El Cambio Climático trae un Cambio Moral

ME TuckerPor Mary Evelyn Tucker

El Papa Francisco es sin duda alguna una de las personas más populares del planeta en la actualidad. Con su amor a los pobres, su disposición a abrazar a los marginados y su genuina humildad ha capturado los corazones de millones de personas – cristianas y no cristianas por igual. También ha inspirado a mentes con su voluntad de abordar temas difíciles tales como la ecología, la economía y la equidad, los cuales ve como inextricablemente enlazados. En efecto, estas tres cuestiones entrelazadas están presentes en el corazón de la encíclica papal dada a conocer esta semana. Una encíclica es una carta dirigida a los obispos y a todos los miembros de la Iglesia. Es el más alto nivel de enseñanza en la Iglesia Católica y esta es la primera encíclica sobre el medio ambiente en la historia de la Iglesia.

Primero aborda el tema de la ecología. El Papa Francisco, siguiendo la tradición de Francisco de Asís, celebra el mundo natural como un regalo sagrado. Lo hace con referencia al «Cántico del Hermano Sol, Hermana Luna» de San Francisco, en el título de la encíclica «Alabado Seas». El parentesco con toda la creación que San Francisco intuyó ahora lo entendemos como las complejas relaciones ecológicas que han evolucionado durante miles de millones de años. Para el Papa Francisco, estas relaciones tienen un orden natural o «gramática» que necesita ser comprendida, respetada y valorada.

En segundo lugar, habla sobre la economía. Dentro de esta valoración de la naturaleza, el Papa nos anima a ver la economía humana como un subsistema de la economía de la naturaleza, es decir, la interacción dinámica de la vida en los ecosistemas. Sin una ecología natural saludable no hay una economía sostenible y viceversa. Son inevitablemente interdependientes. Por otra parte, no podemos ignorar la contaminación y  la emisión de gases de efecto invernadero como externalidades que no representan un factor en la suma del costo total. Esto se debe a que, según el Papa Francisco, el beneficio sobre las personas o a expensas del planeta no es una ganancia genuina. Esto es lo que ha sucedido con los combustibles fósiles que causan la alteración del clima.

En tercer lugar, resalta la equidad. Desde esta perspectiva, trabajar dentro de los límites de la economía de la naturaleza puede conducir a sociedades humanas prósperas. Por el contrario, la explotación de la Tierra y el uso sin límites de petróleo y gas ha dado lugar a un aumento de las desigualdades humanas. Los ecosistemas están siendo socavados por el cambio climático y los ricos se benefician a menudo. El Papa reconoce que un sistema económico tan empobrecido tiene como resultado sistemas sociales empobrecidos e injustos. Por lo tanto, para él, se debe cuidar a los pobres ya que son los más afectados desfavorablemente por el cambio climático.

En todo esto la encíclica no es anti-modernidad, pero espera volver a configurar la idea de progreso. «No es oposición ciega al progreso, sino oposición al progreso ciego», como dijo John Muir. El Papa se refiere a este punto de vista cuando habla de una economía desechable donde los humanos están saturados en el materialismo. Él ve la necesidad de un progreso genuino en donde la salud tanto de las personas como del planeta puede fomentarse. De acuerdo con el jefe de la Academia Pontificia de Justicia y Paz, el cardenal Peter Turkson, «Tenemos que aprender a trabajar juntos en un marco que vincula la prosperidad económica tanto con la inclusión social y con la protección del mundo natural.» Esta vinculación de la ecología, la economía y la equidad es lo que se está llamando una «ecología integral» y es un tema fundamental dentro de la encíclica.

Tal ecología integral exige claramente la cooperación interdisciplinaria mientras encontramos nuestro camino hacia adelante en un planeta de más de 7 mil millones de personas. Debemos comprender mejor los desafíos que enfrenta el mundo en términos de desarrollo económico y de la protección del medio ambiente. Estos desafíos no son fáciles de conciliar. En efecto, la comunidad internacional ha estado buscando respuestas desde que la Cumbre de la Tierra en Río en el año 1992 estableció un marco de trabajo para el desarrollo sostenible. El mundo necesita cada vez más de una ecología integral que reúna un nuevo entendimiento de que las personas y el planeta son parte de una comunidad de vida interdependiente. Esa ecología integral reafirma la cooperación de la ciencia y de la ética, sabiendo que nuestros problemas no se podrán resolverán sin la ayuda de ambos. Está claro que el cambio climático está requiriendo un cambio moral.

La encíclica papal representa entonces una nueva etapa de potencial cooperación. En el Foro sobre Religión y Ecología de Yale hemos estado trabajando durante dos décadas con cientos de estudiosos para identificar las bases culturales y religiosas de las religiones del para buscar una ética ambiental más diversa que complemente las ciencias ambientales. Entre 1995 y el 2004 organizamos diez conferencias en Harvard y publicamos diez volúmenes para examinar cómo pueden las religiones del mundo contribuir con sus variadas perspectivas éticas a la construcción de un futuro sostenible. En la Escuela de Silvicultura y Estudios Ambientales de Yale de hemos estado ampliando este diálogo y basándose en el trabajo de los ambientalistas, legisladores y economistas. La encíclica papal será una nueva inspiración para estos y muchos otros esfuerzos que están sobrellevando juntos la ecología y la ética para el florecimiento de la comunidad de la Tierra. Con este fin, esperamos ansiosas por trabajar junto con el Centro de Estudios de Proceso que, además de numerosas publicaciones, ha celebrado conferencias tanto en los EE.UU. como en China para avanzar en los objetivos de la civilización ecológica.

Fuente: http://www.earthcharterinaction.org/contenido/articles/613/1/El-Cambio-Climatico-trae-un-Cambio-Moral/Page1.html

¿Por qué la Encíclica del Papa es tan importante?

may_elizabeth-mayPor Elizabeth May

Es cada vez más extraño darse cuenta que las voces del orden establecido, fuentes de control jerárquico y con estructuras anticuadas son de repente aliados.  Mi experiencia por décadas fue ridiculizar al Fondo Monetario Internacional (FMI) por los perversos “ajustes estructurales”, al Banco Mundial por promover el mal desarrollo, a la Agencia Internacional de Energía por enfocarse en expandir las reservas de combustibles fósiles y al Vaticano por sus políticas tan opuestas a los métodos anticonceptivos y por ignorar las amenazas de virus del SIDA. Ahora me encuentro en la posición más extraña como Canadiense. Estas instituciones son más progresivas que mi propio gobierno”.

El FMI y el Banco Mundial son ahora aliados poderosos en el combate para alejarse de los combustibles fósiles, haciendo un llamado a todos los gobiernos a terminar con los subsidios para estos combustibles y poner un precio al carbón.  La Agencia Internacional de Energía está pidiendo que dos tercios de las reservas conocidas de combustibles fósiles se mantengan bajo tierra al menos hasta el 2050, para prevenir el aumento de 2°C en las temperaturas promedio globales. Y ahora el Vaticano está más consciente de la ciencia del cambio climático de lo que está Stephen Harper.  Galileo estaría asombrado.

Una Encíclica Papal es un evento raro. Y ésta puede que sea la más importante en la historia.  Yo insto a todos los Canadienses a leerla, sean Católicos o ateos, Protestantes, Judíos, Musulmanes o paganos.  Este documento tiene algo que decirnos a todos.

Su intención política es clara.  Estamos a seis meses de la apertura de la discusión final para aceptar un nuevo acuerdo climático internacional.  Como la única Miembro del Parlamento (además de Leona Aglukkaq) que ha participado en las negociaciones en estos últimos años, debo admitir que las posibilidades para un tratado efectivo son limitadas.

Los políticos dan excelentes discursos sobre la creciente ambición y la necesidad de acción urgente, pero al cerrar las puertas los diplomáticos ponen los frenos.  La excepción es Canadá, donde sus políticos no hacen magníficos discursos pero sus negociadores ponen los frenos.  No hay duda que algunas naciones o grupos son más útiles que otras. La Unión Europea tiene el objetivo climático más ambicioso, pero desde el desastre económico del 2008, su fuerza como líder se ha reducido. Los Estados Unidos bajo el liderazgo de Barak Obama está tomando acciones ejecutivas para bajar las emisiones de GEI, pero los negociadores del Departamento de Estado parece que siguen recibiendo instrucciones de George Bush.

En Varsovia durante la COP 19, el Secretario General de la ONU Ban Ki-moon, dándose cuenta que el progreso era muy lento, anunció que él iba a organizar una importante Cumbre Climática de la ONU en setiembre del 2014, para crear un mayor impulso a las negociaciones de la COP 20 en Lima.  Los movimientos de ciudadanos globales aprovecharon esta oportunidad y movilizaron la mayor marcha climática de los pueblos, con eventos en distintas partes alrededor del mundo, y donde se dieron cita 400,000 personas en las calles de Nueva York el día antes de esta Cumbre.  Los líderes del mundo llegaron a prometer acciones (por supuesto que este no fue el caso de Stephen Harper). Aún así Lima trastabilló.

