El empobrecimiento de la salud y la arquitectura

El ser humano empezó a modificar su entorno para mantener sus necesidades cubiertas, especialmente  la necesidad de cuidar de su cuerpo físico para asegurar su supervivencia. La otra función primigenia de la arquitectura fue modificar la percepción del espacio y del mundo. Siempre me he preguntado hasta qué punto la arquitectura actual sigue apoyando o no las necesidades humanas y qué percepción del mundo nos ofrece. Y en todo caso, qué queremos escoger que nos ofrezca la arquitectura…

Recientemente he seguido dos formaciones en biohabitabilidad, salud y armonía del hábitat. Con este artículo quiero compartir la nueva visión que he adquirido sobre cómo la arquitectura impacta sobre el ser humano y en una serie de artículos posteriores iré extrayendo distintos bloques de conocimiento y de criterios que pueden integrarse en la práctica arquitectónica para favorecer la salud de las personas.

Biohabitabilidad es el término que se usa para hacer referencia al conjunto de parámetros que dependen del hábitat y su construcción que generan un entorno favorable para la biología humana, el bienestar y la salud.

En primer lugar quiero dar una breve definición sobre lo que entiendo por salud. Para mí salud no es solo un estado de no-enfermedad sino que es un estado de bienestar corporal y mental, en el que tanto el cuerpo como la mente realizan sus funciones correctamente y pueden acceder a su capacidad innata de sanarse y defenderse por sí mismos de influencias externas, para propiciar estados de felicidad.

Para mí este estado de salud puede verse desequilibrado por factores internos  y externos. Los factores internos pueden ser psicológicos como emociones o pensamientos, o bien físicos como la degeneración natural de algún órgano. Los factores externos causantes de disminuir un estado de salud son las toxinas y los virus que interaccionan con nuestras células y las debilitan, destruyen o alteran. Solo éstos son los verdaderos causantes, pero vivimos en ambientes tan cargados de tóxicos que solemos tener niveles altos de toxemia en nuestro cuerpo para los que nuestros órganos encargados de limpiarlo están saturados y no funcionan correctamente. En esta situación somos vulnerables a que distintos tipos de condicionantes (externos y también internos –psicológicos) propicien el ataque de tóxicos y virus sobre nuestro organismo y dificulten a nuestro sistema inmunológico de defenderse; llevando a la aparición de síntomas y enfermedades.

Es decir, que el frío, los campos electromagnéticos, la radiación del sol, el humo, las alteraciones del campo magnético terrestre, la humedad etc. son condicionantes y no causantes por si mismos de enfermedades.

Entonces, según mi opinión, para mantenernos en salud hay que actuar a cuatro niveles.

Gestión de la toxemia

Por un lado eligiendo conscientemente en nuestro estilo de vida y en nuestros ambientes el grado de exposición a agentes que producen tóxicos (tanto seres vivos parásitos -factores biológicos- como sustancias tóxicas sintéticas -factores químicos-); y por otro lado cuidando y favoreciendo nuestra capacidad de limpiarnos de toxinas orgánicamente. (Haciendo deporte, hidratándonos, no sobrecargando el hígado y riñones, y complementando con otras prácticas que limpian nuestros órganos).

Minimización de los condicionantes (externos)

Procurando minimizar también factores que repetidamente se han probado como condicionantes de la desregulación de nuestro organismo. Como decía, la exposición a frío, humedad, y radiaciones tanto de carácter natural como artificial.

Consciencia interna

Poniendo consciencia habitual en nuestro estado corporal, mental y emocional para saber respetarnos y procurarnos fortaleza psicológica. Lo contrario puede convertirse en condicionante de enfermedades.

Mantención del nivel vibratorio

Hay una cuarta vía para mantener nuestro estado de salud, que es ser conscientes de nuestro estado vibratorio y elevarlo a través de prácticas con nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestros alimentos, nuestro entorno…  Sobre cómo hacerlo a través del entorno construido hablaré de ello en futuros artículos acerca de la armonización de espacios y de geometría sagrada.

De estos cuatro niveles que nos mantienen en salud podemos argumentar que la arquitectura tiene un papel importante en los primeros dos. En origen la arquitectura se encargaba principalmente de minimizar condicionantes externos que nos podian influir; ofreciendo un buen confort térmico-climático y situando al hombre en “buenos lugares” teniendo buena cuenta de las radiaciones naturales de la tierra. En el delirio moderno actual hemos además de olvidado estas dos, creado radiaciones artificiales y materiales que emiten tóxicos; lo cual hace que casi cualquier entorno construido hoy sea algo potencialmente negativo para la salud. Cito a L. Sullivan cuando dice que “la arquitectura es una manifestación social”. Es por nuestra estructura social que ha dejado el poder en manos equivocadas que pasa esto. La responsabilidad de lo ocurrido y de cambiarlo no es desde luego del arquitecto, en mi opinión la salud es un tema que debe enfocarse socialmente, y para que ocurran cambios, desde arriba. Como individuos solo podemos tomar consciencia y desde nuestra profesión actuar con una intención de cambio… que despierte otras consciencias.


