Nº 44 de EcoHabitar. Editorial

Entristece observar lo poco que pueden importar los problemas mediaombientales y el injusto reparto de la riqueza del planeta a una buena parte de una sociedad manipulada y autista y a sus representantes políticos. Representantes, en realidad, de una industria y un sector económico salvaje y depredador, ya sea la energética, la económica, la militar o la química. Entristece ver cómo los problemas medioambientales se olvidan y se tapan descaradamente, con una impunidad desvergonzada, por la oligarquía política y las multinacionales para hacer creer a la sociedad que el problema no existe; tenemos miles y miles de ejemplos en todas las épocas y en todos los lugares, como muestra el maquillaje de las cifras de emisiones de CO2 ofrecidas por el Instituto Nacional de Estadística o la utilización del ejército para frenar una protesta pacífica de Greenpeace contra los intereses particulares de una empresa privada.

Son pocas las propuestas actuales en los partidos políticos y en los grandes pensadores de nuestro tiempo, tertulianos e influenciadores de opinión incluidos, que hablen de la raíz del problema: del pico petrolero, de una sociedad dedicada al consumo que busca la felicidad llenando el carro del Carrefour; de la especulación y el poder; de la impunidad de las grandes corporaciones y su connivencia con  los gobiernos…  entre otras muchas cosas; y que  planteen soluciones realistas y a veces tajantes, ante la evidencia de que al hacer algunos números llegamos a la conclusión de que estamos agotando los recursos del planeta.

Pocas alternativas existen que no sea el decrecimiento y aunque esta perspectiva ha sido criticada por la izquierda hay que dejar bien claro dos aspectos:

  • La teoría del decrecimiento se refiere al decrecimiento del PBI, midiendo, en términos monetarios, el valor de las transacciones mercantiles. Un dinero que es generado por la banca con un interés, y que obliga a que crezca el PIB para poder devolver el incremento de la masa monetaria que significa ese interés. Por tanto, habrá que inyectar más dinero en forma de deuda.
  • La teoría del decrecimiento no se opone al crecimiento del bienestar humano, medido por ejemplo, como propone New Economics Foundation, en el Happy Index. Este crecimiento, ni tiene porque suceder a través de relaciones mercantiles, ni usando para esas relaciones dinero deuda.

El  Happy Index Planet es una buena opción a tener en cuenta. El reciente reconocimiento por la ONU, y de muchos gobiernos de que la verdadera medida del progreso debe ser el bienestar en lugar de la economía, es enormemente alentador y nos debe llenar de esperanza. Lograr que el bienestar sea sostenible nos obliga a considerar cómo se pueden utilizar los recursos finitos de la tierra para garantizar el bienestar, tanto de las presentes generaciones como de las futuras. Como comenta Felicia Hupper, profesora de la Universidad de Cambridge, “el Happy Index Planet es un intento simple e ingenioso para encapsular el bienestar humano y la perspectiva de futuro en una sola medida. Los hallazgos nos desafían a pensar creativamente sobre como optimizar ‘buena vida’ de una manera que sea justa y sostenible”.

Toni Marín
Director de EcoHabitar

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