La Canciller Alemana Angela Merkel entiende el problema.  Ella ha capitalizado su rol como anfitriona de la G7 para poner al centro de la atención el tema climático.  Por primera vez, los grandes países industrializados han declarado que el único camino hacia adelante es parar la quema de combustibles fósiles. Lamentablemente, y vergonzosamente para los Canadienses, la condición para que Stephen Harper firmara un comunicado usando la palabra “decarbonizar” requería cambiar la fecha límite en el comunicado, de “sustancialmente al 2050” para “el año 2100”.

Cualquier observador de las negociaciones sabe que necesitamos un milagro.  Entra aquí el Papa Francisco.
Su carta al mundo de 74 páginas es vasta en ambición. Se enfoca ampliamente en la necesidad de acción climática.  Pone a la crisis climática tanto en términos científicos como morales.  El billón de Católicos Romanos en el mundo van a tener que prestar atención, además deberían hacer aquellos no creyentes.  Pues en su ciencia, el Papa repite lo que el IPCC, el FMI, el Banco Mundial, la AIE, la OECD y otros están diciendo.

En su llamado a tener una respuesta moral a esta crisis, él tiene algo importante que decir a los no creyentes.  Cualquier analista de nuestra crisis actual va a saber que en el centro del problema están el consumismo y la ambición. Estamos enfrentando un reto moral en muchos niveles.  El mundo rico e industrializado no está en posición de proponer tratar a todos los países de la misma manera.  Hemos creado una crisis y aquellos en mayor riesgo son los menos responsables y más vulnerables.  Como dice Su Santidad, “el llanto de la Tierra y el llanto de los pobres es el mismo”.

Otra dimensión del reto moral es intergeneracional. ¿Cómo podríamos en nuestra generación condenar a nuestros hijos y sus hijos a vivir en un mundo cada vez más invivible?

Pero el Pontífice toma el asunto en forma más directa hacía nuestra cultura actual.  La encíclica se dirige a la cultura consumista donde se tiran las cosas sin pensar.  “Reusar algo en lugar de descartarlo inmediatamente, cuando se hace por las razones correctas, puede ser un acto de amor que expresa nuestra propia dignidad” (211).

Me emocionó mucho encontrar palabras que ayudé a escribir de la Carta de la Tierra:

“Como nunca antes en la historia, el destino común nos hace un llamado a buscar un nuevo comienzo…  “Que el nuestro sea un tiempo que se recuerde por el despertar de una nueva reverencia ante la vida; por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad; por el aceleramiento en la lucha por la justicia y la paz y por la alegre celebración de la vida.” (207)

Los seis valores globales verdes se destilaron de la Carta de la Tierra.  Tuve el honor de ser una Comisionada de la Carta de la Tierra, trabajando con un grupo extraordinario de personas de distintas partes del mundo.  El Partido Verde, en sus raíces, está íntimamente ligado a la Carta de la Tierra.

Ahora tenemos una voz, una con la que no vamos a estar de acuerdo en todo.  No es de sorprenderse que la encíclica haya insertado un argumento contra el aborto.  De todas formas hay más que acoger que lo que hay que rechazar en este llamado para reconocer que debemos acogernos unos a otros como una gran familia humana con un destino común y una misma casa.  El llamado hacia un diálogo interreligioso y el respeto entre culturas y credos es muy poderoso. Tomémoslo en serio.

Fuente: http://www.earthcharterinaction.org/contenido/articles/609/1/Elizabeth-May–Por-que-la-Enciclica-del-Papa-es-tan-importante/Page1.html

Laudato Si’ — La Ética Ecológica y el Pensamiento Sistémico del Papa Francisco

El título de la nueva encíclica del Papa, Laudato Si ‘(«Alabado Seas»), del 24 de mayo de 2015 y publicado en ocho idiomas el 18 de junio, es una frase de Umbría de la famosa canción religiosa «Cántico del Sol» por San Francisco de Asís, el santo patrono de la ecología. El subtítulo de la encíclica, «Sobre el cuidado de la casa común», se refiere a la Tierra como oikos («casa»), la raíz griega de la palabra «ecología», mientras que el cuidado (curando en italiano, español y portugués) es una práctica característica de la teología de la liberación en América Latina.

El texto de la encíclica papal, un año en fabricación y escrito con la ayuda de un gran equipo de teólogos, filósofos y científicos, revela no sólo la gran autoridad moral del Papa Francisco, sino también su completa familiaridad con muchos conceptos e ideas de la ciencia contemporánea.

Durante los últimos treinta años, una nueva concepción de la vida se ha convertido en la vanguardia de la ciencia – una visión unificadora que integra las dimensiones biológicas, cognitivas, sociales y ecológicas de la vida. En el mismo centro de esta nueva comprensión de la vida nos encontramos con un profundo cambio en las metáforas: de ver el mundo como una máquina hacia entenderla como una red. Esta nueva ciencia de la vida está siendo desarrollada ahora por destacados investigadores y sus equipos alrededor todo el mundo. Sus conceptos e ideas se integran en una gran síntesis en la Visión Sistémica de la Vida, un libro de texto del cual soy co-autor con Pier Luigi Luisi y que fue publicado en el 2014 por la Imprenta de la Universidad de Cambridge.

Llamamos a la nueva concepción de la vida un «visión de sistemas» porque involucra un nuevo tipo de pensamiento – pensar en términos de conectividad, las relaciones, los patrones y el contexto. En la ciencia, esta forma de pensar es conocida como «pensamiento sistémico», ya que es crucial para la comprensión de los sistemas vivos de cualquier tipo – los organismos vivos, los sistemas sociales, o los ecosistemas.
La visión sistémica de la vida será la base conceptual de mi análisis de la encíclica del Papa en este ensayo. Voy a mostrar que la ética radical defendida por el Papa Francisco, expresada a veces, pero no siempre, en lenguaje teológico, es esencialmente la ética de la ecología profunda, la escuela filosófica fundada por Arne Naess en la década de 1970. También voy a mostrar con muchos ejemplos que el Papa Francisco se revela a sí mismo en Laudato Si ‘como un verdadero pensador sistémico.

Ética y el bien común

Desde una perspectiva sistémica, el comportamiento ético siempre se relaciona con la comunidad; es el comportamiento por el bien común. En el mundo actual, hay dos comunidades pertinentes a la que todos pertenecemos. Todos somos miembros de la humanidad y todos pertenecemos a la Casa de la Tierra, la biosfera global. Como miembros de la comunidad humana, nuestro comportamiento debe reflejar el respeto hacia la dignidad humana y los derechos humanos básicos. Como miembros de la Casa de la Tierra, nuestra «casa común», no debemos interferir con la capacidad inherente de la naturaleza para mantener la vida. Este es el significado esencial de la sostenibilidad ecológica.

La característica determinante de la ecología profunda es un cambio de los valores antropocéntricos (centrados en el hombre) hacia los valores ecocéntricos (centrados en la tierra). Es una visión del mundo que reconoce el valor inherente de la vida no humana, reconociendo que todos los seres vivos son miembros de comunidades ecológicas, unidos en redes de interdependencia. Todas estas consideraciones y el sistema radicalmente nuevo de la ética que implican, se expresan claramente en la encíclica papal, como se muestra en los siguientes pasajes.

156. La ecología humana es inseparable de la noción de bien común, un principio que cumple un rol central y unificador en la ética social.

95. El medio ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos. Quien se apropia algo es sólo para administrarlo en bien de todos.

157. Toda la sociedad –y en ella, de manera especial el Estado– tiene la obligación de defender y promover el bien común.

5. El auténtico desarrollo humano posee un carácter moral y supone el pleno respeto a la persona humana, pero también debe prestar atención al mundo natural y «tener en cuenta la naturaleza de cada ser y su mutua conexión en un sistema ordenado.”

33. Pero no basta pensar en las distintas especies sólo como eventuales « recursos » explotables, olvidando que tienen un valor en sí mismas…Por nuestra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje. No tenemos derecho.

42. Porque todas las criaturas están conectadas, cada una debe ser valorada con afecto y admiración, y todos los seres nos necesitamos unos a otros.

159. La noción de bien común incorpora también a las generaciones futuras. Las crisis económicas internacionales han mostrado con crudeza los efectos dañinos que trae aparejado el desconocimiento de un destino común, del cual no pueden ser excluidos quienes vienen detrás de nosotros… Ya no puede hablarse de desarrollo sostenible sin una solidaridad intergeneracional…No estamos hablando de una actitud opcional, sino de una cuestión básica de justicia, ya que la tierra que recibimos pertenece también a los que vendrán.

