído en el olvido y me “duele en el alma” tener que estar siempre recordándolo. Un sistema solar nos da la posibilidad de tener un abastecimiento energético independiente sin ningún molesto campo electromagnético alterno (también llamado electrosmog).

La exposición frecuente a las IRM podría afectar la memoria, según un estudio

La exposición a campos magnéticos generados por los escáneres de IRM podría reducir las habilidades mentales de las personas, según un nuevo estudio de tamaño reducido.

Los efectos fueron más notables en las tareas que requerían niveles altos de memoria de trabajo, lo que podría tener implicaciones para los cirujanos y otros miembros del personal médico que trabajan cerca de los escáneres de IRM, apuntaron los investigadores.

El estudio aparece en la edición en línea del 29 de agosto de la revista Occupational and Environmental Medicine.

Junto con las ondas de radio, la IRM utiliza potentes campos magnéticos para obtener imágenes detalladas del cerebro y de la espina dorsal, explica un comunicado de prensa de la revista. Para crear una imagen de IRM se utilizan tres tipos de campos magnéticos: estático, de gradiente alternante y de radiofrecuencia.

Incluso cuando no se están tomando imágenes, el campo magnético estático está presente.

Treinta voluntarios completaron el estudio. Todos fueron expuestos a un campo magnético de IRM de cero, 0.5 (medio) y 1 (alto). Cada exposición se hizo a un intervalo de una semana. Tras cada exposición, los voluntarios realizaron doce tareas mentales cronometradas para evaluar los tipos de habilidades mentales que un cirujano u otro profesional de la atención de la salud podría utilizar dentro del área de un escáner de IRM.

Los resultados mostraron que las exposiciones medianas y altas al campo magnético estático tenían un efecto significativo sobre funciones generales como la atención, la concentración, y la conciencia visual y espacial.

Tras las exposiciones medianas y altas, los voluntarios tardaron de 5 a 21 por ciento más para completar tareas mentales complejas, que dependen de la memoria de trabajo.

«Las implicaciones exactas y los mecanismos de estos sutiles efectos sobre [la práctica] no están claras», escribieron el profesor Hans Kromhout, de la Universidad de Utrecht en los Países Bajos, y colegas.

Anotaron que la introducción de máquinas de IRM cada vez más potentes ha aumentado los niveles de exposición a los campos magnéticos tanto de los pacientes como del personal médico.

«Hasta la fecha, se han evaluado las dudas sobre la salud y la seguridad sobre todo en el paciente, pero las consecuencias posibles son de particular importancia para los profesionales… los limpiadores y los ingenieros de las IRM, dado que son expuestos repetitivamente a los campos magnéticos estáticos», anotaron los investigadores.

Aunque el estudio encontró una relación entre la exposición a la IRM y una memoria de trabajo más lenta, no demuestra que exista una relación de causa y efecto.


La Administración Drogas y Alimentos de EE. UU. tiene más información sobre las  IRM

Geosanix lanza el análisis sanitario geoambiental

Se trata de 
un estudio específico de radiaciones y tóxicos ambientales centrado en el dormitorio.

  • El objetivo de este estudio es el análisis exhaustivo del entorno más inmediato de una persona, donde más horas pasa al día, para descubrir y eliminar posibles factores de riesgo que puedan suponer una amenaza para la salud
  • Expertos en salud geoambiental explican el círculo vicioso de la enfermedad geoambiental: el paciente acude al médico y mejora con el tratamiento, pero pronto vuelve a recaer, dado que no se ha atajado la raíz de su problema

Muchas enfermedades son el resultado de determinadas agresiones del entorno o de factores de riesgo ambiental que tenemos dentro de nuestras propias casas sin saberlo. Sin embargo este concepto, que resulta familiar a cualquiera que haya visto la serie de House, no parece haber calado aún en la práctica médica en España. La realidad es que convivimos con múltiples factores de origen geológico y electromagnético, así como numerosos tóxicos ambientales, y en muchos casos la recuperación de una persona enferma pasa no sólo por tratar sus síntomas, algo en lo que la medicina contemporánea es muy diligente y eficaz, sino por eliminar la causa que los provoca y a la que estamos expuestos inconscientemente durante muchas horas al día. Para poner solución a este problema, Geosanix lanza el ‘análisis sanitario geoambiental’, un estudio exhaustivo de las radiaciones naturales y artificiales y de los tóxicos ambientales centrado exclusivamente en el dormitorio, el lugar donde pasamos más horas al día.

