Ecología y procomún, a través del código abierto

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Lo común, un concepto que nos acompaña desde el principio de los tiempos, se está poniendo en valor en las últimas décadas como estrategia para romper el debate entre lo privado y lo público.

Lo común resurge de los movimientos altermundistas y ecologistas como una nueva forma de oponerse al capitalismo, incluso de plantear su superación. También surge como una forma de dar la espalda definitivamente al comunismo estatal, aniquilador del individuo como ser. Este espíritu lo podemos ver reflejado perfectamente en esta frase, surgida de la batalla por el agua en Cochabamba: “Hemos sufrido un gran robo cuando no éramos propietarios de nada”.

Lo común implica cierta obligación de reciprocidad, ligada al ejercicio de responsabilidades compartidas. Esta coobligación la estamos viendo implementada en nuestra sociedad a través del movimiento que podemos llamar “coeverything” donde englobamos los coworking, las cooperativas, los cohousing y toda la cultura colaborativa que ha surgido últimamente, donde la propiedad pierde valor frente al acceso. Frente a este momento de explosión de lo procomún y lo colaborativo, tenemos un ataque feroz y desesperado a las cosas comunes de la humanidad, lo que el derecho romano entendía como res comunes. Chardereaux lo refleja en su libro Les Choses communes, planteando lo que el derecho romano diferencia como res communes y res nullius: “Las llamadas res nullius (cosas sin amo), están factualmente vacantes: tienen vocación de pertenecer al primer ocupante que se apodere de ellas. Como, por ejemplo los animales salvajes. Las otras, llamadas res communes omnium, son cosas que por su naturaleza no pertenecen a nadie y cuyo uso es común a todos. Son tales como el aire, el agua, el mar y la orilla del mar, que se extiende hasta donde llegan las olas en las grandes mareas de invierno”.

Por Iñaki Alonso

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