Archiimpact es una plataforma de conocimiento sobre cómo la arquitectura impacta en los seres humanos. http://archiimpact.com

Huerta y limonada, clásicos renovados

Dicen que versionar buenas canciones viejas sirve para que lleguen a los jóvenes y no se olviden. La onda de recuperar cosas del pasado y de buscar satisfacción en algo hecho por uno mismo nos invita a volver a cultivar flores y verduras en cajas recicladas o en el jardín y a asomarnos desde la ciudad al paisaje del mundo rural.

Hablar de los problemas de la agricultura y su importancia para que los pueblos y su historia sigan vivos, sería salirnos del tema, aunque no está de más el recordar las dificultades, sobre todo de las pequeñas explotaciones, para mantenerse a flote y combinar economía y ecología. Los inmuebles pierden valor pero el terreno agrícola se vuelve caro pasando a grandes manos y las pequeñas ciudades en el campo sin subvencionespierden población, servicios, gremios y vida propia.

Parcelas de jardines y huertas de una asociación en Alemania

 

Cerezos en las aceras

La huerta está de moda. Huertas siempre ha habido y también urbanitas que presumen de perejil y guindillas del balcón. Quizás lo que está cambiado es la manera de percibir la alimentación y su importancia económica, ecológica, social y a preguntarnos por el origen de los alimentos, su comercialización, el transporte, el reparto, la elaboración, la influencia en la salud.

En numerosos proyectos colaboran arquitectura, urbanismo y mundo vegetal para mejorar la calidad de vida creando espacios de encuentro, zonas de juego o huertas en patios interiores, plazas, fachadas, azoteas. Son iniciativas públicas, de vecinos, o de empresas para mejorar los edificios o unas simples cajas puestas para que el que quiera plante algo en las esquinas, por ejemplo de París. La ciudad espera ganar 100 hectáreas para el año 2020, gracias al plan para „ vegetalizar“ tejados y fachadas de los cuales un tercio serán comestibles, así como aprovechar parte de la superficie de los parques. Actualmente la cosecha de los proyectos pioneros se destina a comedores locales u obras sociales. Además se gana superficie útil. Por su gran variedad de flores las abejas de la torre de Montparnasse o de la Opera Garnier hacen miel de mejor calidad que las de colmenas junto a grandes monocultivos tratados con más productos químicos.

Bicicleta-jardinera en Alemania

Patio interior con un hotel y viviendas en el centro de Turín

Huerta en una escuela del norte de Alemania

Se vuelven a descubrir las viñas urbanas de Montmartre o Belleville. En las rotondas galas conviven flores con cardos, acelgas rojas, alcachofas, lombardas.

Según expertos los árboles frutales sufren menos ataques por vandalismo ya que aún se tiene un cierto respeto a lo que nos da de comer.

La moda, el turismo, la gastronomía, la agricultura son pilares importantes de la economía francesa que van engranando unos en otros. Aumenta el número de estudiantes agrónomos dispuestos a trabajar ecológicamente comercializando la cosecha de otra manera y a ampliar sus actividades con el ecoturismo, la producción de energía o la agricultura urbana. Preservar los cultivos será tema importante, hoy higos y cerezas se han vueltos muy caros en la gran ciudad.

Cocineros con estrellas recolectan en sus azoteas parisinas ingredientes para sus creaciones combinando sabores de antaño y mezclas audaces. Tomillo, lavanda, fresas, parras, tomatitos forman un decorado comestible en bistros populares y en tiendas-bares vanguardistas donde se combina artesanía, productos regionales y restauración. Cada vez hay más restaurantes „Locavore“, término acuñado en 1972 en San Francisco para denominar la corriente de consumir alimentos de proximidad.

Tras unos años en París volvemos a nuestra casa en un fiordo del norte. Me doy cuenta que tenemos cerezos en las aceras. Han crecido a la vez que los niños y recuerdo que entonces me extrañó que los plantaran entre los coches. Otra costumbre muy del norte es el preferir las zarzamoras y escarabujos a las tapias y el que haya huerta en el patio de las escuelas. Hoy está de moda. Las semillas autóctonas son un regalo muy apreciado y el parque del pueblo se mantiene impecable gracias a la colaboración de los vecinos. Resurge el interés por las asociaciones que alquilan parcelas próximas a las ciudades y las familias jóvenes se apuntan a las listas de espera. La más antigua de Alemania en Kappeln ha cumplido 200 años. Los aficionados de aquí y allí se escapan a las huertas para desconectar, hacer ejercicio y vida social mientras se intercambian plantas y trucos.

