Nº 14 de EcoHabitar

Editorial

Siguen apareciendo leyes, normativas y reglamentos  para dirigir a los técnicos hacia lo que tienen que hacer para hacerlo bien, se supone que para solucionar vacíos legales que hasta ahora hacían a este país de Jauja de los espabilados (traficantes de suelo, multinacionales de la tecnología que se aprovechan, en aras del libre comercio, para incrementar sus dividendos más allá del PNB de un país en vías de desarrollo, por ejemplo). La última, después de la entrada en vigor de CTE, es la nueva Ley del Suelo, aprobada por el Congreso y que ha entrado en vigor a partir del 1 de Julio, que viene a, según dijo el presidente Zapatero, “frenar los precios de la vivienda, a ofrecer viviendas dignas a los ciudadanos, permitirá, asimismo, revertir una etapa de decrecimiento de la vivienda protegida, concluir con la anomalía de la gran cantidad de viviendas desocupadas, preservar el patrimonio paisajístico y medioambiental, y plantar cara a la corrupción y a la especulación”. Esta Ley contempla que los ayuntamientos tengan un papel protagonista en su aplicación (pero ¿no era así hasta ahora?). También parece que protege de una forma especial los espacios naturales “poniendo fin al principio del todo urbanizable, que acaba siendo la mayor tentación para la especulación y para las irregularidades urbanísticas” según el presidente.

También dijo que la nueva Ley aportará mecanismos de transparencia y control, ya que “permitirá saber a quiénes benefician las decisiones que toman nuestros representantes en los ayuntamientos”, al tiempo que promoverá la participación ciudadana en la elaboración de los planes urbanísticos municipales. Lo que está claro es que las intenciones son buenas, aunque de ahí a que sea una Ley que solucione la especulación ladrillera, va un largo trecho. Según los Verdes, la Ley no va a frenar el seguir viviendo del ladrillo y la especulación, cuando permite que las plusvalías y rentas  públicas de la acción urbanística puedan ser destinadas a cualquier otro fin, por parte del ayuntamiento, por ejemplo. La exigencia de fundamentar científicamente la urbanización y descatalogación de espacios naturales protegidos abre las puertas, bajo la ambigua exigencia de fundamentación científica, a procesos de urbanización de parques, parajes o espacios naturales en general.

La Ley, según los Verdes, no va acabar con el problema de la vivienda y  va a seguir permitiendo que los promotores urbanísticos sean los verdaderos alcaldes de las ciudades españolas. El consenso mafioso del ladrillo, en el que no sólo está el PP, sino también el PSOE, IU y las fuerzas nacionalistas, no se verá amenazado por esta nueva Ley del Suelo.

Recién llegados de Construmat, donde a bombo y platillo se anuncia eso de la construcción sostenible, la sensación es de desilusión, aunque nos está bien empleado por pedirle peras al olmo.  Eso ya lo explica bien Jordi Badía en su columna de la página 20.

Os deseamos un buen verano, os recomendamos mirar la agenda, pues está repleta de actividades muy interesantes.

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