Cuando los sueños se hacen realidad

Colombia dic 2006 006“Colombia en hechos” es una ONG que nace con la intención de cambio dentro del territorio colombiano. La propuesta surge desde el proyecto El Retoño, una finca dedicada a la educación ambiental y a la permacultura aplicada.

Colombia en Hechos está dedicada a la promoción de la agricultura orgánica, la protección de la naturaleza y de una cultura alternativa de cambio para un país sumido en una guerra permanente. La sede de la ONG se encuentra en Bogotá. Varios proyectos rurales se encuentran adheridos a ésta, como Quebrada Valencia en la sierra de Santa Marta, o Ladrilleros en la costa Pacífica. Pero sin duda El Retoño es el corazón del proyecto.

La finca El Retoño se encuentra situada en un hermoso paraje a 2.000 m, en Silvania, Cundinamarca, a escasas tres horas de la capital del país, Bogotá. Es una zona llena de quebraditas (pequeños arroyos), muy húmeda y de gran biodiversidad. Estas quebraditas forman una microcuenca que forma parte de la cuenca del río Victoria. Por diversas cuestiones, David, pionero del proyecto (hace ocho años que llegó al lugar), no quiso que la finca de tres hectáreas y media tuviera acceso para vehículos; así que un lindo camino entre el bosque secundario nos lleva al “lugar donde los sueños se hacen realidad”.

David, Johana y Agua, la familia que desde hace cuatro años viven en el lugar, no esperan mi llegada. Sólo con Nicolás, integrante del equipo “Colombia en hechos”, tuvimos contacto telefónico. Aquí no hay Internet y apenas algunas veces entran llamadas a celulares. Johana me recibe con una sonrisa. Tras una agradable conversación, nos dirigimos los tres, y con su hijo Agua, de año y medio, al lugar donde David está trabajando. Descendemos por unos caminos desde los 2.000 metros hasta los 1.500. La temperatura es más suave y descubrimos algunas matas de “lo caliente”. En esta caminata vamos pasando por fincas con viviendas a medio terminar, todas autoconstruidas por sus propietarios. Son las fincas de la Red de Reservas que “Colombia en hechos” está consolidando. Son siete fincas que se han ido uniendo para la protección de la microcuenca con un compromiso ético de cuidado del entorno. Esta conciencia de protección del agua es uno de los sellos indiscutibles de la propuesta de “Colombia en hechos”.

David y Alejandro (un integrante de la Red de Reservas) se encuentran encaramados en el tejado de la casa de éste último, de pura guadua (Bambusa guadua; una variedad resistente de bambú). Están practicando la mano vuelta, una práctica de ayuda mutua heredada de los antiguos pobladores de las Américas. La construcción es única y su propietario fantasea ante la inminente conclusión de ésta en las próximas semanas.

Se acerca la hora de comer y decidimos volver a El Retoño.

Con David las horas se pasan alegres. Siempre está contando historias de cómo se fueron construyendo las diferentes estructuras con el propio esfuerzo, de la cantidad de niños que llegan aquí, de las escuelas de los alrededores y más lejos, de disfrutar de un día de magia con la Pachamama, de la importancia de cuidar el agua, etc.

Al poco de entrar uno en la finca lo que se descubre son unas plataformas aquí y allá, en lo alto de los árboles. También se entrevén, a través de la densa cobertura vegetal, redes y cabuyas… sin que uno sepa muy bien que hacen ahí. Hasta que David me dice; “ven, vamos a hacer el recorrido”.

La primera estación del recorrido es una tirolina que sale desde el lado de la casa de David y Johana y va a parar hasta la primera de las cinco plataformas en árboles de la finca. Es toda una experiencia. Te colocas el arnés y sales volando hasta parar al pie de la plataforma, a unos 25 metros del suelo. Me imagino el disfrute de los niños que han venido pasando estos años por la finca. Desde esta altura se tiene una buena panorámica de El Retoño. David me explica como fue surgiendo el diseño de la finca. Me explica como todo se fue soñando primero y poco a poco, con el apoyo desinteresado de tantos que pasaron por aquí, todos estos sueños se fueron concretando.

 

El Instituto de la Nueva Alquimia

Hablar de los nuevos alquimistas también es hablar de uno de los personajes más importantes en la evolución del diseño ecológico. El Canadiense John Todd y su mujer Nancy Jack Todd son pioneros en la búsqueda por el camino hacia la vida sostenible.

