Cúpula de adobe: recuperando una construcción milenaria

Un proceso integral, natural, local y artístico.

Una vida sana, la búsqueda de una cierta armonía y una conciencia ecológica llevan inevitablemente, en el momento de edificar, a suprimir ángulos, a planificar una arquitectura original y a confiar en formas y técnicas empíricas. A esta conclusión llegó Brigitte cuando decidió construir una cúpula en su finca biológica en la Palma, Canarias. Ella quería una vivienda sencilla, artística y sobre todo realizada con materiales naturales. La cúpula, con su espacio íntimo y relacionado con el cosmos, era su sueño desde hace años.

Energía circular

Existe un vínculo estrecho entre espiritualidad y la construcción de formas redondas. Estas no faltan nunca en los templos de las religiones monoteístas, en la arquitectura sagrada hinduista, en las cabañas de sudación chamanistas del continente americano y más sencillamente en la vivienda tradicional africana relacionada con las creencias animistas.
Una media esfera nos recuerda la gestación, la tierna barriga de la Madre. ¿Qué mejor cobijo que ese? Brigitte, además, sabía de antemano que aquel espacio iba a ser dedicado a la meditación, a las reuniones musicales, a la tranquilidad contemplativa y a albergar un estilo de vida al cual la cúpula iba a proporcionar su energía beneficiosa.

Materia prima local

Rápidamente el proyecto se convirtió en una aventura ecológica y decidimos elegir los materiales según su cercanía, su bajo impacto medio ambiental en su lugar de producción y en nuestra obra, y que los gastos económicos fueran lo más locales posible: transportar la tierra arcillosa desde el pueblo vecino, recoger la pinocha desecha y fibrosa que cubría las carreteras de monte, juntar las gomas de coche en los talleres, encargar camiones de arena y gravas de río desde los barrancos cercanos e incluso que la mano de obra tuviera el mínimo trayecto posible en coche. Cada aspecto necesitaba una baja huella ecológica.

El barro crudo como ingrediente base

Después de observar varias posibilidades, decidimos construir al máximo con barro crudo: los ladrillos prensados manualmente, la masa de unión, los encalados y lucidos interiores y las primeras manos de los exteriores.

Fabricar 3.500 ladrillos no fue cosa sencilla, hubo que preparar el sitio para reducir los trayectos, sombrear la zona de trabajo de la fosa donde se mezclaban los materiales y la mesa donde se prensaban, aplanar metros cuadrados de suelo para secar y almacenar los adobes. Además todas las etapas iban a ser realizadas manualmente (o con los pies…), la criba, la mezcla en seco, la mezcla con el agua, el triturado, el moldeado, el almacenamiento y el transporte hasta la obra.

Un Gomero y dos Belgas

En Francia, las cabezas de turco de todos los chistes son los Belgas y en Canarias son los Gomeros, pues bien, el arquitecto, el responsable de las técnicas de barro y el capataz albañil eran precisamente belgas y gomeros. En el pueblo había quien ya se reía del trío y de la poca probabilidad de éxito del proyecto.¿y eso, cómo se sostiene solo? era la típica pregunta.

Después de varios intentos llegamos a la mezcla perfecta: el agua, la arcilla, la arena, la gravilla y las fibras, tienen que tener la consistencia óptima para poder ser moldeables y poderse prensar. Reciclando unos cartones nos dimos cuenta que suponían una buena base para recibir el ladrillo al secarse. Al empezar, trabajamos con moldes de madera, aunque estaban bien hechos y tenían refuerzos, no aguantaron mucho tiempo y los fuertes golpes para prensar el barro y la inmersión constante para mantenerlos limpios, los destrozaban tanto que los adobes salían con formas cada vez mas caóticas. Sabía, por experiencia, lo importante que era mantener un espesor siempre igual y todas las aristas paralelas, así que tuvimos que buscar una alternativa a dichos moldes. Una vez los nuevos moldes metálicos hechos por el herrero estuvieron listos, a las 2 semanas de trabajo, llegamos a producir 180 ladrillos al día.

Aunque se deseaba lograr una casa natural hecha a mano, era importante también mantener el precio de fabricación de los ladrillos lo más bajo posible. Para eso tuvimos que inventar algunas alternativas como trabajar con woofers, intercambiar horas de trabajo de los obreros por comida y alojamiento, llamar a los amigos e intentar fabricar el mayor número posible de ladrillos al día.

Planos, curvas y círculos

Una vez el solar de la obra estuvo listo, tuvimos que decidir donde colocar el centro del círculo, alrededor del cual íbamos a dar vueltas durante casi dos meses. Con cemento dentro de cuatro gomas de rueda apiladas plantamos un tubo metálico enroscado al final. A partir de ahí se hicieron todas las medidas y decidimos llamar a esta estructura “el Reloj”.

