EcoHabitar 58. Editorial. Objetivos de Desarrollo del Milenio

Con el cambio de gobierno, y la marcha de un gobierno que parte de sus altos cargos están en el centro de la corrupción y con una clara connivencia con el lobby energético, la posibilidad de volver a unos cauces más aceptables, en cuanto a política energética se refiere, podría ser factible, aunque no sabemos los compromisos y acuerdos del nuevo Ejecutivo con los poderosos del sector energético.

Y poniéndonos en lo mejor, un compromiso real de nuestro país con los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) contra la pobreza y los problemas de la sostenibilidad medioambiental y empezar con una política de acogida y protección de los refugiados más justa y generosa.

Emprender una nueva política energética, despetrolizando, descarbonizando y desnuclearizando el sector de la energía, apoyando y favoreciendo las renovables, el autoconsumo y derogando, cómo no, el llamado impuesto al sol, una medida más simbólica que otra cosa, pero nefasta no por sus efectos prácticos, sino por la desproporcionada contribución que ha tenido esta negación a las renovables. Según la Fundación Renovables “padecemos el 83% de dependencia exterior de la demanda final energética, entre 1990 y 2015 registramos un aumento del 20% de las toneladas métricas equivalentes de dióxido de carbono (MtCO2) y hemos sufrido un parón en la instalación de potencia renovable entre 2013 y 2018, fruto de las trabas impuestas por el anterior Gobierno por estas tecnologías”.

En una información hecha pública por el Programa para el Medio Ambiental de las Naciones Unidas y Bloomberg New Energy Finance, se ha confirmado que en 2016 la cuota de las energías renovables volvió a crecer, y que la energía limpia proporcionaba un 55% de toda la nueva capacidad de generación eléctrica a nivel mundial.

Lo que ha ocurrido es que España, no solo ha perdido el liderazgo que mantuvo hasta el 2010, tanto en el desarrollo de las energías renovables como en la creación de un tejido industrial del sector, sino que ahora se sitúa a la cola de los países europeos que encabezan la lucha contra el Cambio Climático.

Este país debería sumarse a la senda de los Estados miembros de la UE que lideran la Transición Energética y, además, no deberíamos perder ni un minuto en la aprobación de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética.

Hay mucho por hacer y contamos con la tecnología, empresas, profesionales y técnicos; incluso, un buen sector de la opinión pública demanda la necesidad de implementar estas tecnologías; ahora hace falta la voluntad política para comenzar la transición energética y la descarbonización acordada por la UE para el 2050 y contener el aumento de la temperatura de la Tierra.

El compromiso europeo de reducción de emisiones GEI supondrá para España que las emisiones se limiten hasta un valor muy reducido de entre 14 y 88 MtCO2. Este objetivo solo se podrá alcanzar si el nuevo modelo energético pone en marcha simultáneamente varias medidas, como son eliminar el consumo de productos petrolíferos, desarrollar una generación exclusivamente de renovables e implementar medidas de eficiencia energética.

Para este nuevo Ejecutivo y periodo, sería conveniente no dejarse liar por el oligopolio y trabajar para recuperar el camino perdido en estos 5 años de retroceso energético.

Los techos verdes ahorran energía. Nuevos resultados

Ni el Reglamento de Ahorro Energético (EnEV, siglas en alemán), ni el DIN 4108 Protección Calorífuga y Ahorro Energético en Edificios, tienen en cuenta los efectos que tienen los techos verdes en relación a la protección térmica en verano y en invierno. Por ello en el Centro para la Construcción con Consciencia Ambiental (ZUB, siglas en alemán) de Kassel, se realizaron, entre noviembre de 2007 hasta febrero de 2009, unas mediciones en cinco techos verdes distintos, con el objetivo de determinar sus respectivos comportamientos de aislamiento térmico. El proyecto fue subvencionado por la Fundación Alemana de Medio Ambiente (Minke/Gross 2010).

Los techos verdes tienen la capacidad de reducir considerablemente el calor producido por la radiación solar en verano y la pérdida de calor, por radiación, de los techos en invierno.

Los gráficos 1 y 2 muestran los resultados de las mediciones de temperatura que el autor realizó en Kassel en un techo verde de inclinación leve. Este techo estaba cubierto por una espesa vegetación de pastos silvestres/hierbas silvestres, formando un sustrato ligero de 16 cm de espesor. Con una temperatura al mediodía de unos 30º C en septiembre, la temperatura en la cubierta por debajo de la capa de sustrato ascendía hasta un valor máximo de 17,5º C. Con una temperatura de -14º C en enero, la temperatura bajo tierra (sustrato) no descendió nunca por debajo de 0º C. Las curvas evidencian una reducción particularmente fuerte de las diferencias de temperatura, mostrando así el potencial de su ahorro energético en la climatización del edificio.

Gráfico 1. Forma de la curva de temperatura en un techo verde con 15 cm de sustrato ligero en otoño.

 

Gráfico 2. Forma de la curva de temperatura en un techo verde con 15 cm de sustrato ligero en invierno.

Los ensayos (ver tablas 1, 2 y 3 pág. 35)

El lugar del ensayo se ubicó a unos 14 metros de altura en el centro urbano de Kassel. Consistió en una sala de experimentación climatizada y fuertemente aislada, sobre la cual estaban dispuestos seis campos de pruebas, con una superficie de 1,00 m x 1,20 m cada uno, con su respectivo aislamiento lateral de 25 cm de espesor.

En la cámara climática había una temperatura de 20º C, con una oscilación del 10% de máxima.

Como campo de referencia sirvió un techo equipado con un aislamiento calorífugo (λ = 0,04 W/(m·K) de 20 cm de espesor y con una piel de tejado sintética para la evacuación del agua, sin capa de sustrato ni de vegetación. La tabla 2.8 muestra la disposición de los campos de pruebas. Se eligieron diferentes espesores de sustratos y especies de vegetación para poder registrar, de forma separada, la respectiva influencia del sustrato y de la vegetación.

En cada campo de medición se introdujeron 12 detectores Pt 100, además de una sonda para medir la corriente térmica. Cada 6 minutos se registraron los valores de medición de los respectivos sensores.

Tabla 1. Resumen de los tipos de construcciones de tejado.

Tabla 2. Diferencia proporcional de las pérdidas de calor por transmisión en relación con el campo de referencia.

Tabla 3. Diferencia proporcional de las pérdidas de calor por transmisión del campo V y del campo VI.

La medición de resultados

El gráfico 3 muestra las temperaturas medidas debajo del sustrato (es decir, las temperaturas reinantes en el elemento de construcción) de los cinco techos verdes durante una semana en verano, en comparación con las respectivas temperaturas detectadas por debajo de la impermeabilización de tejados del campo de referencia sin sustrato ni vegetación. Éstas resultaron entre 25º C a 45º C más altas que las de los techos verdes, aunque la temperatura del aire medida por encima del campo de referencia era sólo 7º C (de máxima) más alta, debido a la fuerte radiación solar. En comparación, durante la noche, la temperatura en la superficie del campo de referencia llegó a ser hasta 7º C inferior que la temperatura del aire, lo que demuestra el efecto nocturno de pérdida de calor transmitida en este tipo de techos.

Gráfico 3. Temperaturas en el elemento de construcción de todos los campos, además de la temperatura del aire exterior en la semana de verano de 2008.

 

Comparando los campos V y VI, se constató que el sustrato de 15 cm de espesor, en el campo V, con una densa vegetación de variedades de pasto, producen una mayor disminución en el rango de las temperaturas, que en el campo VI, cuyo sustrato tenía sólo 8 cm de espesor, y cuya cubierta de vegetación era, sobre todo, de Sedum (véase el gráfico 3), además demuestra que, debido al efecto del techo verde, las oscilaciones de las temperaturas exteriores se reducen un promedio de 50%, en el campo IV y de 70%, en el campo V.

Gráfico 4 Temperaturas en el elemento de construcción de todos los campos, además de la temperatura del aire exterior en la semana de invierno de 2009.

Resulta particularmente efectiva la reducción de las oscilaciones de temperatura debido a los techos verdes en invierno, tal como demuestran los valores medidos en la cubierta (véase la tabla 3). Durante la semana de enero, el valor máximo de la temperatura del aire exterior fue de 18º C, y la correspondiente máxima del campo de referencia ascendió a 15º C. Mientras tanto, en los campos con un sustrato de 15 cm de espesor no se registraron oscilaciones, mientras que en los campos con un sustrato de 8 cm de espesor se dieron unas oscilaciones máximas de sólo 3º C. En tiempos en que la temperatura del aire estaba continuamente por debajo de 0º C, bajando incluso hasta -18º C, lo que hacía oscilar las temperaturas en el campo de referencia entre +3º y –12º C, la temperatura en los campos con un sustrato de 15 cm nunca fue inferior al punto de congelación. Sin embargo, en el campo con un sustrato de 8 cm de espesor, la tierra llegó a congelarse.

El gráfico 5 muestra la pérdida (o la ganancia) mensual de calor por transmisión de los cuatro campos con un aislamiento calorífugo de 20 cm de espesor durante el año 2008. Con ello se evidencia que el campo de referencia en los tres meses de verano sufre un considerable aumento de calor, el cual ascendió a 960 Wh/m2 en el mes de junio, mientras que, en los demás campos, solamente alcanzó la quinta parte de este valor. En el gráfico 6 queda representada la pérdida (o la ganancia) mensual de calor por transmisión durante los meses de junio a agosto de 2008.

Gráfico 5. Pérdida mensual de calor, además del registro de calor para el campo de referencia, el campo II, el campo III y el campo IV. Se considera el período entre enero de 2008 y agosto de 2008.

A pesar de que, durante la semana de invierno del 2 al 8 de enero de 2009, reinaban continuamente unas temperaturas del aire de 0º C a -17º C, la temperatura por debajo del sustrato, de 15 cm de espesor, del techo verde cubierto con pastos se mantuvo constantemente en +1º C. Este hecho puede ser explicado, sobre todo, por el efecto de almacenamiento de calor latente por la humedad del sustrato.

De la tabla 2 se deduce que, en comparación con el techo de referencia, las pérdidas de calor invernales, en el caso del techo con un sustrato de 15 cm de pastos, fueron 25% menores en diciembre, alcanzando una reducción de 18,2% de promedio, durante todo el período de calefacción.

