Carbono y suelo: el estado de la cuestión

carbon farming2Las civilizaciones se elevan y caen junto con la calidad de sus suelos. Ahora tenemos la ocasión de ser consecuentes con esta lección de la historia.

Jared Diamond estudia y muestra muy bien esta cuestión en su libro “Colapso”. Algunas sociedades antiguas con graves problemas medioambientales supieron variar su destructivo rumbo a tiempo, evitando su declive y posterior colapso. Los islandeses así lo hicieron; los sumerios y mayas no y se hundieron en la historia.

Las civilizaciones mencionadas y otras antiguas eran relativamente locales, con procesos de decadencia circunscritos. No es ya ese nuestro caso: la Evaluación de Ecosistemas del Milenio –estudio mundial realizado por 1360 científicos durante 4 años- ha constatado que 15 de los 24 servicios ecosistémicos primarios se encuentran en procesos degradantes, y ciertamente ninguno mejora.

Según los pozos se secan, los pastos se transforman en desiertos, las zonas pesqueras desaparecen y los suelos se erosionan, debemos emigrar generando flujos ya identificados por la ONU y otras organizaciones.

Las personas u organizaciones que están negando que estamos causando un cambio climático añadiendo gases de efecto invernadero (GEI) a la atmósfera están, con muchas probabilidades, poniéndonos a todos en peligro. Y aunque hay algunos que consideren que hay una duda razonable sobre la influencia de tales emisiones en la atmósfera, nadie puede, ni con la más truculenta imaginación, negar que somos la causa de la degradación del suelo y del crecimiento de los desiertos en detrimento de tierras antaño fértiles.

Las emisiones de CO2 y otros GEI por quema de combustibles fósiles no son las únicas causas del Cambio Climático, ni siquiera son la mayor causa.

Allan Savory, con la experiencia de varios decenios de trabajo de campo, introduce brillantemente nuevos factores no manejados habitualmente por científicos y ecologistas: los seres humanos comenzaron a cambiar el clima en tiempos antiguos, desbaratando comunidades vivas complejas. Antiguas prácticas, que continúan hoy, degradan la tierra e incrementan el dióxido de carbono y otros GEI en la atmósfera, antes en el suelo. Este proceso de destrucción medioambiental ha aniquilado muchas civilizaciones antes de que se descubriera el carbón y el petróleo.

Por tanto, aunque mañana consiguiéramos cero emisiones de combustibles fósiles no evitaríamos la potencial catástrofe. La quema de pastos y de las sabanas continuaría, y la desertificación seguiría acelerándose con la incapacidad de los suelos para almacenar Carbono y agua: el clima continuaría cambiando.

El uso del fuego en los pastos, que gradualmente reemplazó el papel de los mamíferos, emitieron y emiten GEI. La eliminación de la cobertura vegetal viva y muerta también lleva al suelo a emitir Carbono en él almacenado, colaborando con el Cambio Climático (CC).

El CC se ha acelerado en los últimos 200 años por nuestro intenso uso de combustibles fósiles, pero también por su uso en el campo -con la industrialización del mismo- y la expansión de los desiertos.

La degradación del suelo y el CC son inseparables, y ya han actuado en la historia destruyendo civilizaciones en distintas regiones del mundo. Por tanto es prácticamente inútil preocuparse sólo de las emisiones de GEI por la quema de combustibles fósiles y no de la pérdida de biodiversidad y degradación del suelo.

Sería imposible que el clima no estuviese cambiando, siendo como es dependiente de la vida de planeta (como explica James Lovelock).

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