Pinturas de exteriores 2ª parte

cal1La segunda parte de esta serie, se dedica a las pinturas de fachadas sobre fondos o morteros minerales. Además, se investiga las posibilidades, desde el punto de vista de la bioconstrucción y de la ecología, de cómo se puede aplicar pinturas de restauración sobre fondos existentes, por ejemplo, sobre morteros aglutinados por resinas sintéticas o en superficies de mortero pintadas con pinturas sintéticas con dispersantes.

En la restauración de fachadas se podrá emplear: pinturas de cal, pinturas de silicato, pinturas con dispersantes de silicato, pinturas sintéticas con dispersantes y pinturas de resina de silicona. Desde el punto de vista de la bioconstrucción (balance ecológico, difusibilidad, etc.) , los dos últimos tipos de pintura mencionados son menos recomendables. En la elección de los colores, muchas veces habría que tomar en cuenta el estado actual de los edificios.

Pinturas de cal

Las pinturas de cal solamente se pueden aplicar en un mortero alcalino, o sea, en un mortero de cal puro, con pocos meses de antigüedad que no ha reaccionado todavía en toda su profundidad. Con papeles indicadores se puede controlar la alcalinidad de los morteros. Las pinturas de cal se pueden aplicar solamente en los  morteros que muestran todavía una reacción alcalina, puesto que sólo en estos casos es posible una buena carbonatación. La humedad en el mortero, junto con el CO2 del aire ambiente produce Ácido Carbónico que reacciona con el Hidróxido Cálcico, o sea, con la base de la pintura de cal. Del Carbonato Cálcico neutral se crean cristales cálcicos, la llamada piedra caliza, el carbonato cálcico. Así se revierte el proceso de la producción de cal en pasta. La piedra caliza con un 98 % de pureza en Carbonato Cálcico se calcina a unos 900º- 1200º produciéndose el Óxido de Calcio y desprendiéndose el agua de cristalización y el CO2. El Óxido de Calcio, o cal viva, se apaga añadiéndole otra vez agua y se crea Hidróxido Cálcico, la cal en pasta.

Tiempo atrás, los campesinos y los pintores tenían sus propias fosas de cal en pasta, donde la cal hidratada, “cubierta” con agua, se conservaba sin límites de tiempo. Esta “cal empantanado” (así la traducción literal del término “Sumpfkalk”, el nombre alemán para este tipo de cal, N.d.T.) debería guardarse en este estado por lo menos durante 2 años.

 

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