La tabla 3 muestra que el techo con una vegetación de pastos y con un sustrato de 15 cm de espesor mostró 10% menos de pérdida de calor durante el período de calefacción en comparación con los correspondientes valores del techo equipado con un sustrato de sólo 8 cm de espesor y con una vegetación de Sedum.

Los resultados de la prueba confirman que, incluso en comparación con un aislamiento calorífugo de 20 cm de espesor, el techo verde presenta una considerable protección calorífuga en verano, e, igualmente, un considerable efecto adicional de aislamiento térmico durante todo el período de calefacción. Además, resultó obvio que es recomendable emplear una espesa vegetación de pastos silvestres, con un sustrato ligero de 15 cm de espesor, en vez de una vegetación de Sedum, menos espesa, con un sustrato ligero de solamente 8 cm de espesor. Únicamente habrá que tomar en consideración que los 7 cm adicionales de sustrato ligero se traducen, en su estado saturado de agua, en un aumento de peso de unos 70 – 80 kg/m2.

Gráfico 6. Pérdida total de calor, además del registro de calor para el campo de referencia, el campo II, el campo III y el campo IV. Se considera el período entre junio de 2008 y agosto de 2008.

Conclusiones

Los efectos térmicos de techos verdes se deben  a los siguientes fenómenos:

  • Se da una protección térmica adicional en verano porque, debido a la sombra producida por la vegetación, los rayos solares no alcanzan la tierra y, además, la energía solar en el colchón vegetal es, casi completamente, consumida por la reflexión y por su absorción para la fotosíntesis.
  • El colchón de aire encerrado actúa como una capa de aislamiento térmico. Dürr parte del hecho de que un colchón denso de pastos muestra un λ de 0,17 W/(m·K), mientras que un sustrato húmedo como la tierra muestra un λ de 0,6 W/(m·K) [Dürr 1995], véase también [Umweltbundesamt 1987].
  • Un colchón vegetal espeso protege la superficie del sustrato contra el viento. Debido a que así no se registra casi ningún movimiento de aire, la pérdida de calor por el efecto del viento tiende a cero.
  • En la madrugada, cuando la temperatura del aire exterior llega a su punto más bajo de la noche, normalmente se produce rocío en la vegetación. Este rocío matinal aumenta la temperatura en la capa de vegetación, debido a que la condensación de 1 g de agua hace liberar alrededor de unas 530 calorías térmicas. De esta manera, se reduce en parte la pérdida de calor por transmisión.
  • La masa térmica de la capa del sustrato, además del agua almacenada en las plantas y en el sustrato, producen una reducción en el rango de temperaturas.
  • A través de la respiración por las raíces se da una ganancia de calor – aunque sea muy leve – en la tierra. En invierno, esta ganancia de calor contribuye a que la tierra se congele con menos frecuencia.

Además, la fotosíntesis y la respiración ayudan a que se suavicen las oscilaciones de temperatura entre el día y la noche:

  • En la fotosíntesis, para cada molécula producida de C6H12O6 (glucosa) se consumen 2,83 kJ de energía. En días de verano, cuando prevalece la fotosíntesis, se produce un efecto de refrigeración. De noche, cuando ya no se da ningún proceso de fotosíntesis, se produce calor debido a la respiración.
  • El efecto de almacenamiento del calor latente en el sustrato ligero, hace que se amortigüen las diferencias de temperatura: cuando el agua en la capa superior del sustrato se congela, la transformación de un gramo de agua a un gramo de hielo hace que se liberen alrededor de unas 80 calorías térmicas. El sustrato en proceso de congelación permanece por un tiempo muy prolongado a una temperatura de 0º C, aunque la temperatura exterior sea bastante inferior. Durante la descongelación del hielo se consume otra vez la correspondiente cantidad de energía de unos 80 cal/g del hielo para la transformación del estado de agregación; sin embargo, casi toda esta energía se extrae del aire. Analizando el proceso en su totalidad, el efecto de almacenamiento del calor latente conduce a una ganancia térmica para el tejado.

En viviendas de construcción antigua y en oficinas en altillos, la protección térmica en verano conseguida por los techos verdes es de notable importancia. En edificios ubicados en Kassel, en varios casos se verificó que, con unas temperaturas exteriores de 30º C, la temperatura por debajo de la capa de tierra del techo verde nunca fue superior a 20º C (véase también el gráfico 2.6), y que la temperatura interior no superó nunca los 25º C. La fotografía  muestra el ejemplo de Berlín-Kreuzberg donde, gracias a la ampliación sobre la azotea, se ganó un local habitable adicional. Bajo el techo ajardinado se creó un clima confortable.

 

Techos Verdes

Shou Sugi Ban quemando la madera para protegerla

“Shou-Sugi-Ban”, en japonés 焼杉板 significa literalmente “tabla quemada de cedro”, es la palabra utilizada para describir la técnica centenaria Japonesa de carbonizar, “Sugi”, las tablas de cedro que se emplean en recubrimientos de fachadas, suelos y vallas.

Esta técnica tiene sus orígenes en unos carpinteros japoneses que buscaban un acabado artístico y duradero con madera recuperada de las playas. Al estar en la mar, la madera expuesta al agua salada era muy valorada por su apariencia y durabilidad.

Al ser muy cotizadas, pero escasas, los artesanos japoneses comenzaron a buscar otra técnica para embellecer y proteger la madera y así descubrieron que el fuego puede dar un resultado bonito y duradero.

Shou Sugi Ban era una técnica común a partir del siglo XVIII, posiblemente es más antiguo, aunque sufrió un declive en el siglo XX a consecuencia de la abundancia de materiales baratos como el hormigón, el plástico o el aluminio.

En los primeros años de siglo XXI comenzó el renacimiento de Shou Sugi Ban a manos del arquitecto japonés Terunobu Fujimori siendo visto como una técnica vanguardista en Japón, Estados Unidos y Europa.

Esta técnica tiene sus orígenes en unos carpinteros japoneses que buscaban un acabado artístico y duradero con madera recuperada de las playas. Al estar en la mar, la madera expuesta al agua salada era muy valorada por su apariencia y durabilidad.

Al ser muy cotizadas, pero escasas, los artesanos japoneses comenzaron a buscar otra técnica para embellecer y proteger la madera y así descubrieron que el fuego puede dar un resultado bonito y duradero.

Shou Sugi Ban era una técnica común a partir del siglo XVIII, posiblemente es más antiguo, aunque sufrió un declive en el siglo XX a consecuencia de la abundancia de materiales baratos como el hormigón, el plástico o el aluminio.

En los primeros años de siglo XXI comenzó el renacimiento de Shou Sugi Ban a manos del arquitecto japonés Terunobu Fujimori siendo visto como una técnica vanguardista en Japón, Estados Unidos y Europa.

Acabados y usos

El acabado puede variar desde profundamente carbonizado “piel de cocodrilo” hasta un ligero quemado. Según el deseo de los clientes es posible cepillar y tratar las tablas para variar la textura y color.

Fachadas, suelos, vallas, tarimas exteriores, muebles y casi cualquier artículo de madera es apropiado para tratamiento con Shou Sugi Ban. Su uso en interiores, tiendas y exposiciones da un efecto vanguardista/artístico/moderno.

 

Los acabados varian de entre una simple veladura hasta una superficie carbonizada.

Ecológico

Los productos para el tratamiento de la madera más modernos y ecológicos requiere una reaplicación periódica debido al efecto de la luz ultravioleta. En Japón, un país con una clima bastante húmedo, las fachadas exteriores con tablas Shou Sugi Ban pueden tener una vida útil de hasta 60 años, incluso en algunos casos hasta 80 años. El diseño y montaje también pude afectar a la vida útil.

Después de muchos años tratando la madera con productos altamente tóxicos Shou Sugi Ban es un tratamiento ecológico que también puede ofrecer un grado de protección contra el fuego, los hongos y los insectos.

Uno de los efectos del fuego es que la capa exterior de la celulosa es eliminada, material más blando e inflamable que las capas de lignina del interior.

Almacén/taller con la técnica Shou Sugi Ban

El proyecto principal, la rehabilitación de una casa, incluye la construcción de una caseta/almacén.

Tradicionalmente estos almacenes habrían sido construidos enteramente de piedra, sin cimentaciones y con un techo de losa o teja árabe. En los últimos 40/50 años se ha visto un cambio radical en los materiales y técnicas utilizadas para la construcción, por ejemplo para las cimentaciones con plancha de hormigón, estructura de bloques revocada con morteros de cemento y techo de chapa o uralita.

Que el proceso sea rápido y económico, bajo en mantenimiento y, sobre todo, fácil de construir, hace que sea la solución más pragmática, y económica.

En nuestro caso el proyecto está situado en las afueras de una aldea, con unas vistas espectaculares, y es importante que la estética encaje con el paisaje que le rodea. Larga vida útil, cumplir un presupuesto económico y el empleo de técnicas de bioconstrucción son algunos de los elementos tenidos en cuenta en el diseño de esta caseta. Parte del proyecto para reformar la casa era una ampliación de la superficie en la cara norte –una galería de madera– y la construcción de un gallinero. A todo esto se sumó la idea de construir una caseta de madera. En principio se tuvo en consideración comprar una caseta prefabricada, pero el coste, la calidad, la estética, además de la necesidad de excavar y hacer una plancha de hormigón, desecharon la idea.

Inspirado por el hórreo –caseta tradicional en Galicia– el diseño original fue modificado durante la construcción por razones prácticas. En vez de hacer toda la construcción al mismo tiempo realizamos varios modelos por separado y se montó la estructura por partes.

La imagen que se tiene de la madera como material de construcción en España es bastante negativa a pesar del bajo nivel de humedad que existe en muchas zonas. Con esta percepción el consenso general es que, a la hora de tratar la madera en construcción, es imprescindible el uso de productos altamente tóxicos.

Proceso de quemado de las tablas del exterior con un soplete de butano.

En contraste, la madera es un material utilizado muy a menudo en el norte de Europa, sobre todo en construcción de cubiertas y techos en el Reino Unido. Hace muy poco fue obligatorio el tratamiento de maderas si se quería obtener permiso de construcción. Hoy en día el diseño, la elección del tipo de madera en relación a la cantidad de lluvia a la que se expone y la capacidad que tiene la madera para secarse son factores más importantes.

Construida con madera, la estructura se levanta sobre una serie de piedras para facilitar el flujo del aire, combatiendo la humedad.

La fachada se construye con madera de alerce (Larix decidua) resistente a la humedad, utilizada tradicionalmente en la construcción de barcos.

La colocación, a mano, de las piedras era un desafío. Para conseguir la alineación en paralelo y nivelado se utiliza un nivel de agua graduado, una escuadra de madera y un plomo con soporte en forma de “A”. Enterradas entre 40 cm y 60 cm las piedras son calzadas sobre una grava fina en el fondo de la excavación, la misma rellenada con más grava, compactada y terminada con tierra.

La idea de utilizar tejas para la cubierta era la solución más pragmática, estaban disponibles en suficiente cantidad y gratis.

El tratamiento de la madera exterior es, a veces, un rompecabezas para el bioconstuctor. El aceite de linaza puede servir como un medio para evitar el crecimiento de moho. El aceite de teca puede incluir productos bastante naturales a base de trementina y ceras, pero a veces lleva mezclas de disolventes con colorante. Hay también productos a base de agua, la mayoría con una larga lista de componentes tóxicos. Barnices y gel de acrilato tienen el problema de que la madera queda sellada y la humedad no puede escapar al exterior. Normalmente la madera se trata después de montar y en el caso de barnices su aplicación necesita la eliminación de las capas viejas antes de repintar. Puedes imaginar el laborioso proceso de lijar decenas de metros cuadrados de madera montada en una fachada.

El proceso de Shou Sugi Ban tiene su trabajo y para mantener sus calidades estéticas uno puede repasar periódicamente la superficie con un trapo mojado con aceite o dejar que la madera cambie naturalmente bajo los efectos del paso del tiempo.

Artículo aparecido en el nº 47 de EcoHabitar. Otoño 2015

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Aportación


Timber frame, sistema tradicional de entramado pesado de madera

Construir con madera

Antes incluso de la edad de piedra (2.500.000 – 3.000 a.C.) la madera se convirtió ya en un material imprescindible en la vida cotidiana de la humanidad. Mantener las hogueras encendidas, elaborar sencillas armas y herramientas o construir las primeras cabañas que recubrían con pieles, fueron los inicios de este estrecho vínculo que ha perdurado hasta día de hoy.

Hablar de historia constructiva es, indudablemente, hablar de la madera como solución estructural. Desde el paleolítico, su aplicación ha permitido solventar muchos de los desafíos técnicos que la humanidad ha debido hacer frente para elaborar sus construcciones. Allí donde los asentamientos humanos se toparon con las extensiones forestales, la técnica constructiva de la madera se desarrolló, prosperó y se transmitió generación tras generación. A pesar de sus múltiples propiedades naturales, la madera se ha visto relegada en diferentes etapas de la historia a un papel secundario. Su escasez en el entorno más próximo, la tendencia constructiva de ciertas culturas, la aparición de nuevos materiales o exclusivamente motivos económicos, fueron algunas de las principales causas. Hoy en día, gracias al desarrollo de nuevas técnicas como la madera laminada y, sobre todo, al reconocimiento de sus características ecológicas y de sostenibilidad, su aplicación parece estar recobrando el protagonismo que se merece.

El riesgo del amianto

Hace poco más de diez años que se prohibió el amianto en España 1. Se prohibió la utilización, producción y comercialización de las fibras de amianto y de los productos que las contenían. Pero la ley no reguló un aspecto importante: qué debemos hacer con los diferentes productos y materiales con amianto que están colocados en nuestros edificios 2

Esta situación permite y, por tanto hace invisible el hecho de que el amianto permanezca colocado conviviendo con nosotros. ¿Es esta una situación de riesgo?

El amianto forma parte de un gran número de materiales colocados en buena parte de los edificios construidos durante el siglo XX. Forma parte intrínseca de redes de saneamiento, depósitos de agua, cubiertas y medianeras, en el fibrocemento o “uralita”, llamado así en honor al mayor fabricante e importador de amianto en España. Además de los materiales de fibrocemento, existen otras aplicaciones fundamentales en la edificación como son los aislantes térmicos y acústicos, las ignifugaciones y las calorifugaciones que también pueden contener las fibras. Este último grupo de materiales con amianto es mucho más desconocido para la población en general y, a su vez, supone un riesgo mayor para la salud, ya que son materiales fibrosos, de baja densidad, que desprenden fibras con bastante facilidad. Las fibras de amianto al llegar al aire y ser respiradas pueden quedarse depositadas en nuestro organismo que, no pudiéndolas absorber ni eliminar, se protege de ellas dando paso a diferentes patologías graves. La inhalación de fibras de amianto puede ocasionar enfermedades como el mesotelioma pleural, la asbestosis y el cáncer broncopulmonar, enfermedades irreversibles, de largos periodos de latencia, que se pueden desarrollar 20 ó 30 años después de haber estado en contacto con las fibras.

Fuentes de exposición a las fibras

A partir de los años 80 y mientras se fabricaron productos con amianto en nuestro país, el sector reconocido como expuesto al riesgo de amianto era el que directamente manipulaba o estaba presente en la elaboración de los diferentes materiales. No se consideró durante muchos años que la población cercana a una fábrica de productos de amianto, o los familiares de los trabajadores como las mujeres que lavaban las ropas de trabajo contaminadas con las fibras, fuesen también un sector expuesto. Numerosos estudios 3 han demostrado la relación entre patologías derivadas de la exposición a amianto y las personas que no han trabajado directamente con el mineral, considerando estas fuentes de exposición como ambientales, domésticas y de convivencia.

En la actualidad se tienen identificadas diferentes fuentes posibles de exposición:

  • Exposición laboral: afecta a los trabajadores que pueden inhalar fibras de amianto mientras desarrollan su jornada laboral, ya sea de forma directa porque trabajen manipulando amianto en tareas de mantenimiento, rehabilitación o desamiantado, o indirecta porque puedan inhalar las fibras que se desprenden de un material ubicado en el lugar de trabajo.
  • Exposición por convivencia: no debería existir en la actualidad, ya que la legislación vigente no permite que las ropas de trabajo contaminadas se lleven a casa, siendo el empresario el responsable del lavado y descontaminado de las mismas.
  •  Exposición ambiental: puede afectar a cualquier persona, ya que es la provocada por las fibras que se encuentran en el aire, bien sea de forma natural (zonas cercanas a minas de amianto), por la fricción y desgaste de los frenos y embragues de los automóviles que contienen amianto (comercializados hasta 2002) o por una posible contaminación de trabajos con amianto en edificios, en el transporte de residuos, vertidos incontrolados, etc.
  • Exposición doméstica: está provocada por el desprendimiento de fibras en utensilios de uso doméstico como guantes de cocina, forros de tablas de plancha, aislamientos en tostadoras de pan y secadores de pelo, protecciones de hornos y chimeneas, mantas, etc. Todos estos productos y utensilios son de fabricación muy antigua, ya que están prohibidos desde hace 20 años, por lo que cada vez son menos habituales en nuestras viviendas.
  • Exposición en el interior de edificios: está provocada por el desprendimiento de fibras de los materiales que contienen amianto y forman parte de la construcción. Aunque el uso de la mayoría de productos con amianto para  la construcción (al margen del fibrocemento) se prohibió en el año 1993, esos 20 años no son suficientes para establecer que en los edificios no queda amianto. El riesgo dependerá del tipo de material, de su localización y del estado de conservación.

 

El amianto en los edificios

El amianto es un excelente aislante térmico y acústico, es ignífugo, tiene una gran resistencia a la fricción y es prácticamente indestructible. Estas valiosas cualidades hicieron proliferar innumerables materiales de construcción que se colocaron en los edificios, según fuesen las necesidades en cada caso.

a) Según el tipo de estructura del edificio.

A finales de los años 50 las ciudades españolas más relevantes empezaron a poblarse de imponentes edificios en altura, símbolo del crecimiento y el desarrollo del país. Muchos de estos edificios se construyeron con estructuras metálicas que, en muchas ocasiones, se protegieron contra el fuego con revestimientos ignífugos como el amianto, recomendado en la normativa de la época como material ignífugo y aislante de grandes propiedades.

En el caso de las estructuras de hormigón, los revestimientos ignífugos no han sido tan habituales debido a la resistencia del propio material. No obstante, y con el objeto de proporcionar más resistencia al fuego en una posible rehabilitación o intervención para adecuación a la normativa, podemos encontrar este tipo de estructuras revestidas de morteros o proyecciones de amianto.

b) Según el uso a que está destinado el edificio.

En cuanto al tipo de uso, el sector terciario de edificios de servicios es el que tiene más posibilidades de tener materiales con amianto en sus soluciones constructivas: hospitales, escuelas, teatros y salas de cine, estudios de grabación, oficinas, edificios industriales… Por un lado, porque se ha desarrollado más normativa y legislación específica, y por otro, porque los requerimientos particulares del servicio daban paso a productos específicos como:

  • El aislamiento acústico en estudios de grabación, cines, teatros y bibliotecas, en forma de placas acústicas o fibras sueltas como la borra de amianto en cámaras de aislamiento y en el interior de falsos techos.
  • Los pavimentos resistentes al agua, a las grasas, a los agentes químicos y que impedían la propagación del fuego en cocinas y restaurantes, comercios, oficinas, hospitales y escuelas como los pavimentos de amianto- vinilo.
  • Los falsos techos registrables que facilitaban la revisión de instalaciones en oficinas y comercios.
  • El control de la humedad por condensación en vestuarios y piscinas cubiertas, o industrias textiles, con proyecciones de fibras de amianto.
  • Los revestimientos resistentes al desgaste como zócalos de protección en escuelas, en talleres y en equipamientos, con morteros y pinturas con amianto.
  • Los aislamientos térmicos extremos en naves frigoríficas, laboratorios e industria, con mantas y borra de amianto.
  • La protección al fuego de instalaciones, compuertas cortafuego, fosos de ascensores, cuadros eléctricos, puertas RF, telones en teatros…, así como las ignifugaciones en aparcamientos.

En el caso de las viviendas, las edificaciones que tuvieron una mayor calidad en su construcción, las que tuvieron mejores acabados y más prestaciones, son las más susceptibles de tener aplicaciones de amianto de riesgo alto como los aislamientos térmicos, acústicos o calorifugaciones de instalaciones, mientras que los edificios de menor calidad se quedaron con las aplicaciones de menor coste y de menor riesgo, como son todas las derivadas del fibrocemento.

c) Según el tipo de instalaciones que contiene el edificio.