162. La dificultad para tomar en serio este desafío tiene que ver con un deterioro ético y cultural, que acompaña al deterioro ecológico.
Los valores de la ecología profunda y sus implicaciones para la construcción de un mundo justo, sostenible y pacífico se elaboran en función de dieciséis principios éticos en la Carta de la Tierra, un documento único mencionado por el Papa Francisco explícitamente como fuente de inspiración:

207. La Carta de la Tierra nos invitaba a todos a dejar atrás una etapa de autodestrucción y a comenzar de nuevo, pero todavía no hemos desarrollado una conciencia universal que lo haga posible. Por eso me atrevo a proponer nuevamente aquel precioso desafío: «Como nunca antes en la historia, el destino común nos hace un llamado a buscar un nuevo comienzo […] ¨Que el nuestro sea un tiempo que se recuerde por el despertar de una nueva reverencia ante la vida; por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad; por el aceleramiento en la lucha por la justicia y la paz y por la alegre celebración de la vida¨

Ciencia y religión

Es impresionante que a través de todo el documento, el Papa Francisco utiliza un lenguaje científico contemporáneo con total desenvoltura. Los términos técnicos como «paradigma», «reduccionismo», «microorganismos», «partículas subatómicas», «salto cuántico», etc. aparecen una y otra vez. Para citar sólo un ejemplo, en el párrafo 18 el Papa señala el contraste entre el ritmo agitado de la vida moderna y el ritmo mucho más lento de la evolución:

18. Si bien el cambio es parte de la dinámica de los sistemas complejos, la velocidad que las acciones humanas le imponen hoy contrasta con la natural lentitud de la evolución biológica.

En vista del cuestionamiento generalizado de la evolución por los fundamentalistas Cristianos, especialmente en los Estados Unidos, la referencia del Papa del hecho de la evolución biológica, sin ninguna necesidad de nuevas observaciones, es verdaderamente transcendental. De hecho, el Papa Francisco cita al comienzo de su análisis la situación del mundo que basa en la ciencia sólida:

15. En primer lugar, haré un breve recorrido por distintos aspectos de la actual crisis ecológica, con el fin de asumir los mejores frutos de la investigación científica actualmente disponible, dejarnos interpelar por ella en profundidad y dar una base concreta al itinerario ético y espiritual como se indica a continuación.

En la historia del cristianismo, las declaraciones teológicas acerca de la naturaleza del mundo, o sobre la naturaleza humana, a menudo eran consideradas como verdades literales y cualquier intento de cuestionar o modificar ellos se consideró herética. Esta posición rígida de la Iglesia llevó a los conocidos conflictos entre la ciencia y el cristianismo fundamentalista, que han continuado hasta nuestros días. En estos conflictos, se toman posiciones antagónicas a menudo por los fundamentalistas de ambos lados, que no toman en cuenta el carácter limitado y aproximado de todas las teorías científicas, por un lado y la naturaleza metafórica y simbólica de la lengua en las escrituras religiosas, en el otro. El Papa Francisco parece ser muy consciente de este problema y explícitamente enfatiza la naturaleza simbólica del lenguaje religioso:

66. Los relatos de la creación en el libro del Génesis contienen, en su lenguaje simbólico y narrativo, profundas enseñanzas sobre la existencia humana y su realidad histórica.

De hecho, Francisco utiliza el lenguaje religioso principalmente en relación con la ética, argumentando que el cuidado del bien común es valioso sea o no motivado por la fe religiosa:

199. En realidad, es ingenuo pensar que los principios éticos puedan presentarse de un modo puramente abstracto, desligados de todo contexto, y el hecho de que aparezcan con un lenguaje religioso no les quita valor alguno en el debate público. Los principios éticos que la razón es capaz de percibir pueden reaparecer siempre bajo distintos ropajes y expresados con lenguajes diversos, incluso religiosos.

“Ecología Integral”

La visión sistémica de la vida, integrando las dimensiones biológicas, cognitivas, sociales y ecológicas de la vida, está implícito en el marco conceptual de Laudato Si’. El Papa afirma explícitamente que la solución a nuestros problemas globales requiere una nueva forma de pensar, y él deja claro que lo que tiene en mente es un pensamiento en términos de conectividad y relaciones – en otras palabras, el pensamiento sistémico:

215. La educación será ineficaz y sus esfuerzos serán estériles si no procura también difundir un nuevo paradigma acerca del ser humano, la vida, la sociedad y la relación con la naturaleza.

79. En este universo, conformado por sistemas abiertos que entran en comunicación unos con otros, podemos descubrir innumerables formas de relación y participación.

138. No está de más insistir en que todo está conectado. El tiempo y el espacio no son independientes entre sí, y ni siquiera los átomos o las partículas subatómicas se pueden considerar por separado.

El Papa Francisco utiliza el término «ecología integral» para referirse al enfoque sistémico, y destaca especialmente la interdependencia de las cuestiones ecológicas y sociales, así como la necesidad de respetar y honrar, las culturas indígenas locales:

137. Dado que todo está íntimamente relacionado, y que los problemas actuales requieren una mirada que tenga en cuenta todos los factores de la crisis mundial, propongo que nos detengamos ahora a pensar en los distintos aspectos de una ecología integral, que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales.

49. Pero hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres.

143. Junto con el patrimonio natural, hay un patrimonio histórico, artístico y cultural, igualmente amenazado… Por eso, la ecología también supone el cuidado de las riquezas culturales de la humanidad en su sentido más amplio. De manera más directa, reclama prestar atención a las culturas locales…

146. En este sentido, es indispensable prestar especial atención a las comunidades aborígenes con sus tradiciones culturales. No son una simple minoría entre otras, sino que deben convertirse en los principales interlocutores, sobre todo a la hora de avanzar en grandes proyectos que afecten a sus espacios.

En su encíclica, el Papa no sólo enfatiza los valores y la ética de la ecología profunda, si no que también muestra su «alfabetización ecológica» – su comprensión de los principios de la organización de los ecosistemas de la naturaleza – como por ejemplo, en los siguientes pasajes.

34. Posiblemente nos inquieta saber de la extinción de un mamífero o de un ave, por su mayor visibilidad. Pero para el buen funcionamiento de los ecosistemas también son necesarios los hongos, las algas, los gusanos, los insectos, los reptiles y la innumerable variedad de microorganismos.

22. Nos cuesta reconocer que el funcionamiento de los ecosistemas naturales es ejemplar: las plantas sintetizan nutrientes que alimentan a los herbívoros; estos a su vez alimentan a los seres carnívoros, que proporcionan importantes cantidades de residuos orgánicos, los cuales dan lugar a una nueva generación de vegetales.

140. Aunque no tengamos conciencia de ello, dependemos de ese conjunto para nuestra propia existencia. Cabe recordar que los ecosistemas intervienen en el secuestro de anhídrido carbónico, en la purificación del agua, en el control de enfermedades y plagas, en la formación del suelo, en la descomposición de residuos y en muchísimos otros servicios que olvidamos o ignoramos…Por eso, cuando se habla de «uso sostenible», siempre hay que incorporar una consideración sobre la capacidad de regeneración de cada ecosistema en sus diversas áreas y aspectos.

El estado del mundo

La encíclica se compone de seis capítulos. En el primer capítulo, el Papa Francisco presenta su evaluación de la situación del mundo – » Lo que le está pasando a nuestra casa», como él dice. Hoy en día, existe un amplio consenso entre los estudiosos, líderes comunitarios y activistas de que los principales problemas de nuestro tiempo – la energía, el medio ambiente, el cambio climático, la inequidad, la violencia y la guerra – no puede entenderse de manera aislada. Son problemas sistémicos, lo que significa que están todos interconectados y son interdependientes. El Papa Francisco está totalmente de acuerdo con esta reflexión fundamental:

61. (…) los problemas del mundo no pueden analizarse ni explicarse de forma aislada.

139. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental.

175. La misma lógica que dificulta tomar decisiones drásticas para invertir la tendencia al calentamiento global es la que no permite cumplir con el objetivo de erradicar la pobreza.

El hecho de que los principales problemas de nuestro tiempo son problemas sistémicos implica que requieren las soluciones sistémicas correspondientes – soluciones que no resuelven ningún problema de forma aislada, sino que deben ser resueltos dentro del contexto de otros problemas relacionados. Desafortunadamente, esto no es entendido por nuestros líderes políticos y empresariales, la mayoría de los cuales son incapaces de «conectar los puntos», para usar una frase popular.

En lugar de tomar en cuenta la interconexión de nuestros principales problemas, sus llamadas «soluciones» tienden a centrarse en un solo problema, por lo tanto, simplemente trasladan el problema a otra parte del sistema – por ejemplo, mediante la producción de más energía a expensas de la biodiversidad, de la salud pública o de la estabilidad del clima. El Papa Francisco es muy crítico de esta grave deficiencia:
20. La tecnología que, ligada a las finanzas, pretende ser la única solución de los problemas, de hecho suele ser incapaz de ver el misterio de las múltiples relaciones que existen entre las cosas, y por eso a veces resuelve un problema creando otros.

