Nº 49 de EcoHabitar. Editorial

EH49wNos llaman fundamentalistas porque defendemos espacios libres de tóxicos en contra de una injusta legislación promovida por una industria sin escrúpulos que ensucia el planeta y hace enfermar a las personas.

Hay que trabajar duro para que acabe una vez la impunidad de algunas grandes corporaciones, auténticas organizaciones criminales, que continúan sin adquirir ningún compromiso después de haber sembrado enfermedad y muerte, aún sabiendo que lo que fabrican y colocan en el mercado es perjudicial para la salud.

Desde la década de los 40, en que se comenzó a fabricar en España por Rovira y Cia el fibrocemento con fibras de amianto, el genocidio laboral  va a costar, según los estudios, entre 40 y 50 mil muertos hasta 2030. Una cifra muy elevada teniendo en cuenta que, junto al daño irreparable para las familias, existe un coste en tratamientos médicos que asume en su totalidad la sociedad. Un negocio redondo ya que, además, cuando tu producto es declarado ilegal en tu país, te marchas a otro de los llamados emergentes y montas allí tu fábrica.

La heredera de Rovira, Uralita (hoy Ursa), jamás asumió ninguna responsabilidad y no fue hasta el 2002 cuando se prohibió en España, 20 años después de que se prohibiera en los países del norte, y que siguió fabricando este veneno, aún sabiendo que durante todo este tiempo estaban sembrando muerte a su alrededor1.   

La industria es muy poderosa y no duda en comprar médicos, políticos, sindicalistas, publicistas y periodistas con tal de contrarrestar lo que creen que va en contra de sus intereses, aunque estemos hablando de sufrimiento y muerte de muchas personas. Una industria que funciona igual que las organizaciones criminales pero que muchas veces juega con ventaja, ya que, gracias a sus magníficas relaciones, son impunes.

Pocas veces pagan por sus crímenes y uno de los pocos casos ha sido la condena a 18 años de cárcel por un tribunal italiano, a S. Schmidheiny, propietario y ejecutivo de una “gran empresa multinacional” del amianto.

El Presidente del tribunal, el juez Ogge, comparó a Schmidheiny con Hitler. El juez comparó la estrategia de Eternit2 con la estrategia nazi de deportar judíos a Madagascar (1939 a 1941), un plan que más tarde fue reemplazado por las deportaciones a los campos de exterminio.

Hay muchos aspectos escalofriantes en toda esta trama y lo que venimos a contar aquí es que todo lo que viene ocurriendo desde la década de los 40 se repite hoy de una u otra forma, ya sea con el traslado a otros países de productos prohibidos en Europa o con la fabricación de productos que, aún sabiendo que son perjudiciales, se siguen autorizando: PVC, ftalatos, formaldehídos y multitud de compuestos químicos que entran, de una forma u otra en nuestros hogares.

Esta oscura industria encabezada por empresas como URSA, Saint Gobain, Rokwool, y algunas otras que lideran los ránking en el sector de materiales de construcción, se erigen, como si nada ocurriera,  en adalides de lo que se viene a denominar arquitectura sostenible. Vaya ironía.

Toni Marín
Director de EcoHabitar

 

1.- Los tribunales demostraron  que en la conferencia de Neuss celebrada en Alemania en 1976, S. Schmidheny, ante una audiencia de unas 30 personas todos ellos gerentes de sus empresas Eternit en Europa, dijo que él sabía que el asbesto era nocivo y peligroso para la salud, que ellos debían ser conscientes de ello, pero que si otras personas se hacían también conscientes, tendrían que cerrar o tomar medidas económicas al respecto.

2.- El mayor fabricante de fibrocemento de Europa.


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Un gallinero multifuncional

Este fin de semana EcoHabitar ha estado apoyando a las gentes de Arterra Bizimodu en una de las actividades, en unas jornadas en cierta medida estresantes, por la cantidad de eventos programados. Esta ha sido la inauguración del gallinero multifuncional compartido instalado en las afueras del pueblo. La idea es que las familias de Artieda, el pequeño pueblo donde se asienta Arterra, recogen sus residuos orgánicos en unos recipiente dedicados a ello. Estos son llevados al gallinero, que se ha construido, se echan en los compartimentos y sirven de comida a las gallinas, recoges unos huevos y te vas a tu casa tan tranquilamente. Así de sencillo pero tan efectivo.