Otro parámetro que nos puede determinar la existencia o no de amianto en el edificio es el tipo de instalaciones que alberga:

  • Las instalaciones centralizadas de producción de agua caliente sanitaria o de calefacción por agua caliente, con calorifugaciones de tuberías y calderas.
  • Las protecciones de radiadores, las juntas de tuberías y masillas aislantes.
  • Las protecciones de focos puntuales de calor, como repisas aislantes sobre radiadores, separadores entre paredes y elementos como hornos y chimeneas.
  • Las instalaciones de distribución de aire climatizado y evacuación de humos.
  • Las instalaciones de hornos o cámaras de altas temperaturas aisladas con placas de amianto, con cordones y juntas de aislamiento.
  • Las instalaciones en talleres y en la industria en general, con conducciones de ácidos y derivados del petróleo, productos químicos corrosivos y vapor de agua, líquidos y gases con requerimientos de altas temperaturas, y pH extremos, en forma de aislamientos, juntas de estanqueidad y masillas aislantes.

d) Productos de fibrocemento.

El fibrocemento o “uralita”, clasificado aquí como una categoría aparte por la gran variedad de productos que se fabricaron, fue un material muy versátil, moldeable, ligero, incombustible, impermeable y, sobre todo, barato. Con él  se realizaron redes de suministro de agua potable, depósitos, canalizaciones de desagüe en edificios, cubiertas de chapa lisa y ondulada, tabiques pluviales en medianeras, revestimientos de fachadas, persianas, sombreretes, rejas de ventilación, tuberías de aire, tanto en impulsión como en evacuación de humos, jardineras….y un largo etcétera.

La protección de la población en riesgo

La legislación española en temas de amianto regula y ampara el sector laboral, por lo que se deben considerar dos poblaciones diferenciadas: los trabajadores expuestos a amianto durante el transcurso de su jornada laboral y el resto de la población.

La protección de los trabajadores.

Dentro del sector laboral se encuentran, de una parte el personal que trabaja directamente con amianto y de otra, los que trabajan en un edificio que contiene amianto.

Los primeros son los trabajadores que deben realizar tareas de extracción de amianto o desamiantado, trabajos de mantenimiento o rehabilitación donde deba manipular el amianto, así como los trabajadores ligados a la gestión del residuo y su deposición en vertedero, al control de calidad ambiental, a los laboratorios de análisis… Todos estos trabajos necesitan de la realización de un Plan de Trabajo con amianto que debe aprobar la autoridad laboral competente, deben estar inscritos en el RERA (Registro de Empresas con Riesgo por Amianto), así como realizar un control periódico sanitario a los trabajadores implicados, todo ello según el RD 396/2006 4 .

Dicho de otra manera, este sector claramente identificado y considerado de riesgo por la legislación es el que conoce la existencia del amianto, trabaja 5 según la legislación vigente, y por tanto, está bajo su amparo en cuanto a protección sanitaria y dineraria (por la responsabilidad civil del empresario). Por tanto, se podría decir que en la actualidad los trabajadores del amianto son un sector de riesgo controlado que está protegido por la legislación vigente.

El segundo grupo lo componen las personas que trabajan en un edificio que contiene amianto. Éstos también están protegidos por la ley. En este caso es la ley de prevención de riesgos laborales la que otorga al empresario la responsabilidad de la seguridad de sus trabajadores. Por tanto, es obligación del empresario adoptar las medidas necesarias para garantizar la seguridad y la salud de los trabajadores a su servicio en todos los aspectos relacionados con el trabajo. No obstante y aún estando legislado, este grupo no está claramente definido, ya que los empresarios no conocen si el edificio donde se desarrolla su actividad tiene o no amianto. Los principios de acción preventiva se suelen entender directamente ligados a la actividad, considerándose el edificio como un elemento inerte.

Por tanto, se podría decir que las personas que trabajan en un edificio con amianto son un sector de riesgo no controlado, aun estando protegido por la legislación vigente.

La población en general.

Por último, está el resto de la población. Los que vivimos en edificios, estudiamos en ellos, acudimos a ellos a hacer compras, a ver espectáculos, a sanar nuestras enfermedades o a dejar el coche en sus aparcamientos. Todos formamos parte de un sector potencial de riesgo no controlado, que no es conocido y que no está legislado.

Pero no todas las personas que hemos estado expuestas a las fibras padeceremos una enfermedad relacionada con el amianto. Dependerá de la sensibilidad del organismo de cada individuo, del tipo de fibra, del tiempo e intensidad en la exposición, así como de factores sinérgicos como el tabaco.

Dicho esto, hay que puntualizar que, tal y como la EPA instruyó en 1971, y que ha sido nuevamente refrendado por el Parlamento Europeo en marzo de 2013 6 , “no se conoce un límite de exposición al amianto por debajo del cual no existan riesgos”. Por tanto, es imprescindible evitar la exposición al amianto, por una parte, trabajando con las medidas de seguridad establecidas, y por otra, conociendo la existencia de las fibras y su peligrosidad ya que el verdadero riesgo del amianto es el desconocimiento de su existencia.

No debemos olvidar que pese a hacer más de 30 años que están reguladas las condiciones de trabajo en la manipulación de amianto, el reconocimiento al trabajador de padecer una enfermedad profesional derivada del amianto, y las consecuentes reclamaciones por daños y perjuicios por falta de medidas de seguridad suponen, a día de hoy, arduos procesos con finales más ventajosos para las grandes empresas responsables que para los enfermos o familiares de los fallecidos. Los afectados por exposiciones no laborales aún lo tienen peor.

Consumo mundial de amianto en 1979, Asbestos: overview and handling recommendations, Deutsche Gesellschaft fur Technische Zusammenarbeit (GTZ) GmbH, Eschborn 1996. Ilustración © EcoHabitar


*Lara Trujillo, la autora de este artículo, es Ingeniera de Edificación, máster en Patología, Diagnosis y Técnicas de Rehabilitación del Patrimonio Arquitectónico. Se dedica a la docencia en la universidad, así como a la rehabilitación energética, diagnosis de edificios y edificación sostenible. www.edilar.net

  1. La Orden de 7 de diciembre de 2001 por la que se modifica el anexo I del Real Decreto 1406/1989, de 10 de noviembre, por el que se imponen limitaciones a la comercialización y al uso de ciertas sustancias y preparados peligrosos, dice en su articulado que «El uso de productos que contengan las fibras de amianto… que ya estaban instalados o en servicio… seguirá estando permitido hasta su eliminación o el fin de su vida útil».
  2. Resolución de 30 septiembre 1982 sobre normas para la aplicación y desarrollo de la Orden de 21 de julio de 1982 sobre las condiciones en que deben realizarse los trabajos en los que se manipula el amianto.
  3.   Enfermedad por amianto en una población próxima a una fábrica de fibrocemento, Arch Bronconeumol. 2009; 45(9):429–434, J. Tarrés, R. Arbós-Herràndiz, C. Albertí, et al. Contenido pulmonar de amianto en la población de Barcelona, Arch Bronconeumol. 2006;42:17, R. Recuero, A. Freixa, M.J. Cruz, et al.
  4. El Real Decreto 396/2006 de 31 de marzo, por el que se establecen las disposiciones mínimas de seguridad y salud aplicables a los trabajos con riesgo de exposición al amianto, se enmarca en la Ley 31/1995, de 8 de noviembre, de Prevención de Riesgos Laborales, cuyo ámbito de aplicación incluye «a los trabajadores vinculados por una relación laboral en sentido estricto», quedando fuera de este ámbito los trabajadores autónomos.
  5.   Background Information. Proposed National Emission Standards For Hazardous Air Pollutants: Asbestos, Beryllium, Mercury. Environmental Protection Agency, North Carolina, December 1971.
  6. Resolución del Parlamento Europeo, de 14 de marzo de 2013, sobre los riesgos para la salud en el lugar de trabajo relacionados con el amianto y perspectivas de eliminación de todo el amianto existente.

Informe: aislamientos ecológicos. Comparativa global

Por supuesto hay que elegir aislantes ecológicos y aunque todos tengan sus puntos débiles, destacan sobre todo sus grandes cualidades.

En primer lugar su buen balance medioambiental: los aislantes ecológicos tienen la ventaja, en la mayoría de los casos, de consumir poca energía en su fabricación, lo cual no es el caso de sus primos “convencionales” tales como el poliestireno y el poliuretano derivados de la industria petroquímica. También son más fáciles de reciclar y proceden de materias primas de origen vegetal o animal, que son renovables por naturaleza.

En segundo lugar, su durabilidad, que precisamente no es la característica principal de la lana de vidrio, la cual ofrece un bienestar mediocre en verano y, además no soporta la humedad.

Una vez elegida la versión ecológica del aislamiento, todavía tienes la posibilidad elegir entre dos tipos: el distribuido y revocado.

El aislamiento distribuido permite obtener una pared directamente aislante: en paredes de ladrillos (que, desgraciadamente, tienen una huella de carbono elevada), en balas de paja y fibras aglutinadas (tierra y paja, cáñamo y cal).

Del aislamiento revocado no se hablará en este artículo por cuestiones de espacio.

Las páginas siguientes están dedicadas al aislamiento distribuido, que permite fortalecer térmicamente las paredes poco o insuficientemente aisladas. Este aislamiento incluye apenas una decena de familias de materiales presentados en la tabla de resumen que está a continuación. Para un bajo consumo energético y un bienestar interior tanto en verano como en invierno, hay que prever un espesor consecuente. Un aislamiento de alto rendimiento, del tipo propuesto por el sello BBC Effinergie1, requiere de 26 a 40 cm de aislamiento en techo (R entre 6.5 y 10) y 13 a 22 cm en la pared (R 3,2 a 5,5), para los aislantes que tienen un lambda cerca de 0.040.

En España, la información sobre los efectos en la salud de los productos de construcción se ofrece a cuentagotas. Sabemos que el poliestireno emite humos tóxicos en caso de incendio y pentano durante la instalación; que las lanas minerales pueden causar afecciones dermatológicas importantes, por no mencionar el riesgo de asma, debido a los aglutinantes y además persisten las dudas sobre el potencial cancerígeno de sus fibras2. Sin embargo todavía no hay datos fiables o son insuficientes tanto para los aislamientos de origen mineral y sintético como para los ecológicos y su instalación, ya que también requieren tomar algunas precauciones.

