“Para nosotros la verdad es lo que existe, no lo que decimos. Tiene que haber algo material que apoye lo que decimos. Si queremos transformar el mundo, hay que pasar […]

Damanhur: hechos y palabras

00008“Para nosotros la verdad es lo que existe, no lo que decimos. Tiene que haber algo material que apoye lo que decimos. Si queremos transformar el mundo, hay que pasar a la acción. Eso es lo que le gusta a la gente de la zona, ver hechos concretos”.

Con estas palabras, Capra Caruba, residente en Damanhur desde hace 6 años, expresa uno de los puntos clave de la filosofía damanhuriana: hacer, experimentar, a través del juego, el arte y la investigación científica. Experimentar con nosotros mismos, explorar nuestros límites y estar abiertos al cambio, a generar una nueva realidad. Tal vez sea esta actitud, que conjuga una visión flexible con una acción decidida y creativa, la clave del éxito de esta comunidad italiana, próxima a Turín, que en la actualidad cuenta con unos 600 residentes y otras 400 personas simpatizantes que también viven en la zona. Y que se organiza en una Federación de pequeñas comunidades —también llamadas núcleo comunidades o familias— dispersas por todo el valle de Valchiusella.

Es difícil explicar en un breve artículo qué es Damanhur. Su manifestación externa es compleja y desde luego una corta visita no es suficiente para captar las múltiples dimensiones en que ésta se muestra. Para Capra, Damanhur es simplemente “el lugar en que podemos cambiar, transformarnos y crecer de manera segura, es una aventura que sólo se reconoce estando dentro”. Como visitante, como observador externo, es fácil dejarse entusiasmar por lo más aparente, por los grandes logros —los Templos de la Humanidad, el centro de servicios y actividades DamanhurCREA, la moneda local: el Crédito, etc.—; o tal vez extrañarse un poco por el aire esotérico que lo impregna todo, visible en el arte damanhuriano, audible a través de las explicaciones de sus habitantes, aprendible a través de los cursos que ofrece su universidad; o cuestionarse que una persona —el fundador y guía Oberto Airaudi— tenga todavía tanto peso, tanta presencia e influencia en una comunidad que, por otra parte, se organiza de una forma impecablemente democrática.

Sin embargo, no sería justo, ni siquiera una buena aproximación a la realidad, quedarse ahí. Damanhur es más que todo lo que muestra, es ante todo una comunidad de personas que se quieren, un mosaico de experiencias que se entretejen y complementan, un sueño compartido por un futuro mejor. “Nuestra relación no es únicamente de fraternidad —dice Inti, un peruano que lleva 24 años en Damanhur—, es de pura complicidad interior entre personas de diferentes lugares y culturas. Esta complicidad se crea a un nivel muy profundo, donde sobran las palabras. No necesitamos explicarnos tanto, nos comprendemos enseguida. Este es nuestro gran tesoro”. Lo que para un visitante externo resulta extraño o complejo, para un residente es simple y natural. Para Inti es natural que haya un guía, alguien que mantenga el espíritu de la comunidad a través de una poderosa visión, especialmente en los momentos difíciles:  “Recuerdo que en un momento de grandes dificultades económicas, donde buscamos soluciones, si aplicó otras lógicas. Por ejemplo Falco nos sugirió hacer una piscina, algo que nos parecía en principio absurdo. ¿Para qué queremos una piscina, nos preguntábamos, si no tenemos dinero? Hicimos la piscina y disfrutemos al menos de un buen baño. Y claro, nos bañamos, disfrutamos y nuestro humor cambió, lo que sin duda contribuyó a arreglar nuestros problemas económicos”. En Damanhur todo el mundo tiene claro la función de Falco, no es un gurú, ni un jefe ni quien decide el futuro de la comunidad, es simplemente un guía, una referencia, un espejo en el que mirarse. ¡Ese es su trabajo!

Por cierto que Falco es el nombre animal de Oberto Airaudi. Hace años alguien hizo una propuesta de cambiarse los nombres por otros de animales y honrar así a todas las especies vivas. La idea cayó bien, un poco siguiendo el espíritu de juego que caracteriza la comunidad, y desde entonces todo ciudadano y ciudadana de Damanhur llevan el nombre de un animal y con el tiempo, el apellido de una planta. No se repite ningún nombre porque, como dice Capra, “el número de especies vivas es muy grande y, además, a nadie se le ocurrirá escoger un animal que ya tiene otra persona, aunque le guste mucho”.

 
Este texto es solo un resumen del articulo completo publicado en "nº 16 EcoHabitar".
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