EH 54. Editorial

Seguiremos insistiendo, pase lo que pase, en la necesidad de que cada persona tenga una vivienda digna y asequible y que para ello hay que diseñar, construir y rehabilitar hábitats saludables y con la mínima huella ecológica; algo que la industria convencional y las administraciones han pasado por alto, primando los intereses económicos por encima de todo.

Vivimos en una sociedad injusta que no duda en acusar de “enemigos de la ciencia”, “ecotalibanes”, “jipis retrógrados” y otros muchos apelativos, a aquellos que pedimos algo de sentido común y que los avances de la tecnología, de la ciencia y de la industria se utilicen aplicando el principio de precaución y no escatimando medios para demostrar la inocuidad de los productos y materiales que vamos a utilizar en nuestro entorno.

Por desgracia parece que nada hemos aprendido en todo este tiempo y la humanidad sigue tropezando con la misma piedra una y otra vez. La historia se repite y parece un déjà vu, un volver a empezar que ya cansa.

¿Cómo es posible que en este país no se aplique ninguna normativa para evitar que el radón entre en nuestras casas? Es incomprensible e inadmisible que la administración no haya aplicado las recomendaciones dadas en 1990 por la UE para incorporar medidas de protección. No se entiende que el Código Técnico de la Edificación no incorpore normas y medidas para evitarlo, como tampoco se entiende que la mayoría de los arquitectos no tengan ni idea de qué es eso del radón. En nuestro país más de 1500 personas mueren al año debido a este gas invisible e inodoro que se acumula principalmente en los sótanos de nuestras casas. Según la OMS1 es la segunda causa de muerte por cáncer de pulmón después del tabaco.

Seguiremos luchando contra la presión de las corporaciones sin escrúpulos, el “si no pasa nada”, la idea que arguyen los “talibanes” de la ciencia de que el progreso tiene sus daños colaterales y la inoperancia de las administraciones. Seguiremos denunciando las prácticas que atentan contra la vida humana, contra el medio ambiente y que se apoyan en la ignorancia. Seguiremos proponiendo soluciones y maneras de hacer las cosas de otra forma. Seguiremos exponiendo que la economía sin la ecología y la ética es inútil.

1.- En el año 1988 la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), que está integrada en la OMS, clasificó el radón como cancerígeno humano del grupo 1. Ver artículo en la página 28.

 

Puedes encontrar la revista aqui

Nº 53 de EcoHabitar. Editorial

¿Realmente, hay grandes corporaciones del sector de materiales de construcción convencional, la que se denomina sostenible, que estén realizando esfuerzos por un cambio hacia una construcción ecológica y saludable? Es una pregunta que me gustaría debatir en el seno del sector de la bioconstrucción, pues es posible que no todo lo que estamos viendo sea un Green washing y no sería justo tachar de “oportunistas” esfuerzos que se están realizando. Es evidente que estamos ante una tarta, la construcción ecológica-verde-sostenible, que cada vez será más apetecible y habrá de todo: compromisos serios y algunos que querrán buscar un atajo.

¿Asistimos a un cambio de actitud por parte de algunos de estos gigantes forzados por un incremento de la sensibilidad del consumidor o hay algo más?

“Una mezcla de políticas y reglamentos que priorizan la eficiencia energética y el diseño verde, el aumento de herramientas voluntarias de certificación para edificios verdes, la reducción de costes de los materiales verdes, la mayor sensibilidad del consumidor y, por consiguiente, una mayor demanda; el hecho de que los edificios verdes confieren ventajas de mercado cuantificables origina un crecimiento real y un mercado con un evidente futuro”, ha comentado Eric Bloom, analista de investigación de Navigant, consultora especializada en mercado verde .

Según esta consultora, el mercado de materiales ‘verdes-ecológicos-sostenibles’ va a pasar de 116 mil millones de dólares a 254 mil millones de dólares en el 2020 en el mercado mundial1.

