Nº 29 de EcoHabitar

Editorial

A veces pueda parecer que sólo nos centramos en el término «CO2«. Yo mismo pierdo el horizonte ante tanto CO2, quizás sea la palabra que más se usa en esta publicación (tendría que mirarlo) y una de las más usadas por ahí fuera. Pienso que si tuviéramos que darle un premio a «la palabra más usada últimamente» se la llevaría esta: «CO2«.

Unas veces va con el numerito más pequeño y abajo, otras parece que al o la que escribe le molesta volver atrás y llevar el ratón del ordenador a la teclita de «subíndice», en la barra de herramientas del procesador de textos, para que se ponga pequeño el 2. El caso, y como venía comentando, es la palabra estrella de esta década.

Creo que esta obsesión puede llevar a algo bueno: si logramos introducir en el ADN del ser humano, la imperiosa necesidad de vivir sin ensuciar, sin gastar más de lo necesario, controlando las emisiones de CO2 y de paso ayudando a los que no tienen para comer, nos podemos dar con un canto en los dientes y decir que hemos salvado el buen nombre de esta generación, entre el siglo XX y XXI. Esto puede ser así si trabajamos un poco rápido y no nos dormimos discutiendo por el sexo de los ángeles y otras disquisiciones para perder el tiempo. Porque los datos de la disminución de las reservas de petróleo, de las materias primas, del cambio climático, del declive del sistema capitalista, entre otras tantas «señales», están ahí, a la vuelta de la esquina.
Siempre nos ha interesado, desde esta publicación, observar la edificación y la construcción desde una perspectiva holística y comprender dónde puede solaparse con otros conocimientos, y que se conviertan en actividades con conciencia. Porque la edificación, sin contemplar el mundo que nos rodea, se queda aislada en medio de la nada, como ha ocurrido desde que comenzó la era industrial.

En realidad, se trata de una actuación en todos los aspectos de la vida: la vivienda, el trabajo, la alimentación, la educación, el transporte, la salud, el ocio, la espiritualidad y la cultura…; en definitiva todas nuestras necesidades vitales como seres humanos. Todo está conectado, y lo que se desconecta tiende a desaparecer. Y quizás sea esto lo que está pasando: se derrumban los planteamientos solitarios, que viven de espaldas a esta realidad.

Siguen llegando vientos nuevos a este mundo de la bioconstrucción y de la permacultura. Los cambios de actitud son evidentes, y mientras vemos pasar una era convulsa de crisis en muchos aspectos, muchas personas han optado por darse cuenta de que hay que aprovechar la crisis para quemar los trastos viejos, como en las hogueras de San Juan. Porque en lo que se avecina no hay sitio para los viejos esquemas y aunque no sepamos exactamente qué se avecina, sí sabemos que a lo que hemos estado acostumbrados, hasta ahora, va a ser inviable en el futuro.

Se están abriendo nuevos campos, cada vez hay más personas que abren nuevos caminos en este sector: nuevos materiales ecológicos, técnicas, posibilidades y cada vez hay más espacios de formación.

Ya estamos invirtiendo en el futuro para legar un plantea en paz y limpio.

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