Nº 31 de EcoHabitar

Editorial

Supongo que, salvando las distancias y que todo el mundo me entienda, la indiferencia con que muchos alemanes vivían y veían los desmanes y masacres de los nazis contra judíos, gitanos, negros, homosexuales, rojos y todo aquél que no pensaba como ellos, debía ser parecida a la indiferencia de los ciudadanos actuales frente a los desmanes de políticos, banqueros y corporaciones transnacionales (no meto a la Iglesia pero quizás habría que hacerlo). Es una indiferencia de “ojos que no ven…”, de “no puede ser verdad”, incluso de “mientras yo viva bien…”. Es una indiferencia cómplice de actos contra la humanidad, contra el mundo donde habitamos y contra las generaciones venideras. Indignaos contra la indiferencia.

Creo que, y lo reitero una vez más, urge una radicalidad al estilo de Jim Merkel1, que se acabaron las medias tintas y tenemos que diseñar un nuevo sistema que sea capaz de satisfacer nuestras necesidades sin poner en peligro las de nuestras generaciones futuras. No sé cuantas generaciones vamos a tener que seguir explicando esto, espero que pocas, pero a todas las personas que todavía ven la falta de moral de estos sectores como un mal necesario para mantener un estilo de vida, y que miran al 15M como una colección de rastas, perroflautas, anarquistas y jipis desfasados, les diría que lo que ven es sólo la punta del iceberg y que la masa critica está ahí: creciendo.

Merkel decía “imaginaos que estáis delante de un buffet y somos los primeros de la cola. El banquete no solamente incluye agua y comida, sino también los materiales necesarios para obtener refugio, ropas, sanidad y educación. ¿Cómo sabremos la cantidad que tenemos que coger? ¿Qué cantidad es la adecuada para dejar suficiente a los siguientes de la cola, no sólo los otros miles de millones de personas, sino también la vida salvaje y los que todavía han de nacer?”

Es una cuestión generacional, pues tarde o temprano los habitantes de este Planeta van a ser conscientes de la importancia de tener en cuenta estos conceptos, en un lento goteo educacional, las nuevas generaciones salen y saldrán con estas premisas impresas en su ADN. Por lo menos es lo que habría que esperar siendo optimistas.

Por esto es sorprendente que, por ejemplo, desde el sector de las lanas minerales reclamen que sus productos también son sostenibles (maldita ambigüedad lingüística), que desde la denominada arquitectura sostenible se siga hablando de ahorro energético sin contemplar su inocuidad, la eficiencia de los materiales y su energía gris, y que se hable de bioconstrucción sin saber qué es exactamente. Sin ir mas lejos, recientemente escuchaba  “casas de madera bioconstruidas”, y el aislamiento utilizado era, nada más ni nada menos que lana de roca. Sorprende la falta de responsabilidad de empresas que han estado enriqueciéndose a costa de envenenar la población e hipotecando el futuro y ahora, con un simple giro hacia la “responsabilidad corporativa”, pretenden convertirse en “verdes”. Y no nos basta eso de que cumplimos la normativa. ¿Qué normativa? ¿La que han redactado sus gabinetes legales?

Vivimos en un inmenso lavado de cara de empresas, corporaciones y gobiernos, en un acto irresponsable y muchas veces criminal por el poder y el dinero, que hay que parar de alguna manera.

Toni Marín. Director de EcoHabitar

1.- Simplicidad Radical. Merkel, Jim. Fundació Terra. 2005

 

 

Nota de la redacción a esta portada

Desgraciadamente el titular que ilustra la foto de la portada es erróneo (en la foto que ilustra esta página ya esta corregido). Lamentablemente hubo una mala elección en el texto que acompaña la foto de dicha portada y, sin ningún tipo de intención, lo titulamos “Rehabilitación con bloque de tierra y cal”. Lamentablemente  fue un error garrafal pues tendría que haberse titulado, para ser precisos y hacer honor a la verdad, “Rehabilitación con bloque de tierra y cáñamo”.

Soy consciente del esfuerzo que desde hace años se vienen haciendo la mayoría de profesionales  del mundo de la bioconstrucción para impulsar este sector  en este país donde se idolatra el pelotazo y la estafa, y esa falta de precisión puede hacer daño. Desde estas líneas pedimos disculpas y recalcamos nuestro compromiso con este mundo de la arquitectura natural, la bioconstrucción y la ecoarquitectura.

Sabemos lo difícil que es introducir nuevos materiales, sabemos que el mundo del cáñamo en la bioconstrucción se abre camino poco a poco, con mucho esfuerzo y ese esfuerzo debe ser reconocido.

En EcoHabitar intentamos ser precisos, aunque somos conscientes de que a veces cometemos fallos. Pedimos indulgencia y compresión a nuestras lectoras/es y en este caso concreto pedimos sinceras disculpas.

Toni Marín

 

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