En cuanto a los aislantes convencionales, su corte, manipulación e instalación generan polvo, que puede causar enfermedades respiratorias.

Se recomienda el uso de una máscara (clase de eficiencia P1, P2 o P3, CE, EN 149). Sobre todo porque las sales de boro, insecticidas ignífugos y fungicidas naturales, que se utiliza en algunas guatas de celulosa o lana de oveja, consideradas por mucho tiempo inofensivas, fueron clasificadas en noviembre de 2008 como neurotóxica, cuando se inhala.

Todavía no disponemos de datos de los valores de umbral, pero el principio de precaución invita a protegerse.

La barrera de vapor y el revestimiento exterior, debidamente instalado, evitará el contacto de estos  tóxicos, con los ocupantes de la casa.

Nuestros criterios para la comparación

Entre los criterios técnicos presentados en este primer cuadro, figura la lambda,(λ) que es un coeficiente de conductividad térmica (en W/mK), que proporciona información sobre la capacidad aislante de un material.

Cuanto menor es el lambda, mayor es su capacidad de aislamiento.

La mayoría de los aislantes tienen un lambda situado a unos 0.040.

Hay que tener cuidado con los documentos comerciales, que sólo indican “0.04” ya que el tercer dígito después del punto decimal es importante. Hemos decidido deliberadamente no tomar este criterio comparativo en las tablas de comparación de las páginas siguientes ya que los fabricantes, rara vez calculan el lambda de la misma manera.

Sin un método común, la comparación sería necesariamente parcial. Para comparar los espesores de las familias de aislamiento con un mismo rendimiento térmico, se optó por tomar una resistencia térmica, R (m 2 K/W) de 5, que corresponde a un buen aislamiento de las paredes. R se obtiene dividiendo el espesor de un material (en metros) por su lambda.

La capacidad higroscópica es la capacidad de un material para absorber el exceso de vapor de agua cuando el aire está demasiado húmedo y devolverlo cuando se seca.

El coeficiente de resistencia a la difusión del vapor de agua (µ), por su parte, indica la capacidad de un material para permitir la difusión de vapor de agua. Más µ, mayor será la resistencia y menor es el vapor de agua que puede pasar a través de la pared. Este valor (sin unidades) es interesante para componer la máxima  capacidad transpirable de la pared.

La resistencia al fuego se rige por Euroclases. La clase A se refiere a productos que contribuyen poco o nada al desarrollo del fuego. En cambio, en la clase F se encuentran los materiales sin ninguna característica contra la propagación del fuego.

El desfase de un material juega un papel importante en la confortabilidad de la vivienda en verano.

Representa el tiempo entre el momento en que la temperatura es más alta en el exterior y el momento en que es más alta en el interior. Se dará preferencia en las zonas de sobrecalentamiento estival a un aislamiento de la azotea con un desfase de al menos 10 horas, para que la ola de calor exterior del mediodía llegue al interior de la casa durante la noche.

Guía de implementación

Para llevar a cabo un buen aislamiento, se necesita un experto en la materia. Un buen aislante colocado descuidadamente no será más eficaz que un aislante malo. Y ahí es donde radica el problema en España, ya que los profesionales capacitados en la colocación de aislamiento térmico son escasos. Según un informe que el OPEN (Observatorio Permanente de la reconversión de vivienda) publicó en julio 2008, sólo el 8% de los hogares renovados en el 2006 consiguen “un nivel de rendimiento térmico ejemplar” .

Podemos concluir que el 92% restante son viviendas repletas de puentes térmicos o de defectos de estanqueidad al aire, los errores más comunes, o que el espesor del aislamiento es insuficiente.

Para evitar contratiempos lo mejor es contactar con el área de ahorro energético de su comunidad, o con distribuidores de materiales aislantes ecológicos; estas empresas están relacionadas con profesionales capacitados para hacer un buen aislamiento. También hay técnicas para comprobar en qué estado está su aislamiento, la termografía infrarroja es una de ellas, esta técnica permite fotografiar los puentes térmicos. Y para verificar la estanqueidad al aire, existe la prueba de soplador de puerta. Pero cuidado ¡ecológico o no, el aislamiento no lo es todo! Una pared es un conjunto: estructura, albañilería, revestimiento y sellado, todo ello juega un papel significativo en la calidad final del aislamiento.

Hacer clic para ampliar. © EcoHabitar y autores

 


1.- Sistema de certificación de aislamiento en Francia.

2.- 1987: OMS clasifica la lana de vidrio y la lana de roca como posibles cancerígenos en el grupo 2B.

1997: La Directiva de la UE del 05/12 clasifica a las fibras de aislamiento de lana de vidrio como posible carcinógeno pero insuficientemente evaluadas con la posibilidad de riesgos irreversibles.

2001: OMS reclasifica las lanas minerales en la categoría 3 o sea que no son clasificables en cuanto a su potencial cancerígeno en el hombre. Aparentemente los fabricantes han trabajado para  reducir la biopersistencia de las fibras.


Este articulo apareció en el número 30 de Ecohabitar.


 

Análisis del ciclo de vida: instrumentos para cuantificar los impactos medioambiemtales

EH 54. Editorial

Seguiremos insistiendo, pase lo que pase, en la necesidad de que cada persona tenga una vivienda digna y asequible y que para ello hay que diseñar, construir y rehabilitar hábitats saludables y con la mínima huella ecológica; algo que la industria convencional y las administraciones han pasado por alto, primando los intereses económicos por encima de todo.

Vivimos en una sociedad injusta que no duda en acusar de “enemigos de la ciencia”, “ecotalibanes”, “jipis retrógrados” y otros muchos apelativos, a aquellos que pedimos algo de sentido común y que los avances de la tecnología, de la ciencia y de la industria se utilicen aplicando el principio de precaución y no escatimando medios para demostrar la inocuidad de los productos y materiales que vamos a utilizar en nuestro entorno.

Por desgracia parece que nada hemos aprendido en todo este tiempo y la humanidad sigue tropezando con la misma piedra una y otra vez. La historia se repite y parece un déjà vu, un volver a empezar que ya cansa. Read more

Al sur del idealismo: la búsqueda de la autosuficiencia en La Alpujarra

Un ejemplo de vida sencilla, bioconstrucción y que apuesta por la sostenibilidad protagonizado por el escritor Chris Stewart y su familia que se instalaron en un cortijo de Las Alpujarras hace 18 años.

El ritmo enloquecido de vida que la mayor parte de las personas lleva no es impedimento para que otras muchas se planteen un cambio. Parar la máquina para disfrutar de nosotros mismos y de nuestro entorno. Intentar abandonar una existencia basada en la producción-consumo de objetos y apostar por el disfrute de la vida con sencillez. El valor de las cosas sencillas: Deleitarse con el sabor de una tostada de pan con aceite de cultivo propio o de limoneros que ofrecen su lustroso fruto durante todo el año o de la compañía de algún viajero soñador que te admira por ser tú mismo o de las ventajas de no ser esclavo del despertador. Numerosas personas han deseado o desean llevar una vida de contacto con la naturaleza; de coherencia humana, animal, tal vez, por qué no. Encontrarle un sentido al difícil arte de vivir. Esta es la historia de algunas que lo consiguen.

Entre los afilados cortados de un valle de Las Alpujarras (Granada), concretamente el que la naturaleza ha decidido formar con los ríos Trevélez y Cádiar, en el municipio de Órgiva viven de un modo sencillo personas que un día decidieron huir de cierto concepto del mundo, que no de sí mismos. Allí en lo que hace 18 años era, con todos mis respetos, un secarral del que surgían unas ruinas, entre esparto y pitas, residen Chris Stewart, Annie -su mujer- y Chlöe -la hija de ambos-. Chris y Annie, son británicos y ya casi no recuerdan qué les trajo a éstas tierras. ¿La llamada del libro de su compatriota Gerald Brenan Al sur de Granada? “Entre otras cosas, sí. Pero Brenan era un intelectual y yo no llego a tanto”, explica Stewart, que además de tener como profesión el dedicarse a vivir con la mayor libertad posible es escritor. Y a fe que no lo hace nada mal, como lo demuestra su libro Entre limones (ver recuadro).

Chris quizá no sea un intelectual pero sí es una persona acostumbrada a caminar por la vida de acuerdo con sus ideales. El hombre iba para músico y ha acabado siendo uno de los mejores escritores sobre las costumbres populares que hay en nuestro país. La carrera de músico no la comenzó mal, tampoco. O según se mire, porque fue batería de Genesis antes de Phil Collins (en los dos primeros singles) pero le echaron de la banda, aunque eso nos aleja de nuestra historia.

Chris y Annie llegaron a El Valero, así se llama su cortijo alpujarreño, en 1988. La morada se encuentra retirada del pueblo. Muy retirada. Tras cinco kilómetros de un estrecho carril de asfalto que sale de Órgiva paralelo al río Guadalfeo es necesario transitar alrededor de siete kilómetros por una escarpada pista de tierra a prueba de vértigo. Poco antes de llegar a la finca se atraviesa el río Cádiar, que puede dar un susto al que lo haga en todoterreno (mejor no intentarlo con otro tipo de vehículo) sobre todo en la época de lluvias en que ha llegado a derribar la pasarela que lo hace accesible a pié.

Foto: Óscar Rivilla

Autosuficiencia alpujarreña

El Valero es una finca de considerable extensión, 70 hectáreas, aunque muy empinadas y la mayor parte de secano, y cuando decimos de secano, decimos apenas aprovechables por las ovejas de Chris, que cada mañana y sin la necesidad de que alguien las oriente trepan hasta las cimas en busca de pastos para regresar al mediodía al cobijo de sombra cortijera. Las hectáreas habitables, en las que la familia hace vida, son dos y media. Como todo típico cortijo alpujarreño está compuesto por varias estancias. La vivienda de Chris y su familia tiene unos 120 metros cuadrados y está compuesta por varios departamentos rehabilitados. Está en perenne construcción pues el trabajo lo han realizado ellos con la ayuda de diversas amistades. Hay otro apartado del que, con los necesarios arreglos, podría obtenerse otra vivienda de similares dimensiones.

