Nº 42 de EcoHabitar. Editorial

A veces nos equivocamos y el patinazo hace darnos de bruces con el bordillo. Y esta vez ha sido llevados por las ganas de empujar una idea en la que creemos a pié juntillas: la vivienda colaborativa. Y no es que dude de este modelo de entender el lugar dónde y cómo vivimos, podéis estar bien seguros que seguiré pensando que en la colaboración y el compartir está el futuro y que seguiré apoyando con todas mis fuerzas. Donde ha hecho aguas este proyecto ha sido en la confianza dada por nuestra parte a un grupo concreto de autopromotores, enmarcados dentro de una cooperativa y que mostró interés en todo el proceso de cohousing y vivienda ecológica y que, a la hora de la verdad, después  de innumerables reuniones de trabajo, convenios, proyectos sobre papel con criterios de bioconstrucción, ayudarles a definir conceptos, jornadas divulgativas, etc. se inclinan por un proyecto donde la ecología brilla por su ausencia como si tal cosa. Lo que se dice toda una jugarreta que, además, para nosotros es inexplicable.

La ingenuidad nubla la razón y nos pasa malas jugadas, eso creo que ya lo sabemos depues de casi media vida bregando en un sistema de  tiburones y “sálvese el que pueda”, pero este caso a ido algo más allá, rondando, a mi modo de ver, la estafa y el engaño y donde existía un compromiso por la ecología ha quedado un agujero negro, muy negro. Pero ¿qué razones han podido llevar a unas personas que se habían interesado en una vivienda saludable y medio ambientalmente respetuosa con el entorno?

Pienso que las razones, posiblemente, sean económicas y este grupo cooperativo haya optado por el presupuesto más barato, huyendo de la idea de invertir en salud y respeto al medio ambiente, además de una profunda falta de convicción real en la ecología por parte de sus miembros. Triste pero tiene pinta de ser así.

Últimamente he estado pensando en la accesibilidad en las comunidades sostenibles. A medida que nos enfrentamos a los retos del cambio climático, la importancia de contar con una vivienda de bajo impacto y ecológica aumenta gradualmente. Al mismo tiempo, también hay que reconocer que en España hay una población que envejece continuamente. Más del 45% de la población española será dependiente en el año 2032 (1) y la generación “baby boomer” que nacieron en la década de 1960 estará en sus primeros 70 años.

Además del hecho de que la vivienda española contribuye al 30% de las emisiones totales de carbono nacionales (2), la mayoría de nuestras viviendas es inaccesible para las personas con discapacidad. El 95% de las viviendas son inaccesibles para los usuarios en sillas de ruedas, lo que indica que nuestra vivienda no sólo está mal equipada para hacer frente a los muchos desafíos a los que nos enfrentamos debido al cambio climático, si no que también no son adecuadas para satisfacer las necesidades de una población que, poco a poco, va envejeciendo.

Es evidente que las comunidades sostenibles deberán evolucionar para enfrentar un escenario muy diferente al actual.

Notas:
1. Según estudios del INE.
2. Impactos ambientales de la construcción. Archivos Ecodes

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