En el artículo anterior, mostramos las principales características de la madera aserrada como material estructural. Como pudimos ver, la madera es un material anisótropo, su comportamiento depende de la dirección […]

Estructuras tradicionales de madera aserrada (2ª parte). Las uniones

cercha españolaEn el artículo anterior, mostramos las principales características de la madera aserrada como material estructural. Como pudimos ver, la madera es un material anisótropo, su comportamiento depende de la dirección de las fibras que componen la pieza.

Las uniones tradicionales eran diseñadas de manera que, sin apenas emplear elementos accesorios metálicos se consiguiera, mediante cortes y cajeados, una unión que hiciera trabajar a las fibras de madera en la dirección más favorable para el esfuerzo a la que se sometía.

En la actualidad la accesibilidad y bajo coste de los elementos metálicos (sobre todo clavos, estribos y pletinas), hacen que en muchas ocasiones se combinen con las uniones antiguas como refuerzo de las mismas.

Las estructuras de madera aserrada tradicionales, habitualmente se ayudan del peso de los materiales que gravitan sobre ellos, dificultando que las uniones cambien de forma de trabajar por efecto de acciones variables como el viento.

Los entramados de madera tradicionales no empleaban uniones rígidas entre piezas, sino que se conformaban mediante simples apoyos. El recorrido de cargas del entramado estructural es intuitivo: si eliminamos una pieza, es muy sencillo adivinar cual caerá después, al menos teóricamente.

Un ejemplo de la simplicidad en el desarrollo de los entramados, lo encontramos en una de nuestras cubiertas más empleadas, la denominada “cercha  española”.

El origen de la misma muy probablemente fuera una cubierta sencilla, a dos aguas, que empleaba la simple oposición simétrica de piezas inclinadas (llamadas pares). Es el mismo principio que empleamos cuando, con las cartas de una baraja, conseguimos estabilidad enfrentándolas hasta el punto de poder culminar un castillete.

Cuando las distancias entre apoyos fueron creciendo, los esfuerzos horizontales que provocan los pares se fueron haciendo demasiado grandes, necesitando una nueva pieza que, trabajando a tracción, fuera capaz de impedir que la cubierta se abriera, aparece “el tirante” y con el la cubierta tradicional denominada de “par e hilera”.

Al continuar aumentando la longitud de los pares y el tirante, tienden a doblarse por efecto del peso, necesitando nuevas barras que impidan su deformación. El empleo de una barra horizontal, trabajando a compresión cerca de la cumbrera, daba forma a la cubierta denominada “de par y nudillo”. Si por el contrario, se empleaban tres piezas, con ellas se conformaba el entramado inclinado más habitual en la construcción tradicional de nuestro país, la cercha española.

 
Este texto es solo un resumen del articulo completo publicado en "nº 9 EcoHabitar".
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