Cajas para plantar entre todos en París, respetando las plantas

En la carta de los bares aumentan los platos vegan, panes, cervezas, refrescos, postres y helados artesanales preparados cada vez más con ingredientes biológicos y regionales que se sirven en vajillas desparejadas, esmaltadas o en tablas, todo ello en un ambiente de manufactura que combina con imaginación y color piezas de recuperación, maderas sin tratar y paredes descubiertas. Además tienen gran aceptación las limonadas y los tes fríos caseros por ser naturales y ahorrar transporte.

Se recopilan ideas y se reinventan maneras de trabajar con la naturaleza. Antes había bares de barrio con huerta familiar, geranios en latas y agua de limón de la abuela con hierbabuena del tiesto. Lo normal eran alimentos de temporada de la zona y se aprovechaba todo. Se puede hacer pesto con hojas de zanahoria, nos dijo un gran cocinero francés. El rodearnos de plantas sanas, valorar alimentos, apreciar lo hecho a mano, ser consumidores responsables, son clásicos renovados.

Nº 55 de EcoHabitar

En EcoHabitar hemos hecho un cambio importante, muy importante: nos hemos trasladado. Y lo importante no es el traslado en sí, sino la distancia: más de 400 km.

Durante 18 años hemos trabajado en Olba (Teruel). Un entorno rural, apartado, salvaje, limpio desde el que queríamos aportar nuestro esfuerzo en la idea de un desarrollo rural y el repoblamiento de pueblos. Han sido unos años excelentes. Hemos aprendido mucho y hemos visto cómo el mundo de la bioconstrucción y la permacultura despegaban de forma clara. Hoy el sector es cada vez más conocido, incorporando nuevas empresas, nuevos profesionales, afianzando la formación y cada vez con más demanda; algo excepcional, y de lo que estamos muy orgullosos es de haber sido coprotagonistas junto a un buen puñado de profesionales y empresas pioneras.

Hay buenas sensaciones: la sociedad cada vez es más receptiva a la necesidad de una eficiencia energética, algo que el sector de la bioconstrucción demandamos desde siempre, junto a la necesidad de vivir en unos espacios saludables y respetuosos con el entorno. Vemos cómo las administraciones son más sensibles, de forma tímida todavía, a nuestras propuestas de responsabilidad medioambiental. Hay mucho camino por recorrer, quedan muchos escollos. La presión de las grandes corporaciones y la ignorancia de muchas personas frenan este desarrollo hacia una civilización responsable y en armonía con el planeta.

Próximamente EcoHabitar va a acometer cambios importantes que, tras 18 años, son necesarios para adaptarse a esta nueva realidad. Son cambios de formato, de contenido, de presentación y de forma de trabajar. Cambios profundos pero que no va a modificar nada el espíritu de esta publicación: presentar todo aquello que pueda ayudar hacia una evolución en la forma de entender nuestro hábitat y el diseño de nuestro entorno con respeto.

Para emprender estos cambios teníamos que acercarnos más a las personas que pueden integrarse a este proyecto, para ello nos hemos trasladado a Navarra, a un proyecto de cohousing (covivienda) llamado Arterra Bizimodu (algunas de vosotras quizás ya lo conozcáis) donde se está experimentando un proyecto de vida social y comunitario del procomún de bajo impacto, a la vez que se están desarrollando iniciativas económicas sostenibles, donde, para EcoHabitar va a ser más cómoda esta r-evolución.

Estamos muy agradecidas a las personas que nos leen, a las empresas y profesionales que confían en nosotros. Durante estos 18 años, juntos hemos colocado nuestro granito de arena para esta gran transformación que está sucediendo. Gracias de todo corazón.

El equipo de EcoHabitar

Puedes conseguir la revista aquí.

La redacción de EcoHabitar se traslada a Navarra

Han sido más de 18 años que la redacción de EcoHabitar ha estado en Olba (Teruel). Ahí la revista y la editorial han ido creciendo en título, contenidos y lectoras. Han sido 18 años y multitud de artículos tanto en la revista impresa como en la web, relatando proyectos y trabajos llenos de ilusión y profesionalidad de muchas personas que han emprendido la aventura de construir algo de acuerdo con una ética que respeta el planeta y todos los seres que lo habitan.

Ahora EcoHabitar se ha traslado a un nuevo lugar, al pueblo navarro de Artieda, donde hace unos años comenzó un experimento de comunidad, Arterra Bizimodu, en donde se está demostrando que hay otras formas de entender el habitat, sin especulación, con una mínima huella ecológica y desarrollando el conocimiento común, el alma de la nueva era que se avecina postcapitalista.