En los años sesenta, el doctor Todd se licenció en agricultura, parasitología y medicina tropical por la Universidad de McGill en Canadá. Hizo su doctorado en biología marina, investigando el comportamiento de peces, en la Universidad de Michigan. Las tecnologías acuáticas desarrolladas por John Todd durante los últimos treinta años, han trasformado el campo de tratamiento biológico de desagües y aguas contaminadas. Sus “ecomaquinas”, también llamadas “maquinas vivas” (Living Machines), existen en ocho países y en cuatro continentes. En 1999, John fue declarado “un héroe de la tierra” por la revista Time Magazine.

Al conocer a John y a Nancy, lo primero que se nota, es que ambos son sinceros, relajados y humildes. Su preocupación primaria es la manera en que la humanidad continúa disminuyendo la fertilidad y diversidad de los ecosistemas del planeta y sigue contaminando el agua, la tierra y el aire. Ya tienen nietos y, justamente por ellos, ambos siguen luchando por un futuro un poco más sano.

Nancy se dedica a escribir libros y a editar la revista Annals of Earth (Anales de la Tierra) de la ONG Ocean Ark International, fundada por John y Nancy después del cierre del New Alchemy Institute. Esta ONG es educativa y también desarrolla proyectos de saneamiento de aguas y tratamiento de residuos industriales con tecnologías inventadas por John.

Una gran parte del año John trabaja como profesor e investigador en la Escuela de Recursos Naturales de la Universidad de Vermont. También es gerente principal de John Todd Research and Design Inc, una consultora de ingeniería y diseño ecológico y presidente de Ocean Arks International.

Conocí a John y a  Nancy en el año 2002, durante un curso de diseño ecológico de tres semanas en el Schumacher College, Inglaterra. Estuve en medio del programa de Masters en Ciencias Holísticas y el curso con ellos formaba parte de mi currículo elegido. John y Nancy Todd enseñaron juntos, con su amigo David Orr, el educador de diseño ecológico y catedrático del Oberlin College en los Estados Unidos.

El curso me ayudó a entender que el diseño es un concepto mucho más amplio de lo que antes pensaba. Entendí algo muy importante: desde purificar agua con el uso de varios ecosistemas de bacterias, algas, plantas acuáticas, moluscos, crustáceos y peces, hasta construir casas bio-climáticas, diseñar parques eco-industriales y la organización de una empresa o una biorregión, incluyendo sistemas educativos, políticos, o de salud, todo está relacionado con el diseño ecológico. También aprendí mucho sobre la vida de John y Nancy, y sus narraciones eran informativas e inspirativas. Como siempre, es mucho más fácil aprender de ejemplos.

Al final de los años sesenta, John Todd y su colaborador Bill McLarney trabajaron en el famoso Instituto Oceanográfico de Woods Hole, en el nor-este de los Estados Unidos. Juntos con Nancy, Jack Todd, decidieron a crear una fundación para informar, demostrar e investigar cómo se puede vivir de una manera más sostenible. En 1969 establecieron el Instituto de la Alquimia Nueva con la intención de “explorar, de manera científica, estrategias que podían tener valor evolutivo para la humanidad, en el futuro.”

Los Comienzos

En un terreno alquilado, de 12 acres, enfocaron sus investigaciones en temas de producción de comida, construcción de casas bioclimáticas y aprovechamiento de las energías renovables. Allí empezaron los primeros experimentos con la agricultura y piscicultura ecológica.  Además, inventaron nuevos aparatos para aprovechar la energía solar y eólica.

También experimentaron con nuevas formas de convivir en grupos sin jerarquías, ni roles estereotípicos de género. Cada sábado abrían sus puertas a la participación de la comunidad de la zona y otros visitantes, que participaban en actividades de agricultura, construcción y cualquier trabajo que necesitaba la ayuda de muchas manos. En algunos años fueron hasta diez mil personas para aprender y echar una mano.

En un artículo del año 1976 sobre The New Alchemists (Los Nuevos Alquimistas) John explica: “Sentíamos que era imprescindible fundir las ciencias con las esferas prácticas, escolares y filosóficas.  Existían tradiciones antiguas para guiarnos, incluyendo el Taoismo (en China) y la tradición hermética en Europa. En el pasado, ambos incluían a la ciencia.” John dice que sus estudios de la ciencia Taoista le enseñaron que cualquier disciplina científica tiene que ser practicada en un contexto sagrado y con mucha responsabilidad.

