Huehuecoyotl, la experiencia de viejo coyote

Supervivientes de un proceso humano en evolución
La semilla de la comunidad de artistas Huehuecoyotl comienza a germinar en los míticos sesenta cuando un grupo de jóvenes, amantes de la utopía y herederos del rebelde 68, inicia un viaje a India que les llevará a recorrer medio mundo.

Durante los doce años que dura la aventura, a bordo de camiones, el grupo vive de forma comunal y se desarrolla artísticamente como grupo de teatro. Esta faceta les permite conocer comunidades y étnias ancestrales, intercambiando arte, cultura y valores humanos.
El peregrinaje termina en 1982 cuando veintiocho personas llegan a bordo de siete camiones para establecerse como comunidad en el estado mexicano de Morelos.
Después de casi 20 años de asentamiento, Huehuecoyotl ha sobrevivido a escisiones, nuevos miembros, exaltaciones irreales y críticas despiadadas.
La mayoría de sus integrantes, artistas e intelectuales, desempeñan sus profesiones al margen de la comunidad pero entre los planes de futuro figura la ampliación del terreno y del grupo, en busca de una economía comunitaria sostenible y un mayor acercamiento a la tierra.
La crisis sincronizada que parecen atravesar las comunidades veteranas nos lleva a cuestionar  las fórmulas empleadas, pero no el valor de los que fueron fieles y osados con sus sueños.
Huehuecoyotl nos permite observar, sin juicios ni deslumbramientos, la trayectoria de una experiencia colectiva en busca de alternativas a la convivencia y organización social establecida, que tanta infelicidad generan al ser humano. Con esta actitud nos acercamos curios@s a la larga experiencia de Huehuecoyotl, el Viejo Viejo Coyote.

El nopal y la serpiente
La compra del terreno, 2,5 hectáreas, en el estado mexicano de Morelos, cerca de Tepoztlan, supuso el paso de lo comunal a lo individual después de convivir durante 12 años en el interior de los camiones y compartirlo absolutamente todo: la economía, los víveres, el trabajo, el espacio, la educación de l@s niñ@s, las adversidades y el arte, como una familia gitana a la vieja usanza.
“El cambio era necesario” afirma Andrés King veterano viajero y cofundador de Huehuecoyotl “veíamos que nuestro trabajo no era tan efectivo, que necesitábamos raíces. Queríamos un lugar que cuidar, que cultivar y que nos diera cierto centro de gravedad. Un amigo nos prestó una casa cerca de Tepoztlan y encontramos este lugar. Cuando vimos las raíces del viejo amate pensamos que era un buen símbolo, el amate fue para nosotr@s el nopal y la serpiente” aludiendo al símbolo que dió origen al imperio mexica. Además del viejo amate, otra coincidencia, víno a corroborar su decisión: Huehuecoyotl representaba para los aztecas al dios de la danza y la poesía, con el que este grupo de artistas e intelectuales podían identificarse plenamente.
Hubo un tiempo de separación “tuvimos que hacer dinero en la manera posible y empezó una nueva estructura social. Nos dedicamos a construir casas, cisternas, caminos,… mientras vivíamos en los camiones, sin luz, sin agua. Y pasamos varios años hasta poder retomar el lado artístico” Svante como testigo directo de todo el proceso continúa “tuvimos un plan original de hacer casas pequeñas (se repartieron 250 metros cuadrados por persona y/o 500 por pareja) y el espacio comunal más grande, pero no fue así, tardamos cuatro años hasta hacer lo comunal”. Esa etapa parece definitiva para entender el desarrollo posterior de la vida comunal, en palabras de Odin Ruth, hijo de una pareja de cofundadores “sucede que personas que han vivido juntas durante 10 años se encuentran con la posibilidad de tener un espacio privado y descubren  otro mundo, una necesidad oculta que había estado latente, la de tener un espacio propio para hacer lo que quieran. Hubo un proceso de individualización, de crecimiento de las cosas de cada quién, inclusive en los propios aspectos del arte”.
El asentamiento supuso la desintegración del grupo. Los que quedaron volvieron a consolidarse. De hecho “este fue también el cambio básico en la evolución humana” señala Ría Bjerre, quien vivió ambos procesos- el nómada y el sedentario- dentro del grupo. “No cabe duda que es más fácil manejar la energía del grupo como nómada, porque puedes elegir tu ambiente, irte si no te gusta y regresar como visitante, es muy distinto ser el que siempre recibe como anfitrión de su hogar. El papel del anfitrión exige de cara a los demás que lo que hablas sea parejo a cómo vives”.