Desde aquí , EcoHabitar, quiere dinamizar y apoyar proyectos emprendedores, empresas sin ánimo de lucro y cooperativas, que estén de acuerdo con la economía del bien común y generar, así, una economía local resiliente y de futuro.

Puedes contactar con EcoHabitar aquí.

EH 54. Editorial

Seguiremos insistiendo, pase lo que pase, en la necesidad de que cada persona tenga una vivienda digna y asequible y que para ello hay que diseñar, construir y rehabilitar hábitats saludables y con la mínima huella ecológica; algo que la industria convencional y las administraciones han pasado por alto, primando los intereses económicos por encima de todo.

Vivimos en una sociedad injusta que no duda en acusar de “enemigos de la ciencia”, “ecotalibanes”, “jipis retrógrados” y otros muchos apelativos, a aquellos que pedimos algo de sentido común y que los avances de la tecnología, de la ciencia y de la industria se utilicen aplicando el principio de precaución y no escatimando medios para demostrar la inocuidad de los productos y materiales que vamos a utilizar en nuestro entorno.

Por desgracia parece que nada hemos aprendido en todo este tiempo y la humanidad sigue tropezando con la misma piedra una y otra vez. La historia se repite y parece un déjà vu, un volver a empezar que ya cansa.

¿Cómo es posible que en este país no se aplique ninguna normativa para evitar que el radón entre en nuestras casas? Es incomprensible e inadmisible que la administración no haya aplicado las recomendaciones dadas en 1990 por la UE para incorporar medidas de protección. No se entiende que el Código Técnico de la Edificación no incorpore normas y medidas para evitarlo, como tampoco se entiende que la mayoría de los arquitectos no tengan ni idea de qué es eso del radón. En nuestro país más de 1500 personas mueren al año debido a este gas invisible e inodoro que se acumula principalmente en los sótanos de nuestras casas. Según la OMS1 es la segunda causa de muerte por cáncer de pulmón después del tabaco.

Seguiremos luchando contra la presión de las corporaciones sin escrúpulos, el “si no pasa nada”, la idea que arguyen los “talibanes” de la ciencia de que el progreso tiene sus daños colaterales y la inoperancia de las administraciones. Seguiremos denunciando las prácticas que atentan contra la vida humana, contra el medio ambiente y que se apoyan en la ignorancia. Seguiremos proponiendo soluciones y maneras de hacer las cosas de otra forma. Seguiremos exponiendo que la economía sin la ecología y la ética es inútil.

1.- En el año 1988 la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), que está integrada en la OMS, clasificó el radón como cancerígeno humano del grupo 1. Ver artículo en la página 28.

 

Puedes encontrar la revista aqui

Relaciones híbridas. Pensando en una oficina para Triodos Bank

Parece que la banca tiende a ser digital, la mayoría de los bancos están reduciendo sus oficinas presenciales y potenciando sus herramientas digitales. Incluso hay bancos sin oficinas, bancos que ya solo funcionan a través de una App. La tendencia obviamente es digital, los servicios de la banca cada vez serán más digitales pero sabemos que la experiencia de usuario de los clientes del futuro está más basada en la construcción de experiencias innovadoras y alineadas con ciertos valores; y concretamente para Triodos Bank, en la construcción de relaciones valiosas y humanas.

Las relaciones hoy en día son híbridas. El mundo digital ha impregnado en nuestras vidas y ha construido un mundo de relaciones abiertas, múltiples, frágiles, diversas, que se une a las relaciones más tradicionales, unas relaciones más sólidas, personales, minoritarias. Ambos aspectos, digital y presencial, definen lo que entendemos por relaciones híbridas (Domenico Di Siena, “Diseño Cívico”), y están estructurando la sociedad de hoy en día. Las relaciones digitales las podemos entender como relaciones líquidas en el sentido de la “modernidad líquida” de Zygmunt Bauman, y relaciones presenciales como relaciones físicas, en principio más sólidas.

Desarrollamos un proceso de participativo y de cocreación desde una perspectiva multidisciplinar, en la que han participado diferentes departamentos de Triodos Bank, además de clientes, empleados, técnicos y la propia dirección general. Un proceso complejo de pensamiento estratégico para definir las nuevas necesidades, la misión de la oficinas de futuro de un banco que quiere transformar la sociedad desde la responsabilidad de las inversiones, un banco que ha decidido apoyar e invertir solo en temas sociales, el medioambiente y la cultura.

Triodos Bank tiene 215.000 clientes que no responden a un perfil común, pero que todos ellos comparten una inquietud por unos valores concretos. Estos valores, la inquietud por construir otra forma de hacer las cosas, funcionan como un nexo de unión, como algo transversal que une a todas las personas que son clientes del banco. Pero actualmente son nodos independientes conectados con el banco. Es como una red centralizada con el banco como núcleo. El objetivo del proyecto de nueva oficina es activar esas relaciones entre los diferentes nodos para desarrollar una red distribuida entre clientes y que el banco pase de ser el centro a ser el facilitador de una comunidad. Una red de clientes concienciados, activos en la puesta en marcha de un tejido humano y empresarial que construye otro paradigma respetuoso con la naturaleza, con las personas y que potencie una cultura y educación basada en valores.

