nº 4 de EcoHabitar

A finales de los años 80 se empezó ha hablar de la sostenibilidad, sin saber demasiado qué significado concreto podía tener.

El Informe Brundland, dice que el desarrollo es sostenible cuando satisface las necesidades de la generaciones actuales sin hipotecar las de las generaciones futuras.

Los aspectos más importantes de estos nuevos conceptos, son la diversidad biológica, el cambio climático, los bosques, así como la contaminación acústica y lumínica, las energías renovables, el ahorro en el consumo del agua, la salud y el desarrollo de las personas, la libertad, la tolerancia y la cooperación, la solidaridad, la utilización racional de los recursos, nivel de igualdad en el desarrollo humano para todos los habitantes del planeta.

Y estos valores son los que deberían prevalecer a la hora de hablar de sostenibilidad. Pero no es así, desde los estamentos oficiales, gobiernos, comunidad científica, mundo empresarial y económico (los que siempre quieren estar arriba) la están utilizado de una forma desviada, asociándola al término desarrollo, lo que nos lleva a una frase con un significado ambiguo. Y la ambigüedad está en qué entendemos por necesidades de las generaciones actuales. Para unos, la gran minoría, las necesidades es disponer de 2 residencias, los mejores equipos electrónicos,  viajar para arriba y para abajo… seguir utilizando materias primas no renovables, productos que se sabe a ciencia cierta que no son inocuos. Mientras que, para la mayoría, es no llevarse nada a la boca y querer disponer de todo lo que tiene la gran minoría.

Por eso es tan difícil ponerse de acuerdo entre los firmantes del Protocolo de Kioto. Una vez más se han reunido, esta vez en Buenos Aires, para estudiar como se avanza en la lucha contra el cambio climático. Algo que está más que demostrado y contrastado, ya nadie duda de que Gaia tiene fiebre y no se sabe lo que puede pasar cuando se ponga a estornudar. Aunque si sube la temperatura global, cosa que ya está ocurriendo, las ciudades costeras acabaran desapareciendo o exigirán enormes inversiones en diques de contención (buen negocio para las cementeras). Una subida de 4 grados en la temperatura media global supone unos 6 grados en nuestro país lo que significa una sequía permanente. Como veis la cosa es seria. Algunos ya están mentalizándose a este nuevo panorama practicando la autosuficiencia. De todas maneras aunque la sociedad “civilizada” iniciara ya una eliminación total de las emisiones, el calentamiento seguiría sin parar hasta dentro de 100 años, como una locomotora al frenar.

Por eso cuando se ven las parcas medidas que se toman desde una Administración presionada por la industria, los poderes económicos y una sociedad apalancada delante de sus televisores de plasma viendo Gran Hermano la esperanza es nula y solo cabe pensar que la humanidad está condenada a la extinción.

Un ejemplo de esta cobardía a la hora de tomar medidas, lo tenemos en la presentación del borrador del Código Técnico para la Edificación (CTE) que se presentó en fechas pasadas en Madrid (ver noticia en pág. 4)  y en la que se intenta crear un marco para que los edificios sean mas eficientes. Pero ocurre que para los “expertos” que elaboran esta normativa el ciclo de vida de los materiales no cuenta: para ellos es lo mismo que utilicemos materiales que consumen mucho en su fabricación, que su reciclado sea difícil o que utilicemos materiales producidos con materias primas renovables de bajo impacto ambiental; esta es la sabiduría de los “entendidos”. Ante esta cuestión uno de los ponentes de esta presentación contestó “una pregunta muy ecológica” ¿cómo se puede contestar esto en unas jornadas en las que se trata precisamente de la reducción del consumo energético y la reducción del impacto ambiental de la edificación?.

Como dice nuestra buena amiga Pilar Valero “falta conciencia global”.

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