Trabajo externo
Desde su papel de anfitrión la comunidad ha sido testigo de importantes eventos, como la visita de etnias tan inaccesibles como la huichola, la taraumara y la candona, o los monjes lamas del monasterio de Golden Shartse. La zona comunal compuesta por el Foro Cultural, la cocina comedor, la sala multiusos, los baños secos y la regadera, junto a una buena parte de terreno común, alberga desde entonces a un variado espectro de allegados y ajenos relacionados con la ecología, las artes, la espiritualidad….. También acoje clases de yoga, danza hindú, meditaciones, ceremonias indígenas, temazcales, teatro, conciertos, encuentros de ecoaldeas, cursos de capoeira, etc. todo ello bajo la mirada atenta del Abuelo, el viejo amate.
Para entender esta biodiversidad cultural, basada en el respeto a la naturaleza y a cualquier manifestación artística y cultural, es preciso presentar el abanico de profesiones que abarcan los integrantes de la comunidad: músicos, poetas, terapeutas, fotógrafo, arquitecto, permacultores, trabajador social, chamán, jardinero, y escultora, entre otras habilidades grupales.

Economía familiar
La economía comunal se basa en las pequeñas cuotas que cada miembro aporta mensualmente a la comunidad y en los ingresos de los rentistas y huéspedes. Con ello afrontan gastos generales de mantenimiento, sin embargo cada familia e individualidad dispone de su propia economía.
En cuanto a la convivencia, la dinámica colectiva vive periodos sumamente cambiantes. Comidas y trabajos comunes, proyectos y viajes colectivos se alternan y mezclan con una forma de vida privada y autónoma, en la que cada miembro entra y sale de la comunidad como si de un grupo de vecinos se tratase.
Tras 30 años de convivencia en el caso de los más veteranos, las canas de la madurez han ganado espacio al entusiasmo juvenil, los militarismos activos y el trabajo hacia fuera. El quehacer que ahora les interesa es el interno, desde un crecimiento íntimo y personal como base de la evolución del grupo humano que forman. La comunidad sigue existiendo a través de los hilos invisibles y la complicidad telepática alcanzada con el paso de los años, aunque desde fuera parecen un grupo de amig@s compartiendo un espacio y una infraestructura.
Las palabras de Ría Bjrre sintetizan la idea: “Es obvio que sin una economía sostenible, sin motivación es difícil que la gente trabaje lo suficiente para la comunidad, no pueden aportar el suficiente tiempo y energía. Somos un modelo de sociedad viviendo un proyecto donde los ingresos para sostener las familias vienen de cada uno. Ahora, en la época de crisis de las viejas comunidades, es una prueba para saber si es válido lo que hacemos y lo que sentimos dentro de nosotros”. Esta mujer que renunció en su día al prestigio profesional con su maestría en literatura nórdica y una conocida carrera artística afirma orgullosa que «supe que podía anteponer y elegir mis antiguos valores para hacer lo que creo correcto». Respecto al momento actual dentro de la comunidad afirma: «Nosotros sobrevivimos por la unión interna y por la gente que expresa con sus caras ëbuají este es un lugar para respirar en libertad. Nosotros estamos viviendo la visión sin hablar tanto de ello, somos un taller de libertad: no dominar, no juzgar».
Su compañero Andres King, que además de poeta es experto en ceremonias indígenas e imparte cursos de chamanismo y ensueño apunta «la sociedad si no estás integrado trata de etiquetarte, clarificamos nuestra voz libertaria a través de organizaciones culturales e internacionales sobre este experimento bioregional que estamos llevando a cabo. Así tratamos de manifestarnos hacia el exterior aunque éste no es el verdadero trabajo sino el interno, debemos cuidar que desde fuera no nos vacíen e incidir nosotros», refiriéndose a la imagen pública que esta antigua comunidad emite, consciente o inconscientemente, en su entorno más cercano y como modelo alternativo de convivencia que ha sabido perdurar.