El proyecto de las nuevas oficinas incluye dos partes: un nuevo diseño de servicio desarrollado por la propia entidad, que posibilita una nueva forma de relacionarse con los clientes; y por otro lado, un nuevo espacio que ya no sea solo una oficina bancaria de uso transaccional, sino que permita otro tipo de conversaciones y encuentros con valor añadido. y todo ello con un diseño atractivo, único, y los estándares de sostenibilidad más exigentes.

La nueva oficina de Triodos Bank debía responder a la necesidad de construir relaciones sólidas, además de ofrecer los servicios propios de un banco. Si lo digital representa lo más efervescente, líquido, variable, flexible de la sociedad, las oficinas deben tener un carácter “solidificante” de estas relaciones digitales. Para ello se planteó un espacio de encuentro, un lugar donde se celebran eventos, reuniones entre clientes, networking… La Plaza, un espacio multiusos abierto para que se desarrollen los debates de la construcción de una nueva sociedad. También podrás encontrarte con esa persona que conocías por Twitter/Facebook a través de Triodos Bank, o incluso llevar un Libro y coger otro en el crossbooking, conocer a un posible socio, o a un posible cliente y siempre sabiendo que ya hay una serie de valores en el ADN de cada uno que se acerca a Triodos Bank. Este espacio tiene que posibilitar esto y mucho más, ya que el 40% de la oficina se destina para este multiuso, y tanto la arquitectura como el mobiliario es flexible y posibilitan que ocurran estas múltiples funciones.

Después de este proceso de participación y pensamiento estratégico compartido, se ha desarrollado la primera oficina en Málaga, un espacio que posibilita la creación de esta comunidad y que facilita la relación entre los clientes de Triodos Bank. En sucesivos post iremos desgranando los diferentes aspectos que han configurado el proceso de diseño y cómo lo hemos vivido desde sAtt Arquitectura Abierta.

Oficina “Cero CO2” de Triodos Bank en Málaga

Triodos Bank reinventa su modelo de oficina bancaria sostenible

Oficina “Cero CO2” de Triodos Bank en Málaga

El proyecto de la oficina bancaria de Triodos Bank en Málaga es un PROYECTO CERO EMISIONES DE CO² por su proceso de construcción y en su fase de uso. Es una propuesta Cero CO² porque desde el estudio de arquitectura sAtt hemos pensado y construido la oficina con el firme propósito de crear un espacio Cero Emisiones CO².

La construcción de la oficina ha emitido un total de 66 toneladas de CO² derivadas de la fabricación y puesta en obra de todos los materiales. Esto lo hemos calculado con la herramienta del ECÓMETRO ACV gracias a la metodología desarrollada de Análisis de Ciclo de Vida según la norma UNE-EN 15978. Esas 66 toneladas de CO² emitidas en el proceso de construcción se han compensado con un programa de compensación de CO² de la Fundación Ecología y Desarrollo (ECODES).

La compensación de CO² está basada en destinar una inversión determinada para generar proyectos que a través de diferentes acciones como,  la reforestación,  se produzca una absorción de las emisiones de CO² emitidas.  Existen proyectos de compensación de CO² por todo el mundo, en nuestro caso hemos elegido un proyecto en Nicaragua que tiene el programa de  Cero CO² de ECODES. En el  proyecto Triodos Bank, la compensación de la obra ha tenido un coste de 495 € para el promotor, Triodos Bank,  y la tonelada de CO² se ha pagado a 7,50 €, un precio que es variable en función del proyecto que se elija.

Las emisiones de CO² de los viajes realizados por la constructora Altave y del estudio de arquitectura sAtt, también se han contrarrestado con el mismo programa; e incluso hemos encontrado materiales que ya habían realizado la compensación de  de CO² desde la propia empresa como es el caso de las placas de cartón yeso de Knauf. En total, Altave ha compensado 0,092 tn de CO² y sAtt 0,132 tn de CO2, con el programa de Cero CO2 en Nicaragua, y Knauf ha compensado 4,30 tn de CO², con la herramienta de compensación “CleanCO²”,  en un programa de cocinas eficientes en Kenia. Todas las entidades hemos obtenido los correspondientes certificados de compensación de CO².

Hasta aquí nos hemos referido a la fase de construcción y puesta en obra del proyecto;  ahora bien,  el mayor coste ambiental suele estar en el uso del edificio, en el consumo de energía a lo largo de su ciclo de vida. En este caso,  la estrategia ha sido instalar una sola fuente de energía, la electricidad. Para ello hemos trabajado con la empresa Gesternova que nos ha garantizado, con un certificado de Cero CO², el uso exclusivo de energías renovables en la producción de energía.

