Nº 40 de EcoHabitar. Editorial

Nos lo están poniendo fácil, pero que muy fácil para que demos el salto definitivo a crear una nueva estructura político/social más justa y con unos valores de ética, honestidad, igualdad y de respeto al medioambiente. Salta a la vista que estamos ante la agonía de un sistema injusto diseñado para que unos pocos se pasen la vida chupándole la sangre a la gran mayoría para enriquecerse y perpetuarse en el poder, a cambio de un vago concepto llamado «estado del bienestar», utilizando, para ello, una droga llamada consumo.

Como hemos dicho muchas veces asistimos a una época en la que estos poderes practican, ante la visión de su decadencia debido a un sistema insostenible, un «sálvese quien pueda», arrasando, como una horda despiadada, todo a su paso: recursos naturales, logros sociales y derechos ciudadanos.

Uno de los últimos zarpazos ha sido la reforma eléctrica que, como ya sabéis (ver artículo de José Vicente en la página siguiente y la editorial del número anterior), nos penaliza de una forma injusta por el mero hecho de intentar ahorrar mediante las renovables, una ley hecha para que las compañías eléctricas puedan cobrar lo que dejarían de cobrar si uno decide comenzar a ahorrar con energía fotovoltaica. Una Ley que se contradice con el propio Código Técnico de la Edificación donde alienta la utilización de las energías renovables como tecnología para alcanzar ahorro energético.Una ley que nos empuja a la ilegalidad.

Supongo que es cuestión de tener aguante y sentarse a la espera, pacientemente, a que esto se derrumbe, como cuando en la aclamada película de culto «Amanece que no es poco», aguardaban ese «extraño» amanecer como algo único y casi místico.

Y pistas de que ese otro sistema es viable, y que la gente lo quiere, las hay. Pongamos un ejemplo: tercera semana de noviembre en Madrid. Por un lado la feria SIMA Otoño Madrid 2013, la feria del sector inmobiliario de segunda mano, donde los bancos (Bankia y todo ese mundo oscuro y reprobable) venden sus trofeos de extorsión y fraude: 60 expositores y una cifra de visitantes que la organización no da pero que a vista de buen cubero no llega a las 10.000 (todo un ejemplo de transparencia informativa). Por otra parte, en las mismas fechas, en el pabellón continuo, Biocultura, feria de la alimentación y la producción ecológica, con cerca de 800 expositores y más de 70.000 visitantes. No hay mucho más que decir.

Con este número EcoHabitar ha llegado a los 10 años con las lectoras y lectores. Son 40 números (junto a la anterior cabecera son 50 números) en los que han ido apareciendo en la revista numerosas personas entusiastas que han colaborado, poniendo su granito de arena, para avanzar en un sector que, al principio, hace 20 años, parecía que quedaba todo por recorrer. Y, aunque todavía queda mucho camino, el avance es visible: cada vez hay más interés de empresas y profesionales que se involucran en la bioconstrucción; fabricando materiales; ofreciendo una formación de calidad o desarrollando sistemas que ofrecen soluciones fiables, de calidad y saludables, a un cada vez más amplio público que busca una vivienda ecológica a precios razonables.

Desde estas páginas todo el equipo de EcoHabitar quiere rendir un merecidísimo homenaje a los pioneros de la bioconstrucción, que hace 20 años empezaron todo esto casi desde la nada. Ahora vemos con entusiasmo el cambio generacional que llega con fuerza, gente joven que está empujando con fuerza lanzando audaces propuestas impregnadas del nuevo paradigma. Gracias.

«El verdadero progreso social no consiste en aumentar las necesidades, sino en reducirlas voluntariamente; pero para eso hace falta ser humildes.»

Mahatma Gandhi

 

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