GasLand (Tierra de gas) (Vídeo)

Un día, el director de cine estadounidense Josh Fox recibió una carta en la que una compañía energética le ofrecía arrendar parte de un terreno de su propiedad en el que se encontraba un importante yacimiento de gas natural, que la compañía en cuestión quería perforar y explotar. Inseguro acerca de la decisión que debía tomar, Fox inició un viaje a través de 24 estados de Estados Unidos para averiguar las consecuencias de la explotación de gas natural. Desde Pennsylvania hasta Utah, de un extremo al otro de Estados Unidos, Fox fue descubriendo que en aquellas zonas en las que el gas natural es explotado el los habitantes no podían encender un mechero cerca del grifo sin que el agua corriente se prendiese en fuego debido a la contaminación por gas. De ese viaje nació GasLand.

GasLand 2010 v.o.s. from EnlaceSol on Vimeo.

La combinación, la innovación y la destrucción generan la diversidad de la vida en la tierra

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En este artículo los investigadores del CREAF relacionan las leyes de la física que gobiernan la complejidad y la diversidad de la vida.

La vida en la tierra es compleja y diversa. En este artículo, Josep Peñuelas, profesor de investigación del CREAF y del CSIC, y Jaume Terradas, fundador del CREAF y catedrático emérito de ecología de la Universidad Autónoma de Barcelona, explican cómo la complejidad y diversidad de la vida se relacionan con procesos y leyes físicas. De hecho, según el artículo que firman en la revista Open Ecology Journal, la vida se organiza a caballo de gradientes de energía, acumulando información por combinación e innovación de forma gradual y destruyendose de vez en cuando de forma repentina.

Cuanto más complejo y diverso es un sistema más información contiene. De hecho, entender cómo la información se acumula en los organismos y los ecosistemas es el objetivo principal de la biología y la ecología. El proceso de combinación construye átomos de las partículas y moléculas de los átomos. Por lo tanto, las piezas preexistentes se juntan en estructuras más grandes. Los organismos vivos, acumulan y copian fácilmente información. Estas piezas copiadas se modifican a través de mutaciones y otros mecanismos genéticos en un proceso de innovación y también por combinaciones entre organismos para transferencia de genes, simbiosis, etc. Ambos procesos, la combinación y la innovación, también suceden en la cultura y crean diversidad y complejidad: unas 25 letras de un abecedario o un centenar de elementos químicos pueden crear un número inimaginable de combinaciones.

Además, la vida depende del flujo de energía que mantiene nuestro metabolismo: las plantas utilizan la energía solar, nosotros la materia orgánica y las bacterias pueden utilizar una gran variedad de fuentes de energía. Además de esta energía interna que asegura el metabolismo, los ecosistemas también necesitan grandes cantidades de energía externa para evolucionar y seguir funcionando: el agua y el viento ayudan a muchas especies a dispersar sus semillas y de la misma manera la humanidad utiliza la energía para desarrollarse culturalmente y tecnológicamente. El uso de esta energía ha conllevado una evolución cultural y un crecimiento de la población al tiempo que ha llevado a una mayor perturbación del clima, pérdida de biodiversidad y agotamiento de recursos.

Jaume Terradas apunta «Necesitamos incluir la humanidad y la cultura dentro de una nueva teoría ecológica y evolutiva más general. Esto nos permitiría integrar la ecología y la socioeconomía y cambiar la visión ahora dominante de la tierra y la biosfera como una fuente de recursos que podemos utilizar para nuestro beneficio, que no tiene en cuenta la desestabilización del sistema que ello supondría. Una nueva biología o ecología «física» nos ayudaría a comprender de forma global nuestra dependencia del sistema y nos aportaría las herramientas para cambiar el comportamiento de la humanidad y ser más adaptativos que explotadores «.

El proceso de adquisición de información es histórico y no puede ir hacia atrás. Sin embargo, los sistemas no acumulan complejidad e información de forma infinita. De vez en cuando se produce la destrucción de los sistemas, que observamos en diferentes escalas, desde la muerte individual en catástrofes parciales (incendios forestales) o globales (grandes extinciones). «Los sistemas más complejos pueden aparecer cuando fluye el tiempo y la historia se acumula. Así es como la vida en la Tierra genera su enorme complejidad, una complejidad y heterogeneidad que puede ser visto como un ruido en la física, pero que nosotros, los ecólogos, vemos como la magia de la vida «, concluye Josep Peñuelas.