Organización interna. Aprender de los nativos
Una de las obsesiones que caracteriza a la comunidad en cuanto al funcionamiento interno es la insistencia en la ausencia de líderes. “Hay muchas comunidades guíadas por un líder” comenta Ríe “nosotros tenemos a la naturaleza como guía” y en este sentido insiste: “si la sociedad quiere cambiar tiene que cambiar sus estructuras emocionales y psicológicas y en este sentido debemos aprender de los nativos y de las culturas antiguas y su relación con la naturaleza, dejando fluir: sin dominar y sin ser dominado, individual y social. Ha habido gente que quería estructurar, dominar y ser dominado, se fueron de la comunidad sin pleitos, simplemente no aguantaron que los demás fuéramos indomables”. Ríe Bjrre viajó con la carabana entre el 73 y el 75, hasta que en 1987 reencontró al grupo y desde entonces reside en Huehuecoyotl.
Andrés King, uno de los padres más carismáticos del grupo narra uno de los momentos claves en la tranformación de la organización interna: “Fue hasta que llegó Bea y comenzamos a aplicar las técnicas de toma de decisiones por consenso y resolución de conflictos, que ella enseña a sindicatos, ONGs, comunidades y grupos que trabajan por el cuidado de la tierra. Es una forma bastante espiritual -refiriéndose al consenso- una forma occidentalizada de las prácticas indígenas, que permite que si una persona bloquea la decisión del grupo no se lleve a cabo. Pero se trata de dar tiempo a esa persona a que reflexione, o al revés, puede que la comunidad esté equivocando la visión”. Andrés conocedor y partícipe de prácticas indígenas continúa explicando: “Otras comunidades no necesitan de estos métodos porque ya están implícitos en sus valores, pero en comunidades heterogéneas como Huehuecoyotl, donde existen personas espirituales y otras con una visión de progreso material para sus vidas, nos llevaría a una gran desigualdad”.
Sin embargo, la experiencia del consenso es bastante reciente, comenzaron a usarla en 1996, antes hubo una larga travesía que implicó muchas tomas de decisiones, “tratamos de seguir un consenso técnico pero siempre había una sublimación o idealización de que era consenso cuando algunos estaban imponiendo su fuerza, su poder,…” Andrés desde su pleno conocimiento del grupo desde sus orígenes y una total  implicación en su evolución, se lanza a una sincera autocrítica “había pretensión y protagonismo junto con las buenas intenciones, faltaba el ponerse emotivamente en la piel de los demás. Porque la comunidad no es solo marchas, acciones y construcción de espacios, no lo que se ve sino lo invisible, el trabajo interno. Cuando esas raíces están ahí puede crecer un gran arbol de espiritualidad. Una autocrítica seria que podíamos haber hecho las cosas mejor, pero se hicieron según los recursos, las capacidades y la mentalidad de la época”.

Permacultura: el agua
El primer reto técnico con el que se enfrentó la comunidad, antes que la construcción de las casas que al principio fueron pequeñas cabañas de lodocemento, fue la captación y el almacenamiento del agua. En una zona donde la época de sequías es de siete meses y las lluvias caen todas juntas entre junio y octubre (unos 1,40 metros por año), las precipitaciones fluviales se  convierten en la única fuente de abastecimiento de agua.
«Lo primero fue construir una presa debajo de una gran cascada natural para aprovechar el agua de la montaña» empieza a explicarnos Odin Ruth, el primero en aplicar técnicas de permacultura en la comunidad. «En un principio el agua pasaba por tres tambores de metal de grava, arena y carbón para quitar los residuos y purificarla, pero el sistema se colapsaba por exceso de materia orgánica y hacía que el flujo de agua fuera muy lento».
Con el tiempo el sistema se perfeccionó y ahora filtran el agua en la parte de arriba para enviarla a través de un tubo enterrado a  la cisterna de más de 100.000 litros construida en un muro natural de la montaña. «Desde la gran cisterna -continúa Odin – el agua se traslada a otras de ferrocemento con capacidad de 30.000 litros y de ahí a través de una red de mangueras se distribuye  a las casas. Además de estos depósitos, todas las viviendas cuentan con pequeñas cisternas que almacenan el agua de lluvia.
Esto en cuanto al agua que llega pero ¿qué ocurre con el agua que sale? «La gente que llegó originariamente fue una comunidad de artistas con gran espíritu ecológico pero con poca noción de las técnicas en la práctica, falta de recursos y poca experiencia, pero desde el principio se vió la necesidad de reciclar nuestras aguas, sobre todo las grises», cuenta Odin, que en el momento del asentamiento contaba con 13 años, «no sólo por la contaminación sino también por la erosión ya que el agua que baja por el centro de la montaña debe filtrarse para llenar las capas freáticas y resurgir a 800 metros sobre el nivel del mar». La ubicación de la ecoaldea Huehuecoyotl en el corredor biológico de Chichinautzin, a 2.100 metros sobre el nivel del mar, les hizo tomar conciencia de todo esto, al ser ellos uno de los primeros captadores del caudal natural.
Para el tratamiento de aguas grises experimentaron varios métodos, uno de los más efectivos fue el paso por tres compartimentos: una trampa de natas, un compuesto de grava y el último de arena. De esta última cisterna recogían el agua con cubetas y la empleaban para regar las plantas. De los errores cometido aprendieron que estas piletas no deben ser mayores al uso mínimo de agua por día y familia para evitar que se estanque.

Permahuehue
Huehue nunca fue una comunidad de horticultores y aunque cada cual cultiva sus plantas medicinales, hortalizas y árboles por placer y por aprender con sus hijos, solo ha habido un experimento serio de explotar la huerta con fines de sostenibilidad comunal que duró dos años. La aplicación de técnicas de permacultura comenzó con el diseño y la creación de la infraestructura a cargo de Odin “cuando terminé uno de los cursos de permacultura Bea me propuso hacer el diseño del término añadido a Huehuecoyotl en 1996 de 0,5 hectáreas al que llamamos Huehuetortuga. Diseñé y construí toda la infraestructura: huerta, terrazas, accesos, el estacionamiento de coches, el invernadero de hortaliza, las camas… sembramos árboles».
El proyecto lo continuó, tras su partida, el también titulado en permacultura y experto en ecoaldeas Holger Hieromi, quien durante dos años mantuvo viva la experiencia de permahuehue.
Con la llegada de Holger se introdujo el sistema de riego por goteo y se construyeron zanjas de absorción entre los árboles frutales que terminan en un estanque grande dentro de la hortaliza. Su función es doble, por un lado aprovechar el agua de la cascada y por otro  evitar el arrastre que ésta suponía.
Otras de las aportaciones de este alemán, que vivió como pionero en Mataveneros (León) donde tomó su primer curso de permacultura en 1991, fue la construcción de un estanque de llanta como zona húmeda para atraer pájaros e insectos benéficos y la modificación del diseño de las camas de cultivo y los caminos con el fin de aumentar la superficie de siembra. Como experimento construyó muros con piedra y cob para sustituir esta técnica por cemento y ocupar de paso la piedra volcánica del lugar para los bordes de los caminos de cultivo.
Antes de abandonar la comunidad, Holger ha elaborado un completo manual  práctico sobre las características técnicas y las necesidades que entraña el proyecto de  permacoyote, como legado a un posible sustituto aún desconocido.
“La idea original”, explica Odin como pionero del proyecto, “era ser autosuficiente en legumbres, producir vegetales para todos los miembros de la comunidad. Al principio recibía un sueldo por ocuparme de la huerta, luego continuó Holger durante dos años, sin embargo no funcionó del todo porque la gente siguió con sus hábitos de comprar en el mercado. El problema es que no existe una necesidad real. Ahora el proyecto está semiabandonado, falta una visión clara de qué es lo que se quiere y cómo se va a lograr y con quien», aludiendo a la necesidad de que alguien retome el trabajo agrario dentro de la comunidad.

