Nº 15 de EcoHabitar

Editorial

La idea del decrecimiento o acrecimiento, como prefiere denominarlo Serge Latouche, como la actitud que hay que emprender sin dilación para conseguir un nivel de civilización en la que se aguante el ser humano en el planeta, asusta a todos aquellos que basan su “felicidad” en el desarrollo y en el consumo abusivo de los recursos naturales.

Cuando en 1983 se oyó hablar del concepto de desarrollo sostenible, definido en el informe Brundtland, no parecía una mala idea y, así en el papel, se asemejaba bastante con las ideas de la autosuficiencia pregonizada desde el movimiento conservacionista y por algunas culturas indígenas.

El tiempo pasó y el binomio gobierno-empresa se encargó de arrimar el ascua a su sardina, poco a poco, hasta llegar al panorama que tenemos hoy en que la pereza impide a esta sociedad darse cuenta de lo aberrante que es este concepto: una fe ciega, absurda y matematicamente imposible en un progreso infinito, en un planeta finito como es éste.

No se trata de regresar a la Edad Media, sino a una producción básica y muy localizada, evitar las largas distancias de los productos y las mercancías, relocalizar las actividades de las personas, acercar el trabajo a la vivienda, reducir el despilfarro energético, eliminar los combustibles fósiles, penalizar el gasto publicitario, regresar a una agricultura cercana y natural y una vida simple, evitando los grandes desplazamientos, y sobre todo evitar la acumulación.

Las propuestas del Parti pour la Décrossance van más allá e incluyen ideas como la prohibición de poseer más de dos viviendas; liberar a los medios de comunicación  de la tutela de las multinacionales; un bandono progresivo del vehículo privado; el desmantelamiento de las empresas multinacionales; la instauración progresiva de una renta máxima autorizada; la puesta bajo tutela democrática de la investigación; la relocalización progresiva de la economía a través de incentivos fiscales, tasas aduaneras, implantación de normas cualitativas exigentes; una economía fundada sobre pequeñas entidades, artesanado, cooperativas y un campesinado liberado del imperio de la química; el abandono del deporte profesional en provecho de los deportes amateurs

“Debemos vivir en forma más simple para que simplemente los demás puedan vivir”

Ghandi

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