Artículo:
Penuelas, J., Terradas, J. Physical Ecology: the Search for Life Law. The Open Ecology Journal, 2013, 6, 7-9.

Artículo en PDF (en inglés) aquí

El Instituto de la Nueva Alquimia

Hablar de los nuevos alquimistas también es hablar de uno de los personajes más importantes en la evolución del diseño ecológico. El Canadiense John Todd y su mujer Nancy Jack Todd son pioneros en la búsqueda por el camino hacia la vida sostenible.

En los años sesenta, el doctor Todd se licenció en agricultura, parasitología y medicina tropical por la Universidad de McGill en Canadá. Hizo su doctorado en biología marina, investigando el comportamiento de peces, en la Universidad de Michigan. Las tecnologías acuáticas desarrolladas por John Todd durante los últimos treinta años, han trasformado el campo de tratamiento biológico de desagües y aguas contaminadas. Sus “ecomaquinas”, también llamadas “maquinas vivas” (Living Machines), existen en ocho países y en cuatro continentes. En 1999, John fue declarado “un héroe de la tierra” por la revista Time Magazine.

Al conocer a John y a Nancy, lo primero que se nota, es que ambos son sinceros, relajados y humildes. Su preocupación primaria es la manera en que la humanidad continúa disminuyendo la fertilidad y diversidad de los ecosistemas del planeta y sigue contaminando el agua, la tierra y el aire. Ya tienen nietos y, justamente por ellos, ambos siguen luchando por un futuro un poco más sano.

Nancy se dedica a escribir libros y a editar la revista Annals of Earth (Anales de la Tierra) de la ONG Ocean Ark International, fundada por John y Nancy después del cierre del New Alchemy Institute. Esta ONG es educativa y también desarrolla proyectos de saneamiento de aguas y tratamiento de residuos industriales con tecnologías inventadas por John.

Una gran parte del año John trabaja como profesor e investigador en la Escuela de Recursos Naturales de la Universidad de Vermont. También es gerente principal de John Todd Research and Design Inc, una consultora de ingeniería y diseño ecológico y presidente de Ocean Arks International.

Conocí a John y a  Nancy en el año 2002, durante un curso de diseño ecológico de tres semanas en el Schumacher College, Inglaterra. Estuve en medio del programa de Masters en Ciencias Holísticas y el curso con ellos formaba parte de mi currículo elegido. John y Nancy Todd enseñaron juntos, con su amigo David Orr, el educador de diseño ecológico y catedrático del Oberlin College en los Estados Unidos.

El curso me ayudó a entender que el diseño es un concepto mucho más amplio de lo que antes pensaba. Entendí algo muy importante: desde purificar agua con el uso de varios ecosistemas de bacterias, algas, plantas acuáticas, moluscos, crustáceos y peces, hasta construir casas bio-climáticas, diseñar parques eco-industriales y la organización de una empresa o una biorregión, incluyendo sistemas educativos, políticos, o de salud, todo está relacionado con el diseño ecológico. También aprendí mucho sobre la vida de John y Nancy, y sus narraciones eran informativas e inspirativas. Como siempre, es mucho más fácil aprender de ejemplos.

Al final de los años sesenta, John Todd y su colaborador Bill McLarney trabajaron en el famoso Instituto Oceanográfico de Woods Hole, en el nor-este de los Estados Unidos. Juntos con Nancy, Jack Todd, decidieron a crear una fundación para informar, demostrar e investigar cómo se puede vivir de una manera más sostenible. En 1969 establecieron el Instituto de la Alquimia Nueva con la intención de “explorar, de manera científica, estrategias que podían tener valor evolutivo para la humanidad, en el futuro.”