Brigitte, la dueña, tenía una visión clara de la forma que quería, la cual se acercaba más a una curva elíptica, por eso tuvimos que hacer unos cálculos y luego unos trazados especiales recortando un cartón-piedra, el cual iba fijado al brazo del “reloj”. Otras cúpulas, como las de los hornos de pan, de media esfera perfecta, se realizan siguiendo la técnica tradicional de la cuerda siempre tensa, fijada en el suelo, en el centro y cuya extremidad indica la colocación interior de la cara de cada ladrillo (o intrados).

Además, para alcanzar más altura al pie de la pared, se empezó la curva de la cúpula, encima de un muro de hormigón de 1 m de alto. Esta base tenía que ser muy resistente para poder aguantar la presión de la obra y también para cumplir con un precepto de la construcción de barro, tener medio metro de base inalterable por el agua.
La cúpula tenía dos accesos previstos; uno hacia el cuarto de entrada (una habitación rectangular con muchas ventanas como acumulador de calor) y otro más estrecho, ambos iban a ser en forma de arco. Para su realización pudimos haber utilizado la antigua técnica afgana que sencillamente llena el futuro orificio del arco con los mismos ladrillos apilados hasta conseguir un soporte en forma de escalera a la altura deseada, pero al final optamos por construir un molde de cartón prensado y madera. La clave central no fue hecha de adobe sino con una piedra de tosca (piedra volcánica fácil de tallar) esculpida con el hacha.

El terreno donde se ubicaba la obra tenía una fuerte pendiente, por eso hubo que levantar un muro de sostenimiento, para cuya construcción nos inspiramos en las construcciones “Earthships” con gomas usadas de coche. Después de preparar unos cimientos de piedras y hormigón, levantamos filas de gomas de coche rellenas a tope de piedras de diferentes tamaños, de tierra y de escombros, todo eso prensado hasta rebosar. En algunos puntos llegamos incluso a los 3mts de altura. Una vez acabado el muro, cubrimos la cara exterior con malla gallinera metálica y encalamos con la mezcla normal: barro, arena y fibra.

El sorprendente poder pegajoso del barro

Los dos arcos estaban acabados y firmes, la mayoría de los adobes estaban secos; ya podíamos empezar a alzar los muros. La argamasa era casi igual a la del adobe, pero sin grava, ni fibra y más aguada. Cada intrados del ladrillo iba colocado en su sitio rozando al mínimo, con el recorte de cartón-piedra que iba atornillado al brazo del “Reloj”. Así se conseguía su justa posición en la curva, mientras su ángulo iba determinado con un nivel de agua que indicaba 360 grados. Cada dos hileras, teníamos que reajustar el nivel con su nuevo ángulo. Para mantener el adobe en su posición se colocaban unas piedritas o cachitos de tejas en su parte exterior (o extrados). Las conexiones estructurales de puertas y ventanas en el muro de barro fueron una etapa delicada, en la cual convenía extender los amares de los bastidores profundamente en las paredes, lo que hicimos con alambres a toda una fila de ladrillos.

Al principio un solo andamio se iba moviendo siguiendo el avance del trabajo, pero rápidamente hubo que añadir piezas y dejarlo fijo y poco a poco se fue llenando de varas, planchas y vigas convirtiéndose el espacio en un verdadero laberinto.

La circunferencia del suelo era de 5 m de diámetro y la altura de 3 m, claramente en algún momento, la posición de los adobes (cada uno de 40 cm de largo por 20 de ancho y 11 de espesor, rozando los 4 kg) iba a pasar de estar casi horizontal a totalmente vertical y en el grupo había quien no confiaba en la capacidad de unión del barro para aguantar el peso de los ladrillos. Por esa razón habíamos preparado unos 400 adobes del mismo tamaño, pero de mitad de espesor, añadiendo una porción más de fibra, obteniendo así un elemento algo más frágil pero bastante más ligero. Estos iban a ser las piezas a colocar cuando la ley de gravedad se hiciera menos tolerable. Y la sorpresa fue grande cuando un día cogí uno de esos ladrillos y un puñado de argamasa y lo pegue boca abajo, colgando del muro; sostenerlo 10 segundos fue suficiente para que se quedara ahí firme… ¡¡¡la magia del lodo!!!

La ventana superior: la luz solar constante

11 de septiembre: Estábamos colocando las últimas filas de adobe, cuando a medio día alguien nos anuncio que dos torres de Nueva York se estaban cayendo. Nadie se lo creyó y seguimos con nuestra humilde cúpula. Pero apenas llegada la noche nos fuimos al bar del pueblo para ver que era cierto, lo demasiado arrogante había acabado en el suelo a mano de los demasiado locos. Toneladas de escombros por todas partes, el precio de una construcción insostenible. El día que nuestra cúpula se venga abajo todos sus materiales se reintegrarán en la tierra.

