Los caleros, un oficio en vías de extinción

Bocairent, 1El oficio del calero, como tantos otros y por desgracia, es un oficio que hoy en día tenemos que rescatar de la memoria. No sólo este oficio ha caído en el olvido, sino el de esquilador, lechero, herrero, o carbonero. Todos ellos forman parte de una larga y extensa lista que poco a poco crece muy a pesar de unos pocos amantes de la artesanía y de los trabajos manuales.

Pensamos que éste, como tantos otros oficios, sigue siendo productivo, efectivo y podría llegar a estar vivo si no fuese por la despoblación de tantas zonas rurales a favor de un crecimiento desproporcionado de la metrópolis.

Como tantos, el oficio de calero, interactúa con otros oficios, que a su vez sufren la desaparición de la materia prima y como consecuencia y con el tiempo contemplan la extinción de los compañeros de trabajo, como es el caso de que la extinción del calero desencadena la desaparición del estucador. ¿O sería al contrario?

La industria actual ha traído la posibilidad de realizar la producción del material edilicio a gran escala, y ha conseguido acabar, en la mayoría de los casos, con la antigua industria artesana tradicional. Esta circunstancia, unida al descubrimiento de nuevos materiales, que dejan en el olvido a los utilizados históricamente, ha hecho guardar en el baúl de los recuerdos a muchos oficios tradicionales.

Junto a este olvido de los oficios se ha producido lógicamente el abandono y deterioro de las herramientas y construcciones auxiliares utilizadas en estos oficios. Las recetas, los trucos, las proporciones, procedimientos y metodología que llevan al buen que hacer de procesos tradicionales, se rompen quedando sólo un eslabón aislado en la sociedad, una figura incomunicada, estéril, que en pocas décadas sufre una pérdida irreparable.

La industrialización de las zonas rurales, la despoblación y el academicismo de la sociedad, comporta un bienestar social que tiene un precio muy alto; los jóvenes ahora estudian nuevos oficios, nuevas carreras y no heredan la tarea familiar, con ello la tradición generacional se pierde al igual que se pierde la transmisión del conocimiento, cegada por un desinterés de la cultura, de las raíces en pro a un futuro tecnológico de altos niveles productivos, ¿pero, con qué niveles cualitativos?

El “Calero” es uno de esos viejos oficios que el paso del tiempo ha hecho que desaparezca, aunque en algunas zonas de la península ibérica todavía quedan personas dedicadas a esta noble actividad. Uno de los focos más representativos de lo que fue el oficio de calero hasta la década de los 50, fue el pueblo de Orgaz, en la Comarca de los Montes de Toledo. Aunque a lo largo de la geografía hispánica podemos encontrar numerosos hornos de cal, demolidos y mimetizados en el paisaje, dando prueba las ruinas que inundan nuestro panorama: en Alicante; en la Sierra de Mariola en la comarca del Alcoià, en el Fortí de Denia,  en el monte de Montefrío de Urnieta, Guipúzcoa o Montemayor de Pililla, Valladolid, Segovia, Granada……

Los hornos de cal hoy

En general, la situación de los hornos de cal es de total abandono, por lo que su estado de ruina en la mayoría de los casos es tal que son difícilmente recuperables. Ello es debido a su falta de uso y a la dejadez de las autoridades competentes, tan insensibles con la conservación y restauración del patrimonio cultural y en especial con el patrimonio etnográfico. Sólo en algunos casos, los hornos han sido recuperados y mantenidos en buen estado, gracias a la labor de asociaciones culturales y grupos de personas que pretenden conservar y dar a conocer estas construcciones, que formaron parte de nuestra vida y tradición hasta hace pocos años.

Su construcción

Básicamente un horno de cal tradicional es un pozo cilíndrico, cuyas paredes se recubren de arcilla  para evitar la dispersión de calor y crear una “olla a presión” gigante. Debe tener una repisa donde empezar a poner las piedras calizas y una boca en su parte inferior desde donde se alimenta el fuego. Existen distintas tipologías según el lugar y disposición del terreno (si éste es liso o tiene un fuerte desnivel). Si el terreno es liso, la construcción se empieza excavando un pozo de forma cilíndrica en el suelo, de unos 3-4 m de profundidad por 2-3 m de diámetro. En la parte más baja, el cilindro se estrecha, formando un poyete o poyata (repisa), que servirá como base donde apoyar la piedra. Al horno se accede a través de una rampa de acceso que nos lleva desde la superficie hasta el interior o la boca del horno por la cual introduciremos el combustible para prender la piedra. Esta zona, es conocida como el servidor, ya que sirve al calero para destruir la leña y así introducir ésta dentro del horno para poder prender constantemente. El poyete, por lo general, tiene una altura de unos 70 cm. y es el que determina la amplitud que tendrá el espacio interior del horno.

Contenido relacionado

Ecohouse, en la Conferencia Passivhaus que por pri... Pamplona, 2 de noviembre de 2016.  La 8ª Conferencia Española Passivhaus, evento anual de carácter estatal de eficiencia energética en el sector de la...
Una vivienda urbana exclusiva, ecológica y eficien... Este proyecto de reforma de una vivienda particular situada en el casco urbano de Valencia, comenzó con el  estudio del estado de la estructura existe...
La UNESCO declara la Cal de Morón Patrimonio Cultu... A las 16.30 h. local (9,30 en España), en la Convención para la salvaguarda del Patrimonio Inmaterial intangible, que se está celebrando esta semana e...
Rehabilitación de un piso, la ciudad como espacio ... La rehabilitación de pisos en la urbe se torna como un ámbito de actuación fundamental para preservar el entorno y no crear nuevas infraestructuras, h...
bool(true)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *