Mitigando la huella ecológica

¿Como podemos mitigar nuestra huella ecológica? El presente informe se basa en el estudio realizado por Ingeniería Ismael Caballero SL “Grupo MEIC”, titulado “Afecciones medioambientales por persona en el ámbito doméstico de España”. Los datos fueron obtenidos entre Enero de 2003 y Diciembre de 2005 tomando como referencia viviendas-tipo de todo el estado español y a escala proporcional al nº de habitantes, tanto en el ámbito urbano como rural.

En dicho estudio se analizan los requerimientos energéticos de los ciudadanos españoles en el ámbito doméstico, el consumo doméstico de agua y la generación de residuos producidos en las viviendas, todo ello englobado en el concepto de “Huella Ecológica”, es decir, lo que cada ciudadano español consume y el impacto que genera este consumo en el medio. Pero no se queda ahí, sino que propone soluciones alternativas para minimizar e incluso compensar totalmente el impacto medioambiental producido por nuestra forma de vivir – consumir.

Estas soluciones provienen de las aportaciones de la Arquitectura Bioclimática y diferentes sistemas de ahorro y aumento de la eficiencia energética empleadas en la Bioconstrucción, así como de la utilización de las Energías Renovables.

 

huella ecológica

Toda esta energía consumida se puede producir con renovables.

Nuevos edificios

Según el estudio, en los edificios de nueva construcción, dotándolos de criterios bioclimáticos, puede conseguirse un ahorro energético de entre un 56% y un 83%, con sólo un incremento del coste de un 17%. Uno de los originales sistemas que aporta es el de “Climatización Natural mediante Shunt Termosolar”. Consiste en una chimenea o Shunt, situado en la parte superior de la vivienda que, al calentarse por la radiación solar, produce una depresión natural en el aire, que puede atraer a través de un sistema de conducción, el aire fresco de la parte inferior que circula por una serie de conducciones cerámicas enterradas. A más incidencia solar, mayor recirculación y enfriamiento. Otra solución propuesta es la climatización por sistema termo-hidráulico  con energía geotérmica mediante “Zocalos o Muros Radiantes”, por donde circula agua (caliente o fría) para conseguir las condiciones higrotérmicas idóneas según sea invierno o verano.

 

Edificios ya existentes

En cuanto a los edificios ya existentes,  es relativamente sencillo conseguir ahorros superiores al 50% con buenos criterios de rehabilitación. Por ejemplo, dotándolos de un forro en la fachada, con un aplacado de plaqueta ligera (por ejemplo, paneles de viruta de paja aglomerada con cal) y cubiertas aisladas inundables. También dotando las fachadas Sur y Oeste con sistemas de sombreado vegetal y/o fachadas ventiladas.

Según el autor, con amplia experiencia en llevar a la realidad proyectos en los que se emplean estas soluciones, las alternativas son completamente factibles y, además, se consiguen con un coste muy inferior al esperado. Para hacernos una idea, el coste por persona estimado en el estudio será de 20800 euros en las viviendas ya construidas y de 10300 en las de nueva construcción. Su amortización económica rondará entre 14 y 29 años, pero el ahorro de emisiones resulta espectacular. La vida útil de los equipos de producción limpia, ronda entre 20 y 40 años para los de producción térmica y de más de 60 años para los solares fotovoltaicos. Los beneficios medioambientales son de tal magnitud que parece  absurdo no poner en práctica las soluciones que se proponen.

Conclusiones

Entre las conclusiones del informe se expone que con una voluntad política adecuada es posible conseguir que todas las viviendas del estado sean autosuficientes en el plazo de 17 años, creando1.340.000 puestos de trabajo.

También se plantean soluciones en lo relativo al ahorro de agua y es notorio como cada vez es más apremiante adoptar medidas en este sentido.

Por ejemplo, se plantea la reutilización de las aguas grises (procedentes de fregaderas y baños), que constituyen el 68% de cuantas vertemos por los desagües, con un sistema tan simple como tratar este agua en un filtro separador de grasas y un digestor anaerobio para su posterior reutilización en cisternas de inodoros y riego. Sólo con esta sencilla operación se puede conseguir ahorrar más de 1/3 del agua que consumimos.

En aquellos lugares donde más escasee el agua se propone la instalación de WC-secos o “deshidratadores orgánicos”, como alternativa a los inodoros convencionales. Este sistema, garantiza la deshidratación de la materia orgánica con energía solar, para su posterior compostaje.

En cuanto a la necesaria depuración de las aguas residuales domésticas se apuesta por el empleo de sistemas biológicos.