El Valero tiene una excepcional orientación suroeste lo que lo hace muy luminoso. Además, “la construcción original puede tener unos 500 años aunque se haya reconstruido encima de la  misma en numerosas ocasiones. Seguramente sea de la época en la que los árabes poblaban éstas tierras y eso se nota, por ejemplo, en la buena situación de la vivienda para captar las brisas que refrescan las estancias”, nos cuenta el propietario. “Quienes eligieron éste lugar tenían genio y las vistas… no nos hemos cansado en 18 años de ellas; esto es muy importante para el alma humana”, confiesa el inglés.

Desde que Chris y Annie decidieron instalarse en El Valero una de sus premisas filosóficas fue vivir de una manera sencilla intentando causar el menor impacto ambiental posible: “Hemos conseguido la autosuficiencia energética y la alimentaria en un 70%. Gracias a ello nuestra huella ecológica es muy baja, quizá el punto negro de la misma es el todoterreno”, argumenta Annie, una mujer de vivaces ojos azules, muy delgada y que siempre exhibe una rotunda sonrisa. En efecto, al vivir a 12 kilómetros del pueblo están obligados a disponer de un vehículo cuatro por cuatro o mejor dicho de dos; en invierno, cuando el río crece, hasta ser imposible vadearlo en automóvil, un coche se deja en la otra orilla y se atraviesa por una pasarela a pie para conducirlo.

Como describo la vida simple para esta familia es una cuestión de principios: lo importante es que casi cualquier persona puede vivir de este modo, con un gran grado de libertad, con una economía sencilla basada en la reducción de sus necesidades vitales y en contacto con el entorno natural. La fuente energética básica de la finca es solar fotovoltaica –sol no falta en estas latitudes- que se acompaña cuando no luce el astro rey con un grupo electrógeno, “cuyo uso no llega ni a los diez días anuales”, comenta Stewart. En total, la potencia instalada ronda los 1.100 watios. Lo suficiente para encender las bombillas -de bajo consumo-, la nevera “congelador no tenemos, esa será nuestra próxima gran adquisición para facilitarnos la existencia”, indica Chris, un aparato de música, un ordenador portátil y un video “aunque éste de poco nos sirve porque no tenemos televisión”, admite el escritor complaciente. La calefacción –en invierno la temperatura no baja de 5º C- consiste en chimenea y estufas de biomasa. Cocinan con bombonas de butano.

Foto: Óscar Rivilla

Arquitectura de la tierra

La arquitectura popular suele ser espartana, por lo general, pero en La Alpujarra granadina -también la hay almeriense, pero esa no la conozco lo suficiente- lo es más, si cabe. Los cortijos como el que describo no suelen ser de grandes dimensiones, ni mucho menos, aunque sí están conformados por numerosas estancias, “en el nuestro sabemos por el anterior dueño, el que nos lo vendió, que vivían al menos tres familias”, nos cuenta Chris. El cortijo típico alpujarreño es muy cuadrado, con techos relativamente bajos, tejados completamente planos –llueve poco por estos pagos- y con muros que poseen entre 60 centímetros y un metro de espesor; un diseño muy adecuado para resistir los embates del sofocante calor veraniego y soportar de buen grado los rigores del invierno que, como ya hemos comentado no son para tanto. A las cuatro de la tarde de un caluroso día de finale de junio pudimos comprobar in situ la bonanza de este tipo de muros y la buena orientación de la vivienda para recoger las brisas, dentro de la estancia en la que nos alojamos los invitados, el ambiente era incluso fresco. Los muros de las casas alpujarreñas, y El Valero no es una excepción, suelen estar construidos con piedra y launa, la arcilla aceitosa característica de esta comarca -El Valero tiene una veta a pocos metros de sus muros- que posee enormes propiedades constructivas, aunque según el dueño de la casa “también es muy trabajosa”. Los tejados son prácticamente planos y de abajo a arriba llevan las siguientes capas: troncos de madera de castaño, álamo o chopo; cañizo atado con guita de esparto (la guita original es de cáñamo pero en esta zona se hace con el abundantísimo esparto); una capa de cartón, retama, adelfas secas o gayomba; por último pizarra y launa. Ésta última, de color muy similar al del cemento, es muy dúctil y porosa, para Chris, demasiado, pues le obliga a que casi una vez al año deba rastrillarla y repararla, por lo que ha optado por usar cemento en las estancias habitables y tiene pensado hacerlo, si nadie le ofrece otras alternativas, en las que le queda por rehabilitar. No es tontería lo de rastrillar la launa ya que si ésta se apelmaza y cala el agua las vigas de madera pueden podrirse y con el tiempo caerse encima de quien se encuentre en el habitáculo.

Para el revoco interno de las paredes, en ocasiones se ha utilizado yeso y las pinturas son naturales, sin añadidos químicos. No utilizan barnices, pese a la abundancia de madera, pero han tratado ésta con aceite de linaza.

Una de las cosas que llama la atención del cortijo es la práctica ausencia de aristas en su diseño; predominan las líneas curvas y uno de los elementos más originales del mismo es la despensa, también realizada por Chris y uno de sus amigos ingenieros. Tiene forma de bóveda y cumple bien su papel de fresquera, además de ofrecer unas cualidades sonoras muy “refrescantes”, por aquello de las propiedades del silencio. Podía haberse mejorado eligiendo semienterrarla en un lugar fresco que dé al norte pero lo cierto es que cumple su función. Chris ha vuelto a repetir el capricho abovedado con un nuevo baño familiar que está construyendo con balas de paja, ventanas de botellas de vidrio de reciclaje y un tejado de cúpula para lograr ese clima de relajación, por si no tenían suficiente relax en El Valero, digo.

Foto: Óscar Rivilla

La relación con el agua

La Alpujarra es una tierra de contrastes. Ubicada en la cara sur del macizo de Sierra Nevada tiene un índice de pluviosidad bajo pese a que cuando visitamos el cortijo de nuestros protagonistas a finales de junio, todavía podían verse en las cumbres serranas algunos neveros, pese a que este año las nevadas no se han prodigado. No obstante la altura máxima de Sierra Nevada es el pico Mulhacén, con casi 3.500 metros de altitud. El agua, por tanto, no es escasa merced a los neveros de la sierra pero “el cambio climático se está dejando notar porque cada año llueve mucho menos y hace más calor. Esto lo notamos especialmente en el huerto”, explica Annie, la encargada de las labores hortícolas de la casa. A estos problemas hay que añadir que en la costa granadina, a no muchos kilómetros en línea recta de la falda de Las Alpujarras no paran de construir urbanizaciones y campos de golf que chupan literalmente el agua de las comarcas montañesas.

El agua y el uso racional de la misma, ha marcado la existencia de Chris, Annie y Chlöe desde que se instalaron en Órgiva, no obstante el cortijo se encuentra en un tajo entre dos ríos, uno de los cuales, el Trevélez mantiene su cauce todo el año. Cuando la pareja inglesa se instaló en su nueva residencia, por llamarla de alguna manera, ésta no tenía ni luz ni agua, ni todo lo demás. El agua que abastece a los siete cortijos habitados del valle la toman de un colector que hay arriba en la montaña. No pagan por el agua en sí, pero deben hacerse cargo del mantenimiento de la instalación y de tener siempre limpias las acequias que distribuyen el líquido elemento.

En la vivienda, las aguas se separan tras su uso. Las negras van a parar a una fosa séptica en la que los residuos se descomponen de manera biológica. Las grises se reutilizan en el riego de huertos y jardines. Por ello, el jabón líquido que utilizan para lavar los platos por ejemplo, es ecológico. Se trata de intentar no contaminar esas aguas que luego alimentarán las verduras que han de comerse. A veces, la cuestión del agua es un asunto de escala. Una gran infraestructura puede ser antiecológica e inhumana y la misma a escala humana puede resultar beneficiosa. Al menos así se desprende de la anécdota que nos contaba Chris una tarde, mientras admirábamos la puesta de sol tras los afilados cerros que rodean el cortijo: “allí, –nos dijo señalando un pequeño embalse que hay situado en la confluencia de los ríos que rodean la vivienda- querían levantar una presa de 50 metros. Arreciaron las protestas y se construyó de 15. Pasamos de la práctica desaparición de nuestras casas a esta bendición”, comenta el inglés refiriéndose entre otras cosas al nuevo ecosistema creado. Aunque uno que es muy crítico, piensa si esto no fomentará que más ríos sean cortados por el hormigón armado acabando con sus ecosistemas originales.

Foto: Óscar Rivilla

Piscina integrada

Hablando de ecosistemas acuáticos y del uso racional del líquido elemento, uno de los puntos más llamativos de El Valero es la piscina, que tiene toda una historia. La casi obsesión familiar por relacionarse respetuosamente con el agua les ha llevado a llevar a cabo un gran proyecto de baño -el clima permite utilizar la piscina seis meses al año- con un tratamiento ecológico y cíclico del agua y del proceso. La sencilla complejidad del mismo y el gusto por el detalle ha producido que se les vaya de presupuesto, pero con ciertos ajustes, este proyecto puede desarrollarse en piscinas de gran tamaño. Esto puede ser muy interesante para los ayuntamientos a la hora de transformar sus actuales piscinas en ecológicas.

La energía que mueve todo el proceso de depuración de la piscina es solar. Entre sus olivos y naranjos Chris Stewart posee un panel solar capaz de autodirigirse en busca de la mejor colocación para recibir la mayor cantidad de rayos solares. Una maravilla de la técnica. El vaso de la piscina es de generoso tamaño y de diseño ovalado, sin  aristas. Está pensado de tal manera que constantemente el agua supura por los bordes y se dirige a un estanque donde plantas acuáticas con especiales propiedades depurativas hacen lo propio con el líquido elemento. De ahí pasa prácticamente limpia a un pozo en el que una noria, diseñada ex profeso por un técnico amigo de los dueños de la casa, alza el agua hasta un depósito también artesano con forma de alambique, en cuyo interior hay un filtro de arena que termina de dejar el agua impecable para que siga su camino natural hasta el vaso de la piscina. Este proceso se realiza unas ocho horas diarias durante los seis meses propicios para el chapuzón. Llama la atención la sobriedad del proyecto, el cuidado de cada detalle para evitar contaminar el agua y reciclar constantemente la misma. Todo ello con emisión 0 de CO2, que se dice ahora.

