La huella ecológica del Estado Español en el sector energético

molinos2 copiaEn el anterior artículo se trató el tema de “la Huella Ecológica del ciudadano español” en el ámbito doméstico, en éste, queremos dar una visión más global, donde aportamos datos del sector industrial.

Transformar nuestro sistema energético actual en sostenible supone un cambio de conciencia sin parangón. Un análisis inicial del sistema energético español indica que las necesidades energéticas se incrementarán en un 52% en el periodo 2000-2010 y que el consumo de energía primaria está basado en un 83% en combustibles fósiles (con sus efectos en el calentamiento global y emisión de contaminantes), un 13% procede de centrales nucleares (con las consecuencias derivadas de la generación de los residuos radiactivos) y solo un 4% con Energías Renovables. Si a esto añadimos que nuestro grado de autoabastecimiento es del 18,8% y que en el transporte de energía perdemos un 28,4%, podemos concluir que nuestro sistema energético es totalmente insostenible.

El consumo de energía por sectores nos indica que el transporte se lleva el 42%, que la industria consume otro 30%, del que únicamente el 30% es electricidad, mientras que los demás sectores (residencial, servicios y agricultura) tienen un consumo de electricidad similar, es decir necesitamos un 20% de energía en forma de electricidad y el resto como combustibles, calor y frío. O sea, que no pensemos que la fuente final de energía alternativa sea a través de la electricidad, pues, como nos indican las cifras, la mayor parte del consumo energético es en procesos de conversión de energía térmica.

Más del 65% del consumo energético en el Estado Español descansa sobre los combustibles fósiles, de los que apenas producimos un 2%. El resto lo importamos (en total importamos un 80% de nuestros recursos energéticos), de países que en un momento dado, podrían cortar el suministro, entre otros motivos, debido a que tengan que hacer frente a su propia demanda interna. Dado el volumen de importación diario, los accidentes son frecuentes y episodios como el del Prestige no deben verse de forma coyuntural, tampoco el gaseoducto que la empresa Gamez pretende construir desde Argelia pasando por el parque Natural Cabo de Gata, en Almería. En la medida que la demanda no deje de incrementarse (ha crecido un 47,7% entre 1997 y 2003 y, dentro de esta demanda, el consumo eléctrico se ha disparado un 90% desde que somos un país de “nuevo rico”) y no se aumenten los niveles de eficiencia energética (el consumo energético es superior al PIB), la dependencia energética es uno de los talones de Aquiles de la economía española. Además, las emisiones de gases de efecto invernadero (derivadas de la combustión de estos recursos fósiles) seguirán sobrepasando con creces los compromisos fijados por el Protocolo de Kyoto, que no sólo tendrá un coste económico añadido (pues tendremos que hacer frente a las multas en el 2007 por superar los límites europeos) sino que ya tienen un coste enorme en la salud de quienes respiran un aire que supera, en muchas ciudades, los niveles de calidad mínimos.

La generación eléctrica que abastece a la máquina y al aparato que mediatiza nuestras vidas sigue siendo fundamentalmente térmica (principalmente se apuesta por las de ciclo combinado que funcionan con gas), pues es más rentable que la energía nuclear. En los últimos años se han desarrollado más las tecnologías renovables, cuando el precio del petróleo y la contaminación atmosférica ha hecho a los países industrializados ver “las orejas a lobo”.

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