Nº 48 de EcoHabitar. Editorial

portada48_72dpiDe los compromisos acordados estos días pasados en la Conferencia de París por el Cambio Climático COP21 y CMP11 no sabemos que va a ocurrir al final ya que, como depende de que cada gobierno ratifique lo acordado, hay posibilidades de que salga algo que pueda ser satisfactorio pero que luego en los parlamentos se tire para abajo, como puede ocurrir en EE.UU por ejemplo.
Hay varios factores que reman y con fuerza hacia el lado del abismo, sobre todo intereses económicos y políticos, que constantemente han puesto trabas en conferencias anteriores durante estos últimos 20 años a un acuerdo global a favor de tomar medidas contra las emisiones de gases invernadero. Aunque hay un compromiso, firmado en Lima en diciembre del pasado año, de abandonar el 100% de los combustibles fósiles para mediados de siglo; la experiencia de tantos años luchando contra las presiones de las corporaciones que sustentan los sistemas políticos, no dejan de desanimarnos.

La Cumbre de Copenhague también despertó tantas o más expectativas que París y acabó, con un decepcionante debate entre países ricos y pobres sobre a quién le correspondía afrontar el problema, en un tira y afloja.

Por otra parte, existen indicios de que habría posibilidades de un avance en conseguir algo que nos encamine hacia una sociedad libre de carbono.

Es cierto, por lo menos en los papeles, que Francia, elegida como sede para esta COP 21, hará todo lo posible para que la Unión conserve su puesto puntero en la lucha contra el cambio climático. El presidente de la República, J.F. Hollande, anunció en su discurso en la conferencia medioambiental de Polonia que defendería una posición ambiciosa, centrada en el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 40% en 2030 y un 60% en 2040 (respecto a 1990), en el marco de las próximas discusiones europeas. Otro objetivo fundamental es limitar el aumento de la temperatura global en menos de 2º C.

La idea es prometedora y si se llevaran a cabo las propuestas podríamos estar ante un compromiso que cumpliese las expectativas más ambiciosas, aunque los tres principales puntos de desacuerdo en la negociación son la financiación para mitigación y adaptación al cambio climático en los países más vulnerables; la diferenciación o no entre países ricos y pobres y la ambición del acuerdo más allá de una mera declaración de intenciones; lo que está claro es que casi todos han aceptado que no existen dudas sobre los impactos del cambio climático y la responsabilidad humana en él, debido a nuestros hábitos de producción y consumo insostenibles.

Alianza por el Clima1, la entidad que convocó las marchas del 29 de noviembre pasado, instaron a los Gobiernos a cerrar un acuerdo ambicioso que ponga rumbo a un futuro donde no se emitan a la atmósfera gases de efecto invernadero.

Es que lo tenemos a huevo: hasta el Papa Francisco ha dedicado una Encíclica al cambio climático considerando que combatirlo es “una cuestión moral” y del “bien común” y los líderes islámicos le han secundado con una declaración, apelando al compromiso climático de los 1.600 millones de musulmanes.

¿Quién queda por tenerlo claro?

Toni Marín. Director de EcoHabitar

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