Foto: Óscar Rivilla

Simple felicidad

Con cinco gatos, dos perros y un loro que, como el propio Stewart reconoce, sólo tiene ojos para Annie, a la que sigue a todas partes, a todas. Esos son los habitantes de El Valero, los reconocidos, claro. Luego están los jabalíes que la noche anterior husmearon en el huerto o la culebra que a la mañana siguiente se coló en la piscina, así de natural es la vida que hace feliz a “los Stewart”: “Para nosotros es muy importante transmitir que se puede vivir disfrutando de las cosas sencillas sin el materialismo que vemos en la sociedad actual” Es que Chris Stewart es un hippy. “Estoy orgulloso de ser hippy. Los españoles tienen la palabra o el concepto equivocado. La vida que vivimos aquí es la conclusión lógica de aquel movimiento, que era ecologista”, afirma.

En efecto, hoy la familia vive como piensa y este es un privilegio de pocos porque lo “normal” suele ser pensar como se vive. Los libros van viento en popa para el autor británico y esto les ha proporcionado una economía desahogada. Pero eso no se nota en su modo de vida, todo lo que identifica en la casa que allí reside un escritor es un despacho, que antes era la estancia de los animales,  cuyas paredes están literalmente forradas de libros (parte del suelo también) y una extraña antena en forma de cuadrilátero que es fundamental para garantizar la conexión por adsl. Las cosas han cambiado mucho en cuanto a tecnología se refiere y hoy Internet es la conexión con el mundo. Conexión que por estas altitudes también tiene su particularidad. En un pináculo a pocos metros de la vivienda se alza un repetidor “casero” que funciona, como no, con una pequeña placa solar que recoge la señal telefónica y la difunde a los cortijos del valle, un sistema inalámbrico subvencionado por la Junta de Andalucía.

Y así es la vida por aquí, en casa de Chris Stewart y compañía, rodeado de limoneros naranjos, almendros, olivos centenarios, y huertas con tomates, lechugas, ajos, cebollas, berenjenas o fresas. ¡Ah! y la alfalfa para las ovejas del inglés alpujarreño, que qué sería él sin sus ovejitas.


“Nos habíamos desecho de todo lo que había de cómodo y previsible en nuestras vidas y nos habíamos lanzado al vacío”. Así explica Chris Stewart en su libro “Entre limones. Historia de un optimista” (Editorial Almuzara, septiembre 2006) su llegada con Annie a El Valero y el comienzo de una nueva vida. Cuenta el escritor que cuando le enseñó fotos a su madre de su nueva morada ésta quedó horrorizada por su aspecto hasta el punto de calificarla de establo. “Es que la arquitectura alpujarreña es sencilla y cuadriculada; su encanto reside en la simplicidad: (…) Consiste en volver a colocar de manera más o menos ordenada los materiales que, o bien crecen a mano, o se encuentran dispersos al azar por los alrededores. Las proporciones vienen dictadas por una sencilla ecuación: la anchura equivale a la capacidad máxima de soporte de una viga de castaño, de chopo o de eucalipto, cubierta con una espesa capa mojada de launa (…) y normalmente equivale a aproximadamente tres metros y medio. La altura depende del nivel hasta el cual puede levantar piedras un alpujarreño y, como la mayoría de ellos son de estatura baja, raramente sobrepasa el metro ochenta desde el suelo hasta el asiento de las vigas. La longitud viene limitada por la cantidad de suelo disponible, y las ventanas se calculan de manera que dejen pasar la cantidad de luz justa para poder andar a tientas al mediodía, pero de modo que al mismo tiempo no dejen entrar los rayos exteriores que de otra forma podrían comerse vivos a los habitantes de la casa”, describe con maestría Stewart en “Entre limones”. La gran ventaja de esta arquitectura es su bajo precio pues sólo las puertas y ventanas hay que pagarlas con dinero, lo demás es extraído, cortado y/o acarreado de la propia naturaleza.


Articulo aparecido en la revista EcoHabitar nº 15. otoño de 2007. Puedes conseguir la revista aquí.

Nº 53 de EcoHabitar. Editorial

¿Realmente, hay grandes corporaciones del sector de materiales de construcción convencional, la que se denomina sostenible, que estén realizando esfuerzos por un cambio hacia una construcción ecológica y saludable? Es una pregunta que me gustaría debatir en el seno del sector de la bioconstrucción, pues es posible que no todo lo que estamos viendo sea un Green washing y no sería justo tachar de “oportunistas” esfuerzos que se están realizando. Es evidente que estamos ante una tarta, la construcción ecológica-verde-sostenible, que cada vez será más apetecible y habrá de todo: compromisos serios y algunos que querrán buscar un atajo.

¿Asistimos a un cambio de actitud por parte de algunos de estos gigantes forzados por un incremento de la sensibilidad del consumidor o hay algo más?

“Una mezcla de políticas y reglamentos que priorizan la eficiencia energética y el diseño verde, el aumento de herramientas voluntarias de certificación para edificios verdes, la reducción de costes de los materiales verdes, la mayor sensibilidad del consumidor y, por consiguiente, una mayor demanda; el hecho de que los edificios verdes confieren ventajas de mercado cuantificables origina un crecimiento real y un mercado con un evidente futuro”, ha comentado Eric Bloom, analista de investigación de Navigant, consultora especializada en mercado verde . Read more

¿Qué es diseño?

En su forma más general, diseño es el arte de lo posible. En términos más técnicos, diseño es el proceso consciente y deliberado por el cual elementos, componentes, potenciales, tendencias, etc. se disponen de forma intencionada en el continuo espacio-tiempo con el fin de lograr un resultado deseado. En su expresión más potente, diseño es imaginar y alumbrar nuevos mundos. Podríamos decir que el diseño es una actividad muy humana.

En última instancia, todo diseño se origina en la fuente creadora de todo lo que es. Sea como consecuencia de la necesidad, la especulación, el deseo o la fantasía, surge una visión, un impulso creativo que aparece en la mente como un flash intuitivo de conocimiento, o tal vez como imágenes difusas. Es, con todo, un impulso cargado de energía, ¡que debe ser perseguido! A través de la contemplación, y de una mayor definición y familiaridad con los parámetros y el propósito, el impulso creativo se hace más preciso. A través de varios ensayos de prueba y error –la verificación de hipótesis y prototipos, los inevitables ajustes que vienen del feedback, las diferentes variaciones sobre un tema–, finalmente, el impulso creativo toma forma. Si se prosigue en su conclusión, algún día este impulso creativo aparecerá al mundo como una expresión tangible de realidad, una realidad que empezó como una luz tenue en la imaginación de alguien. ¿Se podría llegar a decir que el diseño es la función de la actividad humana? Obviamente, si el diseño consiste en usar el poder y el ingenio de la mente humana en una fuente universal de creatividad para alcanzar resultados deseados, es de suponer que la calidad y el carácter de las mentes individuales que hacen el diseño tendrán algún efecto en los resultados. ¿Qué influye en las decisiones de diseño de una persona? Es evidente que la creatividad personal puede ser alimentada y cultivada, pero en este punto lo que realmente guía y da forma a la articulación y manifestación del diseño en cada paso del proceso es el conocimiento y experiencia de cada uno, incluyendo aspectos difíciles de medir como valores, visión del mundo e, incluso, el sentido que cada persona da a su vida. Confiada y segura en una base firme de teoría y praxis, la intuición es entonces libre para elevarse a alturas virtuosas.

El Diseño de Ecoaldeas es una forma de diseño muy especial. Aquí, el resultado deseado es una forma de asentamiento humano que no sólo ha de ser sostenible, sino un entorno habitable, de apoyo, donde los seres humanos pueden prosperar hacia una plenitud personal y planetaria, que les permite realizar así su pleno potencial. Éste sería, a día de hoy, el reto de diseño más complejo en el mundo, y cuya aplicación a gran escala es necesaria con más urgencia.

Convertirse en un diseñador de ecoaldeas competente y capacitado es una búsqueda para toda la vida, ya que se requiere un amplio espectro de habilidades, conocimientos y comprensión. La Educación para el Diseño de Ecoaldeas es la forma más consumada del aprendizaje multi- y transdisciplinar, pues todo es pertinente, desde la física a la fontanería, del feng shui a las ordenanzas municipales, de la biología evolutiva a la arquitectura, de la ingeniería civil a la asociación de plantas y, sí, también las finanzas. El diseñador de ecoaldeas avanzado ha de ser un generalista ágil, capaz no sólo de acceder de forma simultánea a numerosas y diversas disciplinas, sino también de polinizarlas, haciendo nuevas conexiones y relaciones entre ellas. En este sentido, la idea de un diseñador de ecoaldeas “experto” –tan exaltado en la excesivamente especializada economía reduccionista– es una idea ligeramente contraria, pues cada uno de nosotros se halla en diferentes etapas de un largo proceso de acumulación e integración de un conocimiento tan valioso como diverso.

Existen diferentes metodologías relacionadas con el Diseño integral de Ecoaldeas. Algunas de las más importantes son el Diseño Permacultural, el Diseño Ecológico, el Diseño Regenerativo, el Diseño de Sistemas Totales (Whole Systems Design) y el Diseño Salutogénico (que genera salud) de Daniel Wahl. Aunque todas son complementarias en concepto y alcance, cada uno de estos diseños tiene sus propios principios normativos y sus propias formas de aplicación en las distintas etapas o niveles del proceso. Igualmente importante en una visión integral del Diseño de Ecoaldeas es la aproximación multi-capa de Ian McHarg desarrollada en su libro “Proyectar con la naturaleza”, y el enfoque atemporal y orgánico de Christopher Alexander, con su ”Lenguaje de patrones”. Un estudiante serio y dedicado hará bien en familiarizarse con todas estas metodologías, pues cada una tiene un lugar especial en el diseño.

El plan de estudios EDE se presenta como un diseño de ecoaldeas integrado. La teoría ha evolucionado hacia una estructura de cuatro dimensiones reconocidas plenamente en el Diseño de Ecoaldeas. Estas cuatro dimensiones son: Ecológica, Social, Económica y Visión del Mundo (Cultural-Espiritual). El EDE se organiza de esta manera para enfatizar la importancia –de hecho, la necesidad– de considerar por igual cada una de estas dimensiones durante el proceso de diseño. Si el objetivo, como he comentado, es un tipo de asentamiento donde los seres humanos puedan florecer y alcanzar su plenitud personal en condiciones de prosperidad sostenible, será entonces de vital importancia que todas las dimensiones estén presentes y funcionen bien. De esta manera, tras exponer todas estas consideraciones, los veinte módulos de las cuatro dimensiones de la formación del EDE, se convierten en una excelente introducción a la complejidad del Diseño de Ecoaldeas.

