Nº 52 EcoHabitar. Editorial

Decepciona, una vez más,  la incapacidad de los gobiernos para llegar a un acuerdo en la cumbre de Marrakech, después de casi un año de las buenas intenciones que parecían existir en París. Nuestros representantes (¿?) han sido incapaces de cerrar asuntos como la financiación para solucionar el problema del cambio climático, una de las losas más pesadas que ahora mismo pende sobre nosotros y las nuevas generaciones. Se esperaba definir una hoja de ruta para disponer los 100.000 millones de dólares anuales para el fondo verde o el desarrollo de un fondo que permitiera afrontar las pérdidas y los daños producidos. Sin embargo, como quedó patente en el último plenario, estamos todavía muy lejos de poder concluir estos debates ya que los países ricos no parecen dispuestos a mover ficha para disponer la provisión de fondos necesarios.

Una vez más se ha visto que lo que pretenden los gobiernos y las grandes corporaciones que los sustentan es, simplemente, un lavado de cara con soluciones que, como mucho, parchean el acuciante problema que nos ha caído encima por la desidia, principalmente de los gobiernos de los países más contaminantes. Read more

Estado actual de la arquitectura ecológica y la bioconstrucción en el estado Español

La bioconstrucción, como la forma de construir con materiales saludables y con poco impacto medioambiental, ceñida a nuestro país, ha tenido y tiene un significativo incremento palpable durante estos últimos años. Por desgracia no hay datos cuantitativos que puedan demostrar esta afirmación, debido a que el sector es todavía pequeño, comparado con la construcción convencional y difícil de detectar en los datos suministrados por entidades al uso como puedan ser las Cámaras de Comercio. Esta afirmación se debe a la percepción personal del que escribe este informe.

La bioconstrucción nos permite ser coherentes con nosotros mismos desde una perspectiva del respeto al medio ambiente. Teniendo en cuenta que la construcción en los países industriales produce del 30 al 50% del total de basura, que en la vivienda se consume hasta un 48% de la energía, aplicando criterios de ahorro energético completos (diseño y materiales de bajo impacto) este gasto energético puede llagar al 28%. La eliminación de sustancias tóxicas en la construcción es otra tarea pendiente que urge implantar. Ciertos materiales; como son los derivados del petróleo (poliuretano, PVC y otros), los compuestos volátiles en las pinturas (disolventes orgánicos).  Read more

Nº 51 EcoHabitar. Editorial

Podemos prever que no será la humanidad la que acabe con el capitalismo y su injusticia social, económica, política y ecológica que provoca el desastre climático, la concentración de la riqueza en unos pocos y los modelos políticos injustos, entre otros desajustes (por llamarlo de alguna manera).

“Creo que no lograremos derrotar al capital con nuestros propios medios. Quién derrotará al capital será la Tierra, negando los medios de producción, como el agua y los bienes de servicio, obligando a cerrar las fábricas, a terminar con ilusorios grandes proyectos de crecimiento”, considera el teólogo y ecologista Leonardo Boff. Aunque Jeremy Rifkin opina que será el capitalismo el que se destruya a sí mismo, dando paso a lo que denomina la economía colaborativa, el procomún.

Para llegar a una sociedad justa en la que la civilización tenga un futuro real es necesaria la sostenibilidad, o sustentabilidad si lo prefieren. De esta forma, podremos garantizar el acceso a todo aquello que es necesario para el mantenimiento y la perpetuidad de los seres que habitan el planeta y sus descendientes. Pero según Boff la sostenibilidad, por sí misma, no es suficiente y “carece de la fuerza intrínseca para realizarse. Precisa del cuidado. El cuidado entraña una relación inversa de la que produce la agresión de la modernidad, que es violenta, destruye y agota los ecosistemas”.

La idea del cuidado, de preservar, no se queda solo en un gesto, debe llegar a ser un paradigma “un conjunto de valores, de ciclos, de actitudes que tiene como efecto la protección y el mantenimiento de lo que existe y de lo que vive. La categoría, cuidado, cumple una función de columna que sustenta un nuevo ensayo civilizatorio”. Cuidar el planeta es cuidar y responsabilizarse de los seres que habitan este planeta, porque la biodiversidad, que es la relación entre todos, teje aquella trama que sustenta a todos y lleva adelante el proceso de la vida.

