La calefacción también puede ser sostenible

estufaEs difícil hablar de necesidad de calor sin tener en cuenta la mayor fuente de calor, esa pedazo bola luminosa, incandescente… que gustito sentir su presencia en invierno.

El hombre observador aprendió los cursos del sol, a lo largo de las estaciones del año. Orientó las estancias según su uso con relación al sol. En la época del imperio romano, un arquitecto llamado Vitrubio heredero de un saber anterior, experimentó y creó las bases de una arquitectura solar y biológica por excelencia. En todo el mundo clásico hay ejemplos maravillosos de este conocimiento.

El SOL es el mayor generador de calor que podamos imaginar, es un gigante reactor nuclear de fusión de hidrógeno, o sea, genera energía a partir de la unión de átomos de hidrógeno por “atracción” debido al sistema de implosión. Es la energía más saludable, pues el calor no es otra cosa que “agitación molecular” y dado que esta agitación es generada por la fusión del hidrógeno, los biofotones que viajan hasta nosotros contienen esta frecuencia y crearán una resonancia en nuestro hidrógeno, o lo que es lo mismo en nuestra agua, no olvidemos que somos un 70% agua…

El sol manda a la Tierra una cantidad de energía difícil de imaginar, pues en 1 minuto recibimos el equivalente a la energía total utilizada por la humanidad en un mes. Cada metro cuadrado recibe en el exterior de la atmósfera una potencia de 1400W (1160Kcal/hora).

La radiación emitida por el sol tiene una abundancia de luz en el espectro visible, casi un 50% de infrarrojos (“calor”) y algo de ultravioleta.

A su paso por la atmósfera, nubes, polvo, se absorben parte de las ondas, de forma que en la superficie de la Tierra apenas llega ultravioleta de alta frecuencia que causaría quemaduras y enfermedades.

Ya en el siglo XIII antes de Cristo, en Anatolia (Turquía) se usaba un rudimentario sistema de calefacción bajo suelo, que los romanos redescubrieron y desarrollaron. Empleaban unos conductos a través del pavimento por los que circulaban los gases calientes de hogueras preparadas para tal finalidad. Lo llamaron calefacción de Hypocausto.

En algunos pueblos de Castilla existían las llamadas “glorias” , que eran unas cámaras de aire debajo del pavimento de las habitaciones. Por esta cámara circulaban los gases procedentes de un hogar situado más abajo, calentando de esta forma los suelos a modo de chimenea horizontal. Un sistema rudimentario pero efectivo.

Existen instalaciones realizadas en este siglo, en las cuales se empotraban redes de tubos de hierro en el mortero bajo el suelo, tenían un elevado coste debido al precio de la tubería y a la cantidad de soldaduras y curvas que eran precisas para instalar un serpentín.

Después de la segunda guerra mundial, se empezó a fabricar el tubo de plástico destinado a la calefacción por suelo y muro bajo radiante, este fue el factor decisivo que puso el sistema radiante al alcance de todos.

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