El arte y la ciencia del diseño e implementación de asentamientos humanos verdaderamente sostenibles es una empresa multidimensional, polifacética y holística que abarca toda la experiencia humana. Como tal, un diseñador de ecoaldeas experto y competente tendrá un acceso conceptual a la visión y al propósito como un todo desde el que poder identificar, circunscribir, y manejar numerosos y diversos subsistemas que contribuyen o dan forma a ese todo. Este baile estratégico, esta habilidad de comunicar y poner la atención desde el todo hacia las partes y de las partes hacia el todo, es un criterio fundamental de maestría en el diseño integral de ecoaldeas. En contextos filosóficos, este movimiento interpretativo de ida y vuelta se denomina círculo o espiral “hermenéutica”, otro ejemplo claro de la naturaleza transdisciplinar del diseño integral de ecoaldeas. En todos los aspectos, la clave está en maximizar las relaciones beneficiosas (dentro, entre y a lo largo de las escalas).

Existe, por tanto, un curso formal de estudios y un camino de ascenso hacia niveles cada vez más avanzados de diseño. Diseñar una ecoaldea es una las tareas más complejas, colorida y multidimensional que una persona puede llevar a cabo, por lo que es necesario prepararse de manera rigurosa. Fórmate cuanto puedas, realizar un curso de Diseño de Ecoaldeas es un buen punto de partida, pues el aprendizaje que se adquiere está basado en la comunidad, en la experiencia, en lo táctil y lo contextual. Toma lo que has aprendido y sigue practicando. Al principio, empieza con sistemas de pequeña escala y, a medida que vayan evolucionando, registra los errores realizados. Aprende de los errores, haz cambios y continúa creando sistemas cada vez más autónomos, más eficientes energéticamente, más diversos y productivos. Mantén el equilibrio de las cuatro dimensiones mientras practicas diversas metodologías. Tal vez tengas suerte y algún día tengas la oportunidad de aprender con alguien con experiencia en el diseño e implementación de una ecoaldea.

Piensa que, de la misma manera que en un cuadro los primeros trazos son determinantes en la imagen final que aparecerá en el lienzo, las primeras decisiones que tomes en el caso de un diseño integral determinarán poderosamente la forma y viabilidad de la comunidad. Asegúrate bien de que empiezas de una forma adecuada, porque otras personas vivirán con las consecuencias de tus decisiones durante varias generaciones. Sólo este hecho justifica la necesidad de una formación avanzada.

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Recuerdo cuando tuve la oportunidad de diseñar y presentar mi primer curso de Diseño de Ecoaldeas, en Fairhaven College, en la primavera de 2001. Hice un gran esfuerzo en organizar las diez semanas de tal manera que toda la información relevante fuera llegando en el momento adecuado y terminar con el diseño de un proyecto. Diseñé el curso de tal forma que simulara un proceso de diseño integral: visión de conjunto y antecedentes históricos, dinámicas para crear comunidad, excursiones al lugar y ejercicios de observación, lluvias de ideas, diagramas de afinidad, consenso grupal para los criterios de diseño, diagramas de burbujas, análisis por sectores, articulación del programa, lecturas, presentaciones y ponencias, es lo que creía esencial para el proceso de diseño y así presenté el curso. Aun así, hubo un estudiante en particular, uno de los más brillantes del grupo, que se sentaba en el círculo con impaciencia, buscando la oportunidad de preguntar cada semana: “Pero, ¿cuándo vamos a empezar con el diseño?”. Y cada semana, independientemente de donde estuviéramos, le respondía: “¡Pero esto es parte del diseño!”. Claro, mi amigo equiparaba “diseño” con dibujar planos. Espero que su participación en mi proceso le convenciera de que el diseño es mucho más que eso. En realidad, diseñar es un proceso continuo que nunca se completa del todo.

Max Lindegger, uno de los más importantes diseñadores de ecoaldeas del mundo, es claro en este punto cuando afirma que “la observación es el elemento más importante en la creación de un buen diseño ecológico. Y requiere tiempo”. La observación incluye investigar un trozo de tierra y su historia, reunir datos útiles y diversos, hablar con vecinos y veteranos, y  seguramente permanecer sentado en diferentes lugares durante un buen rato y con los sentidos bien abiertos. Lindegger dice sobre esta fase que “estamos ‘observando’, pero aún no estamos ‘diseñando’. Si pasamos demasiado pronto a la acción, abreviando la fase de observación, saltándonos una importante fase des diseño, nos arrepentiremos después”.

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Ojalá que todos esos ingenieros y constructores del “destino manifiesto”, que durante años han atravesado mi Norteamérica nativa creando precipitadamente cuadrículas bidimensionales abstractas dondequiera que iban, hubieran tenido la oportunidad de escuchar y seguir el consejo de Max. Desafortunadamente, muy poco del modelo de asentamientos en Norteamérica fue de hecho diseñado. En lugar de eso, nos encontramos con conjuntos mecánicos de parcelas y edificios desplegados superficialmente en el paisaje, según el prescriptivo y limitante dictado de reglamentos de ordenación territorial. Ha sido algo más parecido a rellenar bloques según un guión aburrido y estándar, que una explosión creativa de placemaking adaptada a cada lugar. En la escala de los asentamientos, no hay ninguna relación coherente entre las diferentes parcelas individuales, ningún sentido de un tema unificador, ningún vestigio de herencia cultural, ninguna relación con las ecologías subyacentes, ningún escape del utilitarismo sin sentido y, con una triste falta de atención a crear espacios públicos, tampoco hay ningún sentimiento de identidad cívica o de comunidad. Este es el brutal paisaje al que han dado forma los especuladores, los diseñadores sin formación ni conocimientos. El mandato dominante ha sido maximizar el beneficio para la inversión privada, no crear espacios que pudieran ser bellos, memorables, vivibles, o que valiera la pena cuidar.

¿Será quizás porque he sido testigo de una belleza y gracia tan esplendorosas en el vibrante placemaking de otras partes del mundo que he desarrollado esta pasión por la perspectiva de un diseño bueno, sano e inteligente? El modelo de asentamientos de Norteamérica, no diseñado y energéticamente despilfarrador, pronto se revelará cada vez menos funcional a medida que nos adentramos en la era del descenso energético. Es de esperar una renovación total. Se requerirán habilidades de diseño sofisticadas, a emplear en múltiples escalas, para poder dar marcha atrás, reducir, relocalizar y realinear lo hecho con los patrones y procesos naturales. Buckminster Fuller pronosticó esta situación hace cuarenta años, cuando llamó a una “revolución del diseño”, en la creencia de que el único camino de la humanidad tecno-industrial para superar su dilema era diseñar cómo salir de su estado.

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Nunca subestimes el poder del diseño. El imperativo por la sostenibilidad podría conducir a todo un nuevo renacimiento de la ciencia del diseño. Para prepararnos, deberíamos concentrarnos en la formulación y transmisión de una epistemología efectiva del diseño e introducir habilidades prácticas de diseño en todos los programas educativos. Y poder ofrecer así a muchos graduados informados la posibilidad de comenzar a caminar el sendero del diseñador capacitado.

Pero esto sólo es el principio. Mientras el mundo se estabiliza hacia un futuro de un nuevo nivel de reducción de carbono, podemos empezar a pensar y diseñar en términos de más allá de la sostenibilidad. Si el potencial de una cultura está íntimamente –algunos dirían determinadamente– relacionado con la calidad y características de los entornos donde la gente desarrolla su vida, entonces, ¿no será posible, a través del poder del diseño, crear entornos concebidos holísticamente, donde la gente puede desarrollarse y alcanzar todo su potencial? ¿No podemos, de hecho, influir en la misma evolución de la consciencia a través de los espacios que diseñamos? Con este objetivo por delante, podemos utilizar la paleta completa: proporciones en geometría sagrada; despertar, persuadir y, por qué no, estimular suavemente el sistema nervioso a través de interacciones vibrantes de colores, tonalidades, texturas, formas, sonidos y olores; una sutil secuencia de eventos, transiciones y acercamientos; jerarquías de espacios sociales distribuidos entre nodos policéntricos; uso juicioso del punto y contrapunto, de la perspectiva y la percepción profunda; un adorno elegante hasta el más fino detalle; reafirmación de la herencia cultural y biorregional a través de motivos vernáculos; simbolismo arquetípico del inconsciente colectivo; reconocimiento y participación de energías y fuerzas invisibles; imitación y mejora de los patrones, estructuras y procesos de la Naturaleza; celebración permanente de la vida a través de la belleza; oportunidades selectivas para visualizar la magnificencia y grandeza; imitación de la representación disposicional del pensamiento en el cerebro mediante la creación de agrupaciones dentro de agrupaciones, etc. En verdad, a la hora de alumbrar nuevos mundos, las posibilidades son ilimitadas, sin fin. Diseño es la forma en la que los seres humanos participan en la co-creación del Universo.


Bibliografía:
Alexander, Christopher; Ishikawa, Sara; y Murray, Silverstein  et al. (1977) A Pattern Language. Oxford University Press; New York.

Fuller, R. Buckminster (1969) Utopia or Oblivion: The Prospects for Humanity. Bantam Books; Toronto.

Lindegger, Max (2002) “Permaculture for Ecovillage Design,” in Jackson, H. and K. Svensson, eds., Ecovillage Living: Restoring the Earth and Her People. Green Books; Devon, U.K.

Mare, E.C. (2004) “Theoretical Framework for the Ecovillage Design Education.” Village Design Institute; Seattle.

McHarg, Ian (1967, 1992) Design With Nature. John Wiley & Sons, Inc.; New York

Mollison, Bill (1988) Permaculture: A Designer’s Manual. Tagari Publications; Tyalgum, Australia.

Van der Ryn, Sim and Stuart Cowan (1996, 2007) Ecological Design. Island Press; Washington, D.C.

Wahl, Daniel C. (2006) “Design for Human and Planetary Health: A TransdisciplinaryApproach to Sustainability,” in WIT Transactions on Ecology and the Environment, Vol. 99. WIT Press; London.


Por E. Christopher Mare, Village Design Institute www.villagedesign.org

Traducción: Ana Pardo y Ulises.


Artículo aparecido en el nº 41 de la revista Ecohabitar aquí