Estos materiales verdes, según la consultora, van desde materiales tradicionales, que están siendo revalorizados por su bajo impacto medioambiental, hasta las tecnologías más avanzadas que permiten un mejor rendimiento de los edificios pasivos y activos.

Nuestro sector, la bioconstrucción, ha sido hasta ahora una aldea gala irreductible, garante de unos principios muy concretos y de una forma de hacer las cosas que podríamos resumir en tres puntos: construcción-arquitectura local, construcción-arquitectura respetuosa con el planeta y una construcción-arquitectura saludable, ello nos ha permitido sobrevivir, crecer y desarrollarnos de una forma significativa ante los embates, incluso en momentos de crisis, de una industria gigantesca y descomunal que es capaz de zamparse ella sola el 30% del consumo energético del planeta y para la que nosotros somos pequeñas hormiguitas indetectables.

Pero este gigante comienza a ser consciente de que los tiempos que se avecinan van a ser diferentes y que, haciendo números, las cuentas no salen si seguimos con las recetas que hemos venido aplicando en el pasado más reciente. Vemos, por ejemplo, la fiebre de compra de fabricas de cal por parte de las cementeras con el ánimo de rebajar sus enormes emisiones de CO2. Es aquello de “a la ecología por la economía”.  El concepto de arquitectura saludable, por tomar otro ejemplo, comienza a oírse en la publicidad de algunas compañías como un elemento de valor, lo que evidencia un cierto cambio de actitud.

Como pioneros debemos abrir el debate y trabajar para que sea un cambio hacia la sostenibilidad de verdad. Preguntas tales como: cuál va a ser el futuro de nuestro sector; si estamos ante un nuevo reto; debemos seguir siendo pequeñas hormiguitas galas; o cómo afrontar este nuevo paradigma, no deben faltar para poder abordar un futuro mejor.

1.- Ver informe en: http://www.navigantresearch.com/research/materials-in-green-buildings

Nº 52 EcoHabitar. Editorial

Decepciona, una vez más,  la incapacidad de los gobiernos para llegar a un acuerdo en la cumbre de Marrakech, después de casi un año de las buenas intenciones que parecían existir en París. Nuestros representantes (¿?) han sido incapaces de cerrar asuntos como la financiación para solucionar el problema del cambio climático, una de las losas más pesadas que ahora mismo pende sobre nosotros y las nuevas generaciones. Se esperaba definir una hoja de ruta para disponer los 100.000 millones de dólares anuales para el fondo verde o el desarrollo de un fondo que permitiera afrontar las pérdidas y los daños producidos. Sin embargo, como quedó patente en el último plenario, estamos todavía muy lejos de poder concluir estos debates ya que los países ricos no parecen dispuestos a mover ficha para disponer la provisión de fondos necesarios.

Una vez más se ha visto que lo que pretenden los gobiernos y las grandes corporaciones que los sustentan es, simplemente, un lavado de cara con soluciones que, como mucho, parchean el acuciante problema que nos ha caído encima por la desidia, principalmente de los gobiernos de los países más contaminantes.

Un buen número de expositores (charlatanes vendedores de crecepelo), en torno a la cumbre, presentaban soluciones tecnológicas y actuaciones que son solo un parche para seguir sin que nada sustancial cambie. Hubo varias presentaciones por parte de multinacionales expertas en el “greenwasing” de la lucha contra el calentamiento global, incluidas compañías cementeras, bancos, grupos del sector energético, empresas del holding propiedad de la familia real marroquí e incluso la armamentística francesa Thales.

Decía Javier Andaluz, responsable de cambio climático de Ecologistas en Acción: “El objetivo de estos representantes empresariales es la promoción de falsas soluciones que no han demostrado su eficacia para luchar contra el cambio climático, como la captura y el almacenamiento de carbono, la especulación sobre bosques y sumideros o la financiarización de la lucha climática. Mientras que aspectos como los derechos humanos, la justicia climática o la responsabilidad histórica son sistemáticamente ignorados”.