Bioconstrucción
La construcción de las casas, muy modestas al principio, se basó en dos aspectos básicos, el aprovechamiento y ahorro del agua, (cisternas y canales, baños secos,…) y el uso de materiales autóctonos (roca volcánica, barro y adobe y madera), con técnicas aprendidas de la gente de los pueblos cercanos.
Toña Osher, escultora ambientalista narra las primeras incursiones del grupo en la bioconstrucción: «Construimos nuestras casas sin electricidad, en un proceso muy orgánico. Con el crecimiento de las familias cada cual agrandó su casa. Antes de construir hicimos un recorrido por la República para conocer construcciones autosuficientes y sabíamos también de las viviendas en California, pero en México encontramos sistemas mucho más económicos, la inventiva de la gente de aquí supera la técnica establecida».
El pueblo de San Pedro Muñoztla en el estado de Tlaxcala fue para ellos y para otras muchas comunidades autóctonas su gran maestro. De la mano de un jesuita, el Padre Quiroz, esta pequeña comunidad aprendió los siete sistemas de bioconstrucción: la cocina lorena, las cisternas de captación de agua temporal, los calentadores solares, los biodigestores, los sitemas de aguas grises, el ferrocemento y el forraje.
Basándose en estas técnicas Toña construyó su casa buscando la autosuficiencia como un ejemplo que sirviera de inspiración a otros. En la reconstrucción de la vivienda «añadí un excusado que alimenta a un biodigestor que a través de un tubo fertiliza los árboles frutales y crea un micro-clima verde todo el año, aunque tenemos sequía cinco meses al año». Para esto emplea franjas de filtración escalonadas.
Tras la experiencia adquirida confiesa que «lo que descubrí fue que tenía que haber aprendido más permacultura y Feng Shui antes de construir para evitar errores en el diseño y también empaparme de los conocimientos antiguos de los campesinos», otro de sus consejos es «construir despacio, poco a poco para vibrar el lugar y estudiar bien los recursos, además esto permite que la gente del lugar te vaya conociendo y te ayuden».
Las casas de la comunidad están diseñadas al gusto de sus moradores, espacios circulares, ventanas en los cuatro puntos cardenales, terrazas sombreadas, … la mayoría cuenta con dos pisos, baño seco y de agua y sistemas de captación de agua y reciclaje para las grises.
Entre las edificaciones más atractivas por sus técnicas vanguardistas de bioconstrucción y la combinación entre el lujo y la ecología está la casa de Bea, la última en construirse en un espacio anexionado a la comunidad llamado Huehuetortuga. Esta construcción por sus peculiaridades técnicas merece un capítulo a parte. En este terreno se edificó también una casa de balas de paja revestida con cob, que actualmente se alquila a los huéspedes.

Los que miran
Huehuecoyotl es una comunidad abierta a visitantes, huéspedes y rentistas. Desde esta faceta pública se enfrenta a los juicios y opiniones de los que se acercan a conocer y pretenden, en algunos casos, hallar el lugar perfecto, la realización de sus sueños a través de los sueños ajenos. “Tenemos que combatir la desilusión entre nosotros cuando uno de ellos te desilusiona y también la desilusión de los de fuera, de sus sueños creados quién sabe dónde y cuándo, por ejemplo, si te encuentran tomando café, fumando, o el jardín parece descuidado,… juzgan y critican, la palabra «alternativo» provoca una serie de espectaciones subjetivas”  profundiza Ríe.
Por otra parte, la ecléctica composición de la comunidad incluye procesos y comportamientos distintos. “Los integrantes que empezamos hace 20 años” continúa el fotógrafo Svante “somos  los que más insisten en llevar una vida comunitaria, mientras que los miembros más recientes han optado por la vida individual, porque nunca vivieron la parte colectiva».
En esta línea subraya Ríe “hay diferentes generaciones, despegarse de los valores externos para vivir con gastos mínimos pero suficientes es difícil para la gente de aquí que no ha vivido el movimiento del 68”. Ríe ahonda en la importancia de la psicología y las emociones a la hora de realizar cambios profundos en las sociedades y en la imposibilidad de algunos para vivir en comunidad.

