El jardín andalusí, ejemplo de biodiversidad

generalife“Para quienes hayan creído y obrado bien, esos morarán en el Jardín eternamente”. 
El Corán, sura 2, aleya 82.

El jardín, arte de los cinco sentidos, naturaleza transformada por el hombre, es uno de los espacios más queridos por el musulmán en al-Ándalus. Como espacio resguardado y acogedor, es el lugar idóneo para los encuentros deseados, para el amor, para la contemplación, para el sosiego, sin olvidar igualmente su carácter productivo, lo que lo convierte hoy día en un modelo de conservación del medio natural, perfecto equilibrio entre naturaleza y desarrollo.

Escribir sobre los jardines de al-Ándalus incita a entrar en contacto con los ejes principales de la realidad histórica, artística y geográfica, a saber: el espacio, el tiempo y la forma. Estas tres coordenadas permiten evocar (e incluso añorar) lugares que invitan al recogimiento y la contemplación. Edenes repletos de flores, frutos, árboles, fuentes, acequias, albercas, surtidores y pabellones. Espacios, en definitiva, con una forma muy característica donde el agua releja la arquitectura, y la luz roza la cambiante vegetación con el paso de las horas y el devenir de las estaciones (no hay arte más cambiante que el del jardín, sujeto a los ciclos de la vegetación).

Así, la Península Ibérica fue considerada un paraíso debido a su verdor y a la fertilidad de su suelo. Las propias fuentes árabes de la época nos narran la abundancia de casas de campo, almunias y palacios “medio ocultos entre huertos, jardines y arboledas, que formaban una cintura verde de vegetación”. Al-Ándalus, de esta forma, contrastaba llamativamente con el paisaje árabe oriental de grandes extensiones de desierto, lo que explica el interés por los temas inspirados en la naturaleza y el recreo idílico del paisaje en los poemas.

Dentro de los espacios que rodean al poeta será el jardín uno de los preferidos. La descripción de jardines aparece como un género temático conocido como rawdiyyat siendo los andalusíes maestros en este tema, tanto en la descripción de jardines en su totalidad con sus árboles y arbustos, estanques, surtidores, como en el detalle de sus flores, que llegan a ser otro género literario importante: las nawriyyat.

Los primeros versos andalusíes sobre el jardín, donde aparece una muestra de la humanización de la naturaleza, probablemente sean del poeta Abbas ibn Firnas (Siglo IX): “Aparecen en el jardín las rosas con las margaritas, como unos labios rojos de una boca que ríe”.

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