nº 24 de EcoHabitar

Editorial

Una de las concurrentes acusaciones, por parte de los sectores de la arquitectura sostenible y la convencional, la administración y el sector empresarial, es que los criterios que promueve la Bioconstrucción son radicales e imposibles de poner en práctica hoy en día. Ocurre lo mismo con los planteamientos y propuestas que surgen del sector medio ambientalista, para frenar el deterioro de nuestro planeta y crear una sociedad capaz de no dejar Gaia hecha un desastre. La idea de una sociedad menos consumista, choca de frente con las recetas de los políticos, que piensan salir de la crisis mediante el aumento del consumo.

Y es precisamente esa “radicalidad”, que promueven los movimientos de Decrecimiento y Comunidades en Transición, por ejemplo, la que es necesaria en estos momentos, ante una sociedad en la sigue sin estar mal visto el uso del vehículo privado una y otra vez, unos hábitos de consumo que generan una cantidad de residuos imposibles (ver artículo en la página 46), una gestión de los recursos como si nunca fueran a acabar y otras costumbres que hacen que nuestra huella ecológica sea de las más grandes del mundo. ¿Cuantos decenios harán falta para llegar a un equilibrio entre necesidades y recursos al paso que nos propone la sociedad de consumo, con sus políticos y sus multinacionales sin escrúpulos y una gran mayoría de personas autistas?

Los sistemas de calificación energética, aparte de ser un gran enredo para los profesionales que tienen que hacer malabarismos, se empeñan en contabilizar, tan solo el gasto energético del edificio una vez construido y siguen sin pararse a pensar en las ventajas que ofrecen los materiales ecológicos en cuanto ahorro energético, debido a una fabricación más limpia, ahorrativa y una mejor localización, además de los beneficios, al ser materiales saludables.

Seguiremos insistiendo, como lo hemos hecho a lo largo de todos estos años, en la necesidad de tener en cuenta estos factores y seguiremos mostrando ejemplos de edificios y proyectos en los que se han tenido en cuenta estos aspectos; seguiremos denunciando los materiales, estrategias comerciales, medios de comunicación y empresas que utilizan los términos “eco”, “bio” y “sostenible” sin ningún miramiento y aprovechándose de una falta de regulación europea.

El otro día, hablando con un compañero en unas Jornadas Técnicas, me comentaba lo tranquilo que está cuando su hija pequeña juega sobre un rollo de aislamiento de lana de oveja; como para hacer lo mismo sobre un rollo de lana de roca, por ejemplo, un material que por mucho que se esmeren sus ejércitos de expertos en marketing y abogados, seguirá siendo un material no biocompatible y con una huella ecológica insostenible.

Los grandes cambios, siempre vienen de pequeños cambios individuales y desde abajo, sin esperar los que puedan venir de arriba y la “radicalidad” de las que nos acusan, en estos momentos, esta más que justificada, por que, en estos tiempos, estás o no estás. La falta de compromiso no dejará de ser un “vuelva usted mañana que hoy no tengo ganas”, una cobardía que, a buen seguro, nos reprocharán las generaciones futuras.

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