El futuro
Las visiones de futuro resumen las expectativas de unos y la autocrítica de otros, en un espectro de sentires y quereres que tienen como denominador común la apuesta por continuar.
Svante lo resume así: «hemos vivido 19 años aquí y vemos que se necesita un cambio, una nueva etapa que contempla la idea de construir más cabañas y recibir gente más seguido, organizando talleres de danza hindú, yoga, temazcales, cursos de consenso y resolución de conflictos, cursos de ensueño, prácticas de permacultura y ecotécnicas. Hay entre nosotros gente muy capacitada pero falta organizarlo y hacer un programa, publicidad y atraer a gente de México City, EUA y Europa. Falta también hacer el lugar más sostenible». La idea por la que apuesta  Svante pasa por la compra de los terrenos limítrofes para incluir a nuevos miembros en la comunidad «gente especializada en agricultura orgánica y capaces de dar talleres, con la posibilidad de no involucrar a toda la comunidad porque varios han tomado ya su propio camino». Para este viejo coyote la visión es «que Huehue siga siendo un centro de diversidad cultural, religiosa y artística».
Toña Osher define así la situación actual: «Nuestra comunidad tiene más alas que raíces, con más gente dedicada a la comunicación y al arte que a sembrar con sus manos. Estamos aprendiendo como transformar nuestra visión en la práctica y lograr el sueño de ser autosuficientes con la posibilidad de trabajar con la naturaleza. Tenemos chance de utilizar todos nuestros talentos de forma más equilibrada», concluye.
Por su parte Odin Ruth, hijo de fundadores y residente sigue apostando por vivir en comunidad: «pienso que la vida en grupo es una de las únicas alternativas que tenemos para sobrevivir en este mundo. Todo lo que tenga que ver con la unión de la gente hacia un solo objetivo: grupos, redes, empresas humanas,… es lo que nos da la fuerza»… confía en que el proceso continúe y aparezca «la puerta invisible» que vuelva a unir el potencial del grupo. «Hay que tener que conjugar el equilibrio de la naturaleza con los ciclos de nuestras propias visiones. Suele suceder que los hombres dejan al lado sus visiones por cumplir con las necesidades y eso causa una gran frustración, y suele suceder que los hombres, por cumplir sus visiones, descuidan sus relaciones más cercanas». Cómo unir estas dos partes se convierte en el gran reto del grupo.
Andrés y Ría resumen el sentir de los actuales integrantes del grupo: «para nada debemos dejar el experimento, debemos seguir investigando sociedades, porque el ser humano es tan infeliz… Somos supervivientes de un proceso humano en evolución».

El Consenso
Andrés King uno de los padres más carismáticos del grupo, narra uno de los momentos claves en la transformación de la organización interna: «Fue hasta que llegó Bea y comenzamos a aplicar las técnicas de toma de decisiones por consenso y resolución de conflictos que ella enseña a sindicatos, ONGs, comunidades y grupos que trabajan por el cuidado de la tierra. Es una forma bastante espiritual -refiriéndose al consenso- una forma occidentalizada de las prácticas indígenas, que permite que si una persona bloquea la decisión del grupo ésta no se lleve a cabo”. Andrés conocedor y partícipe de prácticas indígenas continúa explicando: «Otras comunidades no necesitan de estos métodos porque ya están implícitos en sus valores, pero en comunidades heterogéneas como Huehuecoyotl, donde existen personas espirituales y otras con una visión de progreso material para sus vidas, nos llevaría a una gran desigualdad».

Sin embargo, la experiencia del consenso es bastante reciente, comenzaron a usarla en 1996, antes hubo una larga travesía que implicó muchas tomas de decisiones, «tratamos de seguir un consenso técnico pero siempre había una sublimación o idealización de que era consenso cuando algunos estaban imponiendo su fuerza, su poder,…». Andrés se lanza a una sincera autocrítica «había pretensión y protagonismo junto con las buenas intenciones, faltaba el ponerse emotivamente en la piel de los demás. Porque la comunidad no es solo marchas, acciones y construcción de espacios, no lo que se vé sino lo invisible, el trabajo interno. Cuando esas raíces están ahí puede crecer un gran árbol de espiritualidad. Una autocrítica seria nos dice que podíamos haber hecho las cosas mejor, pero se hicieron según los recursos, las capacidades y la mentalidad de la época.»
Reafirmando la idea del trabajo personal  y emocional, Toña Osher, conocedora de las experiencias comunales californianas añade: «No es una cuestión de si va a ver roce sino de cuándo y si la gente reconoce desde el principio que de esto se trata vivir en comunidad, de buscar la transformación y someterse a procesos que permitan el propio crecimiento y el de las otras personas, fomentando la cercanía».
Toña llegó a México como parte de los “Elefantes Iluminados” después de viajar en camiones durante tres años, para ella  «es muy importante que la gente esté dispuesta a un trabajo personal psicológico a través de métodos de resolución de conflictos para que puedan contribuir a una convivencia en ecoaldeas. El consenso formal aprendido nos ayudó mucho, con acuerdos básicos donde todos pueden entrar en el mismo nivel, sin embargo no es un absoluto ni una panacéa, hay menos chance de desarrollar jerarquías pero debe haber suficiente rotación de las responsabilidades».
Desde esta conciencia más comprometida y teniendo en cuenta las dificultades del proceso, la comunidad continúa recibiendo cursos periódicos impartidos por especialistas en comunidades, que realizan un seguimiento psicológico del grupo y enseñan nuevas técnicas de autoconocimiento y enriquecimiento personal.

© Julia Moreno y EcoHabitar 2001

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