Sostenibilidad 2.0 una evolución necesaria

sostenibilidad

Sostenibilidad. Muy joven y probablemente la palabra más tergiversada y degradada de nuestro vocabulario. Unos dicen que sostenibilidad nació con el “Informe Brundtland” (1987), y otros se remontan a la “Declaración de Cocoyoc”(1974) de Naciones Unidas en Cuernavaca, México cuando la diplomacia americana quiso evitar que el concepto de  ecodesarrollo se impusiese en la sociedad (*1) . Independientemente de su nacimiento, hasta el 2010 no ingresó en el diccionario de la Real Academia de la Lengua y en 2013 ya es difícil entender su significado por la explotación a la que está sometida, tanto que algunos la llaman “sostemible” (*1) o “sosteniblablá” (*2).

El sistema de mercado es muy voraz y depredador, con su necesidad imperiosa de  crecimiento económico es capaz de desertizar territorios, talar bosques, contaminar mares, exterminar tribus, y también de robar significados, destrozar el lenguaje y convertir  la sostenibilidad en pura retórica.

El tomate fue tomate hasta que un día dejó de saber a tomate. Ese día el significante dejó de corresponderse con el significado. Desde entonces, si queremos comer un buen tomate tenemos que buscarlo como bio-tomate o eco-tomate, o trabajar un poco más y cultivar una huerta. Esta lógica la podemos trasladar a muchos productos y servicios, entre ellos la arquitectura.

La palabra sostenibilidad está totalmente desgastada, manoseada y vacía de contenido. Por otro lado es la palabra que representa el concepto del siglo XXI, un siglo donde los hombres y mujeres tenemos la gran responsabilidad de definirnos como especie sostenible o insostenible para vivir en el planeta Tierra, un concepto en el que mucha gente esta trabajando, desde la responsabilidad y la ilusión de construir un planeta más habitable para todos, los que estamos y los que vienen.

¿Por qué está vacía de contenido la palabra sostenibilidad?

Tenemos a las principales empresas del oligopolio energético español a la cabeza de las campañas de sostenibilidad, enfrentadas en una carrera frenética por ver quién vende más sostenibilidad, al mismo tiempo que tienen sobre sus espaldas (balances ambientales) cantidades ingentes de emisiones de CO2. Venden sostenibilidad y no quieren que se regulen opciones bastante más sostenibles como el autoconsumo, descentralización y generación distribuida de la electricidad, para no perder parte del pastel. Hipotecan nuestro futuro con la sostenibilidad como bandera y la hipocresía como ADN. Obviamente muy bien posicionadas en todo el mercadeo y greenwashing de índices de sostenibilidad tipo Dow Jones Sustainability Index,  Clean Tech & Energy Awards 2012 de New Economy, etc.. Esto es lo que el director de Worldwach Institute, Robert Engelman define como “sosteniblablá” en su último informe.

Multinacionales de los hidrocarburos como Repsol venden sostenibilidad porque saben que es una demanda social y una necesidad vital (basta poner unos coches eléctricos en el parking de la sede para justificar sostenibilidad mientras hago prospecciones de petróleo en el mar, o  fracking y agoto la última gota de carburante no renovable. Se estima que unos 2,8 billones de toneladas de CO2, suficientes para una auténtica catástrofe climática, duermen en las tripas de la Tierra, esperando que gobiernos y compañías insensatos y ciegos como nuestro ministro Soria saquen a la superficie por un buen precio, con la excusa de revitalizar la economía.

Otros casos como el de URSA uralita, una empresa que está presente en todos los actos de la sostenibilidad relacionada con la construcción y pertenece a un grupo que ha sido el mayor fabricante de amianto en España, Uralita, SA, descendiente de la antigua Rocalla, SA.  y responsable de una gran contaminación carcinógena por asbestos que  numerosas muertes por amianto, prohibido en España desde 2002. Igual me equivoco y es un cambio de rumbo radical en la compañía pero actualmente no tenemos herramientas de medición de la sostenibilidad real en todo su estructura empresarial, una especie de Análisis de Ciclo de Vida de la empresa, solo informes parciales de lo que quiere comunicar cada empresa, memorias de sostenibilidad o de responsabilidad social ambiguas pura estrategia de marketing, de greenwashing.

