La casa Passivhaus. El futuro estándar técnico de construcción europeo

A principios de este año, el Parlamento Europeo ha manifestado su gran interés por el estándar de construcción Passivhaus, pidiendo en su ambicioso “Plan de acción para la eficiencia energética” que “todos los edificios nuevos que requieran calefacción o refrigeración se construyan a partir de 2011 con arreglo a las normas de viviendas pasivas o su equivalente no residencial.”1

Efectivamente, la casa Passivhaus está teniendo mucho éxito en los países centroeuropeos, con más de 10.000 edificios construidos. Pero incluso en Alemania, donde nació este estándar, será imposible cumplir con ésta intención del Parlamento, se calcula que el Passivhaus llegará a ser obligatorio allí en unos 7 ó 8 años, o sea en 2015, en vez del 2011.

Pequeña historia de la casa Passivhaus

La base del estándar Passivhaus se encuentra en la Suecia de los años 80, donde hubo una normativa para edificios de muy bajo consumo energético. Esta normativa nació después de la crisis del petróleo de los años 70, y allí se desarrollaron por primera vez los conceptos básicos del hoy conocido Passivhaus (alto aislamiento, recuperación de calor etc.).

En 1990 se construyó el primer prototipo Passivhaus en Alemania, con el fin de demostrar que es posible proyectar, en el clima severo centroeuropeo, una casa con un consumo muy bajo de energía y, a la vez, a un precio razonable para el promotor.

Fue un edificio de cuatro viviendas adosadas, subvencionado por el Ministerio de Medio Ambiento del “Land“ Hessen, que pagó el 50% de los sobrecostes derivados para desarrollar este primer prototipo.

Tras unos primeros años de monitorización, resultó ser adecuado en cuanto al consumo energético y confort interior.

Visto este primer éxito, en los años 90 se ha trabajado a continuación en determinar unos requisitos técnicos mínimos para la definición exacta de este modelo y para su mejor propagación a nivel sociopolítico.

Este trabajo lo ha llevado a cabo el “Passivhausinstitut” (Instituto Passivhaus), establecido en 1996, que hasta hoy en día funciona como el “corazón” del Passivhaus y que tiene todo el trabajo de promoción y de desarrollo continuo del concepto.

Hoy en día, ya hay regiones en Alemania y Austria donde el Passivhaus es obligatorio para la edificación pública, como por ejemplo Frankfurt o el Vorarlberg austriaco.

En Heidelberg se está proyectando una urbanización nueva Passivhaus de 115 hectáreas (Bahnstadt Heidelberg). En Viena, un 20% de los bloques de viviendas construidas este año serán edificios Passivhaus.

Actualmente, el estándar Passivhaus está entrando en el mercado internacional a través de plataformas nacionales Passivhaus de los respectivos países, hasta llegar por ejemplo al famoso “Informe Stern” del gobierno británico, donde se propone imponer este estándar como requisito obligatorio para la obra nueva en Inglaterra a partir del 2012.2

Extracto del artículo aparecido en el número 19 de Ecohabitar. Otoño 2008
 

Vivienda en Sant Cugat: un ejemplo de ecoarquitectura

Los clientes se pusieron en contacto conmigo en el año 2009 para que les ayudara a construir una vivienda en un atractivo entorno, en el área del Parque Natural de Collserola, en Barcelona. Mi labor en el proyecto consistió en darle a las ideas de los usuarios (bastante claras desde el principio, en cuanto a la organización de volúmenes y espacios), una formalización que conjugara las tecnologías más avanzadas con el mínimo impacto ambiental posible, dentro de un marco de costes contenidos.

En los años 80, comencé mi carrera profesional estrechamente vinculado a la construcción de bajo impacto ambiental y la recuperación de técnicas tradicionales de construcción con tierra. Desde principios de los 90, me especialicé en el diseño estructural en madera. Este expertizaje me facilitó dar respuesta al anhelo de los clientes de compaginar la idea de construcción tecnológicamente avanzada con reducción del impacto ambiental. Estos dos conceptos, demasiado frecuentemente antagónicos (o, cuando menos, ajenos el uno al otro), deberían entenderse siempre como inseparables por definición. ¿Cómo podemos considerar, a principios del siglo XXI, que una «tecnología de la construcción avanzada» pueda ser intensa en consumo de energía, generadora de contaminación electromagnética en el entorno del usuario, basada en materias primas no renovables, de muy difícil gestión de residuos al final de la vida útil…? Acabo de esbozar algunas de las «lindezas» ambientales que caracterizan a los materiales estructurales con los que hacemos más del 98% de la construcción en el Sur de Europa.