El presente informe pretende, partiendo de la realidad, aumentar la conciencia de los ciudadanos en cuanto a la huella ecológica que deja nuestra forma de vida en el entorno. Pero además, se aporta una visión optimista y esperanzadora en cuanto a las soluciones posibles para re-equilibrar los impactos que generamos. De alguna manera, es necesario saber que existen medios para contribuir a un desarrollo sustentable, que es posible.


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Análisis del ciclo de vida: instrumentos para cuantificar los impactos medioambiemtales

Los análisis del ciclo de vida (ACV) son instrumentos científicos que permiten cuantificar los impactos medioambiemtales en un producto o en un servicio. Utilizados en la industria desde los años 80, sirven desde hace 10 años para evaluar el impacto de los materiales de construcción.

Un ACV ofrece información completa sobre muchos de los impactos ambientales y para que sus resultados sean comprensibles por todos, tenemos que encontrar una metodología para la simplificación.

Sin embargo, actualmente, el método varía dependiendo de los implicados, por lo que no siempre es fácil comparar los resultados. Tomemos el ejemplo de la “energía incorporada”: dependiendo de quien comunique el resultado del ACV, se tendrá o no en cuenta el transporte, la gestión al final de la vida, si se precisará o no que la energía de origen es renovable o no.

De hecho, para el mismo material el valor de “energía incorporada”puede variar de simple a doble. Del mismo modo para la gestión del fin de vida de los materiales; algunos expedientes estiman que la simple descarga en vertedero es suficiente y hay otros que optan por seleccionar y tratar de un modo separativo.

Metodología

Para comparar los balances de situación “de CO2” y “energía primaria no renovables” (energía incorporada), se utilizó una sola base de datos: IBO (Austria). Reconocida y utilizada en varios países, tiene la ventaja de haber sido ampliamente probada y de educar a un gran número de materiales de construcción. Cuando se dispone de datos, también se presentan los materiales y productos analizados por las iniciativas francesa (software EQUER, enchufes ESFD). Por último, para la comparación, el servicio prestado por cada aislante es el mismo:

1 m2 de aislamiento de R = 5 m2.K / W. Las densidades indicadas corresponden a los materiales estándar.

Diferenciamos cuatro grupos:

  1. Los grandes contribuyentes al efecto invernadero: los aislantes minerales y sintéticos densos.
  2. Los medios: los aislantes minerales y sintéticos poco densos.
  3. Los neutros: los materiales de origen biológico en paneles o rollos.
  4. Los sumideros de CO2: fibras vegetales densas.

De energía primaria

Hay tres grandes grupos de aislantes:

  1. Los “energéticos”: los aislantes densos y sintéticos.
  2. Los medios: los aislantes minerales, los aislantes sintéticos poco densos, los materiales “de origen biológico” (de origen vegetal o animal) en paneles o rollos.
  3. La primera clase: los materiales “de origen biológico” poco transformados.

En una evaluación más completa sería necesario incluir:

  • Agotamiento de recursos.
  • Fin de vida de los materiales (vertederos, valorización energética, reciclage, etc).
  • La toxicidad para la salud humana.
  • Varios contaminantes sobre los ecosistemas (acidificación, la destrucción de la capa de ozono, la eutrofización, etc).
  • Los criterios económicos y sociales (cursos de corta duración, la creación de empleo,etc).

Si integramos los distintos criterios se confirma como las mejores opciones los materiales vegetales y animales, o mínimamente procesados a partir de materiales reciclados.

 

 

Aislamiento de rellenado

Aislamiento “multifuncional”

1: Paneles de aislamiento al vacío – (190 kg/m3, λ = 0,008)

2: Paneles de poliestireno expandido – (17 kg/m3, λ = 0.035)

3: Lana de vidrio – Rollos (28 kg/m3, λ = 0,038)

4: Lana de roca (30 kg/m3, λ = 0,038)

5: Manta de fi bra de madera – Rollos (40 kg/m3, λ = 0,038)

6: Manta de de cáñamo – Rollos (30 kg/m3, λ = 0.040)

7: Manta de lino – Rollos (30 kg/m3, λ = 0.040)

8: Manta de lana de oveja – Rollos (kg/m3, λ = 0.040)

9: Celulosa – paneles (kg/m3, λ = 0.040)

10: Guata de celulosa insufl ada (55 kg/m3, λ = 0.040)

11: Perlita – a granel (85 kg/m3, λ = 0.050)

12: Cañamiza – a granel (110 kg/m3, λ = 0,048)

13: Poliuretano – Paneles (30 kg/m3, λ = 0,028)

14: Poliestireno extruido (a) – Paneles (30 kg/m3, λ = 0.035)

15: Lana de vidrio de alta defi nición – Paneles (80 kg/m3, λ = 0,039)

16: Lana de roca de alta defi nición – Paneles (130 kg/m3, λ = 0.040)