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El sistema ofrece alimento a la gallinas y el material orgánico que ellas no se comen se composta allí mismo, sin trabajo: círculo cerrado.

 

Mercado ecológico en Valencia

Si hay algo en Valencia que destaca, o debería destacar, es su huerta. Digo “debería” porque tengo la impresión que es más un tópico que una realidad. Por lo menos a huerta respetuosa y ecológica, ya que la anterior administración del caloret, las fallas de Calatrava, el despilfarro y los cardados al estilo la Guerra de las Galaxias de la señora del IVAM, no era muy propensa a esto de lo eco.

La nueva administración del ayuntamiento no ha tardado mucho en hacer cambiar el viento y este domingo pasado organizó  un mercado de agricultura ecológica, además de charlas, demostraciones culinarias, puestos de artesanía y actividades relacionadas con la huerta que rodea la ciudad. Unos 80 puestos, que han estado abiertos desde las 10 de la mañana y que han llenado la plaza de gente.

 

Enhorabuen pues ya se empieza a ver la luz al final del túnel.

Las posibilidades constructivas de la piedra en seco

En el último número de EcoHabitar, el 48, podreis encontrar un extenso articulo sobre la construcción con piedra en seco. Escrito por Ivana Posada, arquitecta, en él se expone la historia de este sistema constructivo y como ha ido evolucionando, su marco actual, sus ventajas, lo que aporta al medio natural, algunas iniciativas formativas  y algunas de las iniciativas existentes en nuestro país para dignificarlo. Como comenta la autora al final de su artículo: “Evidentemente, lo más ecológico es utilizar los materiales que tenemos a nuestro alcance, sea la tierra, la piedra, la paja o las cañas. La técnica constructiva de la piedra en seco se ha desarrollado históricamente en las zonas de montaña debido a la abundancia de este material y nos ha dejado muchísimos ejemplos que aún se utilizan, con la inclusión en el programa educativo en la escuela que representa la historia, con el respeto hacia nuestro hábitat natural y con la curiosidad para resolver problemas actuales, podemos seguir investigando y compartiendo estos conocimientos, de forma que dejemos a las futuras generaciones alguna cosa más que vertederos. Con ilusión y ganas podemos hacer saludable el espacio que nos rodea”.

Acompañando el trabajo de Ivana, el arquitecto Oriol Roselló ha desarrollado un texto sobre algunos ejemplos de piedra en seco que han ido más allá de lo comunmente conocido como el caso del faro de Bell Rock Lighthouse, construido en pleno mar, en el siglo XIX con sillares de piedra en seco y sin ningún anclaje excepto la propia piedra. Una obra maestra de ingeniería.

Uno de los trabajos más espectaculares, construido este verano, ha sido la peculiar cúpula en las afueras de Girona. Se trata de la última creación del despacho Bangolo, con Oriol a la cabeza, para el prestigioso restaurante El Celler de Can Roca. Desde un principio se coincidió en la importancia de los conceptos por encima de criterios formales. De hecho, lo más significativo de este proyecto no se percibe a simple vista.

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Se han potenciado al máximo  los materiales km 0, así como la capacitación de los artesanos locales. Como comenta Oriol “tal como hemos abogado durante más de veinte años, creemos que las técnicas tradicionales tienen mucho que aportar al discurso sostenibilista que pesa sobre nuestro ejercicio profesional”.

Sobre unas cimentaciones de sub-base se han levantado 18 pilares de piedra seca con un total de 600 T de piedra de Calaf. Un material de origen lagunar que facilitaba mucho su puesta en obra, que se ejecutó en solo cuatro meses.

El capítulo de piedra seca fue desarrollado por el artesano local Roger Soler que se formó en escuelas especializadas en Inglaterra y Francia. La estructura de piedra en seco se terminó dentro de los plazos y sin incremento económico significante, algo que viene a corroborar que las técnicas artesanas son también eficientes y aplicables. 

Esta peculiar cúpula se ha completado con una estructura de madera maciza, unas tejas de metacrilato y una combinación de entramado vegetal vivo y seco para sombrar, delimitar espacio y como difusores de luminarias. 

