Nº 47 de EcoHabitar. Editorial

portada47_72dpiAlgunas personas piensan que las teorías de Jeremy Rifkin son optimistas y que en sus diferentes libros (La economía del hidrógeno, La sociedad de coste marginal cero y otros) obvia la capacidad del sistema de reinventarse para poder perpetuarse, seguir explotando a los seres humanos y los recursos del planeta por encima de su capacidad.

Quizás lleven razón, pero con lo que me quedo de este brillante divulgador es su capacidad de ver el vaso medio lleno: las posibilidades de que una era de la colaboración, una civilización del procomún pueda imponerse al decrépito y moribundo capitalismo tras la desaparición de los poderes y las decisiones verticales, en pos de una capacidad de decisión y actuación horizontal.

Y no es una locura. Se trata de una idea que ya hemos vislumbrado e intuido con anterioridad: la posibilidad de desarrollar una civilización responsable, capaz de no derrochar los recursos, justa, equitativa, respetuosa y generosa en la esencia, es por lo que muchas personas trabajan hoy desde diferentes movimientos: ecologistas, conservacionistas, movimiento de ecoaldeas, los grupos indígenas y muchos grupos espirituales.

Y no sería necesario volver a las cavernas dando un paso hacia atrás renegando de toda tecnología, como se argumenta desde sectores del desarrollismo a ultranza, con el ánimo de asustar. Con un conocimiento procomún en sitios de open source, una tecnología descentralizada de bajo coste, como las posibilidades que ya hoy ofrecen las impresoras 3D, las impresoras de corte, una internet descentralizada basada en nodos independientes pero interconectados.

Por ejemplo, hoy ya es posible bajarse planos de una web con un mínimo coste, e incluso gratuitos, llevar este software a un fab lab, donde todas las piezas de la casa son recortadas en una chapa de madera para luego montar la vivienda uno mismo. Las impresiones 3D para edificios se encuentran en las primeras etapas de su evolución, es posible que veamos esta tecnología utilizando materiales locales como tierra, arena y multitud de materiales reciclados, evitando costes de transporte, de fabricación, etc., abaratando el coste edificio.

La sociedad del procomún defiende la gestión de la abundancia de la Tierra por parte del ser humano. Decir que algo es procomún significa que se tiene en común y que se gestiona colectivamente. El término procomún describe una forma de gestión o de gobierno. “La sociedad del procomún permite que los consumidores puedan producir aquello que consumen y los nuevos prosumidores colaboran y comparten bienes y servicios en un procomún en red que se distribuye por todo el mundo, con unos costes marginales casi nulos”, comenta Rifkin.

Quizás estemos asistiendo al nacimiento de ese nuevo modelo de sociedad que tanto ansiamos.

“No confíes en nadie que quiera quedarse con algo que compartimos todos y que a todos nos beneficia, para entregárselo a alguien que se va a beneficiar de ellos en exclusiva”

Mike Bergan

Toni Marín
Director de EcoHabitar

1.- Rifkin, J. La sociedad de coste marginal cero. Paidós. 2014.

boton_contenido2

 

 


bool(true)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *