La agricultura natural de Masanobu Fukuoka y Emilia Hazelip

¿Por qué la agricultura natural no es fácil? Tiene que ser difícil entender las cosas sencillas, porque de otra manera, no sólo los agricultores biológicos, sino también los convencionales, conocerían y alabarían desde hace ya mucho tiempo, una agricultura que evita la necesidad del laboreo, de los productos químicos de síntesis, los fertilizantes, el compost e incluso desherbar y podar.

La agricultura natural propugnada por Masanobu Fukuoka en “La revolución de una brizna de paja”, donde se describen 40 años de agricultura del ‘no-hacer’, es justamente este tipo de agricultura, y fue esta inspiración directa la que motivó a Emilia Hazelip a desarrollar la Agricultura Sinérgica, que ella describió como un intento de adaptar el trabajo de Fukuoka al clima templado. Lamentablemente Emilia nos dejó hace casi 3 años y Fukuoka, aunque esté aún con nosotros, a sus 92 años ya no puede viajar y enseñar como antes. Por mi parte yo también estuve inspirado por el ejemplo de Fukuoka y mi amistad con Emilia, y a través de  los contactos de los seguidores de Fukuoka en Japón, la cooperación con la “Scuola Emilia Hazelip” en Italia y como miembro de la asociación de permacultura “Las Encantadas” aquí en Francia, tengo la esperanza de continuar esta tradición de agricultura natural, escribiendo, enseñando y, lo más importante, con la creación de un ejemplo de granja que funciona para la experimentación de la agricultura natural de clima templado.

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Fukuoka en la Universidad de Ehima, Japón 1998.

¿Qué hay de lo sencillo que se nos escapa? La pérdida continuada de tierra por todo el planeta es dolorosamente visible: los barrancos profundos que entrecortan los viñedos de la zona después de las intensas lluvias de este otoño, son un recordatorio elocuente de esta situación; pero, a pesar del creciente coro de voces que describen esta pérdida, el ritmo de la destrucción no hace más que aumentar.

¿Hay una especie de locura detrás de esto o el problema está en las máquinas y las maquinaciones mentales que hemos creado a partir de nuestra famosa capacidad de razonar? La razón ha creado miríadas de mundos a partir de los hechos individuales que consideramos como saber, llamemos eso ciencia, filosofía o aquellas racionalizaciones diarias inexpresadas, dentro de aquella cosa complicada, pero profunda, que llamamos sentido común.

Cuando el emperador desfiló delante del pueblo con sus ‘nuevos hábitos’, fue un niño el que primero le apuntó y se rió de su desnudez y es esta percepción fresca, compartida por la agricultura natural que Fukuoka describe, donde: “Todo aquello que había mantenido con firme convicción, todo lo que ordinariamente había confiado, fue barrido por el viento…Sentí que no comprendía nada. [y como nota a pié de página aclara] “No entender nada”, en este sentido, es reconocer la insuficiencia del conocimiento intelectual”.[1]

La agricultura natural de Emilia Hazelip

Asimismo, Emilia describe irónicamente su nacimiento en Barcelona durante un bombardeo en el último año de la guerra civil española y los paseos de su infancia a través de unos campos sin vida: “Era aún una niña cuando me di cuenta de que los adultos no tenían idea de lo que hacían en cuanto a la agricultura. La tierra de los campos españoles era horrible: reseca, árida y sin vida. No tenia la menor idea de lo que se podía hacer, pero una cosa sabía con certeza, que debía haber una mejor manera!”.[2]

Entonces, no necesitamos ningún conocimiento nuevo sino un cambio de percepción para detener e invertir la destrucción de la Tierra. Recuerdo a Emilia preguntándome la primera vez que la encontré, qué experiencia tenía de agricultura. Le contesté que ninguna. “¡Bien, dijo ella, tendrás menos por desaprender!“ A pesar de mi ignorancia me ha costado muchos años de desaprendizaje comprender que lo sencillo es fácil porque, al fin y al cabo, es la naturaleza y no las personas, quien hace crecer las plantas.

Reconociendo la primacía de los procesos naturales, esta agricultura prescinde de la parafernalia tecnológica que procede del conocimiento y busca a la vez maneras de permitir a la naturaleza actuar, tal como explica Fukuoka: “Yo estaba apuntando a un método de hacer la agricultura agradable, natural, que condujese a hacer el trabajo más fácil en vez de más pesado. ¿Qué tal si no se hace esto? ¿Qué tal si no se hace aquello? Esta era mi manera de pensar. Finalmente llegue a la conclusión de que no había necesidad de arar, ni de aplicar abono, ni de hacer compost, ni de utilizar pesticidas. Cuando se profundiza en ello pocas prácticas agrícolas son realmente necesarias”. [1]

Éste es el enfoque hacia el no-hacer que aplicó Emilia en su Agricultura Sinérgica para clima templado, diciendo: “Durante 25 años tuve como objetivo occidentalizar el trabajo de Fukuoka, con la esperanza de que experimentando con este sistema conseguiría hacer arraigar la práctica y los principios de la Agricultura Natural, tanto para la creación de huertos familiares como para granjas comerciales, introduciendo algunos compromisos para adaptarla al clima templado: el uso de máquinas, invernaderos y riegos”. [2]

Maíz sarraceno y coles (2002).