Los Comienzos

En un terreno alquilado, de 12 acres, enfocaron sus investigaciones en temas de producción de comida, construcción de casas bioclimáticas y aprovechamiento de las energías renovables. Allí empezaron los primeros experimentos con la agricultura y piscicultura ecológica.  Además, inventaron nuevos aparatos para aprovechar la energía solar y eólica.

También experimentaron con nuevas formas de convivir en grupos sin jerarquías, ni roles estereotípicos de género. Cada sábado abrían sus puertas a la participación de la comunidad de la zona y otros visitantes, que participaban en actividades de agricultura, construcción y cualquier trabajo que necesitaba la ayuda de muchas manos. En algunos años fueron hasta diez mil personas para aprender y echar una mano.

En un artículo del año 1976 sobre The New Alchemists (Los Nuevos Alquimistas) John explica: “Sentíamos que era imprescindible fundir las ciencias con las esferas prácticas, escolares y filosóficas.  Existían tradiciones antiguas para guiarnos, incluyendo el Taoismo (en China) y la tradición hermética en Europa. En el pasado, ambos incluían a la ciencia.” John dice que sus estudios de la ciencia Taoista le enseñaron que cualquier disciplina científica tiene que ser practicada en un contexto sagrado y con mucha responsabilidad.

Un mapa del instituto durante los 70s.

Para los nuevos alquimistas el contexto sagrado de sus investigaciones era la naturaleza, sentían una fuerte responsabilidad en participar de una manera apropiada en los ciclos naturales. Se dieron cuenta de su dependencia en estos ciclos, que mantienen el equilibrio dinámico de la biosfera y la evolución de la vida en el planeta. Hace 30 años, John describió la intención de los nuevos alquimistas así:

“Esperamos investigar métodos para el rediseño fundamental de los sistemas vitales que sostienen a la sociedad humana.” “La naturaleza es nuestra aliada más importante. El futuro no puede ser menos que una transformación de sociedades materialistas y explotadoras en sociedades ricas en información, que se desarrollen en un proceso de coevolución y convivencia íntima con el mundo vivo.”

Los nuevos alquimistas establecieron unas reglas para sus investigaciones científicas. Estas recomendaciones incorporaban consideraciones ecológicas, políticas y económicas. Formuladas hace ya más de treinta años, estas pautas siguen siendo muy educativas para el diseño ecológico de hoy en día. Las voy a resumir aquí:

  • El Instituto de la Nueva Alquimia (I.N.A.) comienza sus diseños e investigaciones desde la micro-escala, al mismo tiempo manteniendo una perspectiva planetaria y reconocimiento de la importancia de las conexiones entre diferentes escalas de organización.
  • El I.N.A. enfoca la producción de alimentos y sistemas para transformar energía, de manera que no necesiten grandes inversiones, para que sean utilizados por todos, incluyendo los menos privilegiados.
  • El I.N.A.. busca métodos para ayudar el cambio gradual, desde una sociedad materialista hacia una sociedad de la información y del conocimiento biológico.
  • El I.N.A. tiene la intención de crear diseños que acentúen soluciones participativas, que sean capaces de incluir grandes segmentos de la sociedad.
  • El I.N.A. explora futuras estrategias biorregionales que aumentarán las soluciones más ‘universales’ de los cuatro puntos anteriores.
  • El I.N.A. busca métodos para integrar sus diseños a fuentes de energía renovable, materiales durables en vez de substancias limitadas y materiales de corto uso.

Una de las suposiciones fundamentales de los nuevos alquimistas era que el microcosmos tiene conocimiento concreto y muchas veces representa una imagen pequeña del mundo más grande, del cual forma parte. El microcosmos, entendido en esta forma, puede servir como modelo de organización. Esta era la perspectiva característica de la filosofía alquimista de muchas culturas antiguas y fue la inspiración para el nombre de los nuevos alquimistas.

Al final de los años setenta, el instituto, con su centro principal en Cape Cod, tenia dieciséis empleados fijos, todos con el mismo sueldo. La mitad eran mujeres, y un cuarto del equipo tenían doctorados científicos. Además colaboraron dos arquitectos, un ingeniero de generadores eólicos y varios voluntarios.