Con estas medidas podemos decir que la oficina de Triodos Bank en Málaga es la primera oficina de banco Cero CO², y contribuye con su diseño a afrontar la mitigación del cambio climático a través de la arquitectura. En España no hay muchas experiencias de este tipo en la arquitectura y que yo conozca únicamente el proyecto de la casa Biopasiva desarrollada por 100×100 Madera donde también han compensado la huella de carbono producida en su proceso de construcción y en su uso.

En sAtt creemos firmemente que la solución no es compensar lo que contaminamos sino introducir todas las acciones más oportunas para reducir la emisión de CO²,  tanto en la fabricación de los materiales como en el uso del edificio. Para ello creamos medidas de alta eficiencia energética y diseño sostenible, y por ello hemos obteniendo la certificación A y BREEAM.  Además, utilizamos materiales de bajo impacto en la medida que es viable técnicamente y económicamente, como barro en las paredes (no precisa de calor en su industrialización como el yeso), viruta de papel o de madera para los aislamientos, suelos de baldosa hidráulica (tampoco requiere calor para su fabricación) y madera certificada FSC para el mobiliario y la iluminación.

Como arquitectos entendemos que para ganar la batalla de la sostenibilidad, además de usar materiales y estrategias lo más ecológicas, es importante buscar la estética, la emoción, la belleza…aunque también podríamos pensar en otras perspectivas de la belleza. ¿Es bello compensar CO²? ¿Es bello un espacio saludable? Estas son preguntas para contestar en otro post.

Iñaki Alonso
Presidente de ECÓMETRO
CEO sAtt Arquitectura Abierta

Triodos Bank reinventa su modelo de oficina bancaria sostenible

Relaciones híbridas. Pensando en una oficina para Triodos Bank

La subasta de renovables y el poder de la ciudadanía

En esta semana se ha celebrado la controvertida subasta por la que el Gobierno concedía licencias para instalar hasta 3.000 MW de renovables. Controvertida, entre otras cuestiones, porque el alambicado modelo diseñado excluye tanto a tecnologías maduras, como es el caso de la fotovoltaica, como la participación de agentes cuyo objetivo principal es activar ciudadanía en el ámbito energético.

Ninguna sorpresa respecto de lo que se esperaba. El resultado ha sido que toda, absolutamente toda, la potencia asignada ha ido a parar a una única tecnología: la eólica. Tal y como se había advertido que ocurriría, ya que la metodología de la subasta estaba diseñada para expulsar a otras tecnologías diferentes a ésta. En esta línea y con buen tino, la patronal UNEF (Unión Española Fotovoltaica) había solicitado medidas precautelares para suspender la subasta. Aun así, España, el país del sol, da de nuevo la espalda a la producción fotovoltaica.

El resultado de la subasta era predecible. Grandes, grandísimas corporaciones son las adjudicatarias. Algunos desmemoriados pensarán que con ello se garantiza la viabilidad de los proyectos. Pero, la experiencia demuestra que la aparente solidez que otorga el tamaño de estas organizaciones no es garantía de que lleguen a conectar la potencia adjudicada en plazo. Además, esta subasta pone de manifiesto la enorme inconsciencia del regulador, que no aprovecha la ocasión para fomentar proyectos que activen la participación ciudadana en el ámbito energético, a través de un cupo de reserva. La metodología está diseñada con infranqueables barreras de entrada a organizaciones que siendo sostenibles y profesionales, no pueden competir con corporaciones que ostentan dominio de mercado. El grave contexto ambiental (pérdida de biodiversidad, contaminación atmosférica, degradación de ecosistemas, agotamiento de recursos, cambio climático…) y las serias implicaciones sociales del sistema energético (desplazamientos forzosos de personas, guerras, precariedad o falta de empleo…) exige políticas serias de activación ciudadana en transición energética. Y este asunto es capital. La participación de la población en el ámbito energético no es una moda o un matiz superfluo. Abordar con cierto margen de seguridad la urgencia ambiental que tenemos por delante, implica un cambio de hábitos tan disruptivo de toda la sociedad, que desaprovechar una ocasión tan importante como la subasta para activar ciudadanía, es una irresponsabilidad.

La subasta del pasado 17 de mayo es una evidencia más de la falta de sensatez de la política energética española y nos vuelve a demostrar que estos modelos complejos y de gran especialidad técnica se desploman porque carecen de la simplicidad del sentido común. Nada nuevo bajo el sol. ¿Nada?