111. Buscar sólo un remedio técnico a cada problema ambiental que surja es aislar cosas que en la realidad están entrelazadas y esconder los verdaderos y más profundos problemas del sistema mundial.

El Papa también reconoce claramente que el pensamiento sistémico – o «ecología integral», en sus palabras – es inherentemente multidisciplinario. De ahí que aboga firmemente por un enfoque multidisciplinario para resolver nuestros grandes problemas globales:

110. La fragmentación de los saberes cumple su función a la hora de lograr aplicaciones concretas, pero suele llevar a perder el sentido de la totalidad, de las relaciones que existen entre las cosas, del horizonte amplio, que se vuelve irrelevante. Esto mismo impide encontrar caminos adecuados para resolver los problemas más complejos del mundo actual, sobre todo del ambiente y de los pobres, que no se pueden abordar desde una sola mirada o desde un solo tipo de intereses.

197. Necesitamos una política que piense con visión amplia, y que lleve adelante un replanteo integral, incorporando en un diálogo interdisciplinario los diversos aspectos de la crisis.

63. Si tenemos en cuenta la complejidad de la crisis ecológica y sus múltiples causas, deberíamos reconocer que las soluciones no pueden llegar desde un único modo de interpretar y transformar la realidad. También es necesario acudir a las diversas riquezas culturales de los pueblos, al arte y a la poesía, a la vida interior y a la espiritualidad.

La ilusión del crecimiento ilimitado

En el corazón mismo de nuestra crisis global se encuentra la ilusión de que el crecimiento ilimitado es posible en un planeta finito. El crecimiento económico y empresarial son las fuerzas motrices del capitalismo global, el sistema económico dominante en la actualidad. En este sistema económico, la creencia irracional en el crecimiento perpetuo se lleva a cabo sin descanso promoviendo el consumo excesivo y una economía de uso y desecho que es utiliza intensamente la energía y los recursos, generando residuos, contaminación y el agotamiento de los recursos naturales de la Tierra.

Además, estos problemas ambientales se ven agravados por el cambio climático global, causado por nuestras tecnologías basadas en combustibles fósiles y de alto consumo energético. El Papa Francisco reconoce claramente el defecto fatal de la idea del crecimiento perpetuo, y utiliza palabras fuertes para condenarlo, llamándolo una mentira en lugar de una ilusión:

106. En cambio ahora lo que interesa es extraer todo lo posible de las cosas por la imposición de la mano humana, que tiende a ignorar u olvidar la realidad misma de lo que tiene delante. De aquí se pasa fácilmente a la idea de un crecimiento infinito o ilimitado, que ha entusiasmado tanto a economistas, financistas y tecnólogos. Supone la mentira de la disponibilidad infinita de los bienes del planeta, que lleva a «estrujarlo» hasta el límite y más allá del límite.

El Papa también asocia la ilusión del crecimiento ilimitado con la noción lineal, unidimensional de progreso:

194. Simplemente se trata de redefinir el progreso. Un desarrollo tecnológico y económico que no deja un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior no puede considerarse progreso.

Parece, entonces, que nuestro desafío clave es cómo pasar de un sistema económico basado en la noción de crecimiento ilimitado a uno que sea a ecológicamente sostenible y socialmente justo a la vez. El crecimiento es una característica central de toda la vida, pero el crecimiento en la naturaleza no es lineal e ilimitado. Mientras que ciertas partes de organismos o ecosistemas crecen, otros disminuyen, liberando y reciclando sus componentes que se convierten en recursos para un nuevo crecimiento.

Este tipo de crecimiento equilibrado, multifacético, o «cualitativo» es bien conocido por los biólogos y ecologistas, y esto es exactamente lo que defiende el Papa:

193. (…) Hay que pensar también en detener un poco la marcha, en poner algunos límites racionales e incluso en volver atrás antes que sea tarde. Por eso ha llegado la hora de aceptar cierto decrecimiento en algunas partes del mundo aportando recursos para que se pueda crecer sanamente en otras partes.

De manera más general, el Papa Francisco implora por una economía basada en la ecología y diseñada para imitar los ciclos ecológicos que observamos en la naturaleza:

141. Por otra parte, el crecimiento económico tiende a producir automatismos y a homogeneizar, en orden a simplificar procedimientos y a reducir costos. Por eso es necesaria una ecología económica, capaz de obligar a considerar la realidad de manera más amplia.

22. En cambio, el sistema industrial, al final del ciclo de producción y de consumo, no ha desarrollado la capacidad de absorber y reutilizar residuos y desechos. Todavía no se ha logrado adoptar un modelo circular de producción que asegure recursos para todos y para las generaciones futuras, y que supone limitar al máximo el uso de los recursos no renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia del aprovechamiento, reutilizar y reciclar.

Entre los síntomas de nuestra crisis global, el cambio climático y la desigualdad económica son quizás las más urgentes. El Papa Francisco aborda ambos con cierto detalle en su encíclica. Además, analiza el dramático aumento en el agotamiento de recursos y extinción de especies. Presta especial atención a la escasez de agua potable e inequívocamente condena la privatización del agua:

30. Mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado. En realidad, el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos.

Cambio climático

El cambio climático se discute en los párrafos 23-26 y en los párrafos 165 y 169 del texto de una forma que refleja con precisión el amplio consenso científico existente hoy día. Esto no debería sorprender, ya que uno de nuestros principales científicos del clima, Hans Joachim Schellnhuber, fue un asesor científico clave para el Papa durante muchos meses durante la redacción del Laudato Si’.

La sección sobre cambio climático comienza (en el párrafo 23) con la exhortación moral que «el clima es un bien común, que pertenece a todos y para todos.» Esto es seguido por breves discusiones sobre el calentamiento global, ¨debido a la gran concentración de los gases de efecto invernadero (dióxido de carbono, metano, óxido de nitrógeno y otros) liberados principalmente como resultado de la actividad humana¨. El uso intensivo de combustibles fósiles y la deforestación con fines agrícolas se mencionan como dos fuentes principales de gases de efecto invernadero.

Las múltiples consecuencias del cambio climático discutidas incluyen el aumento constante en los niveles del mar y el aumento de las condiciones climáticas extremas (23); la disminución de la biodiversidad del planeta y la acidificación de los océanos, lo que compromete la cadena alimenticia marina (24); y el trágico aumento en el número de refugiados climáticos (25).

Este análisis es seguido por llamado urgente del Papa a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y, eventualmente, eliminar gradualmente los combustibles fósiles:

26. Por eso se ha vuelto urgente e imperioso el desarrollo de políticas para que en los próximos años la emisión de anhídrido carbónico y de otros gases altamente contaminantes sea reducida drásticamente, por ejemplo, reemplazando la utilización de combustibles fósiles y desarrollando fuentes de energía renovable.

165. Sabemos que la tecnología basada en combustibles fósiles muy contaminantes –sobre todo el carbón, pero aun el petróleo y, en menor medida, el gas– necesita ser reemplazada progresivamente y sin demora.

Por último, el Papa Francisco lamenta la lentitud del progreso en el desarrollo de políticas climáticas eficaces y claramente denuncia la situación como un fracaso moral:

169. En lo relacionado con el cambio climático, los avances son lamentablemente muy escasos. La reducción de gases de efecto invernadero requiere honestidad, valentía y responsabilidad, sobre todo de los países más poderosos y más contaminantes…Las negociaciones internacionales no pueden avanzar significativamente por las posiciones de los países que privilegian sus intereses nacionales sobre el bien común global. Quienes sufrirán las consecuencias que nosotros intentamos disimular recordarán esta falta de conciencia y de responsabilidad.

Desigualdad económica

A lo largo de la encíclica, el Papa Francisco enfatiza la interdependencia de la degradación ambiental y social. Enumera numerosos signos del devastador impacto social de la globalización económica, con especial atención a la desigualdad económica:

48. El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social. De hecho, el deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta.

46. Entre los componentes sociales del cambio global se incluyen los efectos laborales de algunas innovaciones tecnológicas, la exclusión social, la inequidad en la disponibilidad y el consumo de energía y de otros servicios, la fragmentación social, el crecimiento de la violencia y el surgimiento de nuevas formas de agresividad social, el narcotráfico y el consumo creciente de drogas entre los más jóvenes, la pérdida de identidad. Son signos, entre otros, que muestran que el crecimiento de los últimos dos siglos no ha significado en todos sus aspectos un verdadero progreso integral y una mejora de la calidad de vida. Algunos de estos signos son al mismo tiempo síntomas de una verdadera degradación social, de una silenciosa ruptura de los lazos de integración y de comunión social.