17: Vidrio celular – Paneles (120 kg/m3, λ = 0,045)

18: Placa de aislante mineral – Bloque (115 kg/m3, λ = 0,045)

19: Fibra de madera – Paneles (180 kg/m3, λ = 0.040)

20: Corcho expandido – Paneles (100 kg/m3, λ = 0,042)

21: Paja – Balas (100 kg/m3, λ = 0,056)

(a) sin agentes HFC

Fuentes:

EQUER: www.izuba.fr – ESFD ( fi chas de declaraciones medioambientales y sanitarias): www.inies.fr – IBO (Österreichisches Institut für Bauökologie und Baubiologie): www.ibo.at – INRA / ADEME y el Departamento de Agricultura: ACV para Cáñamo de hormigón.

ESFD: – 2: Knauf TTh33 Therm (17 kg/m3 = 0,033), 3: Isover Isoconfort 32 (28 kg/m3λ = 0,032); 4: Isover Alphalène 50 (50 kg/m3 = 0,035), 6: Isover Florapan (30 kg/m3 = 0,042); 13: Efi sol Efi green Duo (31 kg/m3 = 0,025); 16: Isover Panotoit Fibac 2 (140 kg/m3, = 0,039); 17: Pittsburgh Corning T4 compacto Foamglas (120 kg/m3 = 0,042)

 

Informe: Aislamientos ecológicos. Compativa global

Una aplicación del ITC mide el impacto ambiental de las empresas

La nueva herramienta de ecodiseño Prosocom, desarrollada por el Instituto de Tecnología Cerámica (ITC), ubicado en Castellón, permite a las empresas industriales medir el impacto ambiental que produce su actividad y poder así diseñar una estrategia empresarial más ecológica.

En el desarrollo de este proyecto han participado los institutos tecnológicos AIJU (juguetes), AIMME (metalmecánico), AINIA (agroalimentario), AITEX (textil), INESCOP (calzado) e ITE (eléctrico), todos ellos pertenecientes a red de institutos tecnológicos REDIT de la Comunitat Valenciana. El proyecto busca procurar herramientas como esta a los diversos sectores industriales que integran el tejido productivo valenciano, para que sean cada vez más ecoeficientes y sostenibles en sus procesos.

Prosocom, según han señalado fuentes del ITC, es una aplicación informática específica y adaptada a varios sectores industriales y servicios que permite estimar los potenciales impactos ambientales asociados a un producto, proceso o servicio a lo largo de todo su ciclo de vida. El programa identifica aquellos aspectos más significativos sobre los que se puede trabajar, para poder mejorar su desempeño ambiental, según han manifestado los investigadores del ITC.

Para utilizar esta herramienta, según han explicado desde el Área de Sostenibilidad del ITC, no se requiere una preparación técnica específica, y además, “se trata de una versión actualizable, ampliable y adaptable a cualquier empresa del sector secundario o terciario”. El manejo no es complicado ya que para la ejecución de la herramienta, la empresa deberá introducir en la aplicación las cantidades consumidas de materiales y energía, así como los residuos, emisiones atmosféricas y/o vertidos asociados a su producto o actividad.

A partir de estos datos introducidos, la herramienta ejecutará un motor de cálculo que “traducirá” estos valores en categorías de impactos ambientales mediante una serie de factores de clasificación y caracterización.

Una de estas categorías ambientales es, por ejemplo, el Potencial de Calentamiento Global, que mide relativamente cuánto calor puede ser atrapado por un determinado gas de efecto invernadero en comparación con un gas de referencia, por lo general dióxido de carbono.

Otra es el Potencial de Destrucción de la Capa de Ozono, que ofrece un valor que se refiere a la capacidad de destrucción de ozono estratosférico causado por una sustancia o varias.

También se mide el Potencial de Acidificación, que causa daño a los ecosistemas por ejemplo con la conocida lluvia ácida, o el Potencial de Eutrofización, por el que pueden desequilibrarse ecosistemas acuáticos o terrestres, además del Potencial de Formación de Ozono Troposférico, cuyos compuestos foto-oxidantes pueden dañar la salud humana, los ecosistemas y las cosechas.

El objetivo de esta herramienta es, según el ITC, “identificar aquellos parámetros sensibles desde el punto de vista ambiental”, por tanto, “se considera oportuna una representación con valores relativos en un gráfico de barras, ya que se identifica fácilmente la contribución de cada uno de los parámetros a cada una de las categorías de impacto ambiental consideradas”.

También es muy útil para la prospección de medidas de ecodiseño, de forma que, “una vez identificados los parámetros ambientales más sensibles, es muy sencillo cuantificar la mejora ambiental asociada a la implantación de una estrategia de ecodiseño”. Esta herramienta, además de ayudar a las pequeñas empresas a mejorar de forma eficiente el comportamiento ambiental de sus productos o servicios, facilita valores que pueden ser empleados como marketing ecológico.