Afortunadamente, la ciudadanía va por delante del regulador. A pesar de las fuertes barreras de entrada y de un rosario de normativas y procedimientos delirantes, organizaciones del ámbito energético que han nacido al calor de la economía con valores saben, sabemos, sortear con creatividad y sentido común el bloqueo a la transición energética. Organizaciones que han puesto el foco en facilitar herramientas sólidas y sencillas donde la ciudadanía puede ser co-protagonista del cambio de modelo energético. Y así encontramos servicios tales como contratar la luz con una cooperativa, invertir en proyectos colectivos de energía limpia, aplicar metodologías de ahorro energético y hacer nuestro hogar y nuestra vida más sostenible.

En esta línea, queremos visibilizar la campaña que hemos puesto en marcha desde ecooo para romper la inacción en autoconsumo, la Oleada Solar. En estos últimos años, en el país del sol, apenas se han registrado 148 instalaciones de autoconsumo doméstico. Una normativa penosa y una desinformación paralizante son las responsables de esta situación. Nuestra experiencia nos demuestra que a pesar de la legislación, las personas que han instalado paneles en el tejado de su hogar están muy contentas. Ahorran en torno al 30% en la factura de la luz y dejan de emitir una considerable cantidad de CO2 a la atmósfera. Hay que seguir haciendo incidencia política para conseguir una normativa adecuada, aun así hay que fomentar que toda persona que tenga capacidad de ser autoproductora, lo sea. Por todo ello, lanzamos un reto, conseguir  en 45 días que 100 hogares apuesten por generar su propia energía uniéndose a esta iniciativa. La campaña se centra en el poder de la comunidad, generando importantes ahorros por compra colectiva, y se asienta en los valores de la economía social y solidaria. La comunidad oleada solar decidirá, de manera colectiva, qué organización social se beneficiará de un sistema de autoconsumo solidario. De este modo, al beneficio particular, se le contagia de valores tan necesarios como la solidaridad y la responsabilidad compartida hacia el planeta y quienes lo habitamos.
Sin haber acabado el plazo, ya hay más de 169 solicitudes. Como decíamos, la ciudadanía va muy por delante de sus gobernantes.

Necesitamos avanzar hacia un modelo de sociedad que utilice menos energía y que la que utilice sea limpia. La tecnocracia se ha demostrado ineficiente en esta responsabilidad. Lógico, tras la forzada complejidad del sistema se oculta un secuestro de la política energética a favor de los intereses de las grandes corporaciones. La única vía sensata pasa por contar con múltiples actores que rompan esta nefasta connivencia. Por tanto, urge apostar por un modelo energético distribuido. Personas, barrios y pueblos, siendo actores protagonistas de la transición energética. Muchos agentes, locales, resilientes y conectados están cambiando el mundo. Está en marcha la revolución energética ciudadana, que a pesar de las barreras, se abre paso desde la creatividad y el sentido común.

Cote Romero
Equipo ecooo

Mas información sobre la iniciativa Oleada Solar

Ciudadanos y consumidores: Le Village en Antony

Un nuevo concepto de supermercado solidario abierto a todos se está desarrollando en Antony al sur de París con la colaboración de ANDES, asociación nacional de tiendas solidarias, por un acceso a la alimentación digno y sin distinciones.

La antigua tienda Le Village acoge a los beneficiarios de la ayuda social para la alimentación. Pero una nueva organización en las ONGs del barrio obliga a la veintena de voluntarios de Cáritas de Le Village a ocuparse también del reparto de paquetes gratuitos del Banco de alimentos y a continuar con la venta de la tienda social. Para compaginar estas dos actividades, han evolucionado hacia un supermercado solidario. Los responsables decidieron seguir el ejemplo de las tiendas de Grenoble y Burdeos, donde se paga discretamente con una tarjeta de adhesión, ya sea sólo 1 euro, o lo correspondiente según las ayudas sociales en cada caso, o el 100% para el público en general. Los precios más baratos atraen a estudiantes, jubilados, desempleados y también a vecinos por la proximidad o el trato más directo. Además, se evita el despilfarro y las ganancias se invierten directamente.

Le Village abrió sus puertas en el 2004, vendiendo productos de primera necesidad que se compraban con donativos. Más tarde se amplió el surtido gracias a una plataforma de excedentes, donde además trabajan casos de inserción social. Los medios materiales son pocos. Desde hace unos meses dos cámaras frigoríficas han sustituido a los frigoríficos domésticos, y el lector de código de barras a las calculadoras escolares. Tres congeladores y unas estanterías completan el equipo en el sótano de una antigua capilla. A cambio cuentan con una buena organización administrativa y un gran espíritu de superación. Es un un lugar de encuentro y de intercambios. Para algunas personas el salir a hacer la compra supone el romper su aislamiento. Mientras se toma un café en la cocina de la tienda, se proponen charlas, asistencia social para hacer trámites o ideas para mejorar la situación. Cada semana unas 75 familias de los cinco continentes de Nueva Caledonia a Chile, vienen por aquí. Me cuentan que el poder elegir los productos y pagarlos como en una tienda les hace no sentirse excluidos del sistema.