Una excelente obra de la que hablaremos más ampliamente en el próximo número de EcoHabitar.

EcoHabitar inaugura el año con nueva web

Muchos de nuestros seguidores se habrán dado cuenta del cambio que ha tenido lugar en la web de EcoHabitar, cambios necesarios ante los nuevos hábitos de uso ya que el ordenador a dado paso a la tableta y el móvil en las preferencias de las personas usuarias y los diseños adaptativos en las webs, poco a poco, se imponen ya que están pensados para esto dispositivos. Una web más clara y más fácil para acceder a las más de 2.000 entradas sobre bioconstrucción y bioarquitectura que se ofrecen desde este sitio.

Se trata de mejorar la experiencia de quienes se acercan a la web de EcoHabitar. Esperamos que sea del agrado de quienes nos siguen en la red.

Por otra parte seguimos sorprendidos por los más de 380 mil “Likes” de nuestra página en Facebook. Se ha convertido en una valiosa herramienta para estar en contacto con las personas que nos siguen. Todo el equipo de Ecohabitar está muy agradecido, esto nos da energía y ganas de seguir trabajando.

Nº 48 de EcoHabitar. Editorial

portada48_72dpiDe los compromisos acordados estos días pasados en la Conferencia de París por el Cambio Climático COP21 y CMP11 no sabemos que va a ocurrir al final ya que, como depende de que cada gobierno ratifique lo acordado, hay posibilidades de que salga algo que pueda ser satisfactorio pero que luego en los parlamentos se tire para abajo, como puede ocurrir en EE.UU por ejemplo.
Hay varios factores que reman y con fuerza hacia el lado del abismo, sobre todo intereses económicos y políticos, que constantemente han puesto trabas en conferencias anteriores durante estos últimos 20 años a un acuerdo global a favor de tomar medidas contra las emisiones de gases invernadero. Aunque hay un compromiso, firmado en Lima en diciembre del pasado año, de abandonar el 100% de los combustibles fósiles para mediados de siglo; la experiencia de tantos años luchando contra las presiones de las corporaciones que sustentan los sistemas políticos, no dejan de desanimarnos.

La Cumbre de Copenhague también despertó tantas o más expectativas que París y acabó, con un decepcionante debate entre países ricos y pobres sobre a quién le correspondía afrontar el problema, en un tira y afloja.

Por otra parte, existen indicios de que habría posibilidades de un avance en conseguir algo que nos encamine hacia una sociedad libre de carbono.

Es cierto, por lo menos en los papeles, que Francia, elegida como sede para esta COP 21, hará todo lo posible para que la Unión conserve su puesto puntero en la lucha contra el cambio climático. El presidente de la República, J.F. Hollande, anunció en su discurso en la conferencia medioambiental de Polonia que defendería una posición ambiciosa, centrada en el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 40% en 2030 y un 60% en 2040 (respecto a 1990), en el marco de las próximas discusiones europeas. Otro objetivo fundamental es limitar el aumento de la temperatura global en menos de 2º C.

La idea es prometedora y si se llevaran a cabo las propuestas podríamos estar ante un compromiso que cumpliese las expectativas más ambiciosas, aunque los tres principales puntos de desacuerdo en la negociación son la financiación para mitigación y adaptación al cambio climático en los países más vulnerables; la diferenciación o no entre países ricos y pobres y la ambición del acuerdo más allá de una mera declaración de intenciones; lo que está claro es que casi todos han aceptado que no existen dudas sobre los impactos del cambio climático y la responsabilidad humana en él, debido a nuestros hábitos de producción y consumo insostenibles.

Alianza por el Clima1, la entidad que convocó las marchas del 29 de noviembre pasado, instaron a los Gobiernos a cerrar un acuerdo ambicioso que ponga rumbo a un futuro donde no se emitan a la atmósfera gases de efecto invernadero.

Es que lo tenemos a huevo: hasta el Papa Francisco ha dedicado una Encíclica al cambio climático considerando que combatirlo es “una cuestión moral” y del “bien común” y los líderes islámicos le han secundado con una declaración, apelando al compromiso climático de los 1.600 millones de musulmanes.

¿Quién queda por tenerlo claro?