La huella ecológica del Estado Español en el sector energético

molinos2 copiaEn el anterior artículo se trató el tema de “la Huella Ecológica del ciudadano español” en el ámbito doméstico, en éste, queremos dar una visión más global, donde aportamos datos del sector industrial.

Transformar nuestro sistema energético actual en sostenible supone un cambio de conciencia sin parangón. Un análisis inicial del sistema energético español indica que las necesidades energéticas se incrementarán en un 52% en el periodo 2000-2010 y que el consumo de energía primaria está basado en un 83% en combustibles fósiles (con sus efectos en el calentamiento global y emisión de contaminantes), un 13% procede de centrales nucleares (con las consecuencias derivadas de la generación de los residuos radiactivos) y solo un 4% con Energías Renovables. Si a esto añadimos que nuestro grado de autoabastecimiento es del 18,8% y que en el transporte de energía perdemos un 28,4%, podemos concluir que nuestro sistema energético es totalmente insostenible.

El consumo de energía por sectores nos indica que el transporte se lleva el 42%, que la industria consume otro 30%, del que únicamente el 30% es electricidad, mientras que los demás sectores (residencial, servicios y agricultura) tienen un consumo de electricidad similar, es decir necesitamos un 20% de energía en forma de electricidad y el resto como combustibles, calor y frío. O sea, que no pensemos que la fuente final de energía alternativa sea a través de la electricidad, pues, como nos indican las cifras, la mayor parte del consumo energético es en procesos de conversión de energía térmica.

Más del 65% del consumo energético en el Estado Español descansa sobre los combustibles fósiles, de los que apenas producimos un 2%. El resto lo importamos (en total importamos un 80% de nuestros recursos energéticos), de países que en un momento dado, podrían cortar el suministro, entre otros motivos, debido a que tengan que hacer frente a su propia demanda interna. Dado el volumen de importación diario, los accidentes son frecuentes y episodios como el del Prestige no deben verse de forma coyuntural, tampoco el gaseoducto que la empresa Gamez pretende construir desde Argelia pasando por el parque Natural Cabo de Gata, en Almería. En la medida que la demanda no deje de incrementarse (ha crecido un 47,7% entre 1997 y 2003 y, dentro de esta demanda, el consumo eléctrico se ha disparado un 90% desde que somos un país de “nuevo rico”) y no se aumenten los niveles de eficiencia energética (el consumo energético es superior al PIB), la dependencia energética es uno de los talones de Aquiles de la economía española. Además, las emisiones de gases de efecto invernadero (derivadas de la combustión de estos recursos fósiles) seguirán sobrepasando con creces los compromisos fijados por el Protocolo de Kyoto, que no sólo tendrá un coste económico añadido (pues tendremos que hacer frente a las multas en el 2007 por superar los límites europeos) sino que ya tienen un coste enorme en la salud de quienes respiran un aire que supera, en muchas ciudades, los niveles de calidad mínimos.

La generación eléctrica que abastece a la máquina y al aparato que mediatiza nuestras vidas sigue siendo fundamentalmente térmica (principalmente se apuesta por las de ciclo combinado que funcionan con gas), pues es más rentable que la energía nuclear. En los últimos años se han desarrollado más las tecnologías renovables, cuando el precio del petróleo y la contaminación atmosférica ha hecho a los países industrializados ver “las orejas a lobo”.

Huella ecológica. Hasta fin de existencias


Desde mediados de los años ochenta del pasado siglo, son muchos los científicos y activistas que se han tomado en serio las señales de agotamiento de la capacidad física del planeta para soportar la voracidad sistemática del consumo de masas y han visto la necesidad de construir indicadores que nos proporcionen información acerca del impacto “humano” sobre la capacidad de los sistemas naturales para abastecernos. Hay cientos de estos indicadores de sostenibilidad física que informan de otras tantas dimensiones de la crisis ecológica pero, sin duda, el que tiene todas las papeletas para convertirse en vara de medir nuestra destructividad es la huella ecológica.

La huella ecológica fue formulada por primera vez por el economista ecológico Mathis Wackernägel y consiste en una traducción a hectáreas de tierra biológicamente productiva de los patrones de consumo de un país, una ciudad o un individuo. Aunque luego se complican con miles de tecnicismos, hay cinco dimensiones básicas en el cálculo de la huella ecológica:

  1. Superficie artificializada: cantidad de hectáreas utilizadas para urbanización, infraestructuras o centros de trabajo.
  2. Superficie necesaria para proporcionar alimento vegetal.
  3. Superficie necesaria para pastos que alimentan ganado.
  4. Superficie marina necesaria para producir pescado.
  5. Superficie de bosque necesaria para servir de sumidero del CO2 que arroja nuestro consumo energético.