La propia Organización Mundial de la Salud admite que el 80% de los cánceres y el 20% de la mortalidad mundial se deben a factores ambientales. Las radiaciones naturales y artificiales se cuentan entre los más desconocidos por la población general. Según expertos de la empresa Geosanix, especializada en detectar, analizar y eliminar o minimizar los diversos factores de riesgo geoambiental, “la exposición a campos eléctricos es uno de los problemas que encontramos con más frecuencia en los hogares que visitamos en el curso de nuestro trabajo. Hemos llegado a detectar campos eléctricos del orden de 180 V/m en el dormitorio, un valor muy alto y más teniendo en cuenta que se trata de la zona donde más horas pasamos. También localizamos más veces de las que quisiéramos variaciones intensas del campo magnético terrestre justo en la zona de la cama, con lo que al final resulta que estamos expuestos de forma cotidiana y sostenida a situaciones nada acordes con nuestra biología, con los consiguientes efectos acumulativos sobre nuestra salud”, explica José Miguel Rodríguez, director de Geosanix.

Rodríguez insiste en la importancia de lo que él llama “el círculo vicioso geoambiental”, que se produce cuando una persona está sometida en su vida diaria a un factor de riesgo y no logra recuperar la salud porque, al no ser consciente de ese riesgo, sigue expuesta a él. “Lo vemos muchas veces en nuestro trabajo, con personas que van al médico una y otra vez, y lógicamente suelen mejorar, porque el tratamiento que les ponen ataca eficazmente sus síntomas. Pero al cabo del tiempo tienen que volver a consulta porque, por desconocimiento, no han eliminado la causa que los provoca”, explica.

Los factores de riesgo geoambiental que analiza Geosanix pueden ser de distinto origen. Entre los tóxicos físicos están las radiaciones naturales y artificiales. Las naturales son las que proceden de la radiactividad del entorno, de alteraciones geológicas del subsuelo, las cuales provocan variaciones locales del campo magnético terrestre, o de redes Hartmann y Curry. Según José Miguel Rodríguez, una de las hipótesis que más peso tiene es que las redes naturales tienen un origen electromagnético. La explicación es que las líneas de fuerza del campo magnético y eléctrico de la tierra pueden tener una forma más o menos reticular, existiendo zonas con mayor o menor densidad en las líneas de fuerza de dichos campos, que serían las zonas llamadas geopatógenas. Así mismo en las zonas donde existen cursos de agua subterránea o acuíferos también se producirían alteraciones de dichos campos, resultando ser zonas que pueden afectar a nuestra salud.

Las radiaciones artificiales son las que emiten las antenas de telefonía, los aparatos inalámbricos como teléfonos, móviles o routers, las instalaciones eléctricas defectuosas de los hogares, los electrodomésticos mal instalados o sin toma de tierra, etc. Los tóxicos ambientales, por su parte, comprenden desde sustancias químicas como los formaldehidos, CO2, NO2, SO2, que se relacionan con múltiples enfermedades, como el síndrome químico múltiple, el párkinson y otros procesos neurodegenerativos, hasta el material particulado, que puede causar múltiples enfermedades del sistema respiratorio, nervioso y cardiovascular incluso con breves exposiciones. Geosanix analiza todos estos factores, en colaboración con profesionales de la salud, para ayudar de forma más eficaz a personas con problemas de salud persistentes o para los que no encuentran explicación.

Más info: www.geosanix.com

Dime donde duermes y te diré dónde te duele

El ser humano es sensible a los campos magnéticos terrestres. Científicos han encontrado en los tejidos humanos partículas (magnetita) que serían responsables de esta sensibilidad. Por su lado, la geobiología subraya el hecho de que una cama ubicada sobre una zona geopatógena (vena de agua subterránea, falla geológica, etc.) puede tener fuertes repercusiones sobre el estado de salud del durmiente que permanece allí durante largas horas. ¿Sería posible que hubiera una interacción entre la variación del campo geomagnético y la fisiología humana?

La geobiología estudia las relaciones entre los seres vivos y su entorno. Siendo que pasamos un tercio de nuestra jornada en la cama, el dormitorio es entonces un espacio vital que conviene preservar al máximo si queremos lograr un buen descanso, reponer nuestras energías y empezar el día llenos de vitalidad.

Muchos factores pueden acabar con una buena noche de sueño: la contaminación química del lugar, el ruido, la mala aislación térmica, la fuerte higrometría, la contaminación electromagnética artificial, etc., sin embargo, este estudio solo tomará en cuenta la medición del campo geomagnético* en el lugar que ocupa la cama, ya que presenta amplias variaciones en cortas distancias.