En el 2016 apuestan por la economía solidaria y se unen a las más de 600 tiendas de ANDES para actuar en red. Ya han contratado a un director de proyecto, cuya primera propuesta es ofrecer productos biológicos y regionales y completarán el equipo con asalariados. Una mamá clienta y en el paro se ha ofrecido para colaborar en la caja. Quizás sea la próxima contratada, lo que demuestra que la economía solidaria da trabajo. Están a la espera de que el ayuntamiento les ceda otro local más apropiado probablemente en un vecindario desfavorecido para dinamizarlo con más actividades, talleres, etc. La moneda local comienza a circula en Sceaux, el barrio colindante.

Una alimentación equilibrada no está al alcance de todos. La pobreza y la mala salud van de la mano. Este tipo de economía es también una salida para los productos de agricultores locales. Así la asociación Les Jardins de Cocagne prepara al año unas 30.000 cestas solidarias de frutas y verduras biológicas y regionales.

Asalariados, voluntarios, clientes, acogidos, todos han pasado a ser ya actores de Le Village, ofreciendo pan para hoy y soluciones para mañana.

Nº 53 de EcoHabitar. Editorial

¿Realmente, hay grandes corporaciones del sector de materiales de construcción convencional, la que se denomina sostenible, que estén realizando esfuerzos por un cambio hacia una construcción ecológica y saludable? Es una pregunta que me gustaría debatir en el seno del sector de la bioconstrucción, pues es posible que no todo lo que estamos viendo sea un Green washing y no sería justo tachar de “oportunistas” esfuerzos que se están realizando. Es evidente que estamos ante una tarta, la construcción ecológica-verde-sostenible, que cada vez será más apetecible y habrá de todo: compromisos serios y algunos que querrán buscar un atajo.

¿Asistimos a un cambio de actitud por parte de algunos de estos gigantes forzados por un incremento de la sensibilidad del consumidor o hay algo más?

“Una mezcla de políticas y reglamentos que priorizan la eficiencia energética y el diseño verde, el aumento de herramientas voluntarias de certificación para edificios verdes, la reducción de costes de los materiales verdes, la mayor sensibilidad del consumidor y, por consiguiente, una mayor demanda; el hecho de que los edificios verdes confieren ventajas de mercado cuantificables origina un crecimiento real y un mercado con un evidente futuro”, ha comentado Eric Bloom, analista de investigación de Navigant, consultora especializada en mercado verde .

Según esta consultora, el mercado de materiales ‘verdes-ecológicos-sostenibles’ va a pasar de 116 mil millones de dólares a 254 mil millones de dólares en el 2020 en el mercado mundial1.

Estos materiales verdes, según la consultora, van desde materiales tradicionales, que están siendo revalorizados por su bajo impacto medioambiental, hasta las tecnologías más avanzadas que permiten un mejor rendimiento de los edificios pasivos y activos.

Nuestro sector, la bioconstrucción, ha sido hasta ahora una aldea gala irreductible, garante de unos principios muy concretos y de una forma de hacer las cosas que podríamos resumir en tres puntos: construcción-arquitectura local, construcción-arquitectura respetuosa con el planeta y una construcción-arquitectura saludable, ello nos ha permitido sobrevivir, crecer y desarrollarnos de una forma significativa ante los embates, incluso en momentos de crisis, de una industria gigantesca y descomunal que es capaz de zamparse ella sola el 30% del consumo energético del planeta y para la que nosotros somos pequeñas hormiguitas indetectables.

Pero este gigante comienza a ser consciente de que los tiempos que se avecinan van a ser diferentes y que, haciendo números, las cuentas no salen si seguimos con las recetas que hemos venido aplicando en el pasado más reciente. Vemos, por ejemplo, la fiebre de compra de fabricas de cal por parte de las cementeras con el ánimo de rebajar sus enormes emisiones de CO2. Es aquello de “a la ecología por la economía”.  El concepto de arquitectura saludable, por tomar otro ejemplo, comienza a oírse en la publicidad de algunas compañías como un elemento de valor, lo que evidencia un cierto cambio de actitud.

Como pioneros debemos abrir el debate y trabajar para que sea un cambio hacia la sostenibilidad de verdad. Preguntas tales como: cuál va a ser el futuro de nuestro sector; si estamos ante un nuevo reto; debemos seguir siendo pequeñas hormiguitas galas; o cómo afrontar este nuevo paradigma, no deben faltar para poder abordar un futuro mejor.

1.- Ver informe en: http://www.navigantresearch.com/research/materials-in-green-buildings