51. La inequidad no afecta sólo a individuos, sino a países enteros, y obliga a pensar en una ética de las relaciones internacionales. Porque hay una verdadera «deuda ecológica», particularmente entre el Norte y el Sur, relacionada con desequilibrios comerciales con consecuencias en el ámbito ecológico, así como con el uso desproporcionado de los recursos naturales llevado a cabo históricamente por algunos países. «Constatamos que con frecuencia las empresas que obran así son multinacionales»¨.

Tal vez la única sección poco convincente de la encíclica es el párrafo 50, donde el Papa Francisco intenta minimizar la importancia de estabilizar la población. Esto quizás no sea sorprendente, dada la firme oposición de la Iglesia al control de la natalidad. Es especialmente lamentable, sin embargo, en vista del hecho de que los demógrafos han documentado una y otra vez la fuerte correlación entre la disminución de las tasas de natalidad y los derechos de las mujeres, en particular el acceso a la educación. Esto habría dado el Papa otra oportunidad para enfatizar la interdependencia del equilibrio ecológico y la justicia social, que es uno de los temas principales de su encíclica.

Necesidad de un consenso global

Al final de su amplio análisis sistémico y ético de la situación del mundo, el Papa Francisco concluye que es necesario un consenso mundial para una acción eficaz:

164. Para afrontar los problemas de fondo, que no pueden ser resueltos por acciones de países aislados, es indispensable un consenso mundial que lleve, por ejemplo, a programar una agricultura sostenible y diversificada, a desarrollar formas renovables y poco contaminantes de energía, a fomentar una mayor eficiencia energética, a promover una gestión más adecuada de los recursos forestales y marinos, a asegurar a todos el acceso al agua potable.

El Papa denuncia la falta de liderazgo político para lograr el consenso mundial que se necesita con urgencia, y no duda en nombrar a la amplia corrupción política, a menudo institucionalizada, como el principal culpable:

54. Llama la atención la debilidad de la reacción política internacional. El sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas se muestra en el fracaso de las Cumbres mundiales sobre medio ambiente. Hay demasiados intereses particulares y muy fácilmente el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común y a manipular la información para no ver afectados sus proyectos.

178. El drama del inmediatismo político, sostenido también por poblaciones consumistas, provoca la necesidad de producir crecimiento a corto plazo.Respondiendo a intereses electorales, los gobiernos no se exponen fácilmente a irritar a la población con medidas que puedan afectar al nivel de consumo o poner en riesgo inversiones extranjeras. La miopía de la construcción de poder detiene la integración de la agenda ambiental con mirada amplia en la agenda pública de los gobiernos.

182. (…) Mientras la corrupción, que esconde el verdadero impacto ambiental de un proyecto a cambio de favores, suele llevar a acuerdos espurios que evitan informar y debatir ampliamente.

A lo largo de su encíclica, el Papa Francisco alaba las acciones de la red mundial de organizaciones no gubernamentales (ONG), conocida como la sociedad civil global, para sensibilizar al público y desarrollar soluciones sistémicas en una variedad de áreas:

13. Merecen una gratitud especial quienes luchan con vigor para resolver las consecuencias dramáticas de la degradación ambiental en las vidas de los más pobres del mundo. Los jóvenes nos reclaman un cambio.

14. El movimiento ecológico mundial ya ha recorrido un largo y rico camino, y ha generado numerosas agrupaciones ciudadanas que ayudaron a la concientización.

38. Es loable la tarea de organismos internacionales y de organizaciones de la sociedad civil que sensibilizan a las poblaciones y cooperan críticamente, también utilizando legítimos mecanismos de presión, para que cada gobierno cumpla con su propio e indelegable deber de preservar el ambiente y los recursos naturales de su país, sin venderse a intereses espurios locales o internacionales.

166. El movimiento ecológico mundial ha hecho ya un largo recorrido, enriquecido por el esfuerzo de muchas organizaciones de la sociedad civil. No sería posible aquí mencionarlas a todas ni recorrer la historia de sus aportes. Pero, gracias a tanta entrega, las cuestiones ambientales han estado cada vez más presentes en la agenda pública y se han convertido en una invitación constante a pensar a largo plazo.
Al final, el Papa afirma inequívocamente que la única manera efectiva de desarrollar políticas ambientales y sociales apropiadas será a través de la presión política de los movimientos base hacia los gobiernos en todos los niveles:

179. La sociedad, a través de organismos no gubernamentales y asociaciones intermedias, debe obligar a los gobiernos a desarrollar normativas, procedimientos y controles más rigurosos. Si los ciudadanos no controlan al poder político –nacional, regional y municipal–, tampoco es posible un control de los daños ambientales.

Con esta encíclica, el Papa Francisco ha llevado por sí solo, a la Iglesia Católica a la vanguardia del movimiento de la ecología y se ha establecido a él mismo como un verdadero líder mundial en el molde de Václav Havel, Jimmy Carter, o el Dalai Lama. Sólo podemos esperar que la sabiduría y la pasión de Laudato Si resuenen con fuerza en todo el mundo.

Fuente: http://www.earthcharterinaction.org/contenido/articles/611/1/Laudato-Si–La-Etica-Ecologica-y-el-Pensamiento-Sistemico-del-Papa-Francisco-/Page1.html

La Carta Magna de la ecología integral: grito de la Tierra, grito de los pobres

Por: Leonardo Boff,  teólogo y ecólogo

Antes de hacer cualquier comentario vale la pena resaltar algunas singularidades de la encíclica Laudato sí del Papa Francisco.

Es la primera vez que un Papa aborda el tema de la ecología en el sentido de una ecología integral (por tanto que va más allá de la ambiental) de forma tan completa. Gran sorpresa: elabora el tema dentro del nuevo paradigma ecológico, cosa que ningún documento oficial de la ONU ha hecho hasta hoy. Fundamenta su discurso con los datos más seguros de las ciencias de la vida y de la Tierra. Lee los datos afectivamente (con inteligencia sensible o cordial), pues discierne que detrás de ellos se esconden dramas humanos y mucho sufrimiento también por parte de la madre Tierra. La situación actual es grave, pero el Papa Francisco siempre encuentra razones para la esperanza y para confiar en que el ser humano puede encontrar soluciones viables. Enlaza con los Papas que le precedieron, Juan Pablo II y Benedicto XVI, citándolos con frecuencia.

Y algo absolutamente nuevo: su texto se inscribe dentro de la colegialidad, pues valora las contribuciones de decenas de conferencias episcopales del mundo entero, desde la de Estados Unidos a la de Alemania, la de Brasil, la de la Patagonia-Comahue, la del Paraguay. Acoge las contribuciones de otros pensadores, como los católicos Pierre Teilhard de Chardin, Romano Guardini, Dante Alighieri, su maestro argentino Juan Carlos Scannone, el protestante Paul Ricoeur y el musulmán sufí Ali Al-Khawwas. Los destinatarios somos todos los seres humanos, pues todos somos habitantes de la misma casa común (palabra muy usada por el Papa) y sufrimos las mismas amenazas.

El Papa Francisco no escribe en calidad de Maestro y Doctor de la fe sino como un Pastor celoso que cuida de la casa común y de todos los seres, no sólo de los humanos, que habitan en ella.

Un elemento merece ser destacado, pues revela la «forma mentis» (la manera de organizar su pensamiento) del Papa Francisco. Este es tributario de la experiencia pastoral y teológica de las iglesias latinoamericanas que a la luz de los documentos del episcopado latinoamericano (CELAM) de Medellín (1968), de Puebla (1979) y de Aparecida (2007) hicieron una opción por los pobres contra la pobreza y a favor de la liberación.

El texto y el tono de la encíclica son típicos del Papa Francisco y de la cultura ecológica que ha acumulado, pero me doy cuenta de que también muchas expresiones y modos de hablar remiten a lo que viene siendo pensado y escrito principalmente en América Latina. Los temas de la «casa común», de la «madre Tierra», del «grito de la Tierra y del grito de los pobres», del «cuidado», de la «interdependencia entre todos los seres», de los «pobres y vulnerables», del «cambio de paradigma», del «ser humano como Tierra» que siente, piensa, ama y venera, de la «ecología integral» entre otros, son recurrentes entre nosotros.

La estructura de la encíclica obedece al ritual metodológico usado por nuestras iglesias y por la reflexión teológica ligada a la práctica de liberación, ahora asumida y consagrada por el Papa: ver, juzgar, actuar y celebrar.

Empieza revelando su principal fuente de inspiración: San Francisco de Asís, al que llama «ejemplo por excelencia de cuidado y de una ecología integral, y que mostró una atención especial por los pobres y abandonados» (n.10; n.66).