Mientras, el cambio climático sigue y se agrava. El eurodiputado de EQUO, Florent Marcellesi, recordó que “a día de hoy las temperaturas subirán más de 3 grados; muy por encima de los 1,5 grados acordados en París”, y criticó el papel de Rajoy en esta cumbre porque “su viaje parece más motivado por el afán de hacerse la foto que de cambiar la nefasta política energética y climática de estos últimos cuatro años (…), una señal equivocada en un momento político relevante”.

Sin duda, una vez más el capitalismo más casposo ha salido victorioso de este “paripé climático” en el que el propio gobierno anfitrión, el marroquí, ha puesto todos los impedimentos posibles para evitar que la sociedad civil pueda estar representada en la cumbre, incluso atacando directamente a las organizaciones locales que vieron revocada su personalidad jurídica meses antes de la COP.

Y es precisamente ahí, en la sociedad civil, donde más conciencia hay en torno al cambio climático y donde más cambios están ocurriendo hacia una civilización más justa y respetuosa.

Toni Marín
Director de EcoHabitar

Puedes conseguir la revista aquí.

6.00 Añadir al carrito

Estado actual de la arquitectura ecológica y la bioconstrucción en el estado Español

La bioconstrucción, como la forma de construir con materiales saludables y con poco impacto medioambiental, ceñida a nuestro país, ha tenido y tiene un significativo incremento palpable durante estos últimos años. Por desgracia no hay datos cuantitativos que puedan demostrar esta afirmación, debido a que el sector es todavía pequeño, comparado con la construcción convencional y difícil de detectar en los datos suministrados por entidades al uso como puedan ser las Cámaras de Comercio. Esta afirmación se debe a la percepción personal del que escribe este informe.

La bioconstrucción nos permite ser coherentes con nosotros mismos desde una perspectiva del respeto al medio ambiente. Teniendo en cuenta que la construcción en los países industriales produce del 30 al 50% del total de basura, que en la vivienda se consume hasta un 48% de la energía, aplicando criterios de ahorro energético completos (diseño y materiales de bajo impacto) este gasto energético puede llagar al 28%. La eliminación de sustancias tóxicas en la construcción es otra tarea pendiente que urge implantar. Ciertos materiales; como son los derivados del petróleo (poliuretano, PVC y otros), los compuestos volátiles en las pinturas (disolventes orgánicos). 

Perfil del promotor

Llevamos un cierto desfase con respecto a otros países de la UE como Francia, Alemania , Italia y Reino Unido. Está comprobado que el aumento de consumo de productos naturales, en los que incluimos una vivienda ecológica con criterios de bioconstrucción, va ligado con el aumento de lo que se denomina “estado de bienestar”.

A mayor nivel de consumo de una sociedad, se manifiesta una respuesta, de una pequeña parte del la población, hacia unos planteamientos de menos consumo descontrolado y una búsqueda de productos con menos impacto ambiental. Por ello este país se esta incorporando más tarde al consumo de la vivienda ecológica, aunque lo está haciendo, al tiempo que se equipara económicamente con el resto de países en la cabeza de la UE.

En este incremento también influye la posición de la administración, aparte de esta concienciación de los ciudadanos. En un estado en el que existen ayudas y facilidades prosperará más este tipo de construcción.

Tal es el caso de Alemania, donde se favorece la construcción ecológica con diferentes medidas. Uno de los ejemplos mas significativos es el de la aplicación de energías renovables en este país donde, con menos sol que aquí, triplican las instalaciones domésticas de fotovoltaica y ACS[1].

También existe una política de ayuda a la fabricación de productos naturales, y, por ejemplo, esta subvencionado el cultivo del cáñamo y lino para la fabricación de aislamientos orgánicos con el objetivo de nivelar los precios respecto a los aislamientos convencionales.

La realidad de la bioconstrucción en España

Y es en el ámbito rural y fuera del ámbito urbano donde se ha desarrollado primero la construcción con criterios ecológicos, viviendas con una tipología rural, adaptadas, en muchos casos, al entorno. Es fácil comprender este fenómeno ya que las personas sensibilizadas y que demandan este tipo de viviendas buscan esto espacios menos masificados y con mayor calidad de vida.

