nº 27 de EcoHabitar

Editorial

Algún día las corporaciones, grandes y grandísimas, no tendrán impunidad a lo largo y ancho de este mundo, y cuando la sociedad clame señalándolas con el dedo, la administración y los jueces no harán oídos sordos ni serán cómplices del silencio y el dolor de muchas personas. Supongo que algún día la sociedad se cansará de tanto atropello, de tanta mentira, de tanta destrucción, de tanto egoísmo y de tantos resultados muy positivos de cuentas, retiros multimillonarios, cuentas opacas, paraísos fiscales y otras lindezas.

Porque ahora pasa y parece como que sus tropelías y atropellos, de toda índole, son la cruz de la moneda y la cara es nuestro “bienestar” y “desarrollo”. Y pasa todos los días, en todas partes y en cualquier parte del mundo.

A estas alturas pocos son los que se creen lo de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC), una idea que posiblemente surgió con todas las buenas intenciones pero que no deja de ser una auténtica campaña de lavado de imágen.

¿Qué pasó en Bophal? ¿Alguna vez alguien ha pagado el daño causado? ¿Qué está pasando en el golfo de México? ¿Estamos dejando de llenar el depósito en las gasolineras de BP tras el derrame de crudo en el golfo de México?

Cada día, en este mundo megaempresarial opaco, cada uno hace lo que le da la gana: si no te dejan fabricar un producto porque contamina, y en Europa la gente está concienciada y eso no se puede hacer, te vas, tranquilamente, a un país emergente o a otro en vías de desarrollo, e instalas la fábrica allí, sin problemas legales y con mano de obra barata y sin sindicatos que den la lata, y tu, tranquilo a fabricar y a envenenar a las personas y a ensuciar el entorno para los que vengan detrás.

Tenemos el ejemplo, en este país, en la empresa Uralita, la cual durante años se encargó, con eficacia, de envenenar a trabajadores y a personas que vivían cercanas a la fábrica (todavía lo sigue haciendo con las miles y miles de toneladas de productos de fibrocemento con asbestos que hay por ahí: planchas onduladas, tubería de agua, canalones y bajantes, depósitos de agua…); ahora, después de los años, la sentencia obliga a indemnizar a afectados con una suma interesante. Es una constante la actitud delictiva de algunas empresas que ejercen sus actividades envenenando a las personas. Lo triste es que los representantes y los directivos que estaban al frente de la empresa ya no están y su responsabilidad se diluye, siempre pasa, como el director general de BP que negoció su salida de la empresa, con un multimillonario despido y su penitencia será un dorado retiro. Que BP se desplome en la bolsa no es ningún castigo porque ahora es el momento para que los buitres compren las acciones de la multinacional a precios bajos.

Se presenta un otoño interesante para el mundo de la bioconstrucción, hay unos cuantos eventos a destacar para profesionales y de los que damos información en este número.

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