Durante esta etapa, el I.N.A. empezó un proyecto prestigioso con el gobierno de Canadá: The Ark for Prince Edward Island.  El arca era un “bioshelter” (bio-refugio), una casa bioclimática que generaba su electricidad con generadores eólicos, usaba la energía solar para la calefacción del espacio y del agua, y también contenía un laboratorio, invernaderos y un sistema de piscicultura con 40 grandes estanques transparentes. La intención del proyecto era investigar el potencial de auto-suficiencia energética y alimentaría a escala de familia y pequeña comunidad en el clima canadiense.

Las columnas altas de agua colocadas en el sur de la casa, cubiertas por el frente invernadero de la casa, resultaron tener varias ventajas. Sirvieron como almacén de energía solar y así ayudaron a mantener la temperatura estable y apta para el cultivo durante todo el año, incluso con bajadas de temperatura de hasta veinte grados y más bajo cero (frecuentes en los inviernos de Canadá). Al mismo tiempo, las algas, dentro de este tipo de tanques, tienen una bio-productividad excepcional, debido a que la gran superficie transparente del tanque maximiza la cantidad de luz que llega hasta las algas y así maximiza la fotosíntesis dentro de los tanques. Los peces se alimentan en gran parte de estas algas y así no hace falta añadir tanta comida para peces al sistema.

Muchas de las primeras eco-maquinas, diseñadas por John Todd usaron estos tranques transparentes en forma de columna. Desgraciadamente John perdió su propia patente en un juicio con una empresa de inversiones. Ahora John usa tanques blancos procedentes de la producción de contenedores industriales para alimentos.  En ellos todavía entra un 70 por ciento de la radiación solar para mantener la productividad de las algas y plantas y los tanques resultan más baratos.

Secuelas

Cuando el Instituto de la Nueva Alquimia, debido a problemas financieros, cerró sus puertas en el año 1991, el arca en la isla canadiense de Prince Edward Island también cambió su uso. Las instalaciones de I.N.A. en Cape Cod en EEUU, fueron cerradas en el mismo año, pero recientemente algunos de los viejos alquimistas las han comprado para convertirlas en una comunidad de co-housing.

El Instituto de la Alquimia Nueva, por el ejemplo que ha dado, sigue siendo de gran importancia, aunque cerró hace catorce años, porque su magia, su inspiración, su ejemplo, sus ideas y todas las personas que tuvieron la suerte de compartir este proyecto todavía están activas en otros proyectos en todo el mundo. Por ejemplo Bill McLarney, ahora trabaja en Costa Rica.

El Centro de Energías Alternativas (Centre for Alternative Technology) en Gales, el Eco-Centro (Öko-Zentrum) en Alemania, y otro centro parecido en Dinamarca (El Folkecentre for Renewable Energy) fueron inspirados por los nuevos alquimistas.  Existen varias empresas en los Estados Unidos, el Reino Unido y en Hungría que están desarrollando y construyendo tecnologías vivas en colaboración con John Todd.  Poco a poco la nueva alquimia sigue trasformando nuestra sociedad.

En el año 2000 John Todd recibío el premio Schumacher. Durante su discurso, decía: “Lo que queda es la pregunta si ¿todavía es posible buscar un rumbo nuevo y revertir la actual tendencia apocalíptica? ¿Existen fundamentos alternativos culturales y tecnológicos para nuestra sociedad, que pueden llevar a la humanidad hacía una armonía con la Tierra y sus sistemas de soporte?”

John hizo esta pregunta y propuso que necesitamos una revolución de diseño más profunda que la Revolución Industrial. John está convencido de que toda la infraestructura del mundo moderno tiene que ser sometida a un proceso de re-diseño, fundamental para cambiar la manera en que la humanidad se mantiene y se sostiene.

La casa de John y Nancy Todd en Cape Cod en Deciembre 2006.

Según John, vamos a encontrar las repuestas en la naturaleza. Sugiere que la naturaleza contiene todas las advertencias, información, proyectos y mapas que necesitamos para diseñar para las sociedades del nuevo milenio. De verdad, el trabajo del Instituto de la Nueva Alquimia tuvo un efecto muy alquímico en las vidas de aquellos que participaron, las transformó.