Maíz sarraceno y coles (2002).

Emilia sabía que estos compromisos estaban en contra del movimiento de la agricultura natural y, por el respeto que le tenía a Fukuoka, eligió llamar a su agricultura “Sinérgica”. Pero a causa de su muerte prematura, su versión templada de la agricultura natural quedó sin terminar.

Es mi intención continuar este trabajo sin acabar y seguir desarrollando el método resueltamente práctico de Emilia, que intenta alejarse de la agricultura basada en el conocimiento que no incluye sólo la agricultura convencional y científica, tal como aclara Fukuoka: “De todas formas, el problema está en que la mayoría de personas no comprenden todavía la diferencia entre la agricultura ecológica y la natural. Tanto la agricultura científica y la ecológica tienen un enfoque básicamente científico. El linde entre las dos no está claro.” [3]

El siguiente análisis, hecho por Emilia durante una clase, pone de manifiesto la confusión contenida en el enfoque científico de la fertilidad: “Si las plantas contienen el 75% de agua y un 25% de materia seca, entonces esta materia seca puede subdividirse en un 20% de hidratos de carbono producidos por la misma planta a través de la fotosíntesis y un 5% de elementos traza y nitrógeno. Si la radiación solar y las precipitaciones son adecuadas, el suelo no aporta más que el 5% de las necesidades nutritivas de una planta. En la agricultura convencional este 5% se pierde para el suelo durante la cosecha con el traslado de los productos y el arado sucesivo, lo cual puede llegar a enterrar tanto las raíces, que se vuelvan inalcanzables para el cultivo siguiente. Por eso es necesario añadir artificialmente nitrógeno y elementos traza a través de fertilizantes u otra cantidad de enmiendas modernas.

Agricultura natural. Acolchado natural en este huerto de nabos.

Acolchado natural en este huerto de nabos.

Pero, si nos damos la molestia de devolver todos los residuos de la cosecha al campo como acolchado- el acolchado nunca se debería incorporar- y añadiendo o un cultivo de cobertura intercalado o de un fijador de nitrógeno de invierno, que puede proveer a todas las necesidades de nitrógeno para el cultivo de  la temporada siguiente, este 5% de pérdida para el sistema es casi evitable. Siempre habrá alguna pérdida, y por consiguiente un decremento de la fertilidad a largo plazo.” [2]

Por lo tanto, en la agricultura convencional, tanto la científica como la ecológica, el déficit de fertilidad percibido debe ser compensado por enmiendas usando la lógica de “cultivos fuera y enmiendas dentro”. La agricultura natural se da cuenta de que cuando el agricultor ara, fertiliza, fumiga o deshierba, mata la vida del suelo, lo cual no hace más que asegurar que deba seguir arando, fertilizando, fumigando o desherbando para remplazar la fertilidad natural así destruida!

La fertilidad no es un proceso estático y lineal

Mientras la investigación científica siga intentando comprender  los procesos vitales utilizando las exitosas técnicas de la física aplicada, que consiste en la reducción de los procesos holísticos en partículas cada vez más pequeñas, los complejos procesos que contienen la interdependencia de toda la vida permanecerán ignorados. La fertilidad no es un proceso estático y lineal. La materia inorgánica o la materia orgánica muerta  nunca podrán remplazar la autonomía dinámica de la vida. La fertilidad no se deriva de plantas o microorganismos, ni del sol o de la lluvia. Es más, la fertilidad es un concepto y por ello vacío, no existe en ningún lugar o cosa concretos; no es otra cosa que la renovación completa de la vida dentro del suelo al no interferir con ello. Es una ironía que a agricultores y  horticultores, involucrados en el desarrollo de la vida, todavía les falta integrar ‘la vida’ en sus prácticas culturales.

Como no son las personas que hacen crecer las plantas sino la naturaleza, los agricultores deberían simplemente ocuparse de cuidar, después de haber prestado atención a la expresión local de los procesos naturales. Prestar atención es esencial para mantener la fertilidad sin tener que recurrir a aportes externos y costosos, tanto desde el punto de vista económico como ambiental. Los abonos verdes y los cultivos de cobertura, la devolución al suelo de todos los residuos del cultivo, siguen el proceso natural obvio de cubrir el suelo y los beneficios que esta capa de acolchado le aporta, pueden aumentar aún más con la selección y la rotación apropiadas del cultivo comercial en sí. Esta práctica suave devuelve la agricultura al campo de las artes después de haberse convertido en ciencia en occidente, siendo este arte dirigido a la comprensión de la primacía de los procesos naturales.