Una de las cosas que ha hecho célebre la huella ecológica es que está disponible para una escala muy amplia: desde el individuo hasta el mundo entero. Para hacerse una idea de la novedad que esto supone basta imaginar la posibilidad de que cualquiera pudiera entrar en una página web, calcular sin mayor problema su aportación personal al PIB y verificar (a no ser que se tratara de alguien muy propietario) lo que ya se imaginaba: su salario es una estafa descarada.

A nivel mundial sabemos que la biocapacidad existente es aproximadamente de 1,7 hectáreas por habitante en el mundo, es decir, que si repartiéramos el terreno biológicamente productivo tocaríamos a 1,7 hectáreas por individuo. Ahora bien, la huella ecológica media mundial es actualmente de 2,8 hectáreas por habitante, lo que significa que se necesitarían dos mundos para satisfacer el actual ritmo de consumo y generación de residuos.

Esterilicemos a los ricos

La archifamosa teoría malthusiana de la escasez sostiene que, por encima de cierto nivel de población, la tierra no tiene capacidad productiva para satisfacer las necesidades de todos. La conclusión que sacó Malthus fue declarar a los pobres población sobrante y no les dejó más solución que morir altruistamente en hambrunas y guerras para no poner en peligro la afluencia (equilibrio decía él) de recursos naturales que necesitan las potencias coloniales. Por decimonónica y filonazi que pueda parecer esta visión, es sorprendente la cantidad de veces que reaparece en los análisis actuales sobre población y recursos, sobre todo en forma de políticas de control demográfico pensadas para ser impuestas tan sólo en los países más pobres del Tercer Mundo.

Aunque los resultados de la huella ecológica nos muestran un mundo de escasez más parecido al panorama de Malthus que al edén liberal de Adam Smith, una de las virtudes de este indicador es que pone cifras a algo que ya sabíamos intuitivamente: cuanta más riqueza, más destructividad ambiental. Los países con huellas ecológicas más altas son, cómo no, los más ricos. La palma se la lleva Estados Unidos, con una huella de 12,5 hectáreas por habitante. Es decir, para sostener el american way of life se necesitan algo más diez mundos. España tiene una huella de 5,5 hectáreas por habitante, que la sitúa entre los países ricos con menor huella (aún así, si extrapolamos vemos que se necesitan 3,7 mundos para sostenerla), aunque si continúan fomentándose los caprichos de nuevo rico como el adosado y los dos o tres coches, el índice no tardará en crecer exponencialmente. Contrastan estos datos con la huella de 0,7 hectáreas de la India o las 1,8 hectáreas de China, por poner un ejemplo de dos países con fuertes tasas de crecimiento a los que desde Occidente se suele señalar como futuros culpables de la crisis ecológica final.

Resulta sorprendente que, aunque son técnicamente posibles, no abundan los cálculos de la huella ecológica por clases sociales. Las investigaciones relacionadas con este indicador han sido muy apoyadas por instituciones como la Unión Europea o la ONU (frente al negacionismo gringo) que aceptan la evidencia de la crisis ecológica pero hacen esfuerzos ímprobos por evitar que se asocie a los “viejos” conflictos de clase dentro de cada país. En España, sin ir más lejos, es bastante más fácil acceder a los secretos oficiales que saber cuántos recursos comunes se apropian las clases altas.

No al perdón de la deuda

Existe un indicador complementario de la huella ecológica: la capacidad de carga del territorio. A partir de una unidad territorial cualquiera, se calculan las mismas cinco dimensiones de la huella ecológica y se obtiene la capacidad de ese territorio en hectáreas de tierra productiva para satisfacer la demanda de la población que vive en él manteniendo un determinado nivel de consumo. Si se resta la huella ecológica de un país a su capacidad de carga se obtiene el déficit ecológico de un país.

A pesar de los muchos dones que Dios ha entregado a la tierra de los hombres libres, cada gringo le debe 7 hectáreas de tierra productiva al resto del mundo. Cada japonés debe 4,8 hectáreas, los muy concienciados daneses deben 4,7 hectáreas y España, 3,4. El máximo acreedor mundial, en cambio, es Brasil, país al que se deben 8,7 hectáreas por habitante y año.

Si se observa el mapa mundial de la deuda ecológica se ve inmediatamente que constituye el opuesto exacto del de la deuda monetaria al Banco Mundial. Salvo los países ricos muy extensos, con muchos recursos y poco poblados como Canadá, el resto de los países occidentales debe grandes cantidades de tierra productiva a los países del Sur. Otra vez, la huella ecológica presta apoyo empírico a las viejas teorías del imperialismo y el colonialismo que siempre han sostenido que, sin el robo institucionalizado de recursos naturales y el sometimiento político de sus legítimos usuarios, es impensable la expansión capitalista. Y sin expansión no hay capitalismo.