La bioconstrucción entiende que es necesario crear hábitats para las personas con los ritmos y la lógica de la naturaleza, no con la lógica y los ritmos de un modelo tan depredador como el sistema capitalista basado en la sobrexplotación y en unos recursos limitados y no renovables. “Es preciso extraer de la naturaleza lo que necesitamos, pero dándole tiempo para que se autorreproduzca y siga ofreciéndonos vida a toda la comunidad” decía Boff refiriéndose a la agroecología pero que podemos aplicar perfectamente a la edificación biocompatible.

Y no basta con edificar viviendas saludables, se necesita una nueva relación con nuestro entorno y con nuestros semejantes. Una relación de respeto y de cooperación: “no estamos sobre ella (la Tierra) con el puño cerrado del que domina, sino con las manos abiertas de quien acaricia” concluye Boff.

Sentémonos, respiremos hondo y seamos conscientes de que este modelo se termina, se acaba; que lo que fue ya no será y lo que será, será diferente. Todo ha sido una ilusión, el mal sueño de una humanidad que quiso jugar a ser Dios.

“Una sociedad que decide organizarse sin la ética mínima, altruista

y respetuosa de la naturaleza, está trazando el camino de su propia autodestrucción”.

Leonardo Boff


Puedes encontrar la revista aquí

Nº 50 de EcoHabitar. Editorial

EH50Me parece un autoengaño mayúsculo creerse la idea de que vamos a cambiar el mundo creando una sociedad más justa, parar el deterioro medio ambiental, el calentamiento global, la desaparición de las especies y todas las trastadas que el ser humano está haciendo, con pequeños gestos individuales. Creo que fomentar esta idea es un mecanismo del propio sistema capitalista para seguir perpetuándose eternamente. La base del problema, bajo mi modo de ver, es creer que un sistema político-económico, que cree que el bienestar está en el crecimiento y que este hay que basarlo en el consumo, lo vamos a parar cambiando las bombillas de nuestra casa o utilizando un coche eléctrico súper eficiente.

La urgencia del problema no da para esto. Quizás, si al comienzo de la revolución industrial hubiésemos implementado un código de obligatorio cumplimiento para no desarrollar una cultura del despilfarro, la transición o evolución hacia una súper civilización tecnificada verde hubiese podido ser una realidad, pero lo que ahora nos piden los hechos es algo mucho más radical y urgente o no llegaremos a tiempo. Read more

Arquitectura y TTIP

Leyendo la nota de prensa emitida por agencia y publicada en algún que otro de los llamados ecoportales titulada “Estudios andaluces acuden a jornadas sobre arquitectura sostenible en EEUU” he podido comprobar hasta donde pueden llegar los tentáculos de los genocidas ambientales y la forma de embaucar al sector de la arquitectura dentro de un aura de sostenibilidad. Unas jornadas financiados con el 80 por ciento con fondos procedentes de la Unión Europea, con cargo al Programa Operativo Feder de Andalucía 2014-2020. La zanahoria es vender la moto con la posible homologación  profesional:  “la Comisión Europea ha hecho público que en el marco de las negociaciones de la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP en sus siglas en inglés) una de sus prioridades es la de “avanzar en el reconocimiento mutuo de cualificaciones entre la UE y Estados Unidos para lograr que determinadas profesiones como la de la arquitectura puedan ser ejercidas libremente a ambos lados del Atlántico, lo que abriría sustanciales el abanico de oportunidades en Estados Unidos para los profesionales”. Como si no hubiesen ya arquitectos en paro es EE.UU.

El problema de publicar noticias de agencias es que muchas veces no sabemos cual es la intención de las mismas, ¿o si?.

Por una parte, y para que el lector de esta noticia este enterado, el US Green Building Council (USGBC) es una entidad norteamericana, con varias delegaciones en todo el mundo, y que apoya abiertamente el fraking.
Y por otra parte esta claro que el USGBC apoya uno de las aberraciones más impresionantes en cuanto a tratados: el TTIP , del que una inmensa mayoría de la población esta en contra, después de saber, gracias a la hazaña de Greenpeace, cuales son sus intenciones reales. Menudo chollo  han encontrado.

Nº 49 de EcoHabitar. Editorial

EH49wNos llaman fundamentalistas porque defendemos espacios libres de tóxicos en contra de una injusta legislación promovida por una industria sin escrúpulos que ensucia el planeta y hace enfermar a las personas.

Hay que trabajar duro para que acabe una vez la impunidad de algunas grandes corporaciones, auténticas organizaciones criminales, que continúan sin adquirir ningún compromiso después de haber sembrado enfermedad y muerte, aún sabiendo que lo que fabrican y colocan en el mercado es perjudicial para la salud.

Desde la década de los 40, en que se comenzó a fabricar en España por Rovira y Cia el fibrocemento con fibras de amianto, el genocidio laboral  va a costar, según los estudios, entre 40 y 50 mil muertos hasta 2030. Una cifra muy elevada teniendo en cuenta que, junto al daño irreparable para las familias, existe un coste en tratamientos médicos que asume en su totalidad la sociedad. Un negocio redondo ya que, además, cuando tu producto es declarado ilegal en tu país, te marchas a otro de los llamados emergentes y montas allí tu fábrica.

La heredera de Rovira, Uralita (hoy Ursa), jamás asumió ninguna responsabilidad y no fue hasta el 2002 cuando se prohibió en España, 20 años después de que se prohibiera en los países del norte, y que siguió fabricando este veneno, aún sabiendo que durante todo este tiempo estaban sembrando muerte a su alrededor1.   

La industria es muy poderosa y no duda en comprar médicos, políticos, sindicalistas, publicistas y periodistas con tal de contrarrestar lo que creen que va en contra de sus intereses, aunque estemos hablando de sufrimiento y muerte de muchas personas. Una industria que funciona igual que las organizaciones criminales pero que muchas veces juega con ventaja, ya que, gracias a sus magníficas relaciones, son impunes.

Pocas veces pagan por sus crímenes y uno de los pocos casos ha sido la condena a 18 años de cárcel por un tribunal italiano, a S. Schmidheiny, propietario y ejecutivo de una “gran empresa multinacional” del amianto.

El Presidente del tribunal, el juez Ogge, comparó a Schmidheiny con Hitler. El juez comparó la estrategia de Eternit2 con la estrategia nazi de deportar judíos a Madagascar (1939 a 1941), un plan que más tarde fue reemplazado por las deportaciones a los campos de exterminio.

Hay muchos aspectos escalofriantes en toda esta trama y lo que venimos a contar aquí es que todo lo que viene ocurriendo desde la década de los 40 se repite hoy de una u otra forma, ya sea con el traslado a otros países de productos prohibidos en Europa o con la fabricación de productos que, aún sabiendo que son perjudiciales, se siguen autorizando: PVC, ftalatos, formaldehídos y multitud de compuestos químicos que entran, de una forma u otra en nuestros hogares.

Esta oscura industria encabezada por empresas como URSA, Saint Gobain, Rokwool, y algunas otras que lideran los ránking en el sector de materiales de construcción, se erigen, como si nada ocurriera,  en adalides de lo que se viene a denominar arquitectura sostenible. Vaya ironía.

Toni Marín
Director de EcoHabitar

 

1.- Los tribunales demostraron  que en la conferencia de Neuss celebrada en Alemania en 1976, S. Schmidheny, ante una audiencia de unas 30 personas todos ellos gerentes de sus empresas Eternit en Europa, dijo que él sabía que el asbesto era nocivo y peligroso para la salud, que ellos debían ser conscientes de ello, pero que si otras personas se hacían también conscientes, tendrían que cerrar o tomar medidas económicas al respecto.

2.- El mayor fabricante de fibrocemento de Europa.