Agricultura natural para clima templado

Una agricultura natural para clima templado debe proceder de la simplificación, aplicando el enfoque del ‘no hacer’ a través de la experiencia práctica. Esta experiencia sólo puede alcanzarse desde la observación profunda, que sólo puede darse si nos abrimos a los procesos naturales, lo cual, en ultima instancia, es el trabajo de una vida. Curiosamente, progresando a lo largo del camino de la agricultura natural, llega la realización de que la agricultura o la horticultura que se desvela no es agricultura en absoluto, porque: “La agricultura natural pura…no va a ninguna parte y no busca victoria alguna. Lo único que el agricultor debería esforzarse por conseguir es poner en práctica  el ‘no hacer’… La esencia de la agricultura natural será alcanzada una vez comprendido que intentar conseguirlo hace perder la alegría y la felicidad. La meta última de la agricultura no es el cultivo de las plantas, sino el cultivo y la perfección de los seres humanos.” [1]


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Emilia en una de sus charlas en los cursos sobre Agricultura Sinérgica.

Agricultura Sinérgica y Permacultura

Los fundamentos de la Agricultura Sinérgica reflejan estrictamente los 4 principios básicos de la Agricultura Natural de Fukuoka: no labrar, no abonar, no desherbar y no depender de productos químicos, y son:

  1. Mantener el suelo sin compactar y sin perturbar
  2. Utilizar la fertilidad propia del suelo como abono
  3. Integrar la zona de deshechos en el perfil del suelo agrícola
  4. Desarrollar y establecer colaboraciones con organismos benéficos que protejan los cultivos

El alentador aumento de una “labranza conservadora” durante la última década, ha traído consigo unas máquinas especialmente diseñadas para el no laboreo. No obstante, sus desventajas son la enorme cantidad de pesticidas y herbicidas necesarios. Los principios de la Agricultura Sinérgica no son antagonistas de esta agricultura de gran escala orientada hacia el uso de las máquinas, como lo es la Agricultura Natural de Fukuoka. Todo lo contrario, la Agricultura Sinérgica, refinando la sucesión y rotación anual, donde cada cultivo deseado por el agricultor debe estar en equilibrio respecto a las necesidades del suelo, ofrece a estas grandes granjas una manera de equilibrar la vida del suelo hasta un punto en que ningún pesticida y herbicida será necesario, tal vez a excepción de la aplicación ocasional de productos basados en las plantas como el neem, la raíz de derris, el piretro o de preparados biodinámicos u homeopáticos. Estas noticias no son buenas sólo para el medio ambiente, sino también para los agricultores ecológicos que siempre se han resistido a usar los beneficios del no laboreo porque obliga a utilizar pesticidas y herbicidas sintéticos.

Permacultura y Agricultura Natural

Mientras reconozco que la Permacultura es un proceso de diseño y no se ocupa de técnicas sino más bien de principios, con la Agricultura Sinérgica no sólo ofrezco algunas técnicas prácticas, probadas a lo largo de los últimos años, sino también unas técnicas guiadas por los principios de respeto por la vida y la autonomía del suelo, en línea con los principios fundacionales de la Permacultura que recién expresó David Holmgren (2002) que incluyen:

“Paisajes diseñados conscientemente que imitan los patrones y las relaciones encontradas en la naturaleza y a la vez productores de una abundancia de alimentos, fibras y energía para satisfacer las necesidades locales”.

Abandonando muchas de las técnicas fundamentales empleadas por la agricultura convencional, tanto la química como la ecológica, incluyendo la labranza, los abonos, los herbicidas y los pesticidas, la Agricultura Sinérgica es capaz de imitar el ecosistema natural del suelo. Si la Permacultura adoptase mi principio del “Efecto Sinérgico” y aplicase después las técnicas relacionadas con la localidad, entonces por primera vez, podría involucrarse en el cultivo de hortalizas anuales y cereales.

Y esto no sólo daría una dirección positiva a los horticultores entusiastas que se abren a la permacultura en busca de ideas sobre como cultivar sus verduras favoritas, también abriría un diálogo con las grandes granjas que en la actualidad producen la gran mayoría de los alimentos consumidos en occidente.

Referencias
[1] La Revolución de una Brizna de Paja, Masanobu Fukuoka
[2] Notas sin publicar de Emilia Hazelip
[3] El camino de vuelta a la naturaleza, Fukuoka,

Articulo aparecido en el EcoHabitar 8 – Invierno – 2006 (agotado) y en el Monográfico de Permacultura  


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5 thoughts on “La agricultura natural de Masanobu Fukuoka y Emilia Hazelip

  1. Buenas tardes,
    Me llamo Adrià y me ha encantado este artículo. hace relativamente poco descubrí a Masanobu Fukuoka i me impactó mucho. Tengo viñedos y este otoño empezaré a trabajar algunos basados en la agricultura natural.
    Me podrías decir quien lo ha escrito? Quien es esta persona que esta, entiendo yo, en Francia, continuando lo que empezó Emilia?
    Gracias de antemano
    Abrazo
    Adrià

  2. Soy un aficcionado a la agricultura, tengo un pequeño huerto donde aplico los principios de la agricultura biodinámica… a nivel de producción estoy encantado, y mi família más…. pero me surge la duda de si con estos sistemas de producción podríamos abastecer a una población entera. Agradecería que me enviaran artículos o enlaces de páginas web donde se desarrollara esta qüestión.

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