También es cierto que en los últimos tiempos van apareciendo otros ejemplos en urbanizaciones periurbanas y pequeñas ciudades y pueblos, incluso en medianeras en zonas urbanas de bajas alturas. Lo que si es difícil, casi imposible de encontrar en nuestro país son edificios emblemáticos, obras de la administración, públicas y de gran tamaño. Lo que deja claro que es la iniciativa privada, y no la administración, la que va marcando el camino de una arquitectura ecológica, al igual que otras tantas cosas.

A fecha de hoy algunas promotoras están estudiando la posibilidad de incorporar criterios ecológicos en sus proyectos, estamos seguros en algunos casos es por pura y autentica convicción de lo sostenible, algo loable, aunque cabe sospechar que otros promotores sólo se mueven para enmascarar la mera especulación y saltarse la cada vez más exigente legislación.

Los Materiales

Aunque desde el sector privado se hacen esfuerzos y cada vez van apareciendo más empresas de distribución de materiales para bioconstrucción, todavía, algunos promotores se quejan de la dificultad de encontrar ciertos productos, además existe una dependencia en la importación de países como Alemania, Francia o Italia. Hace falta que las empresas de materiales convencionales se cualifiquen para ofrecer servicio técnico profesional y cualificado.

De todas maneras, hoy en el Estado español existe una amplia gama productos para la bioconstrucción y prácticamente podemos encontrar cualquier material en todas las comunidades autónomas.

Construcción sostenible

Con el concepto de “arquitectura sostenible” se esta intentando definir, por parte de la administración y los organismos e instituciones oficiales ligados a la arquitectura, como una construcción que no deja de ser la de siempre, a la que se le ha incorporado poco más que unos criterios bioclimaticos, un lavado de cara que en ningún momento profundiza en los planteamientos que aquí estamos exponiendo. Una arquitectura deshumanizada, al servicio de los intereses de los promotores y la especulación, al igual que la convencional, y en la que en nada se tiene encuentra la salud de las personas y el medio. Es por lo que es tan importante incorporar el término BIOCONSTRUCCIÓN, para definir una arquitectura saludable en la que, aparte de los criterios de ahorros energético mediante diseños bioclimaticos y aplicación de energías renovables, se tenga en cuenta el ahorro energético que los materiales ecológicos llevan incorporado.

Una de las herramientas que se está haciendo imprescindible es el cálculo de huella ecológica de los edificios: un mecanismo por el que podamos cuantificar el impacto medio ambiental, calculando las emisiones de CO2 generadas en la fabricación y extracción de los diferentes materiales que intervienen en su construcción así cómo su ciclo de vida y su posterior reciclaje o incorporación al medio natural.

Cabría pararse a penar si esa tendencia de la humanidad a las grandes obras, monumentos e instalaciones gigantescas nos es un a mera exaltación el ego, tanto del autor como de los promotores, dejando de lado la parte funcional y de necesidad real.

Esto viene a cuento para intentar explicar que una cosa pueden ser nuestros deseos, incluso artísticos, y otra la necesidad real y la sostenibilidad del proyecto. A la hora de extraer piedra de una cantera; gastar combustible en un vehículo poco eficiente en el transporte al lugar de transformación; transformarla con máquinas eléctricas y cargarlas en otro transporte al lugar donde se va a utilizar, debemos ser conscientes de gran impacto de todo este proceso. Desde tiempos inmemoriales el ser humano, exceptuando culturas muy comprometidas con su entorno, ha tenido la idea de que los recursos estaban ahí para extraerlos y que ello no tendría consecuencias; y aunque incluso en tiempos pretéritos ha habido ejemplos de desaparición de culturas debido a los cambios efectuados en el entorno[2], es en los últimos tiempos que esta aptitud, debida a la gran densidad demográfica, está dejando ver nos es así y que si que tiene consecuencias.