La culpa es suya

Si hay un lema clásico del pensamiento ecologista es el que sostiene que el derroche consumista de las clases medias y altas está acabando con la tierra y, lo que es lo mismo, con sus habitantes. Las llamadas a la frugalidad y a la autocontención siguen siendo consideradas por muchos como los delirios beatos de unos aguafiestas inadaptados: “llevan más de treinta años diciendo que la catástrofe está cerca y aquí estamos, yendo en nuestro todoterreno al chalecito”. La persistencia de esta obcecación egoísta está llevando cada vez más a los expertos en medio ambiente, algunos nada sospechosos de subversivos, a sostener posturas parecidas a las del geógrafo Horacio Capel: “El despilfarro no se resuelve con más educación ambiental. Hemos de hablar menos del medio ambiente y más de impuestos, de control del derroche y de redistribución de la riqueza”.

Una manera muy común de mirar hacia otro lado consiste en pensar que estos asuntos se resuelven sólo a escala sistémica y como, además, a esta escala no se ha resuelto nunca nada, ya puede hacer uno lo que le dé la gana. Pues de eso nada: la huella ecológica también permite depurar responsabilidades individuales. Sólo con hacer 24 km en coche al día durante 230 días al año, la huella individual crece hasta 3,4 hectáreas al año. Esos mismos kilómetros durante el mismo período en autobús suponen una huella de 0,07 hectáreas y en bicicleta (si no te mata un coche), de 0,02 hectáreas.

Para calcular la huella ecológica individual: www.ecofoot.org

Nota: Los datos utilizados en este artículo proceden de Redefining Progress y corresponden al año 1997. Los cálculos parciales posteriores procedentes de otras fuentes apuntan hacia el crecimiento de las huellas de los países ricos.

Huella ecológica ¿Faltan planetas o sentido común?

Analizar nuestra huella ecológica 0 nos puede dar la medida del uso que hacemos de los recursos naturales, en relación a la capacidad de regeneración de la bioesfera.

“En nuestra manera de vivir… con cada decisión que tomamos, somos conscientes de la séptima generación de niños en el futuro… Cuando caminamos por la Madre Tierra pisamos con mucho cuidado, porque sabemos que las caras de las generaciones del futuro nos están mirando desde debajo la tierra. Nunca nos olvidamos de ellas.” Oren Lyons, Guardián de la Fe, Nación de los Onondaga, Día de la Tierra, 1993. 1

Intentar hacerse consciente de la calidad de vida, que será posible para la futura séptima generación, con cada decisión que tomamos, (vaya, que buen consejo para llegar a la sostenibilidad), nos serviría bien escuchar más los consejos de las culturas indígenas que quedan. Ellas saben cómo vivir en armonía con la tierra, sus culturas son mucho más antiguas que la nuestra y no han olvidado el arte de la mirada a largo plazo.

No tenemos que volver atrás, tenemos que integrar nuestro conocimiento moderno con sus sabidurías tradicionales. A largo plazo, vamos a sufrir todos si seguimos usando los recursos naturales más rápido de lo que se pueden renovar. ¡Solo hay una tierra! ¡Estamos gastando las herencias de las generaciones que aún no han nacido!. ¿Qué van a pensar de sus antepasados cuando sufran los efectos de nuestro derroche?

Paisajes sin contaminación radioactiva, aire limpio, agua puro, bosques autóctonos, comida sin manipulación genética, ni metales pesados ni otros residuos tóxicos, naturaleza salvaje, sana y diversa, todo esto no lo podemos dar por supuesto hoy en día. ¿Cómo van a vivir las generaciones del futuro sanamente y humanamente si no cambiamos nuestro rumbo auto-destructivo ahora? ¿Qué calidad de vida van a tener?

“El Informe sobre el Planeta Vivo 2000” de la WWF indicaba que la tierra tiene aproximadamente unos 126 millones de kilómetros cuadrados de superficie bioproductiva. Estos terrenos son la biocapacidad del planeta y representan un 25% de la superficie total. Los otros 75% de la Tierra son desiertos, alta montaña, u océano profundo, áreas con bioproductividad muy reducida. Si sólo dejáramos un 10% de esta capacidad biológica para los animales salvajes, nos quedaríamos con 113 millones de kilómetros cuadrados de superficie bioproductiva para cubrir las necesidades de la humanidad.