El Banco Santander fue elegido el banco sostenible global del año 2012 en la octava edición de los premios Sustainable Finance Awards del Financial Times (FT) e International Finance Corp. (IFC), agencia perteneciente al Banco Mundial, al mismo tiempo el Banco Santander tiene inversiones en armas y se refugia en numerosos paraísos fiscales. ¿Tenemos una radiografía real del aporte a la sostenibilidad de estas compañías?, ¿qué parámetro son sostenibilidad y cuales no se valoran?, ¿podemos considerarlas sostenibles?, o cómo dice el humorista Randal Munroe “La palabra sostenible es insostenible” (*4)

Por otro lado están los gobiernos y administraciones que se desviven por utilizar la sostenibilidad en sus proyectos y en las leyes que regulan nuestro presente; “Ley de la Economía Sostenible” 2/2011, para justificar recortes en aspectos sociales, medioambiente y cultura, “Proyecto de Ley de Protección y Uso Sostenible del Litoral y de Modificación de la Ley de Costas” que en definitiva lo que hace es permitir construir más en las costas, “Ley para el Desarrollo Sostenible del Medio Rural”, para hacer más sostenible el campo han pasado de un presupuesto de 200 millones en 2011 a 28 millones en 2012, “Ley de Viviendas Rurales Sostenibles” 5/2012, la ley de la Comunidad de Madrid para poder construir en suelo rústico si tienes una finca grande, más de 60.000 m², o el famoso “Factor de Sostenibilidad” que van a introducir para regular y recortar  las pensiones.

Eso sí, los mismos gobernantes han desmantelado el Observatorio de la Sostenibilidad Española (OSE) porque supongo que estaba observando demasiado. En el año 2012 el gobierno dejó de incluir al Observatorio en su presupuesto, y al poco tuvo que cerrar. Algo parecido están haciendo con el Centro de Energías Renovables (CENER), matándolo por asfixia pero España se ha gastado ochocientos millones de euros en los últimos seis años en compra de derechos de emisión de CO2 a otros países.

Estrategias “botton-up”.

Parece que los de arriba, gobiernos, bancos, multinacionales, están ciegos y sordos, son incapaces de cambiar las reglas de la partida, siguen a lo suyo, neoliberalismo económico y crecimiento desenfrenado, absortos en el PIB como herramienta de medición. Muchas declaraciones de intenciones, en el 2007 en la Cumbre del Clima Zapatero llegó a Copenhague diciendo que los ecologistas tenían razón y había que tomar medidas con el clima,  Sarkozy llegó diciendo que era urgente reformular el capitalismo y Obama que había que acabar con los paraísos fiscales, ¿dónde ha quedado todo eso?.

Puesto que de arriba no podemos esperar nada, solo nos queda construir estrategias desde abajo, “bottom-up”. Está claro que la sostenibilidad es una preocupación general. ¿Conocéis a algún político que no sea sostenible?, ¿algún arquitecto?, ¿a alguna persona que se declare insostenible?, creo que ya casi todos nos definimos como sostenibles en este mundo insostenible.

Ahora es el momento de medir la sostenibilidad en toda su complejidad y con toda la transparencia posible.Sostenibilidad 2.0, (*5) una palabra que supera el concepto inicial, que está muy ligada al mundo digital, a la medición y la gestión transparente de  la información. Debemos medir, parametrizar y visualizar los indicadores de la sostenibilidad. No se puede gestionar lo que no se mide.

Junto a medición y transparencia,  solo cabe tener una esperanza puesta en la inteligencia colectiva responsable, no para solucionar lo que ya es irremediable sino para no acentuar más las consecuencias de nuestra insostenibilidad.

El camino, ¿herramientas de medición o transparencia?

Solo podemos evolucionar si medimos científicamente, para luego hacer balances y sacar conclusiones o siendo muy transparentes en todos los procesos. En ese sentido hemos evolucionado mucho desde los años 70 cuando empezamos a cuantificar las emisiones y los recursos de nuestro modelo de desarrollo en el famoso informe de “Los límites del crecimiento”.

Actualmente podemos ver ejemplos de medición en iniciativas y herramientas que han aportado mucha luz cómo la Huella Ecológica y el Análisis de Ciclo de Vida. En el campo de la construcción podemos encontrar herramientas muy interesantes que están en desarrollo como la implantación de los DAPs (Declaraciones Ambientales de Productos) sistemas que miden todos los impactos de cualquier producto en su ciclo de vida. En la economía, podemos encontrar herramientas un poco menos maduras pero con mucha proyección como la Economía del Bien Común (EBC), una manera de parametrizar a las empresas desde el triple balance, social, económico y ecológico. O las voces que cuestionan el PIB como instrumento de medida del progreso y desarrollo de un país para empezar a plantear otros indicadores. Desde el punto de vista del usuario aparecen con más frecuencia programas y aplicaciones que miden diferentes impactos y dan al consumidor más información que la puramente económica como “piensaenclima” o la goodguide. Todas herramientas de medición que dan información al consumidor, al sujeto como actor principal capaz de transformar la realidad, y como dice Juan Luis Sánchez, si la TV creó ciudadanos pasivos, internet está creando ciudadanos activos.

Podemos observar detalles interesantes (aunque de momento insignificantes) de transparencia en acciones como la de que un periódico presente todas sus cuentas a sus lectores (eldiario.es), la de que una la banca ética publique dónde invierte todo el dinero que recibe (coop57, Fiare, Triodos), o en iniciativas de democracia directa y transparente como la de Compromís-Equo, donde los ciudadanos pudieron decidir por Internet qué enmiendas precisamente a la “Ley de Transparencia”, o la “Ley de la Reforma Eléctrica”, debía apoyar o rechazar el diputado Joan Baldoví. Una pena que a al final nos quede una “Ley de Transparencia” descafeinada y sin consenso, a la cola de Europa, y una “Ley Eléctrica” retrograda y ciega al futuro.

Y como crecimiento del consumo responsable podíamos referirnos al aumento del 73% de clientes de Triodos desde 2008, o los 10.000 socios de Som Energía en dos años de vida, o las 30 monedas sociales que se están implantando, o las 30 iniciativas de transición que han salido en cinco años, o las innumerables cooperativas y pymes que están trabajando en sostenibilidad social y ambiental.

Nos roban el sol, el agua y el lenguaje pero somos el 99% (*6) y en nuestras manos está construir otra realidad, una Sostenibilidad 2.0, que se mida, que sea transparente, que se comparta y que se cree desde la multitud activa. Efectivamente, como dice Eduardo Galeano el mundo está podrido y agonizante pero como usted dice está embarazado de otro que está naciendo, lo que no sabemos es si llega a tiempo o ya viene tarde como insinúa el reciente informe “La situación del mundo 2013” del Worldwatch Institute.