Especie insostenible

Estamos ante una sociedad que vive inmersa en un antinatural instinto de “ahogarse en la propia mierda” algo totalmente reñido con el instinto de perduración de la especie, instinto común a todas las especies de animales del planeta. El ser humano ha creído, y sigue creyendo, que puede saltarse esta ley básica de supervivencia. Se podría llegar a suponer que, como especie, la capacidad de razonar y pensar nos llevaría a una tipo de convivencia armónica con el planeta, pero por desgracia no ha sido así.

[1] En la actualidad (2005), las energías renovables representan más del 8% del suministro eléctrico en Alemania. Los planes del Gobierno federal son que en 2010 supongan un 13% y lleguen al 20% en 2020.

[2] La colonización de la Isla de Pascua por comunidades de la Polinesia en el Pacífico oriental a partir del Siglo XII D.C. condujo a la destrucción del hábitat de lo que había sido un lugar paradisíaco, según un estudio publicado por la revista Science. Esa destrucción comenzó con la deforestación y la creación, al mismo tiempo, de los enormes “moais” o cabezas.

“La Isla de Pascua (Rapa Nui) es un modelo de la degradación ambiental inducida por el ser humano”, señalaron los autores del estudio.

“Con un ambiente desolado que contiene estatuas gigantescas y otros monumentos culturales, la Isla de Pascua simboliza a una civilización aislada que una vez floreció, pero que después sufrió una catástrofe ecológica”, señalan.

Nº 51 EcoHabitar. Editorial

Podemos prever que no será la humanidad la que acabe con el capitalismo y su injusticia social, económica, política y ecológica que provoca el desastre climático, la concentración de la riqueza en unos pocos y los modelos políticos injustos, entre otros desajustes (por llamarlo de alguna manera).

“Creo que no lograremos derrotar al capital con nuestros propios medios. Quién derrotará al capital será la Tierra, negando los medios de producción, como el agua y los bienes de servicio, obligando a cerrar las fábricas, a terminar con ilusorios grandes proyectos de crecimiento”, considera el teólogo y ecologista Leonardo Boff. Aunque Jeremy Rifkin opina que será el capitalismo el que se destruya a sí mismo, dando paso a lo que denomina la economía colaborativa, el procomún.

Para llegar a una sociedad justa en la que la civilización tenga un futuro real es necesaria la sostenibilidad, o sustentabilidad si lo prefieren. De esta forma, podremos garantizar el acceso a todo aquello que es necesario para el mantenimiento y la perpetuidad de los seres que habitan el planeta y sus descendientes. Pero según Boff la sostenibilidad, por sí misma, no es suficiente y “carece de la fuerza intrínseca para realizarse. Precisa del cuidado. El cuidado entraña una relación inversa de la que produce la agresión de la modernidad, que es violenta, destruye y agota los ecosistemas”.

La idea del cuidado, de preservar, no se queda solo en un gesto, debe llegar a ser un paradigma “un conjunto de valores, de ciclos, de actitudes que tiene como efecto la protección y el mantenimiento de lo que existe y de lo que vive. La categoría, cuidado, cumple una función de columna que sustenta un nuevo ensayo civilizatorio”. Cuidar el planeta es cuidar y responsabilizarse de los seres que habitan este planeta, porque la biodiversidad, que es la relación entre todos, teje aquella trama que sustenta a todos y lleva adelante el proceso de la vida.

La bioconstrucción entiende que es necesario crear hábitats para las personas con los ritmos y la lógica de la naturaleza, no con la lógica y los ritmos de un modelo tan depredador como el sistema capitalista basado en la sobrexplotación y en unos recursos limitados y no renovables. “Es preciso extraer de la naturaleza lo que necesitamos, pero dándole tiempo para que se autorreproduzca y siga ofreciéndonos vida a toda la comunidad” decía Boff refiriéndose a la agroecología pero que podemos aplicar perfectamente a la edificación biocompatible.