Hubo un primer proyecto abortado de una cúpula de madera, de ahí sacamos un elemento circular muy bien hecho: 1 m de diámetro, madera noble, ventana de plexiglás súper resistente y decidimos utilizarlo para la clave final de la cúpula. Gracias a esta ventana los rayos de sol podían entrar desde el amanecer hasta muy entrada la tarde. Por aquel entonces la obra era ya tan resistente que varias personas podían caminar a la vez encima de la parte superior.

La lluvia se acerca

Desde el principio del proyecto, un interrogante flotaba; ¿es la Palma una zona seca o más bien lluviosa? Porque en la literatura referente a las cúpulas se dice que este tipo de arquitectura es óptima en zonas secas sin embargo desaconsejada en zonas lluviosas. Pero al final de septiembre unos nubarrones grises nos trajeron una respuesta muy clara. Los enlucidos finales de protección no estaban secos y aunque una buena obra de barro puede aguantar sin daños excesivos un invierno, no cumplíamos el dicho famoso: unas buenas botas y un buen sombrero, lo cual se refiere a tener una base resistente al agua y un techo con cornisa que proteja del impacto directo de las gotas. Las botas sí las teníamos, pero en cuanto a lo del sombrero íbamos mas bien de”skin head”.

Teníamos varias recetas de capas protectoras impermeables, pero poca experiencia (aparte de la mía, aunque siempre con viviendas con cubierta) y no tuvimos mucha suerte, empezó a llover tempranísimo para esa época y los encalados no se secaban, fue el año más lluvioso de la década y no dejaba días secos para ayudar. Conclusión: para Diciembre se avecinaban los problemas, la capa final se ahuecaba y zonas enteras de la cubierta exterior se estaban cayendo.

Un invierno bajo plástico

La decisión de cubrir nuestra hermosa cúpula con un plástico amarillo de platanera no fue muy agradable, ¿Pero que remedio? El invierno se anunciaba largo y lluvioso pero como se podía vivir muy bien adentro, decidimos dejarlo tal cual hasta la primavera y aprovechamos esos meses para los acabados interiores, los detalles y la recolección de pinos cortados por Medio Ambiente para preparar lo que siempre fue la alternativa a los encalados: un enorme tejado.

Fue durante el verano del año siguiente que se acabaron los nuevos encalados y el tejado; una estructura de madera cubierta de tierra fértil, donde se sembraron numerosas enredaderas. Una forma original, artística y con vida protege el trabajo. La ventana superior sigue ofreciendo la luz solar y todo el sitio se esta convirtiendo en una hermosa finca acorde con la filosofía de la Permacultura donde todo crece de forma exuberante.

Trabajar en este proyecto me brindó la oportunidad de convertir, de hacer contemporánea la construcción ancestral de las cúpulas de barro.

Ficha técnica

• USO: vivienda unifamiliar aislada en zona rural.
• Comienzo de obra: 1 julio 2001
• Fin de obra: enero 2002 + 2 meses para la cubierta
• Superficie construida: 45 m2
• Precio mano de obra*: 7.800 €
• Precio materiales*: 3.000 €
• Técnicos: auto constructores, el listillo de la banda: Bernard Verstraten y “El lodo mágico”, Asociación de constructores descalzos de la Palma.
• Clima y ubicación: 300 m de altitud en la ladera noroeste de la isla de La Palma, Canarias. Con temperatura mínima de 14 grados en invierno y 30 en verano. Zona rural con población muy dispersa.
• Energía: 4 placas fotovoltaicas, A.C.S, pequeño grupo electrógeno de gasolina.
• Sistema de ahorro energético: muro de 55 cm. de barro y paja. Baño seco de compostaje.
• Climatización: muro sureste con cristalera para la acumulación del calor solar (invierno), ventana parte superior de la cúpula para la ventilación (verano). No existe necesidad de estufa por sus inviernos no extremos.
• Estructuras y materiales: Cimientos realizados con piedras y hormigón. Muro de carga: piedras y hormigón. Muro de sostenimiento: gomas de coche y piedras. Cúpula y cuarto entrada: 3.500 ladrillos de adobe crudo. Encalados de cal, barro y/o arena. Cubierta: pino blanco local, tela asfáltica, tierra y vegetación.

* Los precios de mano de obra y materiales se refieren únicamente a los trabajos de construcción de barro e infraestructura, sin incluir la cubierta, los suelos, puertas y ventanas.

 

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