(*1) Del texto de José Manuel Naredo “Sobre el origen, el uso y el contenido del término sostenible”
“Se trata de la declaración en su día llamada de Cocoyoc, por haberse elaborado en un seminario promovido por las Naciones Unidas al más alto nivel, con la participación de Sachs, que tuvo lugar en l974 en el lujoso hotel de ese nombre, cerca de Cuernavaca, en Méjico. El propio presidente de Mejico, Echeverría, suscribió y presentó a la prensa las resoluciones de Cocoyoc, que hacían suyo el término “ecodesarrollo”. Unos días más tarde, según recuerda Sachs en una reciente entrevista [Sachs, I. , 1994], Henry Kissinger manifestó, como jefe de la diplomacia norteamericana, su desaprobación del texto en un telegrama enviado al presidente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente: había que retocar el vocabulario y, más concretamente, el término “ecodesarrollo” que quedó así vetado en estos foros. Lo sustituyó más tarde aquel otro del “desarrollo sostenible”, que los economistas más convencionales podían aceptar sin recelo, al confundirse con el “desarrollo autosostenido” (self sustained growth) introducido tiempo atrás por Rostow y barajado profusamente por los economistas que se ocupaban del desarrollo. Sostenido (sustained) o sostenible (sustainable), se trataba de seguir promoviendo el desarrollo tal y como lo venía entendiendo la comunidad de los economistas. Poco importa que algún autor como Daly matizara que para él “desarrollo sostenible” es “desarrollo sin crecimiento”, contradiciendo la acepción común de desarrollo que figura en los diccionarios estrechamente vinculada al crecimiento.” JMN
(*2) Sostemible, del Glosario de la vida moderna, consumista y buenrrollista, ENCICLOMIERDA de Basurama. 
(*3) Sosteniblablá término acuñado por Engelman en el reciente informe del WORLDWACH INSTITUTE, “¿Es aun posible lograr  la sostenibilidad?.”  Icaria Editorial 2013.
(*4) Randal Munroe en www.xkcd.com/1007
(*5) Término que escuché por primera vez al Dr. Diego Ruiz. Doctor en Ciencia e Ingeniería de Materiales (UC3M), Máster en Medio Ambiente y Arquitectura Bioclimática (UPM) y Licenciado en Ciencias Físicas (UCM). Consultor Sénior y Responsable de Formación en Cyclus Vitae Solutions. Miembro del equipo técnico y la junta directiva de la asociación El Ecómetro.
(*6) Metáfora utilizada por el movimiento Occupy Wall Street y desarrollada en su último libro por el premio nobel de economía Joseph Stigliz “El precio de la desigualdad: El 1 % de la población tiene lo que el 99 % necesita”.

Para saber más:

Huella ecológica y desarrollo sostenible

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One thought on “Sostenibilidad 2.0 una evolución necesaria

  1. Considero que la necesidad de encontrar medios para hacer frente a todos los problemas derivados de los abusos cometidos por los sistemas tecnócratas, es imperiosa; me parece que las estrategias provenientes de la masa deben ser prioritarias y que su promoción debe permitirles superar el estado microsocial y trascender hacia la acción social. Estoy convencido de que los pequeños gestos, aun en el ámbito individual, como el reciclaje, la autonomía alimentaria y la responsabilidad de consumo son elementos indispensables para lograr un cambio. Pues al cambiar nuestras habitudes de vida cambiaremos nuestros hábitos de consumo, lo cual llevara a cambiar los mercados. No hay que olvidar que las grandes empresas buscan responder al mercado y que sus métodos ‘de optimización’ están basados sobre la demanda del mercado. Métodos tan maléficos como el Toyota son aplicados por todos los sectores de las sociedades modernas, sin importar como se llamen estos métodos buscan tener datos cuantificables; datos susceptibles de ser ‘mejorados’. Por lo tanto creo que buscar nuevos indicadores para medir el estado de ciertas empresas nos haría caer bajo la misma óptica de dichas empresas… hacer de todo para que esos indicadores mejoren aun en perjuicio de la población. Por lo tanto la transparencia en la administración y en los procesos de toma de decisiones me parece una mejor opción; ademas que ésta sería mas fácilmente exigible por el pueblo en su calidad de consumidor, quien por lo tanto podría utilizar su poder de veto para presionar a las empresas que no acepten la instauración de dicha transparencia. Desafortunadamente… ésta ‘formula’ no es aplicable a todas las situaciones y habrá que idear maneras para lograr que el gobierno respete su mandato original de representar al pueblo y de actuar en consecuencia a las necesidades y exigencias de la población.
    Sostenibilidad 2.0 no debería ser un termino aislado, podríamos hablar de Organización social 2.0 también.

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