Y entonces comienza con el ver: «Lo que está sucediendo en nuestra casa» (nn.17-61). Afirma el Papa: «basta mirar la realidad con sinceridad para ver que hay un deterioro de nuestra casa común» (n.61). En esta parte incorpora los datos más consistentes referentes a los cambios climáticos (nn.20-22), la cuestión del agua (n.27-31), la erosión de la biodiversidad (nn.32-42), el deterioro de la calidad de la vida humana y la degradación de la vida social (nn.43-47), denuncia la alta tasa de iniquidad planetaria, que afecta a todos los ámbitos de la vida (nn.48-52), siendo los pobres las principales víctimas (n. 48).

En esta parte hay una frase que nos remite a la reflexión hecha en América Latina: «Hoy no podemos desconocer que un verdadero abordaje ecológico se convierte siempre en un abordaje social que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente para escuchar tanto el grito de la Tierra como el grito de los pobres» (n.49). Después añade: «los gemidos de la hermana Tierra se unen a los gemidos de los abandonados de este mundo» (n.53). Esto es absolutamente coherente, pues al principio ha dicho que «nosotros somos Tierra» (n. 2; cf. Gn 2,7), muy en la línea del gran cantor y poeta indígena argentino Atahualpa Yupanqui: «el ser humano es Tierra que camina, que siente, que piensa y que ama».

Condena la propuesta de internacionalización de la Amazonia que «solamente serviría a los intereses de las multinacionales» (n.38). Hace una afirmación de gran vigor ético: «es gravísima iniquidad obtener importantes beneficios haciendo pagar al resto de la humanidad, presente y futura, los altísimos costos de la degradación ambiental» (n.36).

Con tristeza reconoce: «nunca habíamos maltratado y ofendido a nuestra casa común como en los dos últimos siglos» (n.53). Frente a esta ofensiva humana contra la madre Tierra que muchos científicos han denunciado como la inauguración de una nueva era geológica –el antropoceno– lamenta la debilidad de los poderes de este mundo que, engañados, «piensan que todo puede continuar como está» como coartada para «mantener sus hábitos autodestructivos» (n.59) con «un comportamiento que parece suicida» (n.55).

Prudente, reconoce la diversidad de opiniones (nn.60-61) y que «no hay una única vía de solución» (n.60). Así y todo «es cierto que el sistema mundial es insostenible desde varios puntos de vista porque hemos dejado de pensar en los fines del obrar humano» (n.61) y nos perdemos en la construcción de medios destinados a la acumulación ilimitada a costa de la injusticia ecológica (degradación de los ecosistemas) y de la injusticia social (empobrecimiento de las poblaciones). La humanidad simplemente «ha defraudado la esperanza divina» (n.61).

El desafío urgente, entonces, consiste en «proteger nuestra casa común» (n.13); y para eso necesitamos, citando al Papa Juan Pablo II: «una conversión ecológica global» (n.5); «una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad» (n.231).

Realizada la dimensión del ver, se impone ahora la dimensión del juzgar. Juzgar que es planteado en dos vertientes, una científica y otra teológica.

Veamos la científica. La encíclica dedica todo el tercer capítulo al análisis «de la raíz humana de la crisis ecológica» (nn.101-136). Aquí el Papa se propone analizar la tecnociencia sin prejuicios, acogiendo lo que ella ha traido de «cosas preciosas para mejorar la calidad de vida del ser humano» (n. 103). Pero este no es el problema, sino que se independizó, sometió a la economía, a la política y a la naturaleza en vista de la acumulación de bienes materiales (cf.n.109). La tecnociencia parte de una suposición equivocada que es la «disponibilidad infinita de los bienes del planeta» (n.106), cuando sabemos que ya hemos tocado los límites físicos de la Tierra y que gran parte de los bienes y servicios no son renovables. La tecnociencia se ha vuelto tecnocracia, una verdadera dictadura con su lógica férrea de dominio sobre todo y sobre todos (n.108).

La gran ilusión, hoy dominante, reside en creer que con la tecnociencia se pueden resolver todos los problemas ecológicos. Esta es una idea engañosa porque «implica aislar las cosas que están siempre conectadas» (n.111). En realidad, «todo está relacionado» (n.117) «todo está en relación» (n.120), una afirmación que recorre todo el texto de la encíclica como un ritornelo, pues es un concepto-clave del nuevo paradigma contemporáneo. El gran límite de la tecnocracia está en el hecho de «fragmentar los saberes y perder el sentido de totalidad» (n.110). Lo peor es «no reconocer el valor intrínseco de cada ser e incluso negar un valor peculiar al ser humano»(n.118).

El valor intrínseco de cada ser, por minúsculo que sea, está destacado de manera permanente en la encíclica (n.69), como lo hace la Carta de la Tierra. Negando ese valor intrínseco estamos impidiendo que «cada ser comunique su mensaje y dé gloria a Dios» (n.33).

La mayor desviación producida por la tecnocracia es el antropocentrismo. Este supone ilusoriamente que las cosas solo tienen valor en la medida en que se ordenan al uso humano, olvidando que su existencia vale por sí misma (n.33). Si es verdad que todo está en relación, entonces «nosotros seres humanos estamos unidos como hermanos y hermanas y nos unimos con tierno afecto al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la madre Tierra» (n.92). ¿Cómo podemos pretender dominarlos y verlos dentro de la óptica estrecha de la dominación por el ser humano?

Todas estas «virtudes ecológicas» (n.88) se pierden por la voluntad de poder como dominación de los otros y de la naturaleza. Vivimos una angustiante «pérdida del sentido de la vida y del deseo de vivir juntos» (n.110). Cita algunas veces al teólogo italo-alemán Romano Guardini (1885-1968), uno de los más leidos a mediados del siglo pasado, que escribió un libro crítico contra las pretensiones de la mordernidad (n.105 nota 83: Das Ende der Neuzeit, El ocaso de la Edad Moderna, 1958).

La otra vertiente del juzgar es de corte teológico. La encíclica reserva un buen espacio al «Evangelio de la Creación» (nn. 62-100). Parte justificando el aporte de las religiones y del cristianismo, pues siendo la crisis global, cada instancia debe, con su capital religioso, contribuir al cuidado de la Tierra (n.62). No insiste en las doctrinas sino en la sabiduría presente en los distintos caminos espirituales. El cristianismo prefiere hablar de creación en vez de naturaleza, pues la «creación tiene que ver con un proyecto de amor de Dios» (n.76). Cita, más de una vez, un bello texto del libro de la Sabiduría (21,24) donde aparece claro que «la creación pertenece al orden del amor» (n.77) y que Dios emerge como “el Señor amante de la vida” (Sab 11,26).

El texto se abre a una visión evolucionista del universo sin usar esa palabra, hace un circunloquio al referirse al universo «compuesto por sistemas abiertos que entran en comunión unos con otros» (n.79). Utiliza los principales textos que ligan a Cristo encarnado y resucitado con el mundo y con todo el universo, haciendo sagrada la materia y toda la Tierra (n.83). Y en este contexto cita a Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955, n.83 nota 53) como precursor de esta visión cósmica. El hecho de que Dios-Trinidad sea relación de divinas Personas tiene como consecuencia que todas las cosas en relación sean resonancias de la Trinidad divina (n.240).

Citando al Patriarca Ecuménico de la Iglesia ortodoxa Bartolomeo «reconoce que los pecados contra la creación son pecados contra Dios» (n.7). De aquí la urgencia de una conversión ecológica colectiva que rehaga la armonía perdida.

La encíclica concluye esta parte acertadamente: «el análisis mostró la necesidad de un cambio de rumbo… debemos salir de la espiral de autodestrucción en la que nos estamos hundiendo» (n.163). No se trata de una reforma, sino, citando la Carta de la Tierra, de buscar «un nuevo comienzo» (n.207). La interdependencia de todos con todos nos lleva a pensar «en un solo mundo con un proyecto común» (n.164).

Ya que la realidad presenta múltiples aspectos, todos íntimamente relacionados, el Papa Francisco propone una “ecología integral” que va más allá de la ecología ambiental a la que estamos acostumbrados (n.137). Ella cubre todos los campos, el ambiental, el económico, el social, el cultural y también la vida cotidiana (n.147-148). Nunca olvida a los pobres que testimonian también su forma de ecología humana y social viviendo lazos de pertenencia y de solidaridad de los unos con los otros (n.149).

El tercer paso metodológico es el actuar. En esta parte, la encíclica se atiene a los grandes temas de la política internacional, nacional y local (nn.164-181). Subraya la interdependencia de lo social y de lo educacional con lo ecológico y constata lamentablemente las dificultades que trae el predominio de la tecnocracia, dificultando los cambios que refrenen la voracidad de acumulación y de consumo, y que puedan inaugurar lo nuevo (n.141). Retoma el tema de la economía y de la política que deben servir al bien común y a crear condiciones para una plenitud humana posible (n.189-198). Vuelve a insistir en el diálogo entre la ciencia y la religión, como viene siendo sugerido por el gran biólogo Edward O.Wilson (cf. el libro La creación: cómo salvar la vida en la Tierra, 2008). Todas las religiones «deben buscar el cuidado de la naturaleza y la defensa de los pobres» (n.201).

