EH 54. Editorial

Seguiremos insistiendo, pase lo que pase, en la necesidad de que cada persona tenga una vivienda digna y asequible y que para ello hay que diseñar, construir y rehabilitar hábitats saludables y con la mínima huella ecológica; algo que la industria convencional y las administraciones han pasado por alto, primando los intereses económicos por encima de todo.

Vivimos en una sociedad injusta que no duda en acusar de “enemigos de la ciencia”, “ecotalibanes”, “jipis retrógrados” y otros muchos apelativos, a aquellos que pedimos algo de sentido común y que los avances de la tecnología, de la ciencia y de la industria se utilicen aplicando el principio de precaución y no escatimando medios para demostrar la inocuidad de los productos y materiales que vamos a utilizar en nuestro entorno.

Por desgracia parece que nada hemos aprendido en todo este tiempo y la humanidad sigue tropezando con la misma piedra una y otra vez. La historia se repite y parece un déjà vu, un volver a empezar que ya cansa.

¿Cómo es posible que en este país no se aplique ninguna normativa para evitar que el radón entre en nuestras casas? Es incomprensible e inadmisible que la administración no haya aplicado las recomendaciones dadas en 1990 por la UE para incorporar medidas de protección. No se entiende que el Código Técnico de la Edificación no incorpore normas y medidas para evitarlo, como tampoco se entiende que la mayoría de los arquitectos no tengan ni idea de qué es eso del radón. En nuestro país más de 1500 personas mueren al año debido a este gas invisible e inodoro que se acumula principalmente en los sótanos de nuestras casas. Según la OMS1 es la segunda causa de muerte por cáncer de pulmón después del tabaco.

Seguiremos luchando contra la presión de las corporaciones sin escrúpulos, el “si no pasa nada”, la idea que arguyen los “talibanes” de la ciencia de que el progreso tiene sus daños colaterales y la inoperancia de las administraciones. Seguiremos denunciando las prácticas que atentan contra la vida humana, contra el medio ambiente y que se apoyan en la ignorancia. Seguiremos proponiendo soluciones y maneras de hacer las cosas de otra forma. Seguiremos exponiendo que la economía sin la ecología y la ética es inútil.

1.- En el año 1988 la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), que está integrada en la OMS, clasificó el radón como cancerígeno humano del grupo 1. Ver artículo en la página 28.

 

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