Toni Marín. Director de EcoHabitar

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Nº 47 de EcoHabitar. Editorial

portada47_72dpiAlgunas personas piensan que las teorías de Jeremy Rifkin son optimistas y que en sus diferentes libros (La economía del hidrógeno, La sociedad de coste marginal cero y otros) obvia la capacidad del sistema de reinventarse para poder perpetuarse, seguir explotando a los seres humanos y los recursos del planeta por encima de su capacidad.

Quizás lleven razón, pero con lo que me quedo de este brillante divulgador es su capacidad de ver el vaso medio lleno: las posibilidades de que una era de la colaboración, una civilización del procomún pueda imponerse al decrépito y moribundo capitalismo tras la desaparición de los poderes y las decisiones verticales, en pos de una capacidad de decisión y actuación horizontal.

Y no es una locura. Se trata de una idea que ya hemos vislumbrado e intuido con anterioridad: la posibilidad de desarrollar una civilización responsable, capaz de no derrochar los recursos, justa, equitativa, respetuosa y generosa en la esencia, es por lo que muchas personas trabajan hoy desde diferentes movimientos: ecologistas, conservacionistas, movimiento de ecoaldeas, los grupos indígenas y muchos grupos espirituales.

Y no sería necesario volver a las cavernas dando un paso hacia atrás renegando de toda tecnología, como se argumenta desde sectores del desarrollismo a ultranza, con el ánimo de asustar. Con un conocimiento procomún en sitios de open source, una tecnología descentralizada de bajo coste, como las posibilidades que ya hoy ofrecen las impresoras 3D, las impresoras de corte, una internet descentralizada basada en nodos independientes pero interconectados.

Por ejemplo, hoy ya es posible bajarse planos de una web con un mínimo coste, e incluso gratuitos, llevar este software a un fab lab, donde todas las piezas de la casa son recortadas en una chapa de madera para luego montar la vivienda uno mismo. Las impresiones 3D para edificios se encuentran en las primeras etapas de su evolución, es posible que veamos esta tecnología utilizando materiales locales como tierra, arena y multitud de materiales reciclados, evitando costes de transporte, de fabricación, etc., abaratando el coste edificio.

La sociedad del procomún defiende la gestión de la abundancia de la Tierra por parte del ser humano. Decir que algo es procomún significa que se tiene en común y que se gestiona colectivamente. El término procomún describe una forma de gestión o de gobierno. “La sociedad del procomún permite que los consumidores puedan producir aquello que consumen y los nuevos prosumidores colaboran y comparten bienes y servicios en un procomún en red que se distribuye por todo el mundo, con unos costes marginales casi nulos”, comenta Rifkin.

Quizás estemos asistiendo al nacimiento de ese nuevo modelo de sociedad que tanto ansiamos.

“No confíes en nadie que quiera quedarse con algo que compartimos todos y que a todos nos beneficia, para entregárselo a alguien que se va a beneficiar de ellos en exclusiva”

Mike Bergan

Toni Marín
Director de EcoHabitar

1.- Rifkin, J. La sociedad de coste marginal cero. Paidós. 2014.

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Nº 46 de EcoHabitar. Editorial

portada46_72dpiLa industria de los materiales de bioconstrucción crece cada año a un ritmo que nuestra percepción nos indica más que aceptable, habida cuenta lo difícil que es disponer de datos concretos y estadísticos. Es como una carrera, que sabemos cómo va a terminar pero no cuándo. Ahí está la cuestión: ¿cuándo se van a aceptar sin ningún tipo de prejuicios, en el sector de la construcción, los materiales de bajo impacto ambiental y saludables que se encuentran en el mercado?

Ilusiona observar cómo la arquitectura y la construcción bio cogen fuerza año tras año. Recién llegado del III Congreso de Arquitectura y Salud, que se celebró los días 21 y 22 de mayo en Barcelona, y que organizó la asociación Bioarquitectura del Mediterráneo (BaM), vemos que cada año el listón está más alto y observamos un mayor interés, tanto entre los jóvenes como en veteranos profesionales con ánimo de reciclarse. Una buena noticia que ilusiona y vislumbra un futuro optimista.