Todavía en el aspecto del actuar desafía a la educación en el sentido de crear la «ciudadanía ecológica» (n.211) y un nuevo estilo de vida, asentado sobre el cuidado, la compasión, la sobriedad compartida, la alianza entre la humanidad y el ambiente, pues ambos están umbilicalmente ligados, la corresponsabilidad por todo lo que existe y vive y por nuestro destino común (nn.203-208).

Finalmente, el momento de celebrar. La celebración se realiza en un contexto de «conversión ecológica» (n.216) que implica una «espiritualidad ecológica» (n.216). Esta se deriva no tanto de las doctrinas teológicas sino de las motivaciones que la fe suscita para cuidar de la casa común y «alimentar una pasión por el cuidado del mundo» (216). Tal vivencia es antes una mística que moviliza a las personas a vivir el equilibrio ecológico, «el interior consigo mismo, el solidario con los otros, el natural con todos los seres vivos y el espiritual con Dios» (n.210). Ahí aparece como verdadero que «lo menos es más» y que podemos ser felices con poco.

En el sentido de la celebración «el mundo es más que algo que hay que solucionar, es un misterio gozoso para ser contemplado con alegría y alabanza» (n.12).

El espíritu tierno y fraterno de San Francisco de Asís atraviesa todo el texto de la encíclica Laudato sí. La situación actual no significa una tragedia anunciada, sino un desafio para que cuidemos de la casa común y unos de otros. Hay en el texto levedad, poesía y alegría en el Espíritu e indestructible esperanza en que si grande es la amenaza, mayor aún es la oportunidad de solución de nuestros problemas ecológicos.
Termina poéticamente “Más allá del sol”, con estas palabras: «caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestras preocupaciones por este planeta no nos quiten la alegría de la esperanza» (n.244).

Me gustaría acabar con las palabras finales de la Carta de la Tierra que el mismo Papa cita (n.207): «Que nuestro tiempo se recuerde por despertar a una nueva reverencia ante la vida, por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad, por  acelerar la lucha por la justicia y la paz, y por la alegre celebración de la vida».

 

Traducción de Mª José Gavito Milano

Fuente: http://www.earthcharterinaction.org/contenido/articles/608/1/Articulo-de-Leonardo-Boff-sobre-nueva-Enciclica-del-Papa/Page1.html

La Ecología Profunda como camino hacia el bienestar

Earth boyLos medios de comunicación nos bombardean con noticias sobre desastres ecológicos, índices de contaminación extremos y cambios climáticos preocupantes. La mayoría, al escuchar o leer estas noticias, no puede evitar sentir impotencia y  frustración ante la imposibilidad de hacer frente a los gigantes corporativos o a la maquinaria económica, que a todas luces, parecen ser los causantes del desastre. La frustración conduce primero a la desesperanza y a la rabia; y más tarde, a la apatía y al pesimismo.

Curiosamente, estos sentimientos ante la destrucción del planeta resuenan con lo que les está ocurriendo a muchas personas en el ámbito personal.

En la clase media, constatamos cada vez más una sensación de vacío e insatisfacción. El número de dolencias psicológicas se está duplicando. Según la Organización Médica Colegial, en la actualidad existen 6 millones de personas en España con depresión1. En los últimos diez años, la venta de ansiolíticos y antidepresivos se ha triplicado en nuestro país y cuadruplicado en los EE.UU. Las bajas laborales por depresión y crisis nerviosas se están haciendo cotidianas. Las empresas empiezan a hablar de una epidemia, que les ocasiona “pérdidas” millonarias. Por otra parte, los profesores están horrorizados ante los brotes de violencia y las actitudes reaccionarias de sus alumnos. Personas de cuarenta y cincuenta años atraviesan crisis de identidad tan tremendas que tienen que recurrir a la medicación. La familia, la pareja, los hijos o la carrera no han aportado mucho  y se sienten tristes y vacías.

Ante este panorama, el yoga y la meditación han dejado de ser prácticas esotéricas para convertirse en estrategias necesarias para mantener la cordura y sobrevivir en una sociedad local y contradictoria que nos exige trabajar mucho y divertirnos aún más.

En cierta manera, somos presa de la destrucción externa del planeta y de la interna de la persona. El planeta está enfermo y el individuo está enfermo.

¿Podemos establecer alguna relación entre ambas? ¿Podemos curar al individuo “sanando” el planeta?

 

Madrid alternativo

huertaVivimos una crisis alimentaria y ecológica que se manifiesta a través del denominado “mal de las vacas locas”, los pollos con dioxinas, el mercurio y otros contaminantes de los peces o la invasión química tóxica de nuestros cuerpos con la multitud de tratamientos sintéticos (fertilizantes, plaguicidas, conservantes, saborizantes, etc.) que se utilizan sobre frutas y verduras en la agricultura industrial o en alimentos preparados. Además, hace unos meses ha comenzado la comercialización de productos transgénicos bajo etiquetado (no para todos). Estas amenazas directas contra la misma vida están llevando a multitud de personas a autogestionar su alimentación.

No es sólo una apuesta por la salud y la ecología, significa también la construcción de unas maneras de relacionarnos enfrentadas a la teoría y práctica del capitalismo globalizador. Numerosas familias madrileñas se han constituido en cooperativas de consumo biológico autogestionadas. Frente a la complejidad de los intercambios comerciales de la sociedad de consumo; la sencillez de la relación directa productor-consumidor. Si se globaliza la producción; relocalización económica. Crece el antagonismo cantidad-calidad.

Eficacia en la sencillez

“Es tan sencillo como que, cada familia perteneciente a la cooperativa, los martes hace el pedido de la semana siguiente y adelanta el dinero. La base de frutas y verduras las cultiva un grupo de agricultores de la Vera (Cáceres) que se desplazan a Madrid para servir a los grupos. Otros artículos los recibimos en Mercamadrid. A cada persona le toca, de manera rotativa, realizar alguna gestión; eso se decide en la asamblea de la cooperativa, que se hace una vez al mes”, explica Paco, de La Dragona, cooperativa de Ecologistas en Acción.

En la actualidad, las cooperativas de consumo autogestionado de Madrid se reparten entre la Coordinadora de Grupos de Consumo Agroecológico de Madrid, que comprende colectivos como el citado La Dragona, A Salto de Mata, Ecosol, varios proyectos de la Red Autogestionda de Consumo (RAC, antes Grupos Autogestionados de Konsumo GAK´s), Hortaleza, la del Centro de Asesoría y Estudios Sociales (CAES), Subiendo al Sur, El Cantueso o Redes. Grupos como La Eskalera Karakola, un centro social okupado en el barrio de Lavapiés o La Nave de los Locos no están en la Coordinadora. Otro proyecto de gran tamaño es el del colectivo Bajo el Asfalto está la Huerta (BAH).

 

Ecología profunda: Hacia una Conciencia Ecológica

La ecología profunda: El desarrollo personal en el tiempo del gran cambio.

Cada verano de los últimos años, cuando las temperaturas pasan de los cuarenta grados, las noticias nos recuerdan que experimentamos los efectos del cambio climático causado por el uso irresponsable de combustibles fósiles. El derroche de los recursos naturales tiene como consecuencia la destrucción de los sistemas de apoyo de la vida en el planeta. La explotación de los combustibles fósiles sigue empujando el “desarrollo” de nuestra sociedad industrial de crecimiento que es la verdadera culpable del cambio climático. La Ecología Profunda, como movimiento activista y como proceso de desarrollo personal, nos anima a hacernos conscientes de nuestra conexión fundamental con toda la vida.  Esta conciencia ecológica nos puede ayudar a actuar como participantes responsables en el proceso de transición de la sociedad industrial de crecimiento a la sociedad que sostiene la vida.

El Yo Ecológico

Un concepto central de la Ecología Profunda como proceso de desarrollo personal y catalizador de la transformación de conciencia, es el “yo ecológico”. Este concepto nos ayuda a hacernos conscientes de nuestra conexión íntima con toda la red de la vida en el planeta.  La expansión del “yo egocéntrico” hacia el “yo ecológico” da como resultado una transformación profunda de la conciencia humana.

¡Acabamos con la alienación de sentirnos atrapados en las fronteras de nuestra piel y empezamos a sentir de nuevo que somos partes integrantes de un mundo vivo!  Del mismo modo en que las células de nuestro cuerpo participan en los procesos que mantienen nuestra salud como individuos, también somos nosotros mismos participantes integrantes en los procesos que mantienen la salud de un cuerpo mayor; ese cuerpo mayor es el mundo vivo. Ser capaz de identificar su propio ser con toda la red de la vida en el mundo, con el cuerpo mayor, con el yo ecológico, nos abre hacia la conciencia ecológica.