Un mapa del instituto durante los 70s.

Para los nuevos alquimistas el contexto sagrado de sus investigaciones era la naturaleza, sentían una fuerte responsabilidad en participar de una manera apropiada en los ciclos naturales. Se dieron cuenta de su dependencia en estos ciclos, que mantienen el equilibrio dinámico de la biosfera y la evolución de la vida en el planeta. Hace 30 años, John describió la intención de los nuevos alquimistas así:

“Esperamos investigar métodos para el rediseño fundamental de los sistemas vitales que sostienen a la sociedad humana.” “La naturaleza es nuestra aliada más importante. El futuro no puede ser menos que una transformación de sociedades materialistas y explotadoras en sociedades ricas en información, que se desarrollen en un proceso de coevolución y convivencia íntima con el mundo vivo.”

Los nuevos alquimistas establecieron unas reglas para sus investigaciones científicas. Estas recomendaciones incorporaban consideraciones ecológicas, políticas y económicas. Formuladas hace ya más de treinta años, estas pautas siguen siendo muy educativas para el diseño ecológico de hoy en día. Las voy a resumir aquí:

  • El Instituto de la Nueva Alquimia (I.N.A.) comienza sus diseños e investigaciones desde la micro-escala, al mismo tiempo manteniendo una perspectiva planetaria y reconocimiento de la importancia de las conexiones entre diferentes escalas de organización.
  • El I.N.A. enfoca la producción de alimentos y sistemas para transformar energía, de manera que no necesiten grandes inversiones, para que sean utilizados por todos, incluyendo los menos privilegiados.
  • El I.N.A.. busca métodos para ayudar el cambio gradual, desde una sociedad materialista hacia una sociedad de la información y del conocimiento biológico.
  • El I.N.A. tiene la intención de crear diseños que acentúen soluciones participativas, que sean capaces de incluir grandes segmentos de la sociedad.
  • El I.N.A. explora futuras estrategias biorregionales que aumentarán las soluciones más ‘universales’ de los cuatro puntos anteriores.
  • El I.N.A. busca métodos para integrar sus diseños a fuentes de energía renovable, materiales durables en vez de substancias limitadas y materiales de corto uso.

Una de las suposiciones fundamentales de los nuevos alquimistas era que el microcosmos tiene conocimiento concreto y muchas veces representa una imagen pequeña del mundo más grande, del cual forma parte. El microcosmos, entendido en esta forma, puede servir como modelo de organización. Esta era la perspectiva característica de la filosofía alquimista de muchas culturas antiguas y fue la inspiración para el nombre de los nuevos alquimistas.

Al final de los años setenta, el instituto, con su centro principal en Cape Cod, tenia dieciséis empleados fijos, todos con el mismo sueldo. La mitad eran mujeres, y un cuarto del equipo tenían doctorados científicos. Además colaboraron dos arquitectos, un ingeniero de generadores eólicos y varios voluntarios.

Durante esta etapa, el I.N.A. empezó un proyecto prestigioso con el gobierno de Canadá: The Ark for Prince Edward Island.  El arca era un “bioshelter” (bio-refugio), una casa bioclimática que generaba su electricidad con generadores eólicos, usaba la energía solar para la calefacción del espacio y del agua, y también contenía un laboratorio, invernaderos y un sistema de piscicultura con 40 grandes estanques transparentes. La intención del proyecto era investigar el potencial de auto-suficiencia energética y alimentaría a escala de familia y pequeña comunidad en el clima canadiense.

Las columnas altas de agua colocadas en el sur de la casa, cubiertas por el frente invernadero de la casa, resultaron tener varias ventajas. Sirvieron como almacén de energía solar y así ayudaron a mantener la temperatura estable y apta para el cultivo durante todo el año, incluso con bajadas de temperatura de hasta veinte grados y más bajo cero (frecuentes en los inviernos de Canadá). Al mismo tiempo, las algas, dentro de este tipo de tanques, tienen una bio-productividad excepcional, debido a que la gran superficie transparente del tanque maximiza la cantidad de luz que llega hasta las algas y así maximiza la fotosíntesis dentro de los tanques. Los peces se alimentan en gran parte de estas algas y así no hace falta añadir tanta comida para peces al sistema.