Una experiencia muy interesante en la que este año han participado expertos del calibre de Paulino Pastor, gran conocedor de los temas relacionados con la calidad de aire interior y síndrome del edificio enfermo; Sergio Díaz, investigador del Cenner, María Figols, arquitecta técnica y vicepresidenta del IEB, ambos colaboradores de esta revista. Representantes de La Col, un colectivo de arquitectos que trabajan en Can Batlló, todo un referente en cuanto a la ocupación de espacios por la ciudadanía; Toni Quirantes de Ressó, quien presentó, junto a otros compañeros, el proyecto de vivienda para el Solar Decathlon de la ESTAV; Jorgen Hempel especialista en los sistemas de muros con cáñamo y persona muy concienciada en la salud el hábitat; Xavier Botet, Ángela G. Casas y Ana Altemir del colectivo Base-A que mostraron el trabajo de cooperación que están realizando en Senegal, construyendo escuelas y hospitales; y Alex Puig, experto en paredes y techos verdes, que promueve un sistema tipo pradera con el que crear una mayor biodiversidad en este tipo de cubiertas .

La intervención más esperada fue la de Anupama Kundoo, la afamada arquitecta india que recientemente ha sido fichada por la Universidad Camilo José Cela y que se ha instalado en nuestro país, quien expuso su concepto de la arquitectura, desarrollado en estos últimos años y difundido por todo el mundo desde su estudio en Auroville (India). Inspirada en el entorno natural y con unas amplias raíces técnicas y ofreciendo soluciones novedosas, imaginativas y audaces.

Sin duda, una de las intervenciones más emotivas fue la de los miembros del BaM que presentaron todo el proceso del Espai Txema (Biobuilt). Una experiencia participativa que ha llevado a una idea consensuada de un edificio, construido frente al MACBA, en Barcelona, y en el que lo más importante ha sido el proceso en sí. Emotiva porque el recordatorio al fallecido Txema de Miguel, uno de los inspiradores del proyecto, hizo soltar alguna lágrima que otra.

Aunque, donde quizás existió más debate fue en la mesa sobre la divulgación de las buenas prácticas en la arquitectura, donde las diferencias de cómo se entiende la ecología entre Cèlia Galera, de Hábitat Futura, Jordi Martí, de la Agenda de la Construcción Sostenible y quien suscribe este editorial, crearon una interesante discusión de conceptos.

Toni Marín
Director de EcoHabitar

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Nº 45 de EcoHabitar. Editorial

Se que voy a parecer raro, inadaptado y fuera de “onda”, pero tanto Smart Cyties, tanta ciudad inteligente, ciudad eficiente o ciudad supereficiente empieza a darme qué pensar y creo que toca un debate sobre el tema.

Lo primero que uno piensa es que si hay tantas personas, páginas webs, empresas, asociaciones e instituciones interesadas en la idea de la ciudad inteligente es porque, en algún momento, se han dado cuenta que la ciudad en sí no es inteligente, como se dice en los pueblos ¡vamos, que les faltan algunas luces! ¿diríamos, pues, que la ciudad es torpe, idiota o ignorante?

Estoy seguro que no todas las ciudades son idiotas, estoy seguro que alguna ciudad habrá que la gente, al diseñarla, al gestionarla y al vivirla lo hayan hecho con sentido común (por cierto, si alguien sabe de alguna, estaría encantado de elaborar una lista de estas maravillas). Lo que sabemos es que algunas ciudades, de entre una multitud, han comenzado este proceso de desidiotización con el concepto de ciudad inteligente. Esto no lo entiendo.

Lo que comienza a parecer obvio es que estamos ante un proceso de puro marketing y mercadotecnia en el sector empresarial y político para vendernos algo centrándose en un concepto, también muy manido y vapuleado: el de la sostenibilidad. No quiero decir con esto que no debamos evolucionar hacia una reconversión de las ciudades en entes sustentables, autosuficientes, buscando la mejor calidad de vida de sus habitantes, pero las soluciones que se ofrecen, en su mayoría tecnológicas, parecen meras excusas para encasquetarnos algo caro, inútil y que seguro afecta a la salud. Solo falta echarle una mirada a las empresas que están detrás de todo esto: Telefónica, Vodafone, Endesa… Todas pendientes de los 80.000 millones de euros que la Unión Europea aporta para este programa de Smar Cyties, el más grande de su historia.

