Sindamanoy, “Refugio del sol”. Centro de Medicina Alternativa en Colombia

DSC04994.jpg ooEste proyecto mezcla la arquitectura tradicional Colombiana en tierra con la vanguardia en Medicina Alternativa.

Localizado en Zapatoca, pequeño municipio del departamento de Santander, en la región más montañosa de Colombia, en un lugar agreste en donde el tiempo parece congelado, Sindamanoy es un Centro de Medicina Alternativa que abarca, desde una Maloca Ceremonial para tomas de Yajé (la planta sagrada ancestral del Amazonas, que cura cáncer, sida, etc.), hasta una cabaña llamada del “Silencio y la Oscuridad”, que consiste en un espacio central circundado por tres aposentos con baño privado, en la cual se realizará una cura tomada del Budismo Tailandés (es la primera de este tipo que se construye en América), que consiste en una semana de aislamiento de todo tipo de luz y sonido, que produce en el organismo una interacción entre melatoninas, serotoninas y endorfinas, logrando, como resultado, que personas estresadas o de baja autoestima se renueven y salgan de allí amando la vida con todos sus matices:  el canto de un pajarito, una gota de rocío en una flor, etc.

Programa exótico 

El contenido total del proyecto abarca:  Maloca Ceremonial, Recepción, Consultorio, Baños Generales, espacio para masajes, piscina para hidromasajes con 4 jacuzzis, comedor, cocina con leña, Camino del Agua, Cabaña de los Árboles, cultivos orgánicos de plantas aromáticas y medicinales; realizado todo por los métodos de construcción más tradicionales de la región de Santander, como son los techos en teja paja, las paredes en tapia pisada, adobe y bahareque, manejo de la piedra en pisos y zócalos, cimientos y tejas pegados con barro y pisos en tablón y tierra.

La Maloca Ceremonial 

En el diseño de la Maloca apliqué los postulados tomados de los indios (Koguis), con los cuales he convivido en la Sierra Nevada de Santa Marta, situada al norte del país y del Putumayo, en la entrada al Amazonas, con los Anzá y Coreguajes, sumados a mis estudios en Geometría Sagrada.  El volumen tiene 8 lados, el 8 es el infinito, la Unidad, la Plenitud.  Los muros en tapia de 50 cms. de ancho, coronados por el techo en paja, son rodeados por el corredor de hamacas, el cual va en teja de barro y columnas en palo redondo.

El espacio tiene 10 mts. de diámetro y el piso es de tierra, conteniendo en el centro un Mandala.  Consta de 4 puertas y 4 ventanas y en el cenit de la cubierta hay un buitrón de respiración por el cual circulan los vientos y expenden el humo cuando se prende el fogón central.

La inclinación de la cubierta actúa en forma de embudo, dirigiendo el aire caliente a la cumbrera en donde es desplazado por las brisas. Estas penetran en la Maloca llevando un alto porcentaje de humedad que al chocar con los elementos produce decantación. Como en el espacio existen pocos elementos, la decantación es menor, disminuyendo así la humedad interna. Ese embudo además, es una representación del Universo mismo, el cual se encuentra también situado bajo el piso de la Maloca.

La Maloca, espacio mágico ancestral es el espacio donde se manejan los conflictos sociales y lo sobrenatural.  En ella transcurre, desde la interpretación de los sueños, hasta noches de narración oral formal (mitos, etc.), todo lo cual se integra en el acontecer diario.

Tanquián es el sueño de crear una ecoaldea

DCF 1.0Proyecto de granja ecológica en Lugo.

Tanquián es el nombre de este proyecto de granja ecológica situado al sur de Galicia, fundada hace una década en un pueblecito alejado de las carreteras generales llamado Pontones, en la provincia de Lugo (Orense). Lograr la autosuficiencia mediante trabajos que aporten distintas fuentes de ingresos a la granja orgánica, principalmente el huerto y los animales, es el objetivo que ha llevado a esta familia pionera anglo-alemana, formada por  Paul,  Emili y sus tres hijos, a sostener su propia utopía a golpe de esfuerzo, perseverancia y entrega. Propuesta de ecoaldea desde sus inicios, que aún no se ha materializado.