Por ejemplo, para cada tonelada de pescado consumido cada año hacen falta dos kilómetros y medio de campos de pesca para que la población de peces se pueda renovar. Para cada tonelada de emisión de dióxido de carbono que efectuamos cada año por el uso de combustibles fósiles, hacen falta 0,35 hectárea de bosque para su reabsorción. Por cada metro cúbico de madera que usamos cada año hacen falta 1,3 hectáreas para sustituirlo.  2

Si no tenemos conciencia de estos límites naturales de la biocapacidad de la tierra, estamos gastando más de lo que la tierra puede producir en este tiempo y por tanto empobreciendo el planeta, bajando la bioproductividad cada año. Así entramos en un círculo vicioso de degradación medio-ambiental. La cuenta la pagarán nuestros hijos y sus descendientes.

La huella ecológica como medida de nuestros límites

El análisis de la huella ecológica ofrece una manera de presentar nuestro uso de los recursos naturales en relación con la capacidad regenerativa de la biosfera. El impacto ecológico está expresado en superficie bioproductiva necesaria para rege-neración y absorción. La medida de la huella ecológica expresa cuánto espacio bioproductivo se necesita exclusivamente para producir todos los recursos consumidos y absorber todos los residuos producidos por una cierta población. 3 Si analizamos la huella ecológica de la humanidad entera, nos damos cuenta de que hemos empezado a sobrepasar la biocapacidad de la tierra durante los años setenta.

A escala mundial, consumimos, de momento, un 30% más del nivel de consumo que sería sostenible. Eso significa que necesitamos uno más un tercio de planetas para sostener los gastos de capital natural producidos por el nivel de consumo mundial. El análisis individual de las huellas ecológicas por países muestra la enorme desigual- dad entre los niveles de consumo que existe en el mundo. La huella, en promedio por persona a escala mundial, es de aproximadamente 2,85 hectáreas. El país de Eritrea tiene la huella ecológica más pequeña del mundo, con sólo 0,35 hectáreas por persona. Al otro extremo, encontramos los Emiratos Árabes con una huella ecológica de 15,99 hectáreas por persona. 4

huella ecológica

POORAN DESAI y SUE RIDDLESTONE, consultores de desarrollo sostenible de la empresa “BioRegional” en Londres (ver artículo) calculan que si dividimos los 113 millones de kilómetros cuadrados de superficie bioproductiva en el mundo por seis billones de seres humanos, llegamos a 1,9 hectáreas por persona. Llaman a esta huella ecológica “la parte justa para cada persona de los recursos naturales producidos cada año”. La persona media en el Reino Unido, hoy en día, tiene una huella ecológica de 6,29 hectáreas. Para sostener este nivel de consumo a escala mundial necesitaríamos tres planetas enteros. En el caso de los Estados Unidos con una huella ecológica de 12,22 hectáreas, nos harían falta cinco planetas más para sostener su nivel de consumo para todos. 5

Obviamente, las estimaciones de la huella ecológica no pueden tener mucha exactitud, por- que están basadas en estimaciones del consumo y de la productividad biológica. Además, la bioproductividad mundial está bajando constantemente y la población de seres humanos sigue subiendo. Los valores de la huella ecológica dependen mucho de los detalles del análisis. (Por eso no coinciden los valores citados arriba con los de la gráfica abajo. Vienen de dos análisis diferentes).

La huella ecológica sólo es un indicador cuantitativo que no refleja la calidad de vida en estos países. Un problema muy básico de nuestra civilización moderna es que estamos obsesionados con medir, cuantificar y analizar el mundo. Esta distancia del observador “objetivo”, nos hace perder el enfoque a las calidades de vida y de la naturaleza. Al mismo tiempo, indicadores como la huella ecológica nos pueden ayudar a visualizar nuestro impacto ecológico y las grandes diferencias entre el nivel de consumo. 6

La historia de la huella ecológica

El concepto del análisis de la huella ecológica fue inventado por el ecólogo canadiense, WILLIAM REES y su colega, el suizo MATHIS WACKERNAGEL, en los años noventa. WACKERNAGEL nos recuerda: “Si la población mundial continúa creciendo como está previsto, para el año 2030 habrá 10 billones de personas y cada una dispondrá en promedio de sólo 0,7 hectáreas de tierra productiva. Esto, suponiendo que se detenga la galopante degradación del suelo.” No repito estas cifras para preocupar a la gente. Esto no sirve para nada. La verdad es que ahora es tiempo para ocuparse. ¡No te preocupes, ocúpate! Como decía la ecologista, DONELLA MEADOWS: “Cuando me preguntan si nos queda bastante tiempo, siempre digo que sí. Nos queda justamente bastante tiempo, si empezamos a cambiar ahora mismo.”

