Medicamentos, de bienes esenciales a mercancías

aspirina“No soy enemigo del mercado, soy enemigo de que se mercantilice toda la vida humana”. José Luis Sampedro.

La preocupación por nuestra salud también pasa por la relación que establecemos con el consumo de medicamentos. Hoy, pese al auge y avance de los tratamientos alternativos o las denominadas medicinas complementarias, la mayor parte de la población acude al médico con la intención de que le recete fármacos para intentar controlar los síntomas de alguna enfermedad o dolencia. Pero, pese a que casi todos nosotros sabemos que los medicamentos presentan efectos secundarios, pocas personas conocen a fondo la peligrosidad de algunos preparados farmacológicos. El consumismo farmacéutico se ha impuesto, por la decidida presión de los laboratorios, a la necesaria racionalización de los tratamientos. Nuestra sociedad está sobremedicada y esto produce graves daños y peligros para la salud humana.

Urge así establecer un consumo más crítico de los preparados de farmacia: estos compuestos químicos pueden en muchas ocasiones aliviarnos, pero debemos saber que en más ocasiones de las que creemos también nos ponen en serio peligro. Además, el mercado farmacéutico está controlado por un número relativamente escaso de multinacionales, cuya sed de beneficio -la industria farmacéutica es la más rentable del mundo entre los negocios legales- las empuja a pasar por encima de cualquier presupuesto ético.

Traficantes de salud

Como explico en el libro que les presentamos más abajo, “Traficantes de salud: Cómo nos venden medicamentos peligrosos y juegan con la enfermedad”, en este sector empresarial se crean enfermedades, se corrompen a los médicos, se amañan los ensayos clínicos y se oculta parte de sus resultados, se controla a los grandes medios de comunicación para que estos asuntos no se publiquen o se financian campañas políticas para conseguir gobernantes favorables a sus intereses. La responsabilidad del ciudadano como comprador de estos bienes, muchos de ellos esenciales, es muy grande. En juego está no sólo su salud y la del medio ambiente -los problemas de contaminación química que provoca el desecho de medicamentos aún no han sido suficientemente valorado-, sino, unas reglas económicas que permitan la adquisición de fármacos verdaderamente eficaces y seguros y disponibles para todas las personas del mundo, algo que por hoy es una entelequia.

A finales de 2004, el mundo se conmovió con las noticias del tsunami que asoló la costa asiática y provocó un cuarto de millón de víctimas entre muertos y desaparecidos. De manera paradójica, sólo tres meses antes, otra catástrofe, en este caso farmacéutica, alcanzó similares cotas destructivas. El 30 de septiembre de 2004 la multinacional Merck Sharp & Dohme (MSD) retiró su fármaco estrella Vioxx . Conocido como la superaspirina, este medicamento para la artritis, la artrosis y el dolor agudo multiplica al menos por dos el riesgo de infartos de miocardio y cerebrales (un estudio de la agencia de medicamentos estadounidense, la FDA, indica que lo triplica). MSD llegó a esta conclusión tras realizar su ensayo APROVe, siglas en inglés de Prevención de Pólipo Adenomatoso con Vioxx. El caso, el más grave ocurrido hasta la fecha, ejemplifica a la perfección cómo la industria farmacéutica ha convertido unos productos beneficiosos para la humanidad -los medicamentos usados de manera racional-, en una mercancía, con las nefastas consecuencias provocadas.

La FDA ha calculado que hasta la retirada de Vioxx se han producido 27.000 casos de infarto y muertes súbitas, sólo en EE.UU (estudios posteriores dejan elevan considerablemente esta cifra). El año antes de la no comercialización de Vioxx, 277.000 personas lo ingirieron en España (entre 70.000 y 100.000, según el Ministerio de Sanidad español). Con los datos del citado estudio APROVe en la mano, la incidencia de infartos de rofecoxib, principio activo del preparado, fue de 15 por 1.000 pacientes; el grupo placebo (producto sin acción terapéutica) ofreció 7,5 por 1.000. Esta diferencia de 7,5 por 1.000 individuos por año, multiplicado por entre 70.000 y 100.000 individuos, “se traduciría en 525 a 750 casos de infarto o ictus atribuibles a rofecoxib por cada temporada en que el fármaco ha permanecido en el mercado farmacéutico español”, argumenta Joan-Ramón Laporte, destacado farmacólogo catalán.

Vioxx, fue presentado con una agresiva campaña de marketing y desde al menos el año 2001 Merck sabía los daños que producía su medicamento, pero no lo retiró.

Contenido relacionado

Una selva en tu cesta de la compra El aceite de palma se encuentra en uno de cada tres productos que hay en los supermercados, desde el alcohol hasta la salsa de ensalada. Hannah Berry ...
¡Refréscate! Neveras. Eficiencia energética Ahora que tanto se habla del cambio climático, ¿qué hacen los fabricantes de refrigeradores para crear productos eficientes y libres de gases de “efec...
Retando al Coca-colonialismo De todas maneras, pudren nuestros dientes, pero el surgimiento de bebidas gaseosas éticas, debe aplaudirse, argumenta LAUREN STEADMAN. Como un símbol...
bool(true)

One thought on “Medicamentos, de bienes esenciales a mercancías

  1. Si bien los medicamentos nos pueden ayudar a aliviar miles de dolencias son estas mismas las que hacen que los virus y bacterias evolucionen, como consecuencia se vuelvan mas resistentes a los mismos, y cada vez sera necesario mas medicamentos fuertes nocivos para la salud.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *