nº 25 de EcoHabitar

Editorial

Este frío trimestre nos dejará un triste recuerdo con lo acaecido en Haití, donde un olvidado país ha sido arrasado cayendo más aún en la miseria. Imágenes que nos han dejado helados, en la comodidad de nuestro hemisfério Norte. No conozco esta tierra pero me atrevería a jurar que, estando en el caribe, la climatología no debe ser un handicap para crear riqueza y, sobre todo, cultivar alimentos suficientes siempre y cuando la administración local tenga un poco de seriedad. Supongo que también, y repito que no conozco mucho los detalles, algo tendrá que ver con esta desidia, la FAO, el FMM, la ONU, OMC y todo este tinglado de iniciales expertas en sangrar al que menos tiene. Los pobres y los marginados siempre pagan el pato.

En el último informe de la sostenibilidad, que acaba de publicar el OSE (ver noticia en página 6), se ve la trayectoria de este país. Aunque es cierto que algunas presiones medioambientales han disminuido su presión asociadas al modelo de desarrollo, como es el caso de las emisiones de efecto invernadero, los procesos urbanísticos y una mejora en la productividad, no debemos olvidar que son índices asociados a la crisis actual y no deja de ser un espejismo. De echo uno de los datos más negativos es el aumento del impacto medioambiental de la agricultura convencional. Por ende, la agricultura ecológica ha crecido, en superfície cultivada, durante este último periodo, un 25%.

El gran batacazo ha sido la construcción, que en 2008 tenía un peso del PIB del 12,3% y en 2010 ronda el 10%. Ha sido el sector económico con una mayor caída entre 2007 y 2008. El dato es que las viviendas iniciadas descendieron un 59,63% en 2008 respecto a 2006, llegando en el primer semestre de 2009 al 66,03%.

Uno de nuestros motores económicos cae por su propio peso, y el otro, el turismo de masas, tiene mal aspecto.

Deberemos entender, tarde o temprano, como sociedad, que la ecología no es que un vehículo funcione con electricidad o el coger, en Carrefour, bolsas fabricadas con fécula de patata. Deberemos cambiar nuestros hábitos de vida hacia un modelo de menos consumo: simplifica tu vida.

Y mientras, para constatar lo evidente, en Copenhague un desbarajuste. “No hay peor ciego que el que no quiere ver”: esta es la frase que podemos aplicar a los políticos de Dinamarca que han organizado esta cumbre del clima. Un fracaso premeditado y que pone de manifiesto la ideología negacionista de uno de los socios del actual gobierno Danés.

Y ahora, a esperar a la siguiente cumbre en México, a ver si se ponen de acuerdo los dirigentes en qué hacer para frenar esta escalada de derroche, aunque, como siempre, son los movimientos ciudadanos y el día a día individual, donde podemos vislumbrar un cambio.

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