Nº 45 de EcoHabitar. Editorial

Se que voy a parecer raro, inadaptado y fuera de «onda», pero tanto Smart Cyties, tanta ciudad inteligente, ciudad eficiente o ciudad supereficiente empieza a darme qué pensar y creo que toca un debate sobre el tema.

Lo primero que uno piensa es que si hay tantas personas, páginas webs, empresas, asociaciones e instituciones interesadas en la idea de la ciudad inteligente es porque, en algún momento, se han dado cuenta que la ciudad en sí no es inteligente, como se dice en los pueblos ¡vamos, que les faltan algunas luces! ¿diríamos, pues, que la ciudad es torpe, idiota o ignorante?

Estoy seguro que no todas las ciudades son idiotas, estoy seguro que alguna ciudad habrá que la gente, al diseñarla, al gestionarla y al vivirla lo hayan hecho con sentido común (por cierto, si alguien sabe de alguna, estaría encantado de elaborar una lista de estas maravillas). Lo que sabemos es que algunas ciudades, de entre una multitud, han comenzado este proceso de desidiotización con el concepto de ciudad inteligente. Esto no lo entiendo.

Lo que comienza a parecer obvio es que estamos ante un proceso de puro marketing y mercadotecnia en el sector empresarial y político para vendernos algo centrándose en un concepto, también muy manido y vapuleado: el de la sostenibilidad. No quiero decir con esto que no debamos evolucionar hacia una reconversión de las ciudades en entes sustentables, autosuficientes, buscando la mejor calidad de vida de sus habitantes, pero las soluciones que se ofrecen, en su mayoría tecnológicas, parecen meras excusas para encasquetarnos algo caro, inútil y que seguro afecta a la salud. Solo falta echarle una mirada a las empresas que están detrás de todo esto: Telefónica, Vodafone, Endesa… Todas pendientes de los 80.000 millones de euros que la Unión Europea aporta para este programa de Smar Cyties, el más grande de su historia.

Está claro que el énfasis de ciudad inteligente que nos quieren vender, en muchos casos se centra en la aplicación de la tecnología y esto atrae un gran peligro en cuanto que corremos el riesgo de perder el horizonte de lo que debería ser un cambio hacia una ciudad más humana: «se corre el riesgo de querer imponer soluciones tecnológicas, llave en mano, a través de paquetes de programas concebidos muchas veces para otras realidades, sin evaluar convenientemente la integración y articulación de las mismas con las existentes; podría conducir al rechazo de la población respecto de los aspectos operativos y/o respecto de algunos efectos colaterales».1

Ya sabemos lo que pasa cuando se quiere aplicar una solución para todo, llave en mano, y es que podrían pasarse por alto otras formas de aplicar soluciones al problema creado, que también podrían ser eficientes.

Debemos estar alerta y no caer en los cantos de sirena de modas y conceptos por muy verdes que vengan pintados, porque al final, cuando les quitas la pintura acaba apareciendo siempre lo mismo, y esto tiene toda la pinta de ser un bazar de datos, mapas y más datos que, al final, solo van a usarse para beneficio de las corporaciones, como siempre.

Toni Marín
Director de EcoHabitar

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5 thoughts on “Nº 45 de EcoHabitar. Editorial

  1. Si tomamos a los animales de granja como ejemplo, sabemos que donde hay demasiados animales en un espacio demasiado concentrados se forman focos de contaminación e erosión de la tierra. Las cuidades son lo mismo.

    Sera muy difícil crear ciudades verdaderamente sostenibles ya que siempre tendremos que importar recursos de las afueras y exportar los excesos de basura y aguas residuales, porque la tierra en si no podrá soportar la carga de concentración de habitantes. Y no estoy hablando de «sobre poblacion» que es un mito, solo de concentración.

    Las ciudades estan concebidas para concentrar a las masas para restringir el acceso a la tierra y ser mas fáciles de controlar.

    Y tienes todo la razon, da mucho asco como todo ahora lleva la etiqueta de «sostenible», «verde» bla bla bla, cuando en realidad no estan haciendo nada diferente, simplemente marketing para bobos.

  2. Toni, creo que la has clavado en tu opinión. Si simplemente se tratase de hacer una ciudad más sostenible, se la llamaría así, Ciudad Sostenible. El nombre de ciudad inteligente es muy conveniente para los que quieren desarrollar la idea, dado que si tu ciudad no es inteligente, debe ser tonta y eso es algo que no se debe permitir a nivel político ni ciudadano.
    Hay varios apartados en los que supuestamente deben desarrollarse estas ciudades inteligentes: innovación social, energía, medio ambiente-infraestructuras-habitabilidad humana, mobilidad urbana, gobierno-economía-negocios… Como tu mismo indicas en tu editorial, parece que lo que más prima es la tecnología, especialmente la más cara y la que a la vez nos hace más dependientes en vez de más independientes. ¿No sería más inteligente potenciar entornos de las ciudades donde se potenciasen las agriculturas ecológicas, en vez de desplazarlas para seguir construyendo?, ¿no sería más inteligente potenciar más las renovables dentro de las mismas ciudades y no ponerles trabas?, ¿no sería más inteligente que todas las nuevas construcciones fuesen construidas «con la cabeza» y en vez de equiparlas con numerosos equipos para proporcionarnos frio o calor, que no tuviesen necesidad de ellos?…

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