Según el Dr. WACKERNAGEL: “Si ahora actuamos sabiamente, todavía tendremos tiempo para hacer que nuestras comunidades puedan vivir dentro de los límites ecológicos y, al mismo tiempo, incrementar su calidad de vida.” WACKERNAGEL sigue: “Con la huella ecológica podemos evaluar rápidamente el impacto global de individuos, comunidades, ciudades o naciones. Es una herramienta de reflexión y enseñanza que se ha probado útil, en aulas de clase, actividades de planificación urbana y evaluaciones de proyectos, entre otros.” WACKERNAGEL está convencido de que “Sí, es posible asegurar el bienestar humano con el patrimonio ecológico que tomamos prestado de nuestros hijos. Y la huella ecológica nos indica si caminamos en buena dirección.” 7

Las diferentes huellas ecológicas nos permiten visualizar el impacto medio-ambiental de nuestra manera de vivir. En el caso de países como los Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania o España vemos la necesidad de reducir nuestro nivel de consumo entre un 50 y un 80%. Esto parece una amenaza para nuestro estilo de vida, pero en definitiva, los esfuerzos de la transformación hacia la sociedad sostenible quieren asegurar nuestro bienestar.

Si dedicamos toda la creatividad humana a la meta de rediseñar nuestras maneras de producir, consumir y vivir en armonía con y dentro de los límites de la Naturaleza, la verdad es que nuestra calidad de vida va a subir. Tenemos que equilibrar los deseos y necesidades humanas con la realidad actual del nivel y de la forma de consumo que puede sostener el planeta. El astronauta estadounidense, FRANK CULBERTSON, decía en noviembre de 2001: “Desde mi primer vuelo en 1990, he visto cambios en el agua que sale de los ríos al mar y cambios en el uso de las tierras. Podemos ver áreas de la tierra que las están quemando para limpiar terreno. Estamos perdiendo muchos árboles. Hay humo y polvo en áreas más amplias que antes. En particular, unas partes de África se están secando. Tenemos que tener mucho cuidado en cómo tratamos esta Tierra en que vivimos.”

La Huella Ecológica del Urbanismo

Sólo un 2% de la superficie del planeta está cubierto por ciudades, pero son responsables del uso de un 75% de los recursos mundiales y de un porcentaje similar de los residuos producidos.

Herbert Girardet, el presidente de la “Schumacher Society” del Reino Unido, calculaba que la huella ecológica de Londres, por ejemplo, es aproximadamente 125 veces su superficie real. Esto

corresponde a un 98% de la superficie bioproductiva de las islas Británicas. Precisamente porque el impacto ecológico de las áreas urbanizadas es tan enorme, es aquí donde podemos efectuar una reducción muy grande del nivel de consumo. Herbert Girardet sugiere que tenemos que rediseñar nuestras ciudades con metabolismos circulares y no lineales. Tenemos que imitar el funcionamiento de ecosistemas naturales. Tenemos que convertir los residuos en recursos, así podemos reducir la huella ecológica de nuestras ciudades.

Un diseño consciente de las energías renovables, del ahorro de energía y de las materias crudas, y de las emisiones de dióxido de carbono pueden ayudar a reducir el impacto medioambiental de nuestras ciudades. Así podemos efectuar una gran reducción de la huella ecológica de la humanidad. Aprovechando las economías de escala que ofrece la convivencia en ciudades podemos crear ciudades verdes y sostenibles de alta densidad y así dejar más tierra agrícola y más parques naturales para contribuir a la bioproductividad del planeta.

huella ecológica


Este artículo se publicó en el nº 3 de la revista EcoHabitar en otoño de 2004. Agotada

  1. Trad. “Sharing Nature”s Interest – Ecological Footprints as an indicator of sustainability, Nicky Chambers, Craig Simmons, Mathis Wackernagel, Earthscan Publications 2000.
  2.  Trad. “Bioregional Solutions for Living on One Planet” Pooran Desai, Sue Riddlestone, Schumacher Briefing Nr. 8, Green Books 2002.
  3. “Sharing Nature”s Interest – Ecological Footprints as an indicator of sus- tainability, Nicky Chambers, Craig Simmons, Mathis Wackernagel, Earthscan Publications 2000
  4. “Bioregional Solutions for Living on One Planet” Pooran Desai, Sue Riddlestone, Schumacher Briefing Nr. 8, Green Books, 2002.
  5. “Bioregional Solutions for Living on One Planet” Pooran Desai, Sue Riddlestone, Schumacher Briefing Nr. 8, Green Books, 2002.
  6. La gráfica esta basada en las huellas ecológicas listadas en la pagina Web: www.earthday.net/espanol/huella.stm 
  7. ¿Cuánto mide? Nuestra huella ecológica, por Mathis Wachernagel, www. tierramerica.org/consumidor/huella.shtml. Libros EcoHabitar: Nuestra Huella Ecológica. Pág. 55