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Nº 48 de EcoHabitar. Editorial

portada48_72dpiDe los compromisos acordados estos días pasados en la Conferencia de París por el Cambio Climático COP21 y CMP11 no sabemos que va a ocurrir al final ya que, como depende de que cada gobierno ratifique lo acordado, hay posibilidades de que salga algo que pueda ser satisfactorio pero que luego en los parlamentos se tire para abajo, como puede ocurrir en EE.UU por ejemplo.
Hay varios factores que reman y con fuerza hacia el lado del abismo, sobre todo intereses económicos y políticos, que constantemente han puesto trabas en conferencias anteriores durante estos últimos 20 años a un acuerdo global a favor de tomar medidas contra las emisiones de gases invernadero. Aunque hay un compromiso, firmado en Lima en diciembre del pasado año, de abandonar el 100% de los combustibles fósiles para mediados de siglo; la experiencia de tantos años luchando contra las presiones de las corporaciones que sustentan los sistemas políticos, no dejan de desanimarnos.

La Cumbre de Copenhague también despertó tantas o más expectativas que París y acabó, con un decepcionante debate entre países ricos y pobres sobre a quién le correspondía afrontar el problema, en un tira y afloja.

Por otra parte, existen indicios de que habría posibilidades de un avance en conseguir algo que nos encamine hacia una sociedad libre de carbono.

Es cierto, por lo menos en los papeles, que Francia, elegida como sede para esta COP 21, hará todo lo posible para que la Unión conserve su puesto puntero en la lucha contra el cambio climático. El presidente de la República, J.F. Hollande, anunció en su discurso en la conferencia medioambiental de Polonia que defendería una posición ambiciosa, centrada en el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 40% en 2030 y un 60% en 2040 (respecto a 1990), en el marco de las próximas discusiones europeas. Otro objetivo fundamental es limitar el aumento de la temperatura global en menos de 2º C.

La idea es prometedora y si se llevaran a cabo las propuestas podríamos estar ante un compromiso que cumpliese las expectativas más ambiciosas, aunque los tres principales puntos de desacuerdo en la negociación son la financiación para mitigación y adaptación al cambio climático en los países más vulnerables; la diferenciación o no entre países ricos y pobres y la ambición del acuerdo más allá de una mera declaración de intenciones; lo que está claro es que casi todos han aceptado que no existen dudas sobre los impactos del cambio climático y la responsabilidad humana en él, debido a nuestros hábitos de producción y consumo insostenibles.

Alianza por el Clima1, la entidad que convocó las marchas del 29 de noviembre pasado, instaron a los Gobiernos a cerrar un acuerdo ambicioso que ponga rumbo a un futuro donde no se emitan a la atmósfera gases de efecto invernadero.

Es que lo tenemos a huevo: hasta el Papa Francisco ha dedicado una Encíclica al cambio climático considerando que combatirlo es “una cuestión moral” y del “bien común” y los líderes islámicos le han secundado con una declaración, apelando al compromiso climático de los 1.600 millones de musulmanes.

¿Quién queda por tenerlo claro?

Toni Marín. Director de EcoHabitar

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Nº 47 de EcoHabitar. Editorial

portada47_72dpiAlgunas personas piensan que las teorías de Jeremy Rifkin son optimistas y que en sus diferentes libros (La economía del hidrógeno, La sociedad de coste marginal cero y otros) obvia la capacidad del sistema de reinventarse para poder perpetuarse, seguir explotando a los seres humanos y los recursos del planeta por encima de su capacidad.

Quizás lleven razón, pero con lo que me quedo de este brillante divulgador es su capacidad de ver el vaso medio lleno: las posibilidades de que una era de la colaboración, una civilización del procomún pueda imponerse al decrépito y moribundo capitalismo tras la desaparición de los poderes y las decisiones verticales, en pos de una capacidad de decisión y actuación horizontal.

Y no es una locura. Se trata de una idea que ya hemos vislumbrado e intuido con anterioridad: la posibilidad de desarrollar una civilización responsable, capaz de no derrochar los recursos, justa, equitativa, respetuosa y generosa en la esencia, es por lo que muchas personas trabajan hoy desde diferentes movimientos: ecologistas, conservacionistas, movimiento de ecoaldeas, los grupos indígenas y muchos grupos espirituales.

