Compromiso ecológico

interiorUn proyecto de reforma en un local comercial en Leioa que ha buscado el mínimo impacto ambiental, un trabajo de búsqueda y selección de los materiales más ecológicos contado por los propios protagonistas.

Formamos Utopía en 2000. Empezamos en una pequeña oficina alquilada a pie de calle, y no nos faltaba trabajo: el euro estaba a las puertas y todo el mundo quería hacer reformas. Desde el principio nos interesaron las alternativas a los materiales y técnicas de construcción “convencionales”. Éstos, por norma general, no parecían tener en cuenta el respeto por la salud del usuario final, ni por la de las personas implicadas en los procesos productivos, ni mucho menos por el medio ambiente.

Conforme pasaba el tiempo, percibimos que, aunque las soluciones ecológicas que planteábamos despertaban el interés de una pequeña porción de clientes, la inmensa mayoría demostraba indolencia y desidia. A veces teníamos la sensación de hablarles en otro idioma o acerca de una realidad que no existía. Así que, después de un período de cierta desorientación y alguna que otra crisis de fe, llegamos a la conclusión de que quizás nuestro lugar de trabajo no comunicaba con suficiente claridad y firmeza nuestros valores. Tal vez no bastaba con fotografías, fichas técnicas y muestras de 20 x 20 de los materiales, y era necesario crear un entorno saludable y respetuoso con el medio ambiente, que se pudiera experimentar en primera persona.

Esto nos impulsó definitivamente a dar el paso y adquirir nuestro propio local: una lonja aún virgen en los bajos comerciales de un edificio de viviendas. A pesar de lo ingrato de la hipoteca y el laberinto económico en el que nos adentrábamos, estábamos entusiasmados con todo el proceso que se avecinaba. Había que definir el proyecto, investigar los materiales que nos interesaban y buscar proveedores. También queríamos participar activamente en la realización de algunos trabajos, así que nos pusimos manos a la obra.

Como pavimentos empleamos unos ladrillos de barro cocido realizados artesanalmente en Corella, Navarra. Era el fabricante más cercano y además el color beige, no rojizo como suele ser más habitual, se ajustaba perfectamente a la paleta de colores que buscábamos. Para la zona de entrada y recepción empleamos una tarima de roble local, en lamas bastante nudosas. Un producto poco demandado pero que encajaba muy bien en el conjunto. Ambos pavimentos se trataron convenientemente con aceites de sellado.

Un amigo de la familia, por casualidad, nos ofreció unas vigas de pino tea, de más de 100 años de antigüedad, que había recuperado del derribo de parte de un lujoso caserón, y que guardaba desde hacía varios años en su almacén. Las empleamos en la puerta principal y la veta característica de este tipo de madera enriqueció muchísimo el diseño que habíamos ideado, aunque el carpintero tuvo que hilar fino para obtener un buen despiece y minimizar el desperdicio. Él mismo nos hizo saber el sorprendente aroma que se desprendió al cortarla.

 

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