Y no basta con edificar viviendas saludables, se necesita una nueva relación con nuestro entorno y con nuestros semejantes. Una relación de respeto y de cooperación: “no estamos sobre ella (la Tierra) con el puño cerrado del que domina, sino con las manos abiertas de quien acaricia” concluye Boff.

Sentémonos, respiremos hondo y seamos conscientes de que este modelo se termina, se acaba; que lo que fue ya no será y lo que será, será diferente. Todo ha sido una ilusión, el mal sueño de una humanidad que quiso jugar a ser Dios.

“Una sociedad que decide organizarse sin la ética mínima, altruista

y respetuosa de la naturaleza, está trazando el camino de su propia autodestrucción”.

Leonardo Boff


Puedes encontrar la revista aquí

Nº 50 de EcoHabitar. Editorial

EH50Me parece un autoengaño mayúsculo creerse la idea de que vamos a cambiar el mundo creando una sociedad más justa, parar el deterioro medio ambiental, el calentamiento global, la desaparición de las especies y todas las trastadas que el ser humano está haciendo, con pequeños gestos individuales. Creo que fomentar esta idea es un mecanismo del propio sistema capitalista para seguir perpetuándose eternamente. La base del problema, bajo mi modo de ver, es creer que un sistema político-económico, que cree que el bienestar está en el crecimiento y que este hay que basarlo en el consumo, lo vamos a parar cambiando las bombillas de nuestra casa o utilizando un coche eléctrico súper eficiente.

La urgencia del problema no da para esto. Quizás, si al comienzo de la revolución industrial hubiésemos implementado un código de obligatorio cumplimiento para no desarrollar una cultura del despilfarro, la transición o evolución hacia una súper civilización tecnificada verde hubiese podido ser una realidad, pero lo que ahora nos piden los hechos es algo mucho más radical y urgente o no llegaremos a tiempo.

Cansado ya de tanta “ciudad inteligente”, concepto que a un servidor le parece confusa y ambigua y que, salvo contadas excepciones, solo se centra en aspectos de puro marketing, sigo siendo de la opinión de que la tecnología no hará que las ciudades sean más inteligentes, y parece que en foros, congresos y eventos son el eje central de discusión, enarbolando esta idea como el paradigma del no va más. Aburre tanta smart city, tanto ciudad eficiente o ciudad súper-eficiente. Lo que hará que las ciudades sean más inteligentes será la inteligencia colectiva, que sus habitantes sean conscientes de lo insostenible de la ciudad actual como organismo vivo dependiente y parasitario y de la necesidad de un cambio radical hacia un organismo autónomo y capaz de sobrevivir sin esquilmar su entorno; cuando sus propios habitantes actúen de forma colectiva, dentro de una idea del procomún y que ellos mismos sean más inteligentes. Creo que la idea de la smart city no deja de ser otra excusa para seguir haciendo lo que venimos haciendo desde la eternidad.

Evgeny Morozov, en un artículo del País, daba un repaso a una serie de detractores a la ciudad inteligente: “El consenso que se está imponiendo —según el cual la “ciudad inteligente” debe ser eficiente, libre de fricciones y gestionada por empresas de alta tecnología— resulta polémico. Críticos como el diseñador y artista británico Usman Haque defienden las virtudes del desorden, aduciendo que las iniciativas destinadas a evitar conflictos mediante analistas de macro datos son incompatibles con el urbanismo. En su libro de 2013 Smart Cities Anthony Townsend, otro vehemente detractor de las “ciudades inteligentes”, señala que son sus habitantes los que deben tener capacidad para hackearlas y modificarlas; de lo contrario, estarán tan infestadas de virus y resultarán tan limitadoras como nuestros programas informáticos.

Adam Greenfield, también ensayista sobre temas tecnológicos, ha escrito hace poco Contra la Ciudad Inteligente, un incisivo panfleto en el que advierte de que la propia etiqueta “ciudad inteligente” sirve de tapadera retórica para la privatización de los servicios públicos”.