Está claro que el énfasis de ciudad inteligente que nos quieren vender, en muchos casos se centra en la aplicación de la tecnología y esto atrae un gran peligro en cuanto que corremos el riesgo de perder el horizonte de lo que debería ser un cambio hacia una ciudad más humana: “se corre el riesgo de querer imponer soluciones tecnológicas, llave en mano, a través de paquetes de programas concebidos muchas veces para otras realidades, sin evaluar convenientemente la integración y articulación de las mismas con las existentes; podría conducir al rechazo de la población respecto de los aspectos operativos y/o respecto de algunos efectos colaterales”.1

Ya sabemos lo que pasa cuando se quiere aplicar una solución para todo, llave en mano, y es que podrían pasarse por alto otras formas de aplicar soluciones al problema creado, que también podrían ser eficientes.

Debemos estar alerta y no caer en los cantos de sirena de modas y conceptos por muy verdes que vengan pintados, porque al final, cuando les quitas la pintura acaba apareciendo siempre lo mismo, y esto tiene toda la pinta de ser un bazar de datos, mapas y más datos que, al final, solo van a usarse para beneficio de las corporaciones, como siempre.

Toni Marín
Director de EcoHabitar

Nº 44 de EcoHabitar. Editorial

Entristece observar lo poco que pueden importar los problemas mediaombientales y el injusto reparto de la riqueza del planeta a una buena parte de una sociedad manipulada y autista y a sus representantes políticos. Representantes, en realidad, de una industria y un sector económico salvaje y depredador, ya sea la energética, la económica, la militar o la química. Entristece ver cómo los problemas medioambientales se olvidan y se tapan descaradamente, con una impunidad desvergonzada, por la oligarquía política y las multinacionales para hacer creer a la sociedad que el problema no existe; tenemos miles y miles de ejemplos en todas las épocas y en todos los lugares, como muestra el maquillaje de las cifras de emisiones de CO2 ofrecidas por el Instituto Nacional de Estadística o la utilización del ejército para frenar una protesta pacífica de Greenpeace contra los intereses particulares de una empresa privada.

Son pocas las propuestas actuales en los partidos políticos y en los grandes pensadores de nuestro tiempo, tertulianos e influenciadores de opinión incluidos, que hablen de la raíz del problema: del pico petrolero, de una sociedad dedicada al consumo que busca la felicidad llenando el carro del Carrefour; de la especulación y el poder; de la impunidad de las grandes corporaciones y su connivencia con  los gobiernos…  entre otras muchas cosas; y que  planteen soluciones realistas y a veces tajantes, ante la evidencia de que al hacer algunos números llegamos a la conclusión de que estamos agotando los recursos del planeta.

Pocas alternativas existen que no sea el decrecimiento y aunque esta perspectiva ha sido criticada por la izquierda hay que dejar bien claro dos aspectos:

  • La teoría del decrecimiento se refiere al decrecimiento del PBI, midiendo, en términos monetarios, el valor de las transacciones mercantiles. Un dinero que es generado por la banca con un interés, y que obliga a que crezca el PIB para poder devolver el incremento de la masa monetaria que significa ese interés. Por tanto, habrá que inyectar más dinero en forma de deuda.
  • La teoría del decrecimiento no se opone al crecimiento del bienestar humano, medido por ejemplo, como propone New Economics Foundation, en el Happy Index. Este crecimiento, ni tiene porque suceder a través de relaciones mercantiles, ni usando para esas relaciones dinero deuda.

El  Happy Index Planet es una buena opción a tener en cuenta. El reciente reconocimiento por la ONU, y de muchos gobiernos de que la verdadera medida del progreso debe ser el bienestar en lugar de la economía, es enormemente alentador y nos debe llenar de esperanza. Lograr que el bienestar sea sostenible nos obliga a considerar cómo se pueden utilizar los recursos finitos de la tierra para garantizar el bienestar, tanto de las presentes generaciones como de las futuras. Como comenta Felicia Hupper, profesora de la Universidad de Cambridge, “el Happy Index Planet es un intento simple e ingenioso para encapsular el bienestar humano y la perspectiva de futuro en una sola medida. Los hallazgos nos desafían a pensar creativamente sobre como optimizar ‘buena vida’ de una manera que sea justa y sostenible”.

Toni Marín
Director de EcoHabitar