Muchas de las primeras eco-maquinas, diseñadas por John Todd usaron estos tranques transparentes en forma de columna. Desgraciadamente John perdió su propia patente en un juicio con una empresa de inversiones. Ahora John usa tanques blancos procedentes de la producción de contenedores industriales para alimentos.  En ellos todavía entra un 70 por ciento de la radiación solar para mantener la productividad de las algas y plantas y los tanques resultan más baratos.

Secuelas

Cuando el Instituto de la Nueva Alquimia, debido a problemas financieros, cerró sus puertas en el año 1991, el arca en la isla canadiense de Prince Edward Island también cambió su uso. Las instalaciones de I.N.A. en Cape Cod en EEUU, fueron cerradas en el mismo año, pero recientemente algunos de los viejos alquimistas las han comprado para convertirlas en una comunidad de co-housing.

El Instituto de la Alquimia Nueva, por el ejemplo que ha dado, sigue siendo de gran importancia, aunque cerró hace catorce años, porque su magia, su inspiración, su ejemplo, sus ideas y todas las personas que tuvieron la suerte de compartir este proyecto todavía están activas en otros proyectos en todo el mundo. Por ejemplo Bill McLarney, ahora trabaja en Costa Rica.

El Centro de Energías Alternativas (Centre for Alternative Technology) en Gales, el Eco-Centro (Öko-Zentrum) en Alemania, y otro centro parecido en Dinamarca (El Folkecentre for Renewable Energy) fueron inspirados por los nuevos alquimistas.  Existen varias empresas en los Estados Unidos, el Reino Unido y en Hungría que están desarrollando y construyendo tecnologías vivas en colaboración con John Todd.  Poco a poco la nueva alquimia sigue trasformando nuestra sociedad.

En el año 2000 John Todd recibío el premio Schumacher. Durante su discurso, decía: “Lo que queda es la pregunta si ¿todavía es posible buscar un rumbo nuevo y revertir la actual tendencia apocalíptica? ¿Existen fundamentos alternativos culturales y tecnológicos para nuestra sociedad, que pueden llevar a la humanidad hacía una armonía con la Tierra y sus sistemas de soporte?”

John hizo esta pregunta y propuso que necesitamos una revolución de diseño más profunda que la Revolución Industrial. John está convencido de que toda la infraestructura del mundo moderno tiene que ser sometida a un proceso de re-diseño, fundamental para cambiar la manera en que la humanidad se mantiene y se sostiene.

La casa de John y Nancy Todd en Cape Cod en Deciembre 2006.

Según John, vamos a encontrar las repuestas en la naturaleza. Sugiere que la naturaleza contiene todas las advertencias, información, proyectos y mapas que necesitamos para diseñar para las sociedades del nuevo milenio. De verdad, el trabajo del Instituto de la Nueva Alquimia tuvo un efecto muy alquímico en las vidas de aquellos que participaron, las transformó.

Sigue la búsqueda por la sociedad sostenible. Es la búsqueda para la participación apropiada de nuestras vidas cotidianas, en el microcosmos de nuestras comunidades y biorregiones. La salud del macrocosmos se reflejará en esta participación apropiada con el microcosmos.

Sigue la evolución de la conciencia humana. El macrocosmos se experimenta en las experiencias de vidas individuales, en los microcosmos de conciencia del macrocosmos inteligente de la naturaleza. El elixir de la vida eterna está escondido en el proceso de participar de manera apropiada en los ciclos naturales y en entender nuestra relación personal con ellos.

El “trasformar plomo en oro” es: Trasformar la luz del sol en alimentos, trasformarse a sí mismo mediante el desarrollo personal, trasformar nuestra relación con la naturaleza, darnos cuenta de que pertenecemos a ella y redescubrirla como sagrada. Los sabios de la antigua China llamaron a esta forma de participar en el mundo “andar con el Tao”. Los antiguos alquimistas y filósofos herméticos en Europa la llamaron “unirse a la totalidad.” 0

“Las ecologías de la Tierra están enraizadas con un conjunto de instrucciones. Ahora necesitamos urgentemente entenderlas y aplicarlas en el diseño de los sistemas humanos. Tenemos que entender esta inteligencia colectiva casi infinita, que evolucionó durante eones.”

“La próxima revolución de diseño va a nacer desde la ecología. El diseño ecológico va a aprender de los ecosistemas como los bosques o arrecifes de corales. La ecología establecerá el marco de referencia intelectual para desarrollar las alternativas reales que sustituirán las practicas destructoras del planeta que dominan la cultura de hoy en día.”

Dr. John Todd

John Todd y el autor, D. Wahl, en 2006.