Sigue la búsqueda por la sociedad sostenible. Es la búsqueda para la participación apropiada de nuestras vidas cotidianas, en el microcosmos de nuestras comunidades y biorregiones. La salud del macrocosmos se reflejará en esta participación apropiada con el microcosmos.

Sigue la evolución de la conciencia humana. El macrocosmos se experimenta en las experiencias de vidas individuales, en los microcosmos de conciencia del macrocosmos inteligente de la naturaleza. El elixir de la vida eterna está escondido en el proceso de participar de manera apropiada en los ciclos naturales y en entender nuestra relación personal con ellos.

El “trasformar plomo en oro” es: Trasformar la luz del sol en alimentos, trasformarse a sí mismo mediante el desarrollo personal, trasformar nuestra relación con la naturaleza, darnos cuenta de que pertenecemos a ella y redescubrirla como sagrada. Los sabios de la antigua China llamaron a esta forma de participar en el mundo “andar con el Tao”. Los antiguos alquimistas y filósofos herméticos en Europa la llamaron “unirse a la totalidad.” 0

“Las ecologías de la Tierra están enraizadas con un conjunto de instrucciones. Ahora necesitamos urgentemente entenderlas y aplicarlas en el diseño de los sistemas humanos. Tenemos que entender esta inteligencia colectiva casi infinita, que evolucionó durante eones.”

“La próxima revolución de diseño va a nacer desde la ecología. El diseño ecológico va a aprender de los ecosistemas como los bosques o arrecifes de corales. La ecología establecerá el marco de referencia intelectual para desarrollar las alternativas reales que sustituirán las practicas destructoras del planeta que dominan la cultura de hoy en día.”

Dr. John Todd

John Todd y el autor, D. Wahl, en 2006.

Centro Ecológico Llémena un hermoso lugar, pacífico y energético

cell51Este centro ecológico, situado en Sant Martí de Llémena, Girona, entre el Estany de Banyoles y la Garrotxa, está gestionado, desde hace seis años, por Camilo Sturm y Cecile Kraetzer.

Cecile y Camilo están dedicados a la importación y distribución como mayoristas de productos ecológicos desde el año 1993, y  están inscritos en el CCPAE (Consell Català de la Producció Agrària Ecològica), organismo que controla y certifica la agricultura ecológica. Consideran la alimentación ecológica y el respeto al medio ambiente su prioridad más alta, materializada en la marca Luz de Vida.

La gran acogida y la creciente demanda de productos biológicos, les ha permitido ampliar la plantilla de la empresa comercial distribuidora, BioSpirit, en 30 personas.

La materia prima que suministran procede de todo el mundo, lo que les permite tener una visión muy globalizada del mercado y del consumo internacional de los productos bio-ecológicos, que prefieren llamar “orgánicos”.

“En este país, -dice Camilo-, como en otros de Latinoamérica, es difícil  contratar a  empresas que se dediquen a procesar el grano cultivado; en cambio en el Norte de Europa y en Canadá sí es posible”. Por otro lado, afirma, “el grano que se cultiva aquí es de muy buena calidad”.

En Noviembre de 2003, se inauguró la primera tienda BioSpirit en la ciudad de Girona, con el apoyo de Triodos Bank (banca ética), establecimiento especializado en alimentación ecológica, cosmética y limpieza, y donde, además, se ofrecen charlas sobre la alimentación y sobre la cocina vegetariana.

Con el CEL culmina la cuarta empresa ecológica del grupo Luz de Vida, comprometida con alegría, placer y con responsabilidad en hacer las cosas, relacionadas con  la naturaleza, la sostenibilidad y la ecología, bien hechas. Y compartirlas con la sinergia del dar a conocer y crecer.

Camilo Sturm es el embajador del Centro Ecológico de Llémena, situado en Can Sala, masía fortificada, del siglo XII, con una larga historia por recomponer; disponen de más de 1650 m2 distribuidos en tres plantas; más de 165 hectáreas repartidas en bosques, prados, campos de labradío y huertos; también es miembro de IFOAM (International Federation of Organic Agriculture Movement)  y es un incansable encontrador de nuevas maneras de gestión sostenible para la finca del CEL.