Posiblemente la ciudad más inteligente no es la que más chips y sensores lleve. Alguien nombró la ciudad Medellín, en Colombia, como una de las ciudades “más inteligentes” del mundo. Hace años, se producían en la ciudad innumerables asesinatos de bandas, pero sus problemáticas favelas se reintegraron en la ciudad, no con smartphones, sino con instalaciones deportivas financiadas con fondos públicos y un teleférico que las conecta con la ciudad. Ahora se cita con frecuencia a Medellín como ejemplo de “urbanismo social” y, el año pasado, fue nombrada ciudad más innovadora del mundo por el Urban Land Institute.

Toni Marín
Director de EcoHabitar

Puedes comprarla aquí: http://www.ecohabitar.org/producto/no-50/

Arquitectura y TTIP

Leyendo la nota de prensa emitida por agencia y publicada en algún que otro de los llamados ecoportales titulada “Estudios andaluces acuden a jornadas sobre arquitectura sostenible en EEUU” he podido comprobar hasta donde pueden llegar los tentáculos de los genocidas ambientales y la forma de embaucar al sector de la arquitectura dentro de un aura de sostenibilidad. Unas jornadas financiados con el 80 por ciento con fondos procedentes de la Unión Europea, con cargo al Programa Operativo Feder de Andalucía 2014-2020. La zanahoria es vender la moto con la posible homologación  profesional:  “la Comisión Europea ha hecho público que en el marco de las negociaciones de la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP en sus siglas en inglés) una de sus prioridades es la de “avanzar en el reconocimiento mutuo de cualificaciones entre la UE y Estados Unidos para lograr que determinadas profesiones como la de la arquitectura puedan ser ejercidas libremente a ambos lados del Atlántico, lo que abriría sustanciales el abanico de oportunidades en Estados Unidos para los profesionales”. Como si no hubiesen ya arquitectos en paro es EE.UU.

El problema de publicar noticias de agencias es que muchas veces no sabemos cual es la intención de las mismas, ¿o si?.

Por una parte, y para que el lector de esta noticia este enterado, el US Green Building Council (USGBC) es una entidad norteamericana, con varias delegaciones en todo el mundo, y que apoya abiertamente el fraking.
Y por otra parte esta claro que el USGBC apoya uno de las aberraciones más impresionantes en cuanto a tratados: el TTIP , del que una inmensa mayoría de la población esta en contra, después de saber, gracias a la hazaña de Greenpeace, cuales son sus intenciones reales. Menudo chollo  han encontrado.

Nº 49 de EcoHabitar. Editorial

EH49wNos llaman fundamentalistas porque defendemos espacios libres de tóxicos en contra de una injusta legislación promovida por una industria sin escrúpulos que ensucia el planeta y hace enfermar a las personas.

Hay que trabajar duro para que acabe una vez la impunidad de algunas grandes corporaciones, auténticas organizaciones criminales, que continúan sin adquirir ningún compromiso después de haber sembrado enfermedad y muerte, aún sabiendo que lo que fabrican y colocan en el mercado es perjudicial para la salud.

Desde la década de los 40, en que se comenzó a fabricar en España por Rovira y Cia el fibrocemento con fibras de amianto, el genocidio laboral  va a costar, según los estudios, entre 40 y 50 mil muertos hasta 2030. Una cifra muy elevada teniendo en cuenta que, junto al daño irreparable para las familias, existe un coste en tratamientos médicos que asume en su totalidad la sociedad. Un negocio redondo ya que, además, cuando tu producto es declarado ilegal en tu país, te marchas a otro de los llamados emergentes y montas allí tu fábrica.

La heredera de Rovira, Uralita (hoy Ursa), jamás asumió ninguna responsabilidad y no fue hasta el 2002 cuando se prohibió en España, 20 años después de que se prohibiera en los países del norte, y que siguió fabricando este veneno, aún sabiendo que durante todo este tiempo estaban sembrando muerte a su alrededor1.   

