Record de calor en el Báltico. Un verano excepcionalmente cálido y seco

El agua ha alcanzado 27 grados en el fiordo de Kiel en Alemania, cuando normalmente ronda los 20 en las playas menos profundas. Cada vez son más frecuentes los anticiclones sobre Escandinavia que impiden la entrada de vientos húmedos del oeste del Atlántico. Este verano nos dejó 37 grados de temperatura máxima, diez más que el año pasado, con un calor y una sequía tan persistentes que han afectado a la vida cotidiana y a ecosistemas sensibles como las zonas pantanosas de turba o el interior de los fiordos.

El lado positivo es la alegría de los amantes del sol, el disfrutar de actividades al aire libre, las ganancias de la hostelería y del comercio en la costa, los cicloturistas, las cerezas, las manzanas, las plantas tropicales y las rosas.

Los agricultores piden ayudas al perderse muchas cosechas de verano y de otoño de productos básicos: cereal, patatas, berzas, maíz. Las dehesas secas no dieron heno para el ganado. El 40 % del trigo se exporta regularmente al norte de Africa, pero ya ha sido anulado. La poca cebada se vendió antes de recogerse y la paja alcanzó precio de trigo. Para las explotaciones bio todo es aún más costoso, incluso se ha sacrificado ganado. Otra vez se debate sobre la urgencia de adaptar el sector y sobre el sentido de los agrocarburantes y sus residuos.

Un paisaje color paja

Al bajar el nivel de las reservas subterráneas, los pozos dieron menos agua y hubo que aprovisionar los parques y zoos con cisternas. En algunos ríos y lagos se registra una gran mortandad de peces por la mala calidad del agua o por escaso cauce. Disminuyó el tráfico fluvial. En un primer momento se pidió colaboración para regar plantas de las calles, pero pronto se dejó de regar zonas verdes y terrenos deportivos. El paisaje fue adquiriendo un color paja. Los jardineros pasaron a cortar matorrales secos próximos a las casas para evitar la expansión de los numeroso incendios. Se suprimieron los fuegos artificiales. Además los bomberos ayudaron en Suecia. Los bosques mixtos han resistido mejor la sequía, el fuego y las plagas de escarabajos escolitinos, etc. y numerosas zonas tendrán que ser reforestadas.

Un mar cerrado

Las playas recibieron más visitantes y todos queremos arena limpia, sin algas e instalaciones buenas. La calidad del agua en ciertas zonas empeoró, detectándose bacterias y si las medusas pican, espuma de afeitar es el remedio de los socorristas. Ecologistas y pescadores discuten sobre la cuota de pesca de mejillones porque son los grandes filtros del agua en un mar casi cerrado. Otros temas son el regular la zona de bañistas con perros, accesos para caballos, el ganar zonas de baño en lagos o el mantener abiertas piscinas en barrios populares.

El record de calor en el Báltico trae más turismo

El turismo aumenta, con sus pros y contras. Llega por autovías saturadas, además muchos han evitado el viaje hasta el Mediterráneo, el tren no mejora y quizás volverán a abrir los aeropuertos regionales. Añadamos 600 000 pasajeros de los 160 cruceros que hay que abastecer en Kiel. La ciudad estudia la contaminación provocada y busca respuesta. La presión inmobiliaria crece con la construcción de más alojamientos turísticos, de segundas viviendas, que aquí eran raras o para jubilados porque los inviernos ya son más suaves. Estos pueblos intentan salvar el encanto de la arquitectura local y ofrecer viviendas asequibles para la población local.

Calor en el Báltico

Más consumo de recursos

Con el calor consumimos más agua y electricidad. Un 40 % se ha abastecido con energías renovables, aunque las placas solares llegaron a su límite por calentarse demasiado, ha habido menos viento y menos biomasa. Faltó caudal para enfriar centrales energéticas. Como las casas están bien aisladas, se mantienen frescas con sombra y corrientes, si es que la arquitectura ahorrativa ha dejado ventanas al norte. Hubo listas de espera para arreglar el aire acondicionado de los coches.

Ensaladas y frutas apetecen, pero ya se oyen críticas sobre las condiciones de vida de los trabajadores varados en los mares de plástico del sur de Europa y sobre el origen del carbón vegetal y la leña para las barbacoas, aunque estén certificados. Las raciones de patatas fritas han menguado para poder mantener los precios. La miel es más espesa y en agosto se empezó a vendimiar. Las embotelladoras de bebidas ralentizaron la producción a la espera de los cascos retornables por falta de camioneros.

Cambio de costumbres

Es curioso el ver un cambio de actitudes como el cerrar las ventanas en las horas de más calor, aquí si hace bueno se abre todo, el permanecer en el interior al mediodía, empezar jornadas de trabajo aún antes y la vecina planchando en el balcón. Los policías pudieron decidir si ponerse o no la gorra de polipiel, mientras esperan una de algodón el próximo verano. Habrá que adaptarse. Uno de los viveros más grandes del mundo en Relligen, ya busca otras maneras de riego para sus 3500 hectáreas y anuncian que habrá menos pinos de Navidad.

Científicos de Kiel junto a colegas rusos zarparon hacia aguas siberianas del Artico con la expedición Transdrift XXIV para recopilar datos sobre los cambios del hielo. Una vez más, el profesor de Kiel experto en clima Mojib Latif, hace un llamamiento para reaccionar ya.

Hay muchos datos serios, más allá de estas anécdotas. A mediados de septiembre volvemos a rozar los 30. Este verano nos dio un aviso de lo que supondría vivir con más calor. En España diez grados más serían 50. Faltan las decisiones.

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