Y no sería necesario volver a las cavernas dando un paso hacia atrás renegando de toda tecnología, como se argumenta desde sectores del desarrollismo a ultranza, con el ánimo de asustar. Con un conocimiento procomún en sitios de open source, una tecnología descentralizada de bajo coste, como las posibilidades que ya hoy ofrecen las impresoras 3D, las impresoras de corte, una internet descentralizada basada en nodos independientes pero interconectados.

Por ejemplo, hoy ya es posible bajarse planos de una web con un mínimo coste, e incluso gratuitos, llevar este software a un fab lab, donde todas las piezas de la casa son recortadas en una chapa de madera para luego montar la vivienda uno mismo. Las impresiones 3D para edificios se encuentran en las primeras etapas de su evolución, es posible que veamos esta tecnología utilizando materiales locales como tierra, arena y multitud de materiales reciclados, evitando costes de transporte, de fabricación, etc., abaratando el coste edificio.

La sociedad del procomún defiende la gestión de la abundancia de la Tierra por parte del ser humano. Decir que algo es procomún significa que se tiene en común y que se gestiona colectivamente. El término procomún describe una forma de gestión o de gobierno. “La sociedad del procomún permite que los consumidores puedan producir aquello que consumen y los nuevos prosumidores colaboran y comparten bienes y servicios en un procomún en red que se distribuye por todo el mundo, con unos costes marginales casi nulos”, comenta Rifkin.

Quizás estemos asistiendo al nacimiento de ese nuevo modelo de sociedad que tanto ansiamos.

“No confíes en nadie que quiera quedarse con algo que compartimos todos y que a todos nos beneficia, para entregárselo a alguien que se va a beneficiar de ellos en exclusiva”

Mike Bergan

Toni Marín
Director de EcoHabitar

1.- Rifkin, J. La sociedad de coste marginal cero. Paidós. 2014.

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Nº 46 de EcoHabitar. Editorial

portada46_72dpiLa industria de los materiales de bioconstrucción crece cada año a un ritmo que nuestra percepción nos indica más que aceptable, habida cuenta lo difícil que es disponer de datos concretos y estadísticos. Es como una carrera, que sabemos cómo va a terminar pero no cuándo. Ahí está la cuestión: ¿cuándo se van a aceptar sin ningún tipo de prejuicios, en el sector de la construcción, los materiales de bajo impacto ambiental y saludables que se encuentran en el mercado?

Ilusiona observar cómo la arquitectura y la construcción bio cogen fuerza año tras año. Recién llegado del III Congreso de Arquitectura y Salud, que se celebró los días 21 y 22 de mayo en Barcelona, y que organizó la asociación Bioarquitectura del Mediterráneo (BaM), vemos que cada año el listón está más alto y observamos un mayor interés, tanto entre los jóvenes como en veteranos profesionales con ánimo de reciclarse. Una buena noticia que ilusiona y vislumbra un futuro optimista.

Una experiencia muy interesante en la que este año han participado expertos del calibre de Paulino Pastor, gran conocedor de los temas relacionados con la calidad de aire interior y síndrome del edificio enfermo; Sergio Díaz, investigador del Cenner, María Figols, arquitecta técnica y vicepresidenta del IEB, ambos colaboradores de esta revista. Representantes de La Col, un colectivo de arquitectos que trabajan en Can Batlló, todo un referente en cuanto a la ocupación de espacios por la ciudadanía; Toni Quirantes de Ressó, quien presentó, junto a otros compañeros, el proyecto de vivienda para el Solar Decathlon de la ESTAV; Jorgen Hempel especialista en los sistemas de muros con cáñamo y persona muy concienciada en la salud el hábitat; Xavier Botet, Ángela G. Casas y Ana Altemir del colectivo Base-A que mostraron el trabajo de cooperación que están realizando en Senegal, construyendo escuelas y hospitales; y Alex Puig, experto en paredes y techos verdes, que promueve un sistema tipo pradera con el que crear una mayor biodiversidad en este tipo de cubiertas .

La intervención más esperada fue la de Anupama Kundoo, la afamada arquitecta india que recientemente ha sido fichada por la Universidad Camilo José Cela y que se ha instalado en nuestro país, quien expuso su concepto de la arquitectura, desarrollado en estos últimos años y difundido por todo el mundo desde su estudio en Auroville (India). Inspirada en el entorno natural y con unas amplias raíces técnicas y ofreciendo soluciones novedosas, imaginativas y audaces.