Como en las tradiciones místicas del oriente y occidente, en el Hinduismo, el Budismo, el Tao, el Zen, el Sufismo y los místicos cristianos como Meister Eckhart o los gnósticos, una de las metas de la Ecología Profunda es hacernos conscientes de la conexión íntima, nuestra unión con el universo. Como una especie entre la multitud, participamos en la comunidad de la vida y al mismo tiempo somos la vida misma expresándose a sí misma.  “El universo no es una colección de objetos. Es una comunión de sujetos”  decía el sacerdote católico, Thomas Berry. La identificación con nuestro yo ecológico nos puede ayudar a convertirnos en participantes conscientes en la comunidad de la vida.

Conciencia ecológica

La Ecología Profunda, basada en una conciencia ecológica, es un movimiento de acción, no es sólo una escuela de psicología, ni sólo una filosofía. La Ecología Profunda reúne gente en todo el mundo que se ha comprometido a formar parte de la transformación de nuestra sociedad hacia una sociedad de participación apropiada en los ciclos naturales. Cada uno como puede, en su comunidad y a su manera. La participación apropiada en los ciclos climáticos, ecológicos y geológicos que mantienen la vida en el planeta es la base de una sociedad sostenible.

En los años setenta, el filósofo noruego Arne Naess, discípulo de Gandhi, y alpinista apasionado, creaba el término Ecología Profunda. Su intención era empujar la confrontación intelectual con nuestra interdependencia con toda la vida y sus profundas implicaciones. La Ecología Profunda está enfocada a las causas de la crisis medioambiental y socio-cultural, que se encuentran en nuestra manera de ver y entender el mundo. Nuestras acciones socialmente, ecológicamente y espiritualmente dañosas están enraizadas en el paradigma dominante de nuestra civilización.

Ecología profunda

En la imágen el filósofo noruego Arne Naess, discípulo de Gandhi, y alpinista apasionado, creaba el término Ecología Profunda.

Síntesis entre la sabiduría tradicional  y el conocimiento y poder derivado de las ciencias y las tecnologías

Desde que empezara el gran cambio mundial empujado por la Revolución Industrial, la humanidad no ha llegado a la posible síntesis entre la sabiduría tradicional de miles de culturas diferentes que vivían en convivencia con su entorno durante miles de años, por un lado, y el conocimiento y poder derivado de las ciencias y las tecnologías más recientes por el otro. Llegar a esta síntesis, entre la sabiduría tradicional y el conocimiento moderno, es uno de los retos más grandes para la humanidad del siglo XXI.

Obsesionados por el “progreso tecnológico” y la velocidad del cambio, sin darnos cuenta de los posibles peligros relacionados con el uso universal de cualquier invención nueva, hemos creado una civilización en la que el dinero es la medida última de la importancia y del poder. Llevamos trescientos años obsesionados por la acumulación de capital económico, y hemos perdido muchas maneras tradicionales para mantener un equilibrio natural que apoye un alto nivel de capital social y capital ecológico.

Capital social y ecológico

La triste verdad es que hemos hecho un muy mal negocio acumulando enormes cifras de capital económico al coste de perder en casi todas las culturas del mundo, una riqueza de capital social y ecológico. Una economía sana y sostenible tiene que estar basada en el mantenimiento y la restauración del capital social y ecológico. Nuestra sociedad industrial de crecimiento claramente tiene un rumbo auto-destructivo, hipnotizada por palabras como “mercado libre” y “desarrollo”, enganchada al “crecimiento económico”.

¿Cuándo vamos a despertarnos del sueño en que los magos malos del Banco Mundial, aliados a juntas de poder en países que se llaman democráticos y a unas 500 empresas multinacionales, nos hacen pensar que la destrucción masiva a nivel mundial de capital ecológico y social es parte del “progreso”, y justificable por las innovaciones tecnológicas y la continuación del “desarrollo”?  El “crecimiento económico”, entendido y medido sólo como capital económico y con la relacionada pérdida de capital social y ecológico, no es parte de la solución.  Es una de las causas más grandes del problema.

La pérdida de capital ecológico y social se refiere a la destrucción de ecosistemas y a la alteración del equilibrio natural que causa el caos climático.  Se refiere también a la pérdida del sentido de comunidad en nuestros pueblos y ciudades, a la desintegración de estructuras familiares y sociales, al individualismo que empuja a la gente a competir en vez de colaborar, y a la pérdida de miles de culturas y especies.

Causas y síntomas

Los últimos tres siglos forman parte de la extinción más grande desde que desaparecieron los dinosaurios.  Miles de maneras de ser y convivir están perdidas para siempre.  Siguiendo estimaciones conservadoras estamos perdiendo aproximadamente 120 especies cada 24 horas.  Eso significa que más de cuatro formas de vivir desaparecen para siempre cada hora. El mundo pierde el valor intrínseco, las calidades específicas, y la diversidad genética de cada una de estas especies y con cada especie extinguida la tierra es un poco más pobre, menos diversa y menos flexible.  ¡Se ha extinguido una especie en el tiempo que llevas leyendo esta revista!

Como la medicina convencional se dedica a curar síntomas de enfermedades y no sus causas, una gran parte del movimiento de ecologistas también se dedica a tratar los síntomas de la degradación ecológica. Obviamente ambos tienen un papel importante, pero para mantener la salud del mundo tenemos que enfocar las causas de sus enfermedades. Igual que muchos sistemas de medicina natural apoyan el equilibrio dinámico que mantiene la salud, y enfocan las causas profundas de enfermedades crónicas, la Ecología Profunda enfoca las causas de nuestra sociedad enferma.

Tomar decisiones holísticas

El proceso de reconectar como participante consciente con el mundo vivo tiene un efecto curativo para individuos, comunidades y el planeta entero. En inglés las palabras “health” (salud) y “wholeness” (integridad y totalidad) tienen el mismo origen que “holistic” (holístico). La salud de cada uno de nosotros y la integridad del mundo vivo depende de que aprendamos a tomar decisiones de una forma más holística e inclusiva, considerando factores sociales, ecológicos y económicos, y desde una profunda conciencia ecológica.

La Ecología Profunda ayuda a la gente en el proceso de liberarse del estado de alineación entre la humanidad y la naturaleza causado por el paradigma dominante de nuestra cultura. Ofrece una manera de reconectar con el mundo y acabar con la participación, sea inconsciente o consciente, en la destrucción del planeta. La participación en este movimiento es al mismo tiempo una ayuda en el camino del desarrollo personal y una participación activa en el cambio hacia una sociedad que sostiene la vida.

¿Quien empezó todo esto?

John Seed, un activista australiano, fundador del “Servicio de Información sobre los Bosques Húmedos”, una organización que protege a los bosques húmedos del mundo, fue también uno de los fundadores del movimiento de la Ecología Profunda. Seed está convencido de que el antropocentrismo que caracteriza nuestra cultura es una de las causas de la crisis en que se encuentra la humanidad. John Seed ha llamado a este antropocentrismo una forma de chovinismo humano. “Es semejante al sexismo pero, en lugar de macho, pone la raza humana y, en lugar de hembra, las otras especies.”

Otra persona clave en el crecimiento de la conciencia ecológica y de la Ecología Profunda es Joanna Macy.  Ella tiene un Doctorado en Teoría de los Sistemas Vivos, y también lleva el título de maestra del darma con la tradición budista de Shambhala. La Dra. Macy lleva más de cuarenta años de experiencia como profesora académica y en orientar talleres. Su nombre preferido para sus cursos en vez de Ecología Profunda es “el trabajo que conecta de nuevo”. El objetivo fundamental del trabajo de Joanna Macy es ayudar a las personas a descubrir y experimentar sus conexiones innatas de unos con otros, y sus conexiones con toda la vida. Joanna está convencida de que de este modo las personas “pueden ser animadas y motivadas para desempeñar su papel en la creación de una civilización sostenible.”

Schumacher College

He tenido la suerte de participar en varios talleres de Ecología Profunda con Stephan Harding, amigo de Arne Naess y coordinador del programa Master en las Ciencias Holísticas del Schumacher College en Inglaterra. También he asistido a talleres con John Seed y Joanna Macy. Cada uno tiene su manera distinta y efectiva de orientar el trabajo de la Ecología Profunda, pero todos ofrecen repuestas a una necesidad expresada por Arne Naess: “Tenemos que encontrar y desarrollar formas de terapia que curen nuestras relaciones con la comunidad más amplia, la comunidad de todos los seres vivos.” Sentirse como miembro de la comunidad de la vida y la intención de participar en esta comunidad en una manera apropiada es la base de una conciencia ecológica, también es un paso evolutivo en el desarrollo personal y en el gran cambio hacia una sociedad sostenible.


Artículo aparecido en la revista EcoHabitar nº 7, otoño de 2005.
http://www.ecohabitar.org/producto/no-07/