Han pasado 10 años y aún perseveran en el ideal utópico de formar una ecoaldea, lo que les llevó en los orígenes a encontrar y comprar esta antigua bodega gallega. Y como muestra de su intento sostenido, las dos casitas estilo pueblo de Matavenero (pueblo ecológico internacional de León), construidas en madera en el cercano bosque de robles, además de tres caravanas que representan el anhelo de compartir con otros el mismo sueño de vida compartida y  autosuficiente en la naturaleza, y hoy todas ellas deshabitadas.

Ayudados por la Red del Voluntariado Internacional

Cuando paseo con Emili por las cinco hectáreas de terreno que ocupa Tanquián, se ve  todo el trabajo que aquí se ha volcado, sostenido y empujado, unas veces con la ayuda de los voluntarios del Wwoof (Red de Voluntariado Internacional), otras gracias al apoyo de los encuentros grupales organizados entre amigos para realizar tareas arduas e imposibles para dos, como fue la construcción del tejado de la gran casona familiar de 600 metros de piedra y madera que  conforma el epicentro de Tanquián. El caserío, de 500 años de antigüedad, estaba en ruinas y sólo se podía vivir en una habitación, a partir de ésta levantaron lo demás, aprendiendo a construir al lado del arquitecto que diseñó la obra. “Nos hemos organizado entre varios amigos que tenemos proyectos individuales para encontrarnos una vez al mes y avanzar en tareas imposibles de realizar por nosotros mismos, compartimos el encuentro de los niños, la comida, el trabajo, la música, la fiesta, la puesta en común, el trueque… todo lo bueno”– comenta Paul sonriente.

Foro para un Zorrozaurre sostenible

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Desde enero del 2000, vivimos en la península de Zorrozaurre: un paisaje post-industrial en el corazón de Gran Bilbao. A quince minutos andando del Museo Guggenheim, hay un pueblo urbano de 500 personas, que viven junto a fábricas en ruinas con tejados verdes naturales, donde lagartijas zigzaguean entre musgo e hinojo marino, y los martines pescadores y cormoranes pescan en la Ría. Aquí estamos intentando crear un barrio sostenible, ante los intereses financieros y políticos que ven la zona como un paraíso para el desarrollo especulativo.

Acabamos en Zorrozaurre por casualidad, buscando un piso barato y céntrico. Pronto nos sentimos a gusto en la atmósfera bohemia de la península, con una mezcla de gente trabajadora, ocupas, inmigrantes y algún artista que otro.. Nos enamoramos de la luz sobre el río, la belleza decaída del patrimonio industrial, la diversidad de plantas y animales. Los problemas de la zona – tráfico, contaminación del aire, carencia de servicios, graffiti y suciedad – no nos parecían un precio muy alto por vivir en un lugar tan único.

Pero pronto nos dimos cuenta de que nuestro pequeño mundo estaba en peligro. La reurbanización a las orillas de la Ría – con pisos de lujo y centros comerciales, “anclados” por grandes edificios como el Guggenheim y el palacio Euskalduna – se extendía río abajo como un eccema carísimo. La mayor parte de los vecinos miraban al futuro con temor a perder su lugar y su comunidad.

Al contrario, otros vimos la península como una gran oportunidad. Hay muchos sitios en el mundo donde se ha logrado crear asentamientos y modos de vivir más sostenibles, desde Village Homes en California a Las Gaviotas en Colombia, de Curitiba en Brasil a BedZED en Londres … Si hiciéramos lo mismo aquí, tendría un impacto enorme. Además de ser una comunidad que se identifica fuertemente con un lugar único y hermoso, Zorrozaurre también es un área significativa de terreno (57 hectáreas) en un lugar de alta visibilidad en el corazón de una ciudad capital, que es motor económico de la región. Soñábamos con un barrio ecológico: donde la gente viviría entre la naturaleza, árboles frutales y tejados verdes, donde las calles no pertenecerían a los coches sino a las personas, donde las mejores ideas en el diseño sostenible se pondrían en práctica.

¿Pero cómo llegar desde aquí hasta allí? Se nos ocurrió la idea de un foro, un espacio para el diálogo abierto. Invitaríamos a todos los distintos actores interesados en la zona, los residentes podrían expresar sus preocupaciones, y vendrían expertos para hablar de ciudades sostenibles