Sin duda, una de las intervenciones más emotivas fue la de los miembros del BaM que presentaron todo el proceso del Espai Txema (Biobuilt). Una experiencia participativa que ha llevado a una idea consensuada de un edificio, construido frente al MACBA, en Barcelona, y en el que lo más importante ha sido el proceso en sí. Emotiva porque el recordatorio al fallecido Txema de Miguel, uno de los inspiradores del proyecto, hizo soltar alguna lágrima que otra.

Aunque, donde quizás existió más debate fue en la mesa sobre la divulgación de las buenas prácticas en la arquitectura, donde las diferencias de cómo se entiende la ecología entre Cèlia Galera, de Hábitat Futura, Jordi Martí, de la Agenda de la Construcción Sostenible y quien suscribe este editorial, crearon una interesante discusión de conceptos.

Toni Marín
Director de EcoHabitar

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Nº 45 de EcoHabitar. Editorial

Se que voy a parecer raro, inadaptado y fuera de “onda”, pero tanto Smart Cyties, tanta ciudad inteligente, ciudad eficiente o ciudad supereficiente empieza a darme qué pensar y creo que toca un debate sobre el tema.

Lo primero que uno piensa es que si hay tantas personas, páginas webs, empresas, asociaciones e instituciones interesadas en la idea de la ciudad inteligente es porque, en algún momento, se han dado cuenta que la ciudad en sí no es inteligente, como se dice en los pueblos ¡vamos, que les faltan algunas luces! ¿diríamos, pues, que la ciudad es torpe, idiota o ignorante?

Estoy seguro que no todas las ciudades son idiotas, estoy seguro que alguna ciudad habrá que la gente, al diseñarla, al gestionarla y al vivirla lo hayan hecho con sentido común (por cierto, si alguien sabe de alguna, estaría encantado de elaborar una lista de estas maravillas). Lo que sabemos es que algunas ciudades, de entre una multitud, han comenzado este proceso de desidiotización con el concepto de ciudad inteligente. Esto no lo entiendo.

Lo que comienza a parecer obvio es que estamos ante un proceso de puro marketing y mercadotecnia en el sector empresarial y político para vendernos algo centrándose en un concepto, también muy manido y vapuleado: el de la sostenibilidad. No quiero decir con esto que no debamos evolucionar hacia una reconversión de las ciudades en entes sustentables, autosuficientes, buscando la mejor calidad de vida de sus habitantes, pero las soluciones que se ofrecen, en su mayoría tecnológicas, parecen meras excusas para encasquetarnos algo caro, inútil y que seguro afecta a la salud. Solo falta echarle una mirada a las empresas que están detrás de todo esto: Telefónica, Vodafone, Endesa… Todas pendientes de los 80.000 millones de euros que la Unión Europea aporta para este programa de Smar Cyties, el más grande de su historia.

Está claro que el énfasis de ciudad inteligente que nos quieren vender, en muchos casos se centra en la aplicación de la tecnología y esto atrae un gran peligro en cuanto que corremos el riesgo de perder el horizonte de lo que debería ser un cambio hacia una ciudad más humana: “se corre el riesgo de querer imponer soluciones tecnológicas, llave en mano, a través de paquetes de programas concebidos muchas veces para otras realidades, sin evaluar convenientemente la integración y articulación de las mismas con las existentes; podría conducir al rechazo de la población respecto de los aspectos operativos y/o respecto de algunos efectos colaterales”.1

Ya sabemos lo que pasa cuando se quiere aplicar una solución para todo, llave en mano, y es que podrían pasarse por alto otras formas de aplicar soluciones al problema creado, que también podrían ser eficientes.

Debemos estar alerta y no caer en los cantos de sirena de modas y conceptos por muy verdes que vengan pintados, porque al final, cuando les quitas la pintura acaba apareciendo siempre lo mismo, y esto tiene toda la pinta de ser un bazar de datos, mapas y más datos que, al final, solo van a usarse para beneficio de las corporaciones, como siempre.

Toni Marín
Director de EcoHabitar