La industria es muy poderosa y no duda en comprar médicos, políticos, sindicalistas, publicistas y periodistas con tal de contrarrestar lo que creen que va en contra de sus intereses, aunque estemos hablando de sufrimiento y muerte de muchas personas. Una industria que funciona igual que las organizaciones criminales pero que muchas veces juega con ventaja, ya que, gracias a sus magníficas relaciones, son impunes.

Pocas veces pagan por sus crímenes y uno de los pocos casos ha sido la condena a 18 años de cárcel por un tribunal italiano, a S. Schmidheiny, propietario y ejecutivo de una “gran empresa multinacional” del amianto.

El Presidente del tribunal, el juez Ogge, comparó a Schmidheiny con Hitler. El juez comparó la estrategia de Eternit2 con la estrategia nazi de deportar judíos a Madagascar (1939 a 1941), un plan que más tarde fue reemplazado por las deportaciones a los campos de exterminio.

Hay muchos aspectos escalofriantes en toda esta trama y lo que venimos a contar aquí es que todo lo que viene ocurriendo desde la década de los 40 se repite hoy de una u otra forma, ya sea con el traslado a otros países de productos prohibidos en Europa o con la fabricación de productos que, aún sabiendo que son perjudiciales, se siguen autorizando: PVC, ftalatos, formaldehídos y multitud de compuestos químicos que entran, de una forma u otra en nuestros hogares.

Esta oscura industria encabezada por empresas como URSA, Saint Gobain, Rokwool, y algunas otras que lideran los ránking en el sector de materiales de construcción, se erigen, como si nada ocurriera,  en adalides de lo que se viene a denominar arquitectura sostenible. Vaya ironía.

Toni Marín
Director de EcoHabitar

 

1.- Los tribunales demostraron  que en la conferencia de Neuss celebrada en Alemania en 1976, S. Schmidheny, ante una audiencia de unas 30 personas todos ellos gerentes de sus empresas Eternit en Europa, dijo que él sabía que el asbesto era nocivo y peligroso para la salud, que ellos debían ser conscientes de ello, pero que si otras personas se hacían también conscientes, tendrían que cerrar o tomar medidas económicas al respecto.

2.- El mayor fabricante de fibrocemento de Europa.


boton_contenido2

Un gallinero multifuncional

Este fin de semana EcoHabitar ha estado apoyando a las gentes de Arterra Bizimodu en una de las actividades, en unas jornadas en cierta medida estresantes, por la cantidad de eventos programados. Esta ha sido la inauguración del gallinero multifuncional compartido instalado en las afueras del pueblo. La idea es que las familias de Artieda, el pequeño pueblo donde se asienta Arterra, recogen sus residuos orgánicos en unos recipiente dedicados a ello. Estos son llevados al gallinero, que se ha construido, se echan en los compartimentos y sirven de comida a las gallinas, recoges unos huevos y te vas a tu casa tan tranquilamente. Así de sencillo pero tan efectivo.

gallinero1 gallinero2 gallinero4 gallinero5

El sistema ofrece alimento a la gallinas y el material orgánico que ellas no se comen se composta allí mismo, sin trabajo: círculo cerrado.

 

Mercado ecológico en Valencia

Si hay algo en Valencia que destaca, o debería destacar, es su huerta. Digo “debería” porque tengo la impresión que es más un tópico que una realidad. Por lo menos a huerta respetuosa y ecológica, ya que la anterior administración del caloret, las fallas de Calatrava, el despilfarro y los cardados al estilo la Guerra de las Galaxias de la señora del IVAM, no era muy propensa a esto de lo eco.

La nueva administración del ayuntamiento no ha tardado mucho en hacer cambiar el viento y este domingo pasado organizó  un mercado de agricultura ecológica, además de charlas, demostraciones culinarias, puestos de artesanía y actividades relacionadas con la huerta que rodea la ciudad. Unos 80 puestos, que han estado abiertos desde las 10 de la mañana y que han llenado la plaza de gente.

 